Esta Derivación, que coincide con el PR-A 180, nos conduce desde las cercanías de la Casa Forestal del Pilarillo hasta la cumbre del Peñalta, de 1412 metros de altitud, cuya caseta de vigilancia forestal está encaramada en un riscal muy aéreo.
Discurre en su mayor parte por pinar de pino negral, bajo el que crece un tupido sotobosque de encinas, coscojas, enebros, jaras y plantas aromáticas como el romero, el tomillo y el espliego. En las zonas donde aflora la roca aparece el piorno amarillo.
Caminaremos por una tranquila pista forestal en suave ascenso hacia el suroeste, para luego girar hacia el nordeste con mayor pendiente. El último tramo, ya por camino de herradura, se hace en un entorno rocoso y pelado, pero con grandes vistas.
En la cumbre, que es la coronación de una afilada lastra, hay una caseta de vigilancia de incendios. Desde ella se goza de espléndidas panorámicas hacia La Mancha, el Calar del Mundo y las interminables alineaciones de cumbres del Parque Natural en dirección sur.
Son muy abundantes el zorro, la ardilla y el jabalí, y es posible contemplar cabras monteses en la cumbre. Entre las rapaces, destacan el halcón peregrino, el buitre leonado y el águila culebrera. Al caer la tarde se escucha el ulular del cárabo en la profundidad del bosque.
La ruta comienza muy cerca de la Casa Forestal del Pilarillo, que cuenta con una fuente, aunque en la actualidad suele tener muy poca agua. Nada más comenzar descartamos un ancho y corto camino a la izquierda que conduce a una vieja cantera. Nuestra pista forestal arranca con bastante pendiente.
Km 0,3
Puerto de Siles
Llegamos a un collado donde nos cruzamos con la Etapa 1 del Sendero Bosques del Sur, que aquí coincide con el GR 147. Nuestra ruta gira a la izquierda y sube, ya con menos pendiente, por un pinar de pino negral con denso sotobosque, disfrutando de excelentes vistas en algunos tramos, más amplias cuanto más subimos.
Km 3,5
Desvío a la cumbre
Llegamos a un collado que es un magnífico balcón hacia el sur del Parque Natural. Aquí debemos abandonar la pista forestal para coger el camino a la derecha que remonta hacia la cumbre, con fuertes cuestas en algunos tramos. Si siguiéramos la pista forestal bajaríamos hacia Benatae, encontrando a unos quince minutos un cruce con el GR 147.1 por el que podríamos bajar a Orcera por la Hoya de Peñalta y una pequeña senda tradicional señalizada. Subiendo por nuestro camino hacia Peñalta veremos hacia la izquierda, abajo, el pueblo de Benatae y, a lo lejos, el de Torres de Albanchez.
Km 4,1
Cruce con el PR-A 179
Encontramos un cruce con el PR-A 179, que es una senda que sale a nuestra izquierda y desciende hacia la Fuente de San Miguel, en Benatae. Tenemos la opción de desviarnos por este PR y alcanzar, en unos 20 minutos, la Buitrera de Benatae, espolón rocoso que por sí mismo merece una visita por sus vistas hacia los bosques y calares de la zona norte del Parque. Nuestra ruta continúa por el camino principal. Podemos descansar en el impresionante mirador natural que tenemos a nuestra derecha. En el kilómetro 4,6 el camino se convierte en una preciosa senda, en terreno desarbolado y con grandes vistas.
Km 5,2
Cumbre de Peñalta
Llegamos a la caseta de vigilancia forestal de la cumbre, encaramada en un riscal muy aéreo. Las panorámicas son extraordinarias en todas las direcciones. Hacia el norte vemos Benatae, Siles, la Piedra del Cambrón y el pico Almenaras, ya en la Sierra de Alcaraz, ensanchándose las vistas por la inmensidad de las llanuras de La Mancha. Hacia el sur destaca la mole de El Yelmo, Segura de Sierra coronada por su castillo y, al fondo, las aguas del embalse del Tranco y las Sierras de Cazorla y Las Villas. Y por el este, contemplamos los grandes calares segureños de Navalperal, El Espino y Cobos.
Recorriendo esta etapa nos adentraremos en uno de los más peculiares santuarios de la naturaleza en el sur de Europa: el bosque de acebos de Las Acebeas. La mayor parte de la ruta se hace por estrechas sendas tradicionales, y en buena parte de ellas nos deleitaremos con espléndidas vistas panorámicas.
La ruta pasa por el curioso Pozo de la Nieve, donde antiguamente se almacenaba la nieve para usarla durante el verano. Después, una deliciosa vereda llanea bajo la llamativa formación geomorfológica de la Piedra del Agujero mientras a lo lejos divisamos el Calar del Mundo. Hacia el final de la etapa, nos internaremos en otro soberbio bosque mediterráneo, el del Bucentaina, donde abunda el madroño. En el área recreativa Peña del Olivar, donde la etapa finaliza, podremos comer, descansar y hasta darnos un buen baño, además de visitar su interesante colección botánica.
Muy cerca del final de la etapa está Siles, un tranquilo pueblo serrano situado en la zona de transición entre el olivar y el pinar. Desde este pueblo, que es el que está situado más al norte en el parque natural, se pueden hacer numerosas excursiones, entre las que destacan las que van al Puntal de la Ajedrea, la Laguna de Siles, el Calar del Mundo y el Valle del Tus. Desde Siles está también cerca del popular Nacimiento del río Mundo y del Parque Natural Los Calares del Río Mundo y de la Sima, ya en la vecina provincia de Albacete, por donde transita el magnífico GR 66 Tres Calares.
La etapa 21 puede complementarse con la subida de 3,1 kilómetros al calar de Navalperal por la derivación 10, desde donde contemplaremos extensísimas panorámicas.
La mayor parte de la Etapa se desarrolla por senda. Se ruega recorrer a pie los 800 metros que median entre el Barranco de Los Acebos y la Casa Forestal Las Acebeas (puntos 2 y 3) para minimizar en lo posible el impacto ambiental de nuestro paso y no molestar a los caminantes. Cortos repechos y piedra suelta en el entorno de la Piedra de los Agujeros. Tramos con fuertes pendientes en la cara norte del Bucentaina.
Casa Forestal de Las Acebeas, fuente del Pozo de la Nieve, fuente del Noguerón, Área Recreativa Peña del Olivar.
En el sendero: No hay
Cerca del sendero: Siles y su entorno, Segura de la Sierra, Orcera
En el inicio: Refugio Era del Fustal. En el final: no hay.
La Reserva de Acebeas-Nava del Espino
Barranco de los AcebosParte de esta Etapa discurre por el Área de Reserva de Acebeas-Nava del Espino. Las Áreas de Reserva son las zonas con mayor nivel de protección dentro del Parque Natural debido a su alto valor ecológico. El motivo de que estos dos montes estén especialmente protegidos es que albergan una elevada concentración de especies de extraordinaria relevancia ecológica, bien por ser endémicas, por estar en peligro de extinción o por ser especies norteñas cuya presencia en el sur de España es excepcional.
Concretamente, en el Área existen nada menos que 141 especies clasificadas como raras, endémicas y amenazadas, 22 de las cuales están protegidas por Ley. Desatacan entre ellas la violeta de Cazorla (Viola cazorlensis) y un narciso (Narcissus longispathus). La distribución mundial de esta última especie se limita casi exclusivamente al Parque Natural.
Las Acebeas, un islote del norte en pleno sur
Descubrir un bosque como el de Las Acebeas en el sur es todo un lujo. Estos bosques se extienden por el centro y norte de la Península, y los que aquí tenemos son una joya vegetal. Llegaron aquí hace miles de años, empujados hacia el sur por el frío y hielos de la última glaciación. Al retirarse estos, los acebos emprendieron una migración en sentido contrario, reconquistando hacia el norte el territorio perdido, con lo que podemos afirmar que los actuales acebos de Europa son descendientes de los nuestros. Este bosque sigue aquí gracias a una afortunada coincidencia de suelos adecuados y microclima oportuno.
Bucentaina, bosque mediterráneo en estado puro
Esta Etapa bien podría calificarse como la ruta de los dos bosques. El primero de ellos, el de Las Acebeas, tiene renombre por su excepcionalidad. El segundo no lo tiene, porque es una formación vegetal relativamente abundante, aunque no en muchos lugares está tan bien conservada como aquí. Se trata del bosque del monte Bucentaina, especialmente de su cara norte.
Salimos del Refugio junto a la carretera hacia Siles por una pequeña senda a la izquierda. Estamos en un área de reserva (Zona de Protección Grado A, es decir, la máxima dentro del parque natural), lo cual hay que recordar en todo momento para extremar el respeto al medio. Vamos a internarnos en un bosquete de acebos, una formación vegetal absolutamente excepcional en el sur de España. Desde el principio, caminamos por un bosque frondoso y diverso, con pinos salgareños y negrales, quejigos, encinas, majuelos, e incluso arces y melojos. A los cinco minutos de marcha, aproximadamente, veremos el primer acebo.
Km 0,8
Barranco de Los Acebos
Llegamos a este lugar legendario de la flora andaluza. Bajo los pinos, la densidad de acebos es aquí máxima, y el tamaño de sus ejemplares, sorprendente. El ambiente es oscuro y nos sentimos totalmente envueltos por una atmósfera propia de un bosque del centro o norte de Europa. Es un lugar para detenerse, observar y sentir. Tras pasar el Barranco entra algo más de luz, y por tanto la diversidad de especies es mayor. La limpieza de este corto tramo del sendero Bosques del Sur ha sido somera para respetar al máximo el valor ecológico del entorno, por lo que en el camino hay helechos y ramas de avellanos, acebos, majuelos y rosales que pueden molestar. Hasta llegar a la casa forestal de Las Acebeas, caminamos por un tramo especial donde conviene ir despacio disfrutando con sosiego de todos los detalles de su flora. Pasaremos junto a una pequeña balsa redonda, que era donde se acumulaba el agua para regar la huerta de la familia del guarda forestal, cuando este vivía permanentemente en la casa forestal a la que vamos a llegar enseguida.
Km 1,6
Casa Forestal de Las Acebeas
Este punto es un cruce estratégico en esta etapa. La casa forestal de Las Acebeas se conserva en uso, y la valla que la rodea suele estar cerrada. Es una casa grande y hermosa, con varios acebos y un tejo plantados en su puerta. En la actualidad está previsto su uso como sede de un observatorio de seguimiento del cambio climático a través del análisis de la evolución de la vegetación del parque natural. El lugar no puede ser más adecuado, pues nos encontramos en un bosque cuya particularidad deriva precisamente de la relación entre vegetación y cambio climático. Cuando este era de origen exclusivamente natural, la vegetación del norte de Europa se refugió en estos parajes durante la última glaciación, para luego permanecer aquí buena parte de ella a pesar de la suavización de las condiciones climáticas del actual periodo postglaciar.
En este punto podemos optar por subir a Navalperal, a la izquierda, por el sendero señalizado PR-A 176, que forma parte del sendero Bosques del Sur como derivación 10 y cuya descripción se encuentra en esta misma guía. Es una ruta con unas vistas fantásticas y puede merecer la pena incluirla en nuestra jornada, dado que la etapa 21 tiene una longitud moderada.
Pero lo que es inexcusable es dar un paseo de ida y vuelta por la pista forestal que encontramos a nuestra derecha. Es la que une la casa forestal con la carretera, y es también el primer tramo del citado PR-A 176. Se trata de un ancho camino de unos 600 metros, casi sin desnivel, con una extraordinaria frondosidad y donde podremos disfrutar de la excepcional presencia de avellanos. Se trata del avellanar más meridional de Europa, acompañado por muchas otras especies norteñas.
Para continuar nuestra etapa, pasamos por detrás de la casa forestal. Seguimos viendo acebos, sobre todo por nuestra derecha. Es preciso saber que este tramo se encharca en algunos puntos, pero no se ha intervenido para evitarlo por la fragilidad ecológica de la zona.
Km 3,2
Cruce con pista forestal
Llegamos a una ancha pista forestal que, salvo en sus primeros metros, tiene muy poco desnivel. Aquí abandonamos el área de reserva y caminamos por un buen pinar de pino laricio o salgareño.
Km 4,8
Pozo de la Nieve
Llegamos a una fuente de caudal permanente y, a pocos metros de ella, vemos el Pozo de la Nieve, una robusta y escondida construcción de piedra donde antiguamente se almacenaba la nieve, que se convertía en hielo de manera artesanal para su transporte y uso durante el verano por parte de quienes se podían permitir ese lujo. El pozo donde se almacenaba y prensaba la nieve está actualmente tapiado por razones de seguridad, por lo que en el interior de la construcción solo queda una pequeña estancia a modo de pequeño refugio. Unos 150 metros más adelante abandonamos la pista y seguimos de frente por un camino que pronto se convertirá en una bellísima senda tradicional. De aquí en adelante nuestro GR coincide con varios senderos de pequeño recorrido (PR), por lo que muchas de las balizas del sendero Bosques del Sur llevan los colores blanco, rojo y amarillo.
Esta zona es más soleada, por lo que la vegetación se va haciendo más termófila. Abunda la encina y aparecen las jaras, mientras el pino laricio se mezcla con rodales de pino negral, de corteza rojiza. A nuestra derecha, abajo, veremos la escondida aldea de La Fresnedilla, y poco a poco se abren grandes vistas hacia el este, donde aparecen montañas como Los Calarejos y el Puntal de Rayuela (llamado también de La Ajedrea y de Siles). Más lejos, hacia el nordeste, divisamos las elevaciones de nuestra gran cadena montañosa en la provincia de Albacete, tales como La Sarga, El Padroncillo, La Almenara y el Calar del Mundo, algunas de ellas en el vecino Parque Natural Los Calares del Mundo y de La Sima. Cruzaremos también una pista forestal que, a la derecha, nos llevaría al cercano camping de La Canalica.
Km 5,8
Senda hacia la Piedra de los Agujeros
En este punto arranca a la izquierda una diminuta senda sin señalizar y con bastante pendiente que nos conduciría hacia el entorno de la Piedra de los Agujeros, un curioso hito geomorfológico a 1304 metros de altitud que es un ejemplo de relieve uniformé en dolomías. Si decidimos subir, contemplaremos hermosas vistas en todas las direcciones. Siguiendo nuestra ruta, más adelante, si giramos la vista hacia atrás podremos observar la Piedra, de la que habitualmente solo se ve un agujero, pero que desde determinados ángulos puede comprobarse que tiene una segunda abertura larga y muy estrecha, de ahí su nombre. Desde nuestra senda continuamos gozando de buenas vistas hacia el este, además del placer de recorrer un viejo camino con calzos de piedra seca, lo que hace volar nuestra imaginación hacia un pasado en el que construir estas vías de comunicación costaba un enorme esfuerzo. Al frente aparece la inconfundible Muela de Bucentaina.
Km 6,9
Collado de Mirahueta
La senda desemboca en un camino algo más ancho. Unos metros antes, a nuestra izquierda, conviene desviarse unos cuantos pasos a un magnífico mirador natural hacia la vertiente opuesta. Estamos en el Collado de Mirahueta, donde pasamos del monte Navalperal al monte Bucentaina, y desde el citado mirador nos sorprende una vastísima panorámica hacia el oeste, con grandes bosques, la pequeña aldea de La Hueta, los montes Peñalta y El Yelmo, Sierra Oruña y, a lo lejos, las Sierras de Las Villas y de Cazorla.
Siguiendo nuestra ruta, pronto comprendemos por qué el Bucentaina es uno de los montes con mejor vegetación mediterránea del parque natural. Bajo el pinar de negral crece un potente sotobosque de encinas, enebros, olivillas (Phyllirea angustifolia) y algunos madroños y cornicabras. Estas últimas aportan una bella pincelada cromática en otoño. Al frente vemos las montañas albaceteñas antes citadas y el pequeño pueblo de Cotillas.
Km 8,7
Cara norte del Bucentaina
Nuestra ruta desemboca en una pista forestal que rodea todo el Bucentaina. Caminamos por ella durante unos metros para llegar a un pequeño llano despejado, por el que pasa un cortafuegos y desde el que hay magníficas vistas. En él giramos a la izquierda por una pequeña senda y cambiamos de vertiente. La senda comienza enseguida a bajar vertiginosamente, internándose en la cara norte del Bucentaina. Si en la cara este, por la que venimos, había un buen sotobosque, la cara norte luce una vegetación espectacular que nos envuelve por completo. El ambiente se torna más umbrío y aparece una apretada cobertura de especies nobles, entre las que destacan el madroño y el durillo (Viburnum tinus). En el kilómetro 10,2 llegamos de nuevo a una pista forestal, que abandonamos de inmediato para seguir por nuestra extraordinaria senda. De cuando en cuando las vistas se van abriendo hacia el pueblo de Siles, el valle del Guadalimar y la Sierra del Calderón.
Km 11,1
Cruce con pista forestal
Llegamos a una nueva pista forestal y giramos a la derecha, recorriendo el último tramo de la etapa 21, que durante 1,4 km coincide con el primer tramo de la etapa 1, que viene subiendo en sentido contrario desde el Área Recreativa Peña del Olivar. Recorriendo esta pista forestal, a nuestra izquierda contemplamos ya un paisaje ameno y humanizado, de ambiente rural, con olivares, pequeñas huertas regadas por el arroyo de Los Molinos y el pueblo de Siles muy cercano. A lo lejos, la desnuda e inconfundible Piedra del Cambrón, y a su derecha las montañas albaceteñas que citamos anteriormente. El kilómetro 11,5 encontramos la fuente de El Noguerón, de mucho caudal, a donde los sileños acuden con frecuencia para aprovisionarse de agua de calidad.
Km 12,5
Área Recreativa Peña del Olivar
Un kilómetro más debajo de la fuente de El Noguerón finalizamos la etapa en el Área Recreativa Peña del Olivar, un lugar muy popular para los vecinos de Siles. Se sitúa a ambos lados del Arroyo de Los Molinos y dispone de fuente, bar, terraza, mesas, parque infantil y, en verano, una magnífica zona natural de baño, de aguas frías y limpias. Hay también un pequeño parque con una colección botánica en la que se pueden ver muchas de las especies más representativas de la flora del parque natural.
Esta etapa, en la zona nororiental del parque, se desarrolla en su totalidad en terrenos boscosos dominados por el pino laricio de los que emergen los calares, que son las montañas aplanadas tan frecuentes en la zona norte del parque natural. Se inicia en el valle de Los Anchos, que es uno de los más fotogénicos del parque y tiene encantadoras aldeas que aún conservan la arquitectura popular.
Casi todo el trazado de esta etapa va por pistas forestales, cosa lógica teniendo en cuenta que transitamos por una zona cuya gran riqueza forestal ha sido explotada desde tiempo inmemorial. La Cañada del Saucar es la única aldea que encontraremos, y desde ella parte la derivación 8 del GR 247 que asciende al Puntal de la Misa, en el gran Calar del Cobo, que constituye uno de los mejores miradores de la Sierra de Segura.
La ruta pasa por varios puntos de privilegiada situación desde los que se contemplan imponentes panorámicas, como son el Collado de Góntar, el Collado del Ventano y el Poyo de la Víbora. Muy cerca del primero, aunque fuera del sendero, está La Raja, una grieta alta y muy estrecha que permite el paso.
También es destacable la importancia ecológica de buena parte del territorio recorrido por la ruta, que pasa por el monte El Espino, incluido en el Área de Reserva Acebeas-Nava del Espino, especialmente protegida por albergar especies de flora cuyo territorio de distribución es muy reducido, estando algunas incluso en peligro de extinción.
Arces y acebos nos acompañarán en algunos puntos de la ruta, que también pasa por plácidos lugares que estuvieron antaño habitados, como el encantador vallezuelo que forma en su cabecera el arroyo de la Fuente del Tejo, donde los gamos y ciervos son atraídos por los viejos frutales ya descuidados. En toda la zona que recorre esta etapa abunda la gran fauna silvestre, siendo frecuente observar el vuelo del águila real y escuchar la berrea de los venados en otoño.
La etapa permite también acceder a la derivación 9 una de las más atractivas del sendero Bosques del Sur, que asciende al calar del Espino, en plena área de reserva y desde el que se divisan extensísimos horizontes de las provincias de Jaén y Albacete. Aconsejamos vivamente recorrer esta derivación, porque en el pequeño bucle circular del sendero en lo alto del calar se vive la emocionante sensación de pasear por una enorme terraza abierta a los cuatro puntos cardinales del parque natural.
Los grandes protagonistas de la etapa que va a descubrir son los bosques de pino laricio y los calares, que son las montañas aplanadas tan frecuentes en la zona norte del parque natural. Apenas hay aldeas ni cortijos, pero sí un área de reserva de gran importancia botánica. Naturaleza en estado puro.
En toda la zona que recorre este Tramo abunda la gran fauna silvestre, siendo frecuente observar el vuelo del águila real y escuchar la berrea de los venados en otoño.
Prado Maguillo, cercanías de Cañada del Saucar, fuente en casa forestal km 8,8. En el final de la Etapa no hay fuente, aunque en la descripción de la misma se comentan varias alternativas de fuentes cercanas.
En el sendero: no hay
Cerca del sendero: Segura de la Sierra, Orcera
PR-A 199, GR 147, PR-A 196, PR-A 178
En el inicio: Refugio Casa Forestal El Bodegón (a 1,4 kilómetros del inicio de Etapa). En el final: Refugio Era del Fustal.
El pino laricio o salgareño, emblema del Parque Natural
No hay árbol más representativo del parque natural que el pino salgareño o laricio (Pinus nigra ssp. salzmanii). Y no solo por su importancia ecológica sino también porque, gracias a la buena calidad de su madera, ha protagonizado la historia económica y social de las comarcas que hoy están integradas en el parque, a lo largo de la cual ha sido a veces potenciado y mimado, y a veces destruido por la codicia y el ciego interés. El nombre con el que se ha conocido desde siempre en estas sierras a este pino es el de salgareño, lo que tiene su lógica, porque esta palabra proviene de sarga, que es como aquí se denomina a varios sauces, cuyas ramas son finas y gráciles. Salgareño, por tanto, alude a la esbeltez de este pino, cuyo porte es muy derecho y elegante.
Puede superar los 40 metros de altura y con frecuencia sobrepasa los 500 o 600 años de edad. Es famoso el Pino Galapán, en el término de Santiago-Pontones, por ser el más grande del parque, y que al parecer data de mediados del siglo XVII. Hay en el parque natural salgareños milenarios (existen tres ejemplares que tienen entre 1020 años y 1041 años), pero que no destacan por su tamaño porque viven en condiciones más difíciles de suelo y clima. La madera del pino salgareño es relativamente fácil de trabajar, pero es dura y muy resistente a la putrefacción, por lo que fue en otros tiempos muy valorada para la industria naval. De hecho, hasta tiempos recientes los serranos llamaban palo mayor a los ejemplares de pino salgareño de gran envergadura y tronco recto, pues eran destinados a ser el palo principal de la arboladura de los navíos.
En la actualidad, la Unión Europea certifica la calidad del pino salgareño a través de su correspondiente Marca Comunitaria, que supone un reconocimiento a la calidad de los productos elaborados con su madera.
Sus hermosos troncos de corteza gris cenicienta dominan el paisaje de grandes zonas boscosas a partir de los 1300 metros de altitud, donde están la mayor parte de los ecosistemas más valiosos del parque. Aparece solitario en las zonas más altas, de clima duro y suelo pobre, porque no hay allí otro árbol que aguante tales condiciones. Y compite en altitudes más bajas y con mejores suelos con el roble o quejigo (Quercus faginea), al arce (Acer granatense) y el melojo (Quercus pyrenaica), a costa de cuya tala ha ampliado su área de distribución a lo largo de la historia.
Como podremos comprobar en esta etapa, los bosques de pino salgareño impresionan por el porte recto de sus troncos, el contraste del verde intensamente oscuro de las copas con el gris claro de las rocas calcáreas y la especial luminosidad de las zonas altas en las que crecen. En España, el salgareño se da en los Pirineos y en el sur de la Cordillera Ibérica, sobre todo en la Serranía de Cuenca, pero las masas boscosas más amplias y mejor conservadas son las del parque natural, Sierras de Cazorla, Segura y Las Villas, en cuyo logo ocupa un lugar destacado.
Es un árbol que prefiere los suelos calcáreos y resiste muy bien la sequía, pero necesita algo más de agua que las dos especies de pinos que dominan en zonas más bajas –el negral y el carrasco–. Sin embargo aguanta el frío mucho mejor que ellos. Aunque prefiere los suelos frescos y profundos, tiene gran facilidad para adherirse a las rocas, tan abundantes en las zonas altas, gracias a que sus raíces secundarias son largas y superficiales.
La aldea de Prado Maguillo es uno de los lugares más estratégicos del sendero Bosques del Sur, ya que es principio o final de tres etapas: la 19, que viene desde La Toba; la 20, por la que llegamos hasta el refugio de la Era del Fustal, y la etapa 1 de la variante GR 247. 1, que se dirige al valle de río Madera. Prado Maguillo conserva bien la arquitectura popular y está enclavada en el bellísimo valle formado por el Arroyo de la Cañada del Saucar y los Anchos, situándose en un verdadero mirador natural frente al Morro de los Corzos, Los Picachos Coloraos y el Calarico. El valle se encuentra salpicado de aldeas y cortijos, y aunque hoy en día son muy pocas las personas que viven en ellos permanentemente, antaño fue una zona bastante poblada y productiva.
La ruta comienza en dirección noreste y se desarrolla en su mayor parte por pista forestal. Durante los primeros kilómetros transitamos en paralelo al Arroyo de la Cañada del Saucar, situado a la derecha. Al salir de la aldea, hay una panorámica grandiosa del valle, que impresiona sobre todo en otoño por el colorido de los chopos y nogales que existen en las huertas, en contraste con el verde de los bosques de las laderas y el ocre y gris de los potentes paredones calizos que nos acompañan. Hay que destacar los bosques de pino laricio que en este primer tramo vamos a encontrar, por el porte alto, recto y esbelto de sus ejemplares. La zona es también rica en pastizales, de ahí el interés ganadero de este valle desde tiempos pasados, en los que hubo una forma de vida muy ligada a la oveja segureña y al cultivo de las innumerables huertas que encontramos, hoy abandonadas en su mayor parte. Durante los primeros 2,8 kilómetros de esta etapa se coincide con el sendero de pequeño recorrido denominado PR-A 199 Circular Prado Maguillo, por lo que las balizas que indican continuidad llevan señalización en blanco, rojo y amarillo.
Km 2,6
Cortijos de la Cañada del Saucar
A la izquierda quedan varios cortijos aún habitados, alguno de ellos restaurado recientemente conservando la arquitectura tradicional. En este punto se inicia, hacia la derecha y cruzando el arroyo, la derivación 8 del sendero Bosques del Sur, concretamente la que lleva hasta el Puntal de la Misa, que con sus 1796 m de altitud tiene una de las mejores vistas del parque natural.
Para continuar nuestra etapa seguimos en paralelo al arroyo de la Cañada del Saucar, junto al que transitamos desde el inicio, sin cruzarlo. Este nace un poco más arriba y desciende entre pinares y huertos hasta desembocar en el río Madera muy cerca de la Venta de Rampias.
Km 2,8
Bifurcación Camino a La Tobilla
En este punto encontramos dos opciones: hacia la izquierda dejamos el PR-A 199, que nos ha acompañado desde el inicio, y que se encamina hacia cortijadas como el Cortijo de Prado Espinosilla y la Tobilla, para luego, desde el Arroyo de las Tres Aguas, regresar hacia Prado Maguillo por el Collado de Prado Puerco, cerrando así una ruta circular.
La opción de la derecha, por la que continúa nuestra etapa, nos lleva por la cabecera de la Cañada del Saucar. A 500 metros del cruce dejamos a la izquierda una vieja alberca, y justo en este punto, al otro lado del arroyo, hay unas junqueras donde se sitúa un nacimiento de agua.
La pista forestal sale de la cañada y empieza una subida más acusada por una de las laderas del Cerro de Góntar, que nos brinda unas grandes panorámicas. La zona tiene poco arbolado debido a un incendio ocurrido en 2005.
Km 5,8
Collado de Góntar
Culminamos la subida a 1560 metros de altitud en el Collado de Góntar, lugar muy conocido en esta parte del parque porque se visualiza desde muchos lugares, y desde el que, a su vez, se divisan grandes panorámicas en todas las direcciones. Existe un paredón rocoso a la derecha con formas muy llamativas. Hay que acercarse a él para entrar en la Grieta de Góntar, un pasillo que da a la otra vertiente del roquedo, que apenas tiene la anchura de una persona con los brazos en cruz, y que en meses de estío sirve de descansadero para el ganado gracias a la sombra que dan sus altas paredes y al frescor que proporcionan las corrientes de aire que se generan. Con un poco de suerte podremos observar en la zona algún fósil marino que nos habla del pasado geológico de estas sierras.
A pocos metros del collado encontramos un cruce de caminos con un pino laricio en medio. Debemos girar hacia la izquierda para ir en descenso durante varios kilómetros. La pista forestal de la derecha nos llevaría a las aldeas de La Peguera del Madroño y El Madroño en el valle del río Segura.
Km 6,8
Collado de Góntar
Culminamos la subida a 1560 metros de altitud en el Collado de Góntar, lugar muy conocido en esta parte del parque porque se visualiza desde muchos lugares, y desde el que, a su vez, se divisan grandes panorámicas en todas las direcciones. Existe un paredón rocoso a la derecha con formas muy llamativas. Hay que acercarse a él para entrar en la Grieta de Góntar, un pasillo que da a la otra vertiente del roquedo, que apenas tiene la anchura de una persona con los brazos en cruz, y que en meses de estío sirve de descansadero para el ganado gracias a la sombra que dan sus altas paredes y al frescor que proporcionan las corrientes de aire que se generan. Con un poco de suerte podremos observar en la zona algún fósil marino que nos habla del pasado geológico de estas sierras.
A pocos metros del collado encontramos un cruce de caminos con un pino laricio en medio. Debemos girar hacia la izquierda para ir en descenso durante varios kilómetros. La pista forestal de la derecha nos llevaría a las aldeas de La Peguera del Madroño y El Madroño en el valle del río Segura.
Km 8,1
Derivación al Calar del Espino
Encontramos en la pista un pequeño aparcamiento a la derecha, y hacia la izquierda, por una pista más estrecha, se inicia la derivación 9 del GR 247 Bosques del Sur. Se trata del ascenso al Calar del Espino, uno de los calares más grandes y espectaculares del parque con casi dos kilómetros de longitud (ver descripción en capítulo correspondiente). Nuestra etapa continúa plácidamente por la pista principal, al frente, flanqueada por un espeso bosque de pino laricio.
Km 8,85
Fuente
Salimos a una despejada cañada que rodeamos por la izquierda. Antiguamente fue zona de huerta y en la actualidad está vallada. A los pocos metros encontramos un solitario cortijo, en buen estado, justo en el borde de esta vaguada. Antes de llegar a él, bajo la pista que queda a un nivel más alto, a escasos metros en unas junqueras, se encuentra una fuente que raramente se seca.
En la siguiente curva de nuestro camino nos sorprenden los Cortijos de La Viuda, que fueron la morada de los habitantes de todo este paraje, de ahí estos claros dedicados a huertos. Los cortijos están semi derruidos, pero es bastante llamativo el antiguo horno de leña que utilizaban para el autoabastecimiento. En la zona de cultivo próximo a este cortijo y en otras cercanas del delicioso valle de cabecera del Arroyo de la Fuente del Tejo, abundan aquí y allá los ciruelos, nogales y otros frutales que llevan muchos años descuidados, pero que atraen a jabalíes, ciervos y gamos, a los que es posible sorprender, sobre todo durante las primeras y las últimas luces del día.
Km 9,8
Pista Forestal de los Huecos de Bañares JF-7014
Salimos a otra pista de tierra, bastante más ancha, y deberemos girar hacia la izquierda, ascendiendo nuevamente. Muy pronto comienzan a aparecer los primeros arces y a medida que subimos las vistas van ganando en profundidad.
Km 11,5
Collado del Ventano
Cuando alcanzamos los 1450 metros de altitud llegamos al Collado del Ventano. Hacia la derecha hay una senda que nos aproximaría a la roca que da nombre al lugar y que no se ve desde la pista. Se encuentra a unos 200 metros de la pista y es una gran piedra horadada que se asemeja a una ventana natural. Cuando proseguimos la marcha sí podremos apreciarla desde la pista.
A continuación la pista baja y vuelve a subir ligeramente hasta llegar, a los 600 metros del Collado del Ventano, a otro collado. A la derecha de este, a escasos metros, encontramos un suave promontorio que es el Poyo de la Víbora, desde el cual hay una gran vista de la Sierra del Agua, los calares del Mundo, del Mentiras y del Navalperal, y el valle del río Tus. El espacio por el que hemos transitado entre los dos collados es, además de un balcón paisajístico, una joya botánica, con numerosos arces y algunos acebos en medio de un magnífico bosque de pinos laricios o salgareños.
A partir de este punto, primero en ligero descenso y posteriormente en varias subidas y bajadas, nuestra ancha pista atraviesa durante más de cuatro kilómetros la finca de Navalespino, dejando su cortijo a la izquierda. En el primer tramo de descenso desde el Poyo de la Víbora hay varios robles melojos, bastante escasos en el parque.
Km 16,8
Era del Fustal
Salimos a la carretera JF-7016 que, a la izquierda, nos llevaría en menos de un kilómetro al paraje de Navalcaballo, donde hay una antigua y hermosa casa forestal que cuenta con fuente y que actualmente es utilizada como base del Centro de Defensa Forestal (CEDE FO).
Para seguir nuestra ruta, sin embargo, al salir a la vía asfaltada debemos girar hacia la derecha. Veremos una montaña al frente con una pequeña edificación en un promontorio rocoso, que es la caseta de vigilancia de Navalperal. A nuestra derecha encontraremos una fuente, pero suele estar seca.
Km 17,2
Refugio Era del Fustal
Está situado justo en el cruce de las carreteras JF-7016 y la JF-7012, ya junto al monte Navalperal. Se trata de una antigua casa de peones camineros que ha sido rehabilitada para la pernocta de senderistas. En este lugar no hay fuente, pero tenemos varias opciones. La más cercana es ir por la carretera hacia río Madera durante 0,8 kilómetros hasta la antes citada casa forestal de Navalcaballo, donde se ubica el Centro de Defensa Forestal y frente al cual hay una fuente. La segunda es la fuente que se ha construido junto a la casa forestal de Las Acebeas, a 1,6 kilómetros siguiendo la etapa 21 del GR 247. Y la tercera es tomar la carretera hacia Segura de la Sierra, donde encontraremos una fuente a 1,6 kilómetros, frente al Cortijo de Lope.
Esta corta etapa en la parte suroriental del parque recorre zonas gran relevancia ecológica, pues de hecho tiene siempre a su izquierda el Área de Reserva de Navahondona-Guadahornillos. Discurre a una notable altitud, concretamente entre 1500 y casi 1600 metros, yendo siempre por una pista forestal con muy poco desnivel.
Los territorios por los que caminaremos forman parte de pleno derecho del extenso reino del pino laricio o salgareño, del que aquí veremos notables ejemplares. Destaca entre ellos el llamado Pino Félix Rodríguez de la Fuente, bautizado así en homenaje al inolvidable divulgador de la naturaleza que en los años 70 del pasado siglo escogió estos parajes para grabar algunos de sus más famosos documentales de naturaleza.
La ruta tiene siempre a la derecha las grandes elevaciones de la Sierra de La Cabrilla, macizo que agrupa la mayor concentración de dosmiles del parque natural. Entre ellos, el Alto de La Cabrilla, el Pico de Las Covachas, el Cerro de Los Tornajos y el Empanadas, que con sus 2107 metros es el pico más alto del parque. Incluso, en días claros, podremos avistar Sierra Nevada. El camino también permite avistar en algunos tramos el espectacular valle del Guadalentín.
Un desvío de 4,5 kilómetros ofrece la oportunidad de conocer uno de los más bellos lugares del parque, la Laguna de Valdeazores, opción a tener muy en cuenta dada la poca longitud de la etapa.
La fauna es uno de los grandes atractivos de esta etapa, porque si vamos atentos es muy común ver jabalíes, gamos, muflones, ciervos o cabras monteses. La etapa finaliza en Rambla Seca, donde nos sorprenderá un radical cambio de paisaje: el mundo de los árboles da paso al de los pastos, y ante nuestros ojos se abren vastas panorámicas, desarboladas y rudas, pero de una emocionante belleza: empieza la altiplanicie de los Campos de Hernán Perea.
Refugio Casa Forestal Fuente del Acero, Casa Forestal de la Nava de Paulo (en las inmediaciones del Sendero), Refugio de Rambla Seca (fuente-abrevadero a 150 metros).
En el sendero: No hay
Cerca del sendero: No hay
GR 144
En el inicio: Refugio Casa Forestal Fuente del Acero; En el final: Refugio de Rambla Seca.
La fauna extinguida
Son varias las especies de fauna que, a lo largo de los últimos siglos, se han extinguido en los territorios que hoy conforman el parque natural. La toponimia de estas sierras evoca la presencia del oso (Ursus arctos) hasta mediados del siglo XVII, con nombres como La Osera, La Fuente del Oso o La Dehesa del Oso. En el Libro de la Montería, mandado escribir por el rey Alfonso XI alrededor de los años 1340 y 1350, se habla de la abundancia de osos en determinados montes del parque, así como en las relaciones de los pueblos de España mandadas realizar por Felipe II en el año 1575.
Otras especies extinguidas en las Sierras de Cazorla, Segura y Las Villas son el lobo (primer cuarto del siglo XX), el corzo (mediados del siglo XX) y el lince ibérico (últimas décadas del siglo XX). Por suerte, no todo son malas noticias: el quebrantahuesos, tras desaparecer durante la década de los 80 del siglo XX, sobrevuela de nuevo el parque gracias a un ambicioso proyecto de reintroducción puesto en marcha por la Fundación Gypaetus. ¿Volverán a ser estas Sierras la casa de alguna de las especies que siempre vivieron en ellas?
La casa forestal de Fuente Acero está en la pista forestal JF-7091, muy cerca de Caballo Acero y a 6,4 km de la Nava de San Pedro. Es punto de llegada o salida de tres etapas del sendero Bosques del Sur. Por un lado, una de las etapas de la variante GR 247.3, cuyo arranque encontraremos 300 m más adelante, nos llevaría hasta el refugio de la casa forestal del Sacejo en las cercanías del Parador de Turismo El Adelantado de Cazorla; por otro, la etapa 14 del sendero, que nos llevaría hasta el Aula de Naturaleza el Hornico, en las cercanías del embalse de La Bolera y Pozo Alcón; y finalmente la etapa que describimos a continuación, cuyo recorrido se desarrolla íntegramente por la pista forestal principal, inicialmente en dirección noreste, hacia Collado Bermejo y los Campos de Hernán Perea.
Km 0,3
Cruce con pista hacia el Valle del Guadalentín
Nada más iniciar la etapa encontramos hacia la derecha una pista forestal –con barrera para impedir paso a vehículos– por la que podríamos recorrer el valle del río Guadalentín hasta su llegada al embalse de La Bolera, y que se corresponde, como hemos citado en el punto anterior, con la etapa 14 del sendero. Nuestra ruta continúa al frente, siempre por pista forestal abierta y llevando a nuestra izquierda el límite del Área de Reserva de Navahondona-Guadahornillos. Iremos viendo marcado el límite de esta reserva con señales que indican que su grado de protección es el «A», que es el máximo en el parque natural debido a sus altos valores ecológicos.
A nuestra derecha queda la Sierra de la Cabrilla, que impresiona por su altitud a pesar de encontrarnos a 1500 m de altitud. En un segundo plano, en la Cabrilla aparece el pico Empanadas, que con sus 2107 m es el techo del parque natural.
Km 3,4
Collado Bermejo
A nuestra izquierda aparece una pista en ligera subida, que tiene en su parte más alta otra barrera para vehículos. Es Collado Bermejo, lugar de partida de una de las rutas senderistas más populares del parque natural, que llega hasta la Laguna de Valdeazores y se puede continuar por la famosa ruta del Borosa. Es muy usual encontrar vehículos estacionados en este punto. El recorrido hasta la laguna tiene una distancia de 4,5 km y forma parte de la red de rutas ornitológicas existentes en el parque. Dado que la longitud de la etapa 15 no es muy larga (11,4 km), es muy recomendable realizar esta ruta para volver luego a este punto y continuar nuestro camino por el sendero Bosques del Sur.
Siguiendo por la pista principal, el camino gira momentáneamente hacia el este, abriéndose aún más la panorámica sobre el valle del Guadalentín. En días claros, a lo lejos podremos divisar el macizo de Sierra Nevada.
Km 6,4
Pino Félix Rodríguez de la Fuente
Finaliza el ligero ascenso que hemos llevado desde el inicio, llegando al Collado de la Zarca, que es muy fácil de identificar, pues justo en este punto encontramos a la izquierda uno de los pinos laricios o salgareños más emblemáticos del parque, el Pino Félix Rodríguez de la Fuente, de extraordinarias dimensiones, 4,5 metros de perímetro y 24 de altura, incluido en el Catálogo de Árboles y Arboledas Singulares de Andalucía. Su nombre es un homenaje al genial comunicador y divulgador de la naturaleza que en los años 70 del pasado siglo grabó en estos parajes algunos de los capítulos de la popular serie documental televisiva El Hombre y la Tierra.
En este punto es aconsejable realizar dos pequeños paseos. A la izquierda podemos seguir una pista cerrada a vehículos, para en algo más de 600 metros llegar a las ruinas de la casa forestal de la Nava de Paulo, donde hay una fuente con abrevadero para animales. Es una zona propicia para la observación de fauna, por lo que conviene ir atentos y en silencio, siendo muy común avistar jabalíes, gamos, muflones, ciervos o cabras monteses. Si en el Collado de la Zarca nos vamos hacia la derecha, cresteando, llegamos al llamado Collado del Pluviómetro. Es, sin duda, el lugar con la mejor panorámica de todo el recorrido. El pluviómetro es metálico y está instalado sobre un roquedo a 1692 metros de altitud, siendo visible desde muchos puntos en esta zona por su gran tamaño.
Continuando nuestro recorrido por la pista principal, a partir del kilómetro 8 recorremos la Cañada Pajarera, a nuestra derecha, que finalmente nos llevará a Nava Noguera. Las navas son terrenos muy fértiles a cierta altitud, donde, si no han sido cultivados, pueden quedar vestigios de vegetación más norteña, restos de la última glaciación. En esta zona llama la atención el gigantesco tamaño de los pinos laricios centenarios que quedan a la derecha de la pista, de la que merece la pena separarse para contemplarlos más cerca.
El camino llanea desde el Collado de la Zarca. Pronto empiezan a abrirse grandes claros, preámbulo de lo que encontraremos más tarde. En el kilómetro 10,5 dejamos a nuestra izquierda unos tornajos de madera (abrevadero para ganado), al pie de un cerecino (Prunus mahaleb), árbol de hoja caduca que es precisamente uno de los representantes de esa peculiar flora de la nava.
Km 11
Rambla Seca
Llegamos al Control de Rambla Seca, una pequeña edificación junto a una puerta por la que debemos pasar, siempre teniendo la precaución de volver a cerrarla para evitar el tránsito de animales. Desde aquí se controla el acceso a la Reserva Andaluza de Caza de Cazorla-Segura, antiguo Coto Nacional. La barrera permanece cerrada a vehículos de 21.00 a 9.00 horas.
Al pasar la puerta se produce un impactante cambio en el paisaje. La vegetación arbórea desaparece y solo algunos espinos arros (Berberis hispanica) nos acompañan en nuestro camino. Estamos al comienzo de los Campos de Hernán Perea, sin duda los mejores pastizales del parque, pastos frescos criados a los 1600 metros de altitud, que es la altura media de las llanuras que se abren delante de nosotros. Aquí se inicia también otro de los senderos de Gran Recorrido del parque, el Sendero de la Trashumancia (GR 144), que transita por las vías pecuarias por las que los rebaños de oveja segureña bajan a zonas más cálidas para pasar el otoño y el invierno para volver a estas zonas frescas en primavera y verano.
Km 11,4
Refugio de Rambla Seca
Llegamos al final de la etapa, situado en el refugio de pastores de Rambla Seca. Este refugio, como otros que hay en los Campos de Hernán Perea, es una construcción muy singular, compuesta básicamente de una habitación con puerta, ventanas y aljibe que recoge el agua de lluvia, con una bomba manual para su extracción. Hay que recordar que es un agua sin tratamiento sanitario alguno. Son infraestructuras utilizadas tradicionalmente por los pastores que tienen aquí sus rebaños. Con ellos podremos compartir alguna que otra velada entrañable. Es especialmente importante ser respetuosos en el uso de estos refugios, cuyo mantenimiento y buen estado es básico para los pastores en una zona tan aislada como esta.
Esta larga etapa discurre en su mayor parte por la Sierra del Pozo y tiene como eje al río Guadalentín, uniendo los parajes de El Hornico y Fuente Acero entre los que hay un desnivel de algo más de 500 metros, lo que nos brinda la oportunidad de conocer paisajes muy diversos, desde las templadas zonas adehesadas cercanas al inicio de la ruta hasta los ambientes puramente montañeros de su final.
Podremos pasear, si hacemos un corto desvío, junto a las Cascadas del Guazalamanco, y recorreremos después la famosa Senda de los Pescadores que remonta el río Guadalentín. En la Cerrada de la Herradura veremos cómo este río se encaja profundamente entre altos paredones rocosos, y después pasaremos junto a viejos cortijos ya en ruinas, como el cortijo de los Tontos o la casa forestal del puntal de Ana María, donde vemos testimonios de la vida tradicional de estas montañas, al tiempo que disfrutamos de extraordinarias vistas que se extienden hasta las cumbres de Sierra Nevada.
Más tarde divisaremos desde arriba el Barranco del Guadalentín, al que descenderemos por la histórica vía ganadera de la Cañada del Mesto para luego caminar junto al mismo río, en el más largo tramo del GR 247 que transita pegado a un cauce fluvial. Tras descansar en el relajante paraje del Vado de las Carretas alcanzaremos la antigua Casa Forestal del Barranco del Guadalentín, en un escenario espectacular presidido por los escarpados Poyos de la Carilarga.
A lo largo de la ruta pasaremos por pinares de pino carrasco, por uno de los mejores cornicabrales del parque, por hermosos encinares y por un excepcional robledal de quejigos centenarios, además de ver en distintos puntos bojedas, grandes y viejos pinos laricios y vegetación de ribera muy bien conservada. Los buitres, las rapaces y los típicos grandes ungulados del parque (ciervos, gamos, cabras monteses, etc.) son muy frecuentes de avistar a lo largo de todo el recorrido.
El final de esta etapa conecta con la variante GR 247.3. Si optas por ella podrás, en dos jornadas, enlazar directamente con las etapas 10 y 11.
El Hornico, Manantial de las Siete Fuentes cerca del Vado de Las Carretas (fuera del Sendero), manantial en el kilómetro 15,4, Refugio Casa Forestal Fuente Acero.
En el sendero: No hay
Cerca del sendero: No hay
PR-A 317
En el final: Refugio Casa Forestal de Fuente Acero
El resiego de los pinos, una ancestral técnica de supervivencia serrana
En esta etapa, y a lo largo de otras muchas del GR 247, el caminante se sorprenderá por la presencia de grandes pinos laricios en cuya base hay una oquedad artificial, generalmente negruzca, con restos de resina y muestras de viejos cortes. Son lo que los serranos llamaban pinos tocaos, en los que se resegaba el tronco buscando la resina como fuente de calor. La explicación a este hecho nos la da José Laso Flores, uno de los mejores conocedores de las tradiciones serranas.
Antiguamente se movía mucha gente de día y de noche por las montañas, el interior de los bosques, las riberas de los ríos y los caminos que comunicaban cortijos y aldeas. Había recoveros, arrieros, furtivos, pastores, truferos, maquis, trabajadores forestales, y casi todo el mundo llevaba su navaja y su hacha, entre otras cosas, como herramientas básicas de supervivencia. Por toda la sierra se pueden encontrar pinos tocaos en lugares más o menos estratégicos por donde tenían que pasar estas gentes, a veces en condiciones muy duras, con temperaturas muy bajas, nieve, o lluvia.
En previsión de verse necesitados de una fuente de calor, algunas de estas personas producían heridas con el hacha en pinos estratégicamente situados para que sangraran o lloraran, dejándolo preparado a propósito para utilizarlo en caso de necesidad, ya que de la herida fluía la resina, a la que se aplicaba la llama de una cerilla o de un mechero. De esa forma se obtenía una buena fuente de calor, porque la resina, que es un excelente combustible, ardía de manera lenta y duradera. Era un sistema seguro y eficaz, porque, una vez apagada la resina, el pino volvía a llorar, es decir, a generar más resina y enviarla hacia la superficie.
Probablemente el uso que se hacía de esta técnica era muy controlado para no matar el pino, apagando el fuego cuando se marchaban sin llegar a permitir que el fuego llegase a destruir el tronco, y buscando un nuevo árbol cuando ya se había apurado el anterior, ya que no hay evidencias de pinos muertos por este motivo.
En otras ocasiones se aprovechaban para esta práctica los pinos que habían sido anteriormente tocaos por un rayo. Era una técnica básica que evitaba pasar malos ratos, secar la ropa e incluso sobrevivir en casos extremos.
Otro aprovechamiento importante de esta técnica era la obtención de pequeños trozos de madera impregnada de resina (tea), que posteriormente se utilizaba para prender fuego en otro lugar donde fuera necesario, como una hoguera en el monte o la lumbre en la casa, así como para alumbrarse en la oscuridad. Las astillas de tea también se extraían de los tocones de árboles cortados o del nervio de los pinos caídos y en estado de putrefacción.
También se podía improvisar una peguera en miniatura quemando varias teas superpuestas, lo que permitía extraer una pequeña cantidad de pez. Impregnando con la pez un trozo de trapo liado en un palo se obtenía una antorcha que podía iluminar durante una o dos horas, según la cantidad de pez y el grosor del trapo. Para alguien que se pierde, esta fuente de luz y calor puede significar la supervivencia.
La etapa comienza en la pista que da acceso a este centro de educación ambiental. Para visitar el centro y su imprescindible jardín botánico de plantas autóctonas hay que desviarse 150 metros a la izquierda. El aula está situada junto al Arroyo del Vidrio, en un paraje con densa vegetación mediterránea dominada por pino carrasco, con gran cantidad de encina, enebro, romero y algunas sabinas. Comenzamos caminando por una ancha pista forestal, que atraviesa la Dehesa del Rincón, en terreno llano y disfrutando de la compañía de excelentes encinares.
En el kilómetro 2,5 dejamos a la derecha el Centro de Formación El Hornico, y en el 4,3 encontramos a la izquierda el arranque señalizado del sendero a las Cascadas de Guazalamanco. Aunque nuestra etapa es larga, el desvío de poco menos de un kilómetro es muy relajante, ya que gozaremos de una sucesión de cascadas y pozas formadas por el arroyo Guazalamanco, cuyas limpias aguas proceden de las laderas del pico Cabañas. Abundan los fósiles y hay también buitreras.
Siguiendo por nuestra ruta, el camino gira enseguida a la izquierda y observamos un cambio de paisaje, ya que entramos en el barranco labrado precisamente por el Guazalamanco, ya en su tramo final antes de desembocar en el Guadalentín. Es un paraje abrupto y salvaje, con cornicabras, sabinas y encinas agarrándose a las rocas. Cruzamos un puente y, poco antes del final de la pista que estamos recorriendo, atravesamos un excepcional cornicabral (Pistacia terebinthus), que se tinta de rojo en otoño.
Km 5,1
Senda de los Pescadores
Acaba la pista y empieza, entre hermosas cornicabras, la Senda de los Pescadores, teniendo a la izquierda la Casa del Molinillo y arriba el Picón del mismo nombre. Comenzamos la senda en suave descenso, viendo a la derecha el estrecho Valle del Río Guadalentín, que a esta altura forma ya una de las colas del embalse de La Bolera. A partir de ahora seguiremos el curso del Guadalentín en el sentido opuesto al de sus aguas por la Cañada del Mesto, histórica vía por la que los ganados de Pozo Alcón y Castril trashumaban en dirección a las zonas de invernada en Sierra Morena.
Km 5,9
Cerrada de La Herradura
En este punto pasamos por un puente sobre el Guadalentín, que forma la impresionante Cerrada de La Herradura, una gran curva en la que se encaja profundamente entre paredones verticales, a punto ya de embalsarse en La Bolera. Abandonamos –por poco tiempo– la cercanía del río y ascendemos, ensanchándose el valle y viendo algunos bancales abandonados así como mucha encina y cornicabra. Pronto cambia el paisaje vegetal, que pasa a estar dominado por el pinar de repoblación. El Guadalentín reaparece a nuestra izquierda, abriéndose el paisaje cada vez más hacia ese lado, con grandes bosques de pino negral y después con encinares. A la derecha vemos rotundos cantiles rocosos de tonos amarillos y rojizos. En el kilómetro 7 tomamos un pista a la izquierda, en medio de un pinar joven. Unos 350 metros después gira a la derecha y nosotros la abandonamos para seguir al frente por un camino algo difuso, aunque señalizado, y enseguida vemos a la izquierda las ruinas de un cortijo. Cruzamos el terreno despejado del cortijo, con buenas encinas, siguiendo las dos balizas que encontraremos, y luego veremos al frente, un poco a la derecha, un poste con señales direccionales. Antes, no hay que dejar de asomarse hacia el valle del Guadalentín desde las pequeñas praderas que hay a la izquierda.
En el citado poste (kilómetro 8) salimos de nuevo a la pista forestal y tomamos a la izquierda, en un pinar de repoblación de pino laricio. Poco después caminamos por un espeso encinar en salpicado de viejos y grandes ejemplares de pino laricio.
En el kilómetro 8,8 llegamos a los terrenos despejados de dos cortijos, situados arriba a la derecha y arriba al frente respectivamente. Subiendo a este último, en el Puntal de Ana María, apreciamos que es un lugar muy especial por su entorno –la era, los pastos, las grandes encinas– y por lo espectacular de las vistas: abruptos poyos a la derecha, el profundo valle del Guadalentín a la izquierda –al que nos podemos asomar desde la era–, y hacia atrás, es decir, hacia el sur, grandiosas panorámicas que llegan hasta las cumbres de Sierra Nevada.
Km 9,5
Raso del Peral
Dejamos a la derecha el cortijo del mismo nombre y el camino empieza a descender suavemente, en una bellísima cañada con amplios pastizales. Poco después, caminamos entre hermosas encinas viendo las laderas del otro lado del Valle del Guadalentín, presididas por el Calar de Juana, mientras al fondo divisamos el Barranco del Guadalentín bajo una plataforma de paredes muy verticales que caen sobre la Cerrada de la Canaliega. Las vistas son de nuevo impresionantes.
Nos internamos en un excelente encinar y en el kilómetro 10,2 pasamos junto a las ruinas de un cortijo a la derecha. Vemos junto al camino un gran pino laricio con una oquedad hecha en su base de casi dos metros de altura. Esto se hacía antiguamente para sacar las resinosas astillas de tea, que servían para iluminar o para encender la lumbre. Este aprovechamiento sabía hacerse sin secar los pinos, como aquí podemos comprobar. El encinar por el que transitamos es fresco, como denota la presencia de abundante musgo, hiedra y eléboro (Helleborus foetidus).
En el kilómetro 11,5 pasamos junto a la gran plataforma que antes vimos desde arriba. A nuestra derecha vemos algunos arces de Montpellier, mientras las laderas del otro lado del valle están cubiertas por cerrados encinares. A partir del kilómetro 12,6 el camino desciende de forma más acusada entre estupendas encinas, siendo un buen lugar para asomarse a la izquierda y ver el Guadalentín encajado entre paredones rojizos. Pronto empiezan a parecer los robles (quejigos), que serán una constante durante los próximos kilómetros, en un ambiente umbrío, con mucho musgo, mientras asciende hasta nosotros el poderoso sonido de las aguas del Guadalentín.
Km 13,5
Vado de las Carretas
Este es un relajante paraje con pequeñas praderías y buenos nogales donde podemos descansar y solazarnos junto al río. Hay también chopos, boj y algunos quejigos. Si siguiéramos el camino que sale hacia la izquierda subiríamos hasta la misma pista donde acaba nuestra etapa, pero más hacia el oeste, en el paraje de La Trinchera, no lejos de la Nava de San Pedro, con lo que atajaríamos para llegar a la etapa 2 de la variante GR 247.3. A unos 200 metros de iniciarse este camino en el Vado de las Carretas pasamos muy cerca del llamativo nacimiento de las Siete Fuentes, constituido por varios manantiales cuyo abundante caudal pasa a engrosar el del arroyo de San Pedro.
Nuestra ruta, sin embargo, sigue el curso del río Guadalentín, que hemos de cruzar. El camino se eleva sobre el río, que queda ahora a nuestra derecha, y pasa por un encinar cuyas ramas musgosas y retorcidas crean una cierta magia en el ambiente. Poco después encontramos un cable que impide el paso de vehículos, en un angosto paso entre rocas donde el río, ya a nuestro lado, baja con bravura entre sauces y bojes.
Salimos a un pinar de laricio y a partir de ahora caminaremos pegados al río, vadeándolo en un par de ocasiones por pasos cementados. Caminamos durante un buen trecho plácidamente, sin apenas desnivel, mientras el cauce se ensancha a veces entre junqueras y cada vez se hacen más presentes los quejigos, algunos de gran tamaño. De hecho, estamos entrando en uno de los mejores quejigares del parque natural, lo que confiere a la zona, no solo un gran valor paisajístico, sino también una notable importancia ecológica. Vemos también grandes pinos laricios, además de bojes, sabinas y arces, que en otoño se visten de amarillo. La frescura y la humedad propician incluso la presencia de algunos acebos.
En el kilómetro 15,4 pasamos junto a un delicioso manantial que nace de la roca misma junto al camino, en una pequeña y musgosa oquedad entre arces y bojes. El ambiente en este tramo no puede ser más seductor, pues nos recuerda a parajes de latitudes más septentrionales. El río baja en pequeños saltos a nuestra derecha, mientras huele a boj y a humedad y los viejos quejigos retuercen sus ramas añosas.
Km 17,9
Casa forestal del Barranco del Guadalentín
Este es un lugar emblemático que produce una mezcla de sentimientos, pues la grandeza y armonía del paraje contrastan con el aire melancólico que emana del estado ruinoso de lo que fue una potente casa forestal, amplia, que tuvo hasta un pequeño estanque con fuente, rodeada de majestuosos nogales, frutales y bancales que en su tiempo estuvieron cultivados. Abajo, en el río, hay chopos y una excelente sauceda, mientras la ladera de detrás de la casa está cuajada de quejigos. Al otro lado del Barranco del Guadalentín se alzan los impresionantes farallones de Los Poyos de la Carilarga.
Nuestro camino continúa junto al río, que cada vez es más pequeño, y se aparta definitivamente del mismo un kilómetro y medio más allá de la casa forestal, girando bruscamente a la izquierda y elevándose con bastante pendiente para rodear el monte Caballo de Acero. El quejigar adquiere un aspecto exuberante al tiempo que seguimos teniendo al otro lado la mole rocosa de La Carilarga. Poco antes de finalizar la pista por la que vamos subiendo encontraremos una barrera que cierra el paso a vehículos no autorizados.
En el kilómetro 21,1 alcanzamos la importante pista forestal de Las Navas, donde giramos a la izquierda para llegar al final de la etapa al cabo de 300 metros.
Km 21,4
Refugio Casa Forestal Fuente Acero
Nuestra ruta acaba en este bellísimo lugar, que tiene una fuente señalizada –aunque puede secarse– y que es estratégico porque, además de ser principio o final de las etapas 14 y 15 del sendero Bosques del Sur, lo es también de la variante GR 247.3 que se dirige por la Nava de San Pedro hacia El Sacejo, junto al Parador de Cazorla.
Esta es la etapa del sendero Bosques del Sur que se desarrolla en la zona más meridional del parque natural, concretamente en la Sierra del Pozo. Caminaremos por las sierras en la que se refugiaron los últimos guerrilleros que resistieron en la provincia de Jaén contra la dictadura tras la Guerra Civil de 1936-39. Estos caminos, que protagonizan la Ruta de los Maquis de Quesada, son los mismos que ellos usaron hasta 1952, año en el que murió a manos de la Guardia Civil el guerrillero Manuel Calderón Jiménez, «El Ramiro», y se disolvió el último grupo de la resistencia jiennense.
La ruta discurre por un balcón natural entre mundos opuestos. A un lado tendremos la depresión del Guadiana Menor, uno de los afluentes más importantes del Guadalquivir con 152 kilómetros de longitud, que discurre por las provincias de Jaén y Granada. Esta depresión constituye una zona subdesértica, con pocas precipitaciones y un proceso de erosión natural acelerada que conforma paisajes acarcavados y muy degradados que reciben el nombre de badlands. Al otro lado de esta gran llanura son fácilmente reconocibles dos macizos con nombre propio: en primer plano, hacia el oeste, el macizo de Sierra Mágina, otro de los parques naturales de las sierras subbéticas de Jaén; y al fondo, bastante más lejos y hacia el sur, contemplamos el macizo de Sierra Nevada.
Los torcales y barrancos de las serranías por las que caminamos se desploman hacia la árida llanura, siendo montañas agrestes, con cimas por encima de los 2000 metros de altitud, donde se combinan el gris y ocre de la roca con las diferentes tonalidades verdes de una abundante vegetación.
El itinerario es un continuo ascenso hasta coronar a 1595 metros de altitud, cerca del Puntal del Gato, descendiendo desde allí hasta los Llanos de la Puerca, muy cerca ya del aula de naturaleza El Hornico. Además de buitres y otras rapaces, es bastante frecuente observar zorzales y pequeñas aves insectívoras, siendo también terreno propicio para sorprender en nuestro caminar a cabras monteses, muflones, gamos y jabalíes.
Para los poceños, que así es como se denomina a los naturales de Pozo Alcón, el embalse de La Bolera es emblemático, con sus 55 hectómetros cúbicos de capacidad y 240 hectáreas de superficie. Conforma un paisaje con aires norteños en el sur, disponiendo de lugares muy atractivos, como zonas recreativas –entre las que destaca la del Hoyo de los Pinos–, la presa, el embarcadero y sus áreas de baño. En El Hornico es imprescindible visitar su Colección Botánica, un jardín donde está representada buena parte de la gran diversidad botánica del parque natural.
A la salida de Belerda hay tramos de senda con fuertes pendientes. Entre la Casa Forestal de la Fuente del Pino y la fuente de La Ponderosa hay senda con cortos tramos dificultosos. Entre los puntos 6 y 7 la pista tiene tramos con fuerte pendiente.
Belerda, Casa Forestal Fuente del Pino, La Ponderosa, El Hornico
En el sendero: Belerda
Cerca del sendero: No hay
No hay
El pino carrasco, el más austero del Parque Natural
Los pinares de pino carrasco ocupan zonas bajas del parque natural llegando generalmente hasta los 1000- 1100 metros de altitud. Si bien forma parte de nuestro paisaje vegetal desde antiguo, la mayor parte de los terrenos que ocupan estuvieron antes dominados por encinares o formaciones vegetales mediterráneas que fueron deforestadas.
De entre los pinos ibéricos, el carrasco es el menos robusto. La mayoría de los que hay en el parque natural son fruto de propagación o repoblaciones en suelos pobres y pedregosos, por lo que no suelen tener gran tamaño y su porte es a menudo tortuoso. Pero cuando tienen la suerte de crecer en buen suelo llegan a alcanzar los 20 m de altura, y excepcionalmente los 30, teniendo un hermoso porte. Sus hojas son más pálidas, finas y flexibles que las de los otros pinos serranos, y sus piñas permanecen largo tiempo en las ramas antes de caer al suelo. La corteza, cuando el árbol es maduro, es muy resquebrajada y de color gris pardo.
Está muy ligado al clima cálido y suave del Mediterráneo, hasta el punto de difícilmente se aleja de sus costas si no es con ayuda directa o indirecta de la acción humana. Es el pino más resistente al calor y a la sequía, y el más apto para colonizar suelos esqueléticos, rocosos y pedregosos, por lo que juega un gran papel como fijador del suelo en áreas que tienden a la aridez. Sin embargo, es muy sensible al frío, necesita mucho sol, no tolera la sombra, y la que él produce es bastante tenue.
Es de crecimiento rápido y de vida más bien corta, pues no suele superar los 200 años. Su madera es dura, pero menos aprovechable que la de los otros pinos por ser su tronco más pequeño e irregular.
El sotobosque de este pinar suele ser bastante pobre, sobre todo cuando se trata de repoblaciones recientes en laderas secas y soleadas, siendo entonces frecuente el romero (Rosmarinus officinalis) y las jaras. Pero en situaciones más favorables se desarrolla un estrato arbustivo con especies propias de otras formaciones que antecedieron a los actuales pinares. Por ejemplo, encontramos el labiérnago (Phillyrea angustifolia), el durillo (Viburnum tinus) y en los lugares más rocosos la sabina negra (Juniperus phoenicia).
Nuestra etapa comienza en Belerda, una pedanía de Quesada ubicada en el mismo límite del parque natural. Su trama urbana de calles blancas se ajusta al contorno de los impresionantes paredones verticales a cuyos pies se sitúa. La ruta parte del extremo oriental de la aldea, muy cerca de una encantadora placita con fuente, junto a la que pasa la carretera JA-7200 de Tíscar a Huesa, y en la que vemos saltar con fuerza el agua del río Tíscar.
Arrancamos por unas callejuelas cortas y empinadas y salimos a un caminos entre olivos, higueras y granados, viendo a la izquierda las casas de Don Pedro y, más arriba, el Santuario de Tíscar y el cerro de Don Pedro. Enseguida pasamos por las casas de Los Cortijos, a la derecha, ganando altura con rapidez y ampliando las vistas hacia Tíscar y la propia Belerda. En el kilómetro 0,75 llegamos a la carretera JA- 7200, que abandonamos 100 metros más adelante por una senda que sale a la izquierda. Bajamos al fondo del Barranco del Cañaveral, en el que hay adelfas, y lo remontamos, penetrando en el interior del parque natural. El kilómetro 1,3 desde el inicio pasamos junto a los restos de una calera, que queda a nuestra izquierda. Las caleras eran hornos donde se sometía a altas temperaturas la piedra caliza de la zona para la fabricación de cal. Aún se aprecia perfectamente su estructura circular. Después caminamos por un pinar de pino carrasco poco denso con matorral de romero y esparto.
En el kilómetro 1,8 llegamos a la pista que conduce a la casa forestal del Realejo, que tomamos a la izquierda, subiendo, en un paisaje bastante pelado, pero amplio y con buenas vistas. Un kilómetro después encontramos una puerta metálica que hay que abrir, cuidando de cerrarla a nuestro paso. Unos 300 metros más adelante abandonamos la pista tomando una senda que sale a nuestra derecha. Disfrutamos de buenas vistas hacia el sur, viendo en primer plano paisajes subdesérticos. Muy pronto, en el kilómetro 3,4, llegamos a la carretera A-6206, que viene de Tíscar. La cogemos a la derecha para abandonarla tras recorrer 400 metros.
Km 3,8
Camino Barranco de La Canal
Tomamos una pista estrecha que sale hacia la izquierda, ascendiendo por una zona sin arbolado como consecuencia de antiguo incendio forestal. Pronto, a los 300 metros, llegamos a una puerta de control de la repoblación forestal, que debemos abrir y cerrar a nuestro paso, dejando a la izquierda el Peñón de los Barrenos.
El camino serpentea para salvar poco a poco el desnivel y pronto deja de ser pista para convertirse en una senda ancha y bien definida. El arbolado, una vez pasada la puerta, es denso, compuesto en su mayor parte por pinos carrascos, encinas, coscojas, cornicabras, enebros y alguna sabina.
Km 7,4
Cruce de pistas Casa Forestal Fuente del Pino
A la derecha está cada vez más presente el Barranco de la Canal. Cuando llegamos a un cruce con una pista forestal de poco tránsito deberemos ir hacia la derecha, para descender hasta cruzar el barranco. En el cruce encontramos señalización de otros senderos, y a pocos metros hacia la izquierda queda la casa forestal de la Fuente del Pino, que recibe su nombre del de una cercana fuente, señalizada y restaurada, y que tiene una ubicación excepcional, como casi todas las construcciones de este tipo.
Continuando nuestro recorrido por una senda restaurada, cruzamos a los 300 metros el Barranco de la Canal. Aunque durante la mayor parte del año está seco o lleva muy poca agua, en otros momentos puntuales puede ser necesario vadearlo. A partir de este punto retomamos el ascenso, llegando a la Pasá Barbero, que es uno de los rincones más bellos de todo el recorrido. La senda, con calzos y hormas de piedra seca en algún trozo, serpentea salvando el desnivel por el único paso posible. Arriba nos sorprende un pequeño arroyo, procedente de Las Palomas, un macizo rocoso que dejamos a la izquierda, y más a la izquierda, hacia el norte, contemplamos El Cabañas, que con sus 2026 metros de altitud es el techo de esta zona. Desde el punto en que hemos cruzado el Barranco de la Canal caminaremos durante varios kilómetros por el borde del Área de Reserva de Navahondona-Guadahornillos, una zona de especial valor ecológico que alberga muchos de las rarezas botánicas y de la diversidad ecológica del parque natural, y que cuenta con una superficie de 6.826 hectáreas, de especial protección.
Km 8,9
Cruce con pista JF-7092
Salimos a un pequeño claro donde existe un excepcional pino carrasco de porte achaparrado a la derecha, sobre una lancha de roca. Transversalmente cruza una pista forestal ancha, la JF-7092, que debemos tomar primero hacia la izquierda para desviarnos después hacia la derecha, a los 50 metros. Para refrescarnos y beber agua merece la pena seguir la pista ancha hacia el norte apenas 150 metros para llegar a la fuente La Ponderosa.
Continuamos nuestra etapa por una pista forestal mucho más estrecha, y a los pocos metros nos encontramos una barrera que impide el paso a vehículos a motor. La pista, en clara subida, zigzaguea un par de veces hasta pasar el Collado del Royo, y una vez coronado cruzará el arroyo de Las Palomas a 11,3 kilómetros del inicio, ya por encima de los 1500 metros de altitud. Al otro lado del arroyo tenemos excepcionales vistas de Las Palomas y del Cerro del Corralón.
Km 12,75
Balcón natural en Puntal del Gato
Una vez alcanzado el techo de esta etapa, a 1595 metros de altitud, muy cerca del Puntal del Gato, la amplitud de las vistas hacia nuestra izquierda impresiona, pues divisamos gran parte de las provincias de Jaén y Granada a nuestros pies. Es muy llamativo el contraste entre las zona de montaña dominadas por grandes moles rocosas y bosques de pino carrasco y laricio, y el paisaje desolado de las amplias llanuras bajo nosotros. A partir de aquí el recorrido del resto de la etapa es descendente.
Km 13
Bifurcación de pistas
Encontramos una bifurcación de pistas en la que debemos tomar la que hay más a la derecha. La de la izquierda nos llevaría hacia los Prados de Cuenca. A menos de un kilómetro encontraremos otra bifurcación en la que tomaremos otra vez hacia la derecha. Continuaremos por esta pista con fuerte pendiente en algunos tramos, por la izquierda del Cerro del Sabinal, hasta el Barranco del Toro a 15,5 kilómetros del inicio. En este tramo podremos contemplar el embalse de La Bolera, la Peña de Quesada y la Sierra de Castril, además de disfrutar de un magnífico bosque de encina y pino laricio o salgareño y algunas sabinas.
Km 17,5
Barrera para vehículos Arroyo de la Osa
El Barranco del Toro desemboca en un valle algo más amplio por el que discurre en época de lluvias y deshielo el arroyo de La Osa, por cuya margen derecha nos encontramos con otra barrera para evitar el acceso a vehículos no autorizados. Dejando a la izquierda Cerrillo Gallego, cruzamos al lado izquierdo del arroyo, y a los 600 metros de la barrera entra una pista por la izquierda. Debemos ir hacia la derecha, ya en un terreno mucho más llano que lo transitado hasta ahora.
Km 18,7
Llanos de la Puerca
En un paisaje propio de dehesa, prácticamente llano, encontramos otro cruce de pistas en el que debemos realizar un giro brusco hacia la izquierda, para transitar en dirección noreste unos 800 metros, dejando a la izquierda unas edificaciones en buen estado de conservación. Transcurridos esos metros salimos a la pista forestal JF-7191, que discurre por zonas adehesadas de la margen izquierda del Embalse de La Bolera. Proviene de la carretera A-316 y llega hasta la Casa del Molinillo, ya en las cercanías del río Guadalentín.
Km 20,1
Aula de Naturaleza el Hornico
Tras recorrer 600 metros por la pista forestal en dirección noroeste, llegamos al final de la etapa, justo a la entrada del aula de naturaleza El Hornico, donde no hay que dejar de ver la Colección Botánica allí existente. Allí y en los alrededores, existen diversos establecimientos turísticos de diferentes categorías que ofrecen servicios de alojamiento y restauración. Este mismo lugar es punto de inicio de la siguiente etapa del sendero Bosques del Sur.
Larga etapa de 18 kilómetros en la que descendemos más de 700 metros de altitud para desplazamos a la zona más meridional del parque natural. En la parte inicial contemplaremos grandiosas vistas hacia las zonas de campiña, tanto de la provincia de Jaén como de Granada, así como los macizos montañosos de Mágina y Sierra Nevada. El paisaje es abrupto y escarpado, con grandes roquedos y paredones calizos que condicionan nuestro rumbo en todo el recorrido, dominando los bosques de pinares hasta el Puerto de Tíscar, y a partir de ahí veremos paisajes más humanizados.
La mayor parte de la etapa discurre por la tranquila pista forestal del Barranco del Garbanzal, construida fundamentalmente para sacar madera de estos bosques en el siglo pasado. Además de los pasos sobre el arroyo de Béjar, el arroyo de la Cueva de Jaén o Barranco del Moro y el río Extremera, nos resultará asombroso cruzar por la Pasada de Bosques, bajo las paredes verticales de los Picones de Fique, pista tan estrecha que apenas deja pasar un vehículo, que se convirtió en carril forestal hace más de treinta años gracias a la perseverancia y tenacidad de un guarda forestal apellidado Bosques, que con imaginación y muchísimo trabajo de mampostería, consiguió ensanchar el antiguo camino de herradura para facilitar el acceso rápido en caso de incendio u otra necesidad y evitando así un importante rodeo.
En el Puerto de Tíscar podremos contemplar la Torre del Infante Don Enrique, atalaya cilíndrica del siglo XVI, con una puerta de entrada en alto para cumplir sus funciones de vigía sobre las tropas hacia el reino Nazarí de Granada. Más tarde, el Santuario de Tíscar con su atalaya, enclavados entre la Peña Negra y el Cerro del Caballo, nos trasladará, por un lado, a la tierra fronteriza que fue durante casi dos siglos a partir de la reconquista cristiana en 1319, y por otro, al fervor por la Virgen de Tíscar que sienten buena parte de los habitantes de Quesada y su entorno. Muy cerca encontraremos la impresionante Cueva del Agua, donde el agua del río Tíscar ha labrado la roca del monte Caballo, formando una gruta excepcional, de visita obligada.
Las aldeas de Don Pedro y Belerda, de tradiciones y costumbres muy arraigadas que perduran en el tiempo, están enclavadas entre riscas y peñas calizas y nos indican el final de una etapa llena de contrastes.
Desde el kilómetro 13,1 al 13,7 el camino no está muy definido y el terreno es bastante irregular.
Puerto de Tíscar, Arroyo Vadillo, Tícar, Belerda
En el sendero: Belerda
Cerca del sendero: Quesada, Huesa
PR-A 316
En el inicio: Refugio Casa Forestal Collado Zamora
La cabra montés
La abundancia actual y la extraordinaria adaptación al medio de la cabra montés (Capra pyrenaica) dan a esta especie un aureola de animal imbatible, resistente a todo. En realidad, es resistente a casi todo. Aguanta el frío, la nieve, el viento, el hielo, el calor, los suelos rocosos, la escasez de alimento en invierno. Pero es frágil a una errónea gestión de su medio por parte del hombre. La prueba la tuvimos a finales de la década de los 80 del siglo XX, cuando el parque estuvo a punto de perder por completo a la especie que tantas veces ha sido calificada como reina de las cumbres.
En efecto, en aquellas fechas se desató una epidemia de sarna, causada por el ácaro Sarcoptes scabiei, que en algo más de un año acabó con el 90% de los ejemplares de cabra montés. Sus poblaciones se redujeron de unos 10.000-12.000 individuos que había en 1986, a unos 250- 300 a la que quedaron en 1991.
Varias fueron las causas que originaron este drástico declive. Entre ellas destaca la superpoblación de ciervos, gamos y muflones, habiendo sido las dos últimas especies artificialmente introducidas para fomentar la caza mayor, y cuyas poblaciones crecieron desmesuradamente en ausencia de su predador natural, el lobo, lo que, de alguna manera, arrinconó a la cabra en la lucha por el espacio, privándole de recursos alimenticios que la debilitaron, haciéndola más susceptible a contraer enfermedades.
Esta situación fue advertida en diversos estudios científicos de los años 1978 y 1985, empezando a verse los primeros cadáveres en 1987, sin que la Administración tomara medidas. Solo en 1989, cuando la sarna era ya un problema que afectaba a la mayor parte de la población de cabra montés, la Administración comenzó a tomar medidas de control, reduciendo mediante caza selectiva las poblaciones de gamos, muflones y ciervos, cuya superpoblación, por otra parte, había demostrado ser perjudicial para algunas especies de flora protegidas por su escasez.
La otra causa directa de esta epidemia de sarna se debió al ganado doméstico y sobre todo a las condiciones zoosanitarias de dicha cabaña, pues algunos investigadores apuntaron a que fue este ganado el que transmitió la enfermedad a la cabra montés. Por suerte, hoy en día la cabaña ganadera del parque está en perfectas condiciones sanitarias.
La cabra montés se salvó de la extinción, pero sigue siendo necesaria la regulación de las poblaciones de los grandes mamíferos para restablecer el equilibrio ecológico que se rompió con la introducción y fomento artificial de algunos de ellos.
Se inicia esta etapa dejando la pista principal por la que hemos llegado hasta aquí y descendiendo por otra pista forestal bastante más estrecha en dirección sur. A los 100 metros encontramos una barrera que limita el acceso a vehículos a motor, la cruzamos y nos dirigimos hacia un barranco bastante profundo que cruza perpendicularmente. El suelo de esta ladera es bastante pobre, con afloramientos de roca que condicionan en gran medida la colonización arbórea. Aquí el pino laricio no tiene competidor alguno, retorciendo sus raíces entre las rocas para aferrarse a la vida.
Km 0,9
Río Béjar
Cruzamos este río de alta montaña, viendo a la izquierda uno de tantos diques construidos en estos montes para frenar la acción erosiva del agua. Encontraremos diferencias notables en la vegetación entre distintas laderas, aun a la misma altitud, lo que se debe a los diversos microclimas que se generan en función de la clase de suelo y de la orientación, que determina la luz que reciben y las temperaturas.
1, 9
Zona interés botánico
En una de las curvas por las que desciende esta pista forestal encontramos un rincón singular que nos llamará la atención porque es diferente a lo visto hasta ahora. Hay una valla que rodea un área de especial protección, a la derecha de la pista. Tanto dentro como fuera de la misma se encuentran ejemplares de especies más propias del norte de España que del sur, que contrastan con la vegetación que nos rodea y forman una pequeña isla botánica, aisladas al no encontrarse condiciones similares en varios kilómetros a la redonda. Además de arces, robles, bojes y madreselvas observaremos varios ejemplares de tejo, el árbol más longevo de Europa, de madera muy resistente, que en tiempos pasados fue muy apreciado en la fabricación de arcos y en la construcción naval, y que curiosamente tuvo un papel más que importante en época romana, al utilizarse su mortal toxina como veneno, ya que todas las partes del árbol son venenosas salvo la pulpa rojiza del arilo que rodea la semilla.
Km 4,1
Arroyo de la Cueva de Jaén
Después de disfrutar de unas excepcionales vistas sobre el pueblo de Quesada, Sierra Mágina, el Barranco de Béjar y el propio Collado Zamora, lugar de partida, dejamos a la izquierda un pequeño promontorio redondeado y sin vegetación arbórea, a 3,6 km del inicio. Bajo nosotros un barranco nos anuncia la cercanía del Arroyo de la Cueva de Jaén. Este lugar es ideal para observar una colonia de buitre leonado, que al otro lado del barranco encuentra en los estratos de un pliegue sedimentario los huecos y cornisas ideales para descansar y nidificar. Además de halcones y otras rapaces que habitan en todo el parque, en esta zona podemos con un poco de suerte contemplar el vuelo ágil y majestuoso de la mayor de nuestras rapaces, el águila real. Para la observación de aves es conveniente pasar lo más desapercibidos posible, por lo que no es conveniente salir de la pista. Son aves protegidas y los paredones verticales tienen gran importancia porque en ellas están sus puntos de nidificación.
Continuando nuestra pista dejaremos dos carriles hacia la derecha antes de llegar al Arroyo de la Cueva de Jaén. A la izquierda impresionan los paredones verticales, detrás los cuales se ubica el Aguilón del Loco, a 1856 metros de altitud, cuyas aguas de deshielo nutren a este arroyo. Al otro lado de este arroyo la pista discurre bajo las buitreras que hemos visualizado anteriormente. Tras un buen trecho de caminar relajado llegamos, a 6,7 kilómetros del inicio, al Collado de la Hoya de los Corzos, donde descartaremos otra pista forestal que arranca hacia la derecha. A partir de aquí nuestro camino zigzaguea en descenso algo más acusado.
Km 8,25
Río Extremera
La vegetación ha cambiado drásticamente, apareciendo los pinos carrascos mezclados con encinas, coscojas, sabinas, enebros, y bojes. Llegamos al río Extremera, cuyas aguas cristalinas descienden desde el Barranco de los Arenales y el Barranco Extremera, situados ambos bajo el Picón del Guante, otra de las cimas de esta zona, para cruzar después por la Cerrada Extremera, situada a la izquierda de la pista donde nos encontramos. Deberemos vadear el río y descartar a los 100 metros otra pista en mal estado que sale a la derecha. A partir de aquí caminaremos paralelamente al cortado calizo que hay a la izquierda, mientras hacia la derecha los olivares nos marcan el límite del espacio protegido.
A 9,6 kilómetros del inicio, en un pequeño calvero del bosque, dejamos a la izquierda las ruinas de la casa forestal de El Garbanzal, de la que apenas queda algún pequeño murete. A escasos metros encontramos una bifurcación de pistas y debemos seguir la izquierda, para realizar uno de los tramos más espectaculares del sendero Bosques del Sur, la Pasada de Bosques, cruzando los Picones de Fique. Cuesta creer que por este camino puedan pasar vehículos, pues impresiona incluso caminando. Tras acercarnos progresivamente a la pared vertical caliza que mantenemos a la izquierda, el camino gana altura para cruzar por un portillo entre las piedras.
Km 11,5
Barrera
Al salir del portillo encontramos otra barrera que limita el acceso de vehículos. Estamos en la loma de Los Picones y a la izquierda llama nuestra atención El Rayal, de 1834 metros de altitud. Unos pocos olivos y almendros frente a nosotros nos indican que hemos llegado a paisajes más humanizados. Llegamos a una pista más ancha que la llevada hasta ahora, en cuyo cruce deberemos seguir hacia la derecha en descenso hasta el kilómetro 12,3 de nuestra ruta, donde llegaremos a la carretera A-6206. Esta nos acompañará hacia la derecha durante 500 metros, ahora en suave subida.
Km 12,8
Puerto de Tíscar
Coronamos el Puerto de Tíscar a 1183 metros de altitud. Además de saciar nuestra sed en la fuente que allí existe, es visita obligada el Torreón del Infante Enrique, con su llamativa escalera metálica exterior de caracol. Se dominan desde aquí una grandes extensiones tanto de campiña como de sierra, dominadas por cumbres como el Rayal y el Caballo.
Nuestra ruta continúa por una pista olivarera, que alterna en tramos con camino de herradura en dirección suroeste. Caminamos en descenso y en dirección hacia otra atalaya, situada sobre la cresta rocosa de las Peñas Negras, destacando en el valle. En este recorrido cruzaremos en dos ocasiones la carretera A-6206, hasta llegar a la fuente del Vadillo, situada junto a un bar-restaurante. Allí cruzamos el Arroyo Vadillo y nos incorporamos a la citada carretera a 15,3 km del inicio.
Km 15,6
Tíscar
Transitamos unos 300 metros por la carretera para desviarnos, hacia la izquierda, por la entrada a Tíscar, que significa paso entre montañas en lengua bereber. Un curioso túnel bajo una edificación da acceso a la pequeña plaza donde se ubica el santuario de Tíscar, donde también encontraremos varias fuentes. En el santuario destacan las puertas de acceso a la iglesia a través del atrio, la sacristía y pequeñas imágenes de terracota de la Virgen y los Evangelistas. Y justo arriba, por encima de la aldea, se ubica la atalaya, de difícil y peligroso acceso.
Después de la visita a Tíscar, saldremos por la otra entrada existente, y nos volvemos a incorporar a la carretera hacia la izquierda, justo donde se ubica un pequeño mirador sobre la cerrada que bajo nosotros ha formado el río Tíscar.
Acompañamos 200 metros la vía asfaltada para desviarnos posteriormente hacia la derecha, siguiendo una señal que indica «Monumento Natural Cueva del Agua». Dejamos la pista asfaltada de acceso a la cueva a escasos 100 metros, para continuar por pista olivarera de tierra hacia la izquierda. Una pequeña era circular bajo nosotros nos indica el camino a seguir.
En este punto debemos hacer un alto obligado y realizar un pequeño desvío para visitar la impresionante Cueva del Agua. Hay que continuar la pista asfaltada 100 metros más, y después un pequeño túnel peatonal de 10 metros de largo y un metro de altura da acceso a la gruta. En ella se observan caprichosas formas de piedra, entre saltos y pozas de agua, con una vegetación rupícola característica y exuberante. Cuenta la leyenda que, durante la época musulmana, los cristianos tenían gran interés en recuperar este paraje por haber sido escenario de una aparición de la Virgen. Por ello los moros arrojaban su imagen desde la torre a la cerrada del río, pero la imagen volvía a aparecer una y otra vez. Cansados de ello, su jefe, Mahomad Andón, la rompió en pedazos, pero cuando los cristianos conquistaron el castillo misteriosamente la Virgen volvió a aparecer.
Km 16,7
Don Pedro
Accedemos a esta aldea por su parte alta. Es muy pequeña y algo dispersa, en torno a una única calle principal cementada descendente. Recibe su nombre en honor al infante Don Pedro, tío de Alfonso XI, quien en 1319 conquistó la fortaleza hispanomusulmana de Tíscar. Con menos de cien habitantes y rodeada de olivares de montaña, sus vecinos parecen haber detenido el tiempo y mantienen un fuerte arraigo a sus costumbres y tradiciones. Por pista cementada descendemos entre olivares, dejando a la derecha el llamado Pilón Azul, lugar de seres mágicos y leyenda, que se ubica justo donde se abre el barranco, donde una encantadora cascada precipita las aguas del río Tiscar sobre una poza, originando un placentero frescor y una singular zona de baño durante el estío.
Km 18
Belerda
Más tarde, la pista cementada discurre muy cerca del río Tíscar y en paralelo al mismo. Dejamos hacia la derecha una entrada a La Mendoreja, pequeña cortijada a mitad de camino entre Don Pedro y nuestro final de etapa, que es Belerda. Está enclavada bajo el abrigo de grandes paredones rocosos y es una de las aldeas más pintorescas y acogedoras de toda la zona. Es también punto de partida de la siguiente etapa del sendero Bosques del Sur, que parte hacia la izquierda, a escasos 100 metros del final de esta.
Tanto en la zona de Tíscar, como en Don Pedro y Belerda existen alojamientos turísticos, fundamentalmente casas rurales, siendo recomendable concertar la reserva previamente.
Este recorrido se desarrolla por la parte occidental del parque. Se inicia en el Conjunto Histórico-Artístico de Cazorla y asciende para tomar pronto altura sobre la campiña, proporcionando grandes vistas sobre la misma y las poblaciones de Iznatoraf, Chilluévar, Villacarrillo, Santo Tomé, Peal de Becerro y Quesada.
Cerca del inicio de esta etapa, donde el río Cerezuelo se encuentra con el casco urbano de Cazorla, también comienza de la variante GR 247.3, según se explica en su correspondiente capítulo de esta topo guía.
Dejando atrás Cazorla y su castillo de La Yedra, pronto nos sorprenderá el Castillo de las Cinco Esquinas o de Salvatierra, torreón defensivo cuya construcción data del siglo XII, enclavado sobre un cerro con fuertes pendientes y sin vegetación arbórea. Otro de los puntos importantes de esta etapa es el monasterio de Montesión, perteneciente a la orden de ermitaños de San Antonio y San Pablo, durante mucho tiempo habitado por una sola persona, el hermano Antonio, entregado a diario a la oración y el recogimiento.
A los pequeños bosquetes de pinos carrascos del inicio les suceden encinares, pinares de negral y, en la parte final, de laricios, mezclados con cornicabras y majuelos.
Los Cortados del Chorro, a la mitad de la etapa, constituyen uno de los mejores lugares del parque para la observación de buitres leonados, rapaces y córvidos. Incluso, en los meses estivales, podremos observar alguna pareja de alimoches, que encuentran es este paraje una plácida estancia antes de iniciar su retorno al África subsahariana, donde permanecen durante los meses más fríos.
Impresionan los plegamientos rocosos que afloran cerca de Collado Zamora, con formas llamativas que muestran la fuerza de la naturaleza y la relativa juventud de estas montañas, pues las diferentes capas o estratos que los conforman emergieron de los fondos marinos hace millones de años, como prueba la presencia de fósiles de animales marinos que veremos con relativa facilidad.
Al llegar a Collado Zamora la panorámica nos desborda, pues divisamos el Barranco de Béjar, Cerro Frío y la Loma del Leganillo, la Depresión del Guadiana Menor, el Cerro de la Magdalena, Vítar y el macizo de Sierra Mágina, otro de los parques naturales de la provincia de Jaén. En días de buena visibilidad podremos contemplar también el Parque Nacional de Sierra Nevada en la provincia de Granada, coronado por las cumbres más altas de la Península Ibérica.
Cazorla, fuente en el inicio de la ruta, fuente en el Chorro, fuente de Los Tejuelos. No hay fuente en el final de la Etapa.
En el sendero: Cazorla
Cerca del sendero: La Iruela, Quesada
PR-A 312, SL-A 8, GR 7
En el final: Refugio Casa Forestal Collado Zamora.
Vuelve el quebrantahuesos, la gran joya de la fauna del Parque
Hasta 1986, los cielos del parque natural eran sobrevolados por la impresionante figura de una de las aves más emblemáticas de la fauna ibérica: el quebrantahuesos. Situado en la cúspide de la pirámide trófica. Este necrófago de tonos rojizos es capaz de aprovechar los huesos de los cadáveres de ovejas, ciervos, muflones, cabras monteses, etc., cosa que ningún otro animal es capaz de hacer.
Fue abundante en diversas sierras andaluzas y otras zonas de la Península Ibérica, hasta que su población quedó reducida al Pirineo, en una inexorable regresión causada por los tiros, el expolio de nidos y, sobre todo, por el uso de cebos envenenados usados por algunos ganaderos y cazadores para matar zorros, perros asilvestrados y las llamadas alimañas, término con el que se designó a todos los predadores cuya existencia consideraban contraria a sus intereses.
Hoy, gracias a un largo y complejo proceso de reintroducción llevado a cabo por la Fundación Gypaetus con el apoyo de la Junta de Andalucía, el quebrantahuesos está volviendo a estos cielos. En la primavera de 2006 fueron puestos en libertad los primeros ejemplares, aunque solo se podrá considerar consolidada la reintroducción cuando los quebrantahuesos sean adultos y tengan éxito reproductivo. En cualquier caso, la vuelta del quebranta no es solo un aliciente más para caminar por estas sierras, sino un motivo de íntima satisfacción al ver que el ser humano no solo es capaz de deteriorar el medio ambiente, sino también de aprender de los errores y desandar caminos que nunca debieron recorrerse.
Accedemos al camino de San Isicio desde la Plaza de Santa María de Cazorla, tomando la calle que parte tras la fuente renacentista de Las Cadenas y que está regulada por un semáforo. Al salir del pueblo, por carretera asfaltada, encontraremos el panel de inicio y la señalización de este recorrido. A los cien metros giramos hacia la izquierda por pista de cemento, hasta encontrar la fuente de La Pedriza en otro cruce a doscientos metros del inicio. Si siguiéramos al frente doscientos metros más llegaríamos a la ermita de San Isicio, pero nuestra ruta gira hacia la izquierda, siguiendo una pista de cemento que zigzaguea con fuerte pendiente.
Nuestro recorrido coincide en diversos tramos con varios senderos locales y de pequeño recorrido, además del GR 7, por lo que las balizas y señalización que encontramos en algunos puntos, pueden llevar los colores rojo, amarillo y verde. En cualquier caso, para seguir el sendero Bosques del Sur deberemos ir atentos a la señalización específica de GR 247, en blanco y rojo.
El camino se desarrolla por pista estrecha y salvando un importante desnivel. A la izquierda vemos un cerro pelado coronado por las ruinas del castillo de las Cinco Esquinas o de Salvatierra, que más adelante observaremos más de cerca. Este emplazamiento de origen musulmán sufrió remodelaciones en distintas épocas. Mientras, hacia la derecha, divisamos grandes extensiones de olivar. El tramo cementado pronto desaparece para convertirse en pista de tierra. El camino es inequívoco, y aunque encontramos varias entradas hacia la derecha a fincas de olivar, debemos simplemente seguir el camino principal que bordea el desarbolado cerro del Castillo de las Cinco Esquinas, que mantenemos a la izquierda. Muy cerca de la pista vemos pequeños bosquetes de pino carrasco y encinas que delimitan las grandes extensiones de olivar.
Km 2,8
Collado Montesión
Tras varios zigzagueos llegamos a un collado en el que nos sorprende el monasterio de Montesión, ubicado junto a unos cipreses y en un abrigo natural. Fundado en 1625 por San Julián Ferrer, a quien según la tradición se le apareció la Virgen María en una cueva cercana, ha sufrido varias remodelaciones, más numerosas a partir de la desamortización de Mendizábal. Más tarde, a partir de los años setenta del siglo XX, la vuelta de los hermanos ermitaños supuso la reparación de algunas dependencias. Durante los últimos años, un único hermano de la orden de ermitaños de San Antonio y San Pablo, Antonio Rodríguez Roldán, ya de edad avanzada, ha mantenido viva la llama de la vida contemplativa.
Hacia la izquierda dejamos la pista ascendente porque nuestro camino bordea el monasterio por su lado izquierdo, para salir más tarde a otra pista estrecha que pasa junto a una construcción reciente de canalización de agua. Tras cruzar el valle de Montesión dejamos hacia la derecha una pista forestal de reciente construcción que está cerrada al tráfico a motor mediante un cable. Nuestro camino prosigue en ascenso hacia la izquierda, con una gran panorámica del Monasterio, el valle y toda la campiña.
Km 3,4
Cruce en Loma del Bellón
Encontramos un cruce de pistas estrechas, justo al llegar a una pequeña loma. Por la pista derecha, en descenso, continúa el GR 7, con el que habíamos coincidido desde el inicio y que ahora abandonamos. Nuestra ruta sigue al frente, siguiendo en ascenso por pista cada vez más estrecha que pronto se convierte en un amplio camino de herradura.
Los bosques de pino carrasco da paso a pinos negrales y sobre todo laricios, junto a majuelos y cornicabras. La senda cruza después una valla provista de puerta, e inmersos en el bosque, las vistas impresionan a medida que ascendemos, superando pronto los 1300 metros de altitud.
Km 5,2
Pista Forestal JF-7093 La Iruela a Nacimiento Guadalquivir
Salimos a una pista forestal amplia que debemos continuar hacia la derecha. Hacia atrás, es decir, hacia la izquierda, esta pista nos llevaría a Cazorla y la Iruela. Si tomáramos esa dirección encontraríamos a algo más de 3 kilómetros el cruce con la variante GR 247.3 que une Cazorla y El Sacejo por el puerto del Gilillo.
Continuando por nuestra ruta, tan solo 20 metros más adelante veremos que sale un camino a la izquierda que también conecta con la citada variante al cabo de 1,2 km, concretamente en el Collado de Cagahierro.
Si no buscamos los enlaces con la variante, nuestra ruta llanea plácidamente permitiéndonos disfrutar de espectaculares vistas sobre Quesada y Sierra Mágina.
Km 6,4
Senda por los Cortados del Chorro
Tras 1200 metros de pista forestal, nos desviamos de ella hacia la derecha para recorrer un camino que discurre justo por encima del paredón rocoso de los Cortados de El Chorro. Hay una magnífica vista, pero además en los cortados habita una colonia de buitre leonado, siendo relativamente fácil su observación. Existen bancos de piedra donde podremos recrearnos con el vuelo velero de estos grandes carroñeros. Debemos ser sumamente respetuosos, ya que es también zona de nidificación de otras especies de rapaces y de aves diversas.
A la izquierda de la explanada en la que se encuentran los cortados se sitúa la casa forestal de El Chorro, justo al pie de la pista por la que hemos transitado, y frente a nosotros se contemplan también las paredes calizas de El Chorro, ya que tienen aquí cierta forma semicircular. Hay al otro lado del valle un observatorio de madera al que más tarde llegaremos.
Km 7,2
Desvío en el Chorro
Dejamos a la derecha una pequeña pista descendente, y al frente encontramos otra que está cerrada a vehículos con un cable. Deberemos ir hacia el cable y justo al pasarlo, desviarnos hacia la derecha por una senda descendente, para encontrar a cien metros una magnífica fuente. Después cruzamos el Arroyo de El Chorro y por una senda estrecha nos dirigimos a la otra zona de los cortados. El Arroyo de El Chorro, que da nombre a este lugar, forma bajo nosotros una excepcional cascada de casi 70 metros en épocas de lluvias y deshielo.
Km 7,9
Observatorio de aves en el Chorro
Tras bordear los cortados salimos a otra explanada en la que encontramos un observatorio de madera con paneles informativos de las aves más comunes de ver en este lugar. Las oquedades utilizadas por los buitres leonados para descansar y nidificar son fácilmente identificables por el color blanco de las manchas de sus excrementos.
Para continuar nuestro itinerario deberemos tomar la pista forestal de tierra que hay frente a unos cipreses, en cuya entrada hay un gran cartel que indica «Nacimiento del Guadalquivir 11,9 km»; además existe la señalización propia del GR 247 hacia el refugio Collado Zamora. A los 150 metros encontramos otro cruce de pistas, que deberemos tomar hacia la derecha. Hacia la izquierda retornaríamos a la pista por la que hemos transitado hasta llegar a los cortados. Más tarde, y a 8,2 kilómetros del inicio, dejamos a la izquierda la Fuente de los Tejuelos, lugar ideal para aprovisionarnos de agua. A partir de aquí recorremos un magnífico bosque de pino laricio o salgareño salpicado con algunas encinas. Llama la atención la estratificación rocosa que se observa a partir del kilómetro 10,6 en la Loma de la Tejadilla, que nos muestra las colosales fuerzas que debieron provocar la elevación de los fondos marinos de los que surgieron estas montañas hace millones de años. Una evidencia bien visible de que estos estratos proceden del fondo del mar es la presencia de restos fósiles de animales marinos que encontramos a estas altitudes.
Km 12,7
Collado Zamora
Tras un ligero ascenso final que nos eleva por encima de los 1400 metros de altitud llegamos a Collado Zamora. A la derecha dejamos Cerro Frío, de 1480 metros de altitud y con algunas zonas peladas, y a la izquierda una línea de cumbres de roca abrupta y descarnada, prolongación de El Gilillo, que supera los 1700 metros. Las vistas hacia el sur son profundas, contrastando los grandes barrancos y montañas Quesada rocosas del parque con los paisajes que se ven fuera del espacio protegido en los que se pierde la vista, tanto los más humanizados y suaves que conforman grandes extensiones de cultivo, o incluso zonas semidesérticas.
Km 13
Refugio Casa Forestal Collado Zamora
La etapa finaliza en un ensanche de la pista, lugar de inicio de la etapa 12 del sendero GR 247 Bosques del Sur que nos llevará hacia Belerda. Hay varios paneles informativos e interpretativos en este lugar. Hacia el sur, en días de buena visibilidad, podemos divisar el macizo de Sierra Nevada, y hacia el este, tras la depresión del Guadiana Menor, vemos Sierra Mágina, otro parque natural donde se ubica el techo de la provincia de Jaén, el pico Mágina, con 2167 metros de altitud. Cien metros más adelante, siguiendo la pista principal, se encuentra el refugio en una antigua casa forestal, lugar apropiado para el descanso antes de continuar nuestro camino.
Esta etapa se desarrolla en un área casi totalmente despoblada y permite disfrutar de grandes contrastes paisajísticos. Desde la escarpada cabecera del Aguascebas de Gil Cobo subimos a la impresionante Lancha de la Escalera, desde la cual divisaremos la mayor parte de la Sierra de Las Villas, la Loma de Úbeda, Sierra Mágina, la Sierra de Cazorla e incluso Sierra Nevada. Atravesaremos la Llanura de Jabalcaballo, altiplanicie entre los 1400 y 1500 metros de altitud de escasa arboleda, que constituye uno de los medios más singulares y difíciles en los que el ser humano se asentó para aprovechar los frescos pastizales. Desde el alto de Piedras Rubias descenderemos, caminando por una antigua calzada romana, hasta las boscosas laderas del Valle del Guadalquivir, donde se enclava el refugio de la casa forestal de La Zarza.
Las elevaciones más importantes que jalonan nuestra ruta son el Morrón del Cerezo, Peña Corva, el Pardal y el Caballo de La Zarza, cuyo rango de altitudes está entre los 1477 y los 1587 metros. Los bosques de pinos laricios y negrales se entremezclan con centenarios robledales de quejigo, enebros, sabinas y en algún pequeño tramo con bojedas. La riqueza faunística de la zona que recorre la ruta es notoria, ya que además de buitres y otras rapaces encontraremos ciervos, gamos, cabras monteses y jabalíes.
Entre pinos laricios y bojedas iniciamos la etapa 9 del sendero Bosques del Sur, ascendiendo por una pista forestal ancha y en buen estado, que discurre sobre la gran plancha de roca que forma la Lancha de la Escalera. Un poco más arriba cruzamos la Hoya de las Zamarrillas, y la vegetación que encontramos a partir de ahí es más propia de la alta montaña, donde la arboleda tiende a desaparecer debido a las duras condiciones invernales y la falta de terreno fértil.
Km 1,5
Lancha de la Escalera
Desde este gran balcón natural que mira hacia el oeste contemplaremos gran parte de la provincia de Jaén, con pueblos como Iznatoraf, Úbeda y Baeza, entre otros, además de una gran extensión de la zona occidental del parque natural. Encajado abajo entre los pinares, aunque muy cerca de la lancha, se deja ver el pequeño embalse del Aguascebas, perteneciente a la cuenca hidrográfica del Guadalquivir. Nuestro camino, que se conoce con el nombre de camino a la Cañada del Avellano, desciende ligeramente a partir de aquí, dejando a la izquierda el Morrón del Cerezo.
Km 4,2
Abrevadero Fuente del Tejo
A la derecha, en una cañada, queda esta fuente a 100 metros de la pista por la que transitamos. Conviene llenar la cantimplora, porque hasta el final de la ruta no encontraremos otro punto con agua. El abrevadero nos indica que es zona ganadera por excelencia, cuyos terrenos, a notable altitud, constituyen cañadas y llanuras de ricos pastos.
A los 600 metros de la fuente, cruzaremos el pequeño Collado del Muerto, y a partir de aquí la pista discurre prácticamente en llano, bordeando la bella llanura de Jabalcaballo, con pocos desniveles hasta el kilómetro 8. A la derecha, en las cañadas, encontramos algunas edificaciones que se corresponden con pequeños cortijos aislados en diferentes estados de conservación.
Km 5,4
Bifurcación de pistas
Debemos continuar la pista hacia la izquierda, ya que hacia la derecha baja hacia algunos de estos cortijos, situados junto al Arroyo de la Cañada del Avellano. Siguiendo nuestra ruta dejamos a la derecha el Cortijo de la Berraza, y también hacia la derecha, a unos 700 metros, otra pista de acceso a estas cortijadas que descartaremos.
Km 6,7
Bifurcación de pistas
Dejamos a la derecha otra de las pistas que se adentran en la llanura de Jabalcaballo. Debemos seguir por la pista izquierda para encontrar, en algo menos de 300 metros, otra nueva bifurcación, y en este caso sí deberemos girar hacia la derecha. A nuestra izquierda vemos Peña Corva, que es un pico rocoso desprovisto de vegetación cuya altitud es de 1559 metros. Es muy recomendable ascender a esta cumbre por ser un mirador privilegiado sobre la Sierra de Las Villas y el Valle del Guadalquivir.
Km 8
Fin de Pista en el Pardal
Llegamos a un punto donde acaba la pista, justo frente a la puerta de acceso al Cortijo del Pardal, habitado en la actualidad, lejos de cualquier forma de vida convencional. Nuestro camino, a partir de aquí, sigue manteniendo la dirección suroeste, y pasa junto a unos bosquetes de pinares de laricio, dejando a la derecha el cortijo, y paralelamente a la valla que delimita su propiedad.
Km 8,7
Collado
Llegamos a un pequeño collado donde hay cruce de caminos. El que arranca hacia la izquierda, delimitado con piedra a ambos lados, se pierde pronto, al llegar a un terreno que sufrió un incendio, en el monte de la Torre del Vinagre. Nosotros continuamos al frente y en ligera subida. Hacia el oeste podemos contemplar el vértice geodésico de El Pardal a 1580 metros de altitud. Este tramo discurre por un antiguo camino de herradura de anchura considerable y delimitado con piedras a ambos lados, lo que muestra la importancia que esta vía de comunicación tuvo en el pasado.
Km 9,1
Alto de Peñas Rubias
A 1500 metros de altitud cruzamos un collado, a partir del cual el paisaje cambia radicalmente. La vegetación arbórea bajo nosotros es mucho más abundante, apareciendo además alguna bojeda, sabinas y enebros. A la izquierda tenemos la pared rocosa que da nombre al lugar, sobre la que se asientan colonias de buitres y córvidos. Continuando la bajada, a pie de la senda, hay un gran pino laricio, con un resiego, hueco quemado en la base del tronco. Su causa es una antigua costumbre de los lugareños, quienes, para entrar en calor cuando todo estaba mojado, hacían una herida superficial al pino, de manera que la resina fluyese poco a poco. Se encendía fuego en el hueco y gracias a la resina que había fluido se podían calentar unos minutos antes de seguir con la marcha. Esto podía ser muy importante cuando la humedad, el agua o la nieve impedían encender una hoguera.
Km 9,5
Los Asperones
A los 400 metros de haber cruzado por el alto salimos a unos claros del bosque que se extienden por varias colinas, hacia la derecha, donde quedan restos de viejas construcciones que sirvieron a los antiguos moradores de la zona. A partir de aquí, los bosques que encontramos empiezan a diversificarse. Los centenarios robles (quejigos) compiten con los pinos por el espacio, y el conjunto conforma un bosque mucho más rico en alimento para la fauna, con bellotas, piñones y otros frutos del sotobosque. Aparecen algunos arces que salpican el paisaje. Las vistas hacia el Valle del Guadalquivir son muy amplias, con grandes montañas cubiertas de bosques, entre las que destacan los escarpes y cantiles acuchillados de El Banderillas en el otro flanco.
En el kilómetro 10,5 dejamos a la derecha la Morra de los Pinos Blancos y un poco más adelante la senda, que hasta aquí discurría en ligero descenso, asciende unos metros, realizando un zigzagueo para coger altura. La senda cada vez es más ancha, y se asemeja en algún punto a una pista forestal.
Km 11
Collado de la Nava del Puesto
Tras la ligera subida, llegamos a un collado, donde existe un cruce de sendas. Hacia la derecha, y delimitada con piedras, una de ellas se asoma a unos cortados desde lo que se divisan varios valles en la vertiente oeste. Al lado del cruce, hacia la derecha, vemos las ruinas de lo que fue un antiguo refugio de vigilancia forestal.
Nuestra ruta continúa hacia la izquierda, ya por pista forestal estrecha, de nuevo en descenso hasta el final de la etapa, cruzando una fértil nava por encima de los 1400 metros de altitud, donde encontramos representantes botánicos más propios de pisos bioclimáticos alpinos, de hoja caduca, y que en ocasiones encontramos en la montaña mediterránea, y que aquí se encuentran bien adaptados por las condiciones microclimáticas de altura, en esta parte de las montañas andaluzas.
En el descenso es frecuente observar fragmentos de ammonites, fósiles de cefalópodos que solían tener un caparazón en espiral enrollado sobre sí mismo, que se extinguieron hace más de 65 millones de años y que indican el origen marino de las rocas que forman estas montañas. La normativa de espacios protegidos prohíbe la recolección de estos fósiles, pero no dejes de fotografiarlos.
Km 2,8
Pista a la Torre del Vinagre
Salimos a una pista más ancha, que deberemos tomar hacia la derecha para llegar al final de etapa en 100 metros. Para llegar a la fuente debemos virar por la pista hacia la izquierda otros 150 metros. No se ve desde el camino, pero el lugar es fácil de identificar porque veremos a nuestra derecha un amplio claro, bastante llano y con restos de pequeños aterrazamientos de piedra seca, hechos en su momento para allanar el terreno y facilitar su labranza. Atravesamos el claro hasta un pequeño abarrancamiento y allí mismo encontraremos un tornajo de madera y otro abrevadero de obra en la fuente.
Km 12,9
Refugio Casa Forestal La Zarza
Llegamos al final de la etapa, que a su vez es de punto de partida de otras dos: la etapa 2 de la variante GR 247.2 hacia Coto Ríos y la etapa 10 hacia La Iruela. La casa forestal se ubica sobre una colina con unas inmejorables panorámicas de todo el Valle del Guadalquivir y cuenta con unos bancos de piedra junto a los paneles informativos de cada etapa. Parte de su edificación es usada por rebaños de ovejas o cabras como lugar de refugio, y otra parte ha sido habilitada como refugio.
Desde la casa forestal parte un sendero señalizado que no forma parte del sendero Bosques del Sur, pero cuyo recorrido es muy recomendable, tal como se comenta en el final de la descripción de la citada etapa 2 de la variante GR 247.2.
Es una etapa que se desarrolla en zonas bajas del parque natural, entre los 550 y 950 metros de altitud, en la que hay que destacar lo escarpado del territorio, la amplitud de vistas en todo el recorrido y la riqueza botánica y faunística de la zona. Parte de la casa forestal de la Hoya de Los Trevejiles, que es una de las mejores del parque natural por su situación, conservación y arquitectura. Descenderemos a lo más profundo del valle del río Guadalquivir, visitaremos el Área Recreativa Charco del Aceite, con una excepcional zona de baño de aguas cristalinas y frías, y cruzaremos por el Puente de los Agustines, uno de los pocos accesos a la Sierra de las Villas. Entre pinares, olivares serranos, nogales, madroñales, lentiscares, encinares y coscojares, el sendero nos asomará al balcón natural de la Ermita de la Hoz, contemplando extensos olivares hacia Iznatoraf, los Picos del Guijarrón (o Quijarón) y las Cumbres de Beas, el Poyo de Andaragasca y la Lancha del Tosero.
La verticalidad de los paredones calizos nos imponen un recorrido sinuoso, los grandes buitres leonados otearán continuamente nuestros pasos desde el cielo, mientras los ciervos, jabalíes y cabras monteses nos sorprenderán en algunos de los rincones más bellos de este territorio. Y nos impregnaremos de la forma de vida ancestral que mantienen los pocos habitantes de estas sierras, que han luchado durante siglos para ganar terreno a la montaña para poder cultivar olivos, frutales, hortalizas y cereal.
Fuertes pendientes en tramos de senda entre Fuente Negra y el Charco del Aceite, así como entre La Loma de la Be y el Cortijo de Los Estrechos de la Hoz.
Casa Forestal Hoya de los Trevejiles, Área Recreativa Charco del Aceite, Ermita de la Hoz, Zona de Acampada Controlada Fuente de los Cerezos
En el sendero: No hay
No hay. La pernocta puede hacerse en el Área de Acampada Controlada Fuente de los Cerezos.
Los pastores de árboles
Esta etapa cruza el río Guadalquivir, que durante siglos no solo fue la arteria principal de la agricultura andaluza, sino también una verdadera autopista por donde se transportaron millones de troncos, dando salida a la riqueza forestal de estas sierras hacia Sevilla y otras ciudades. Los montes que hoy forman parte del parque siempre tuvieron un fuerte aprovechamiento forestal por la calidad de sus bosques de pino laricio o salgareño (Pinus nigra ssp. salzmanii). Antes de que existieran los modernos medios de transporte y vías de comunicación, la madera salía de estas sierras a través de los ríos.
Las conducciones fluviales de madera se vieron fuertemente impulsadas durante el siglo XVIII, cuando estos bosques atrajeron el interés de constructores y armadores, como suministradores de materia prima para la edificación civil y la construcción de barcos. Las maderadas bajaban por los ríos Guadalimar y Guadalquivir hacia Sevilla y por el Segura hacia Cartagena. En el siglo XIX llegó a haber maderadas que superaron el millón de piezas transportadas, pero a mediados del siglo XX este sistema de transporte quedó obsoleto ante la implantación del transporte por carretera.
Estas maderadas podían durar varios meses y movían río abajo importantes contingentes de pineros, acompañados por todo un operativo de intendencia compuesto por hateros o guisanderos, recaderos (que llevaban las raciones diarias de comida, llamadas recados), guardas, tenderos y pagadores. Los pineros conducían los troncos y traviesas con un largo palo cuyo extremo se insertaba en un gancho de hierro con dos puntas, una recta y otra curvada hacia dentro. Por eso también se les llamaba gancheros. Su oficio era peligroso y exigía gran destreza y capacidad de sacrificio.
La conducción estaba muy jerarquizada. Al frente estaba el maestro de río, bajo cuyo mando estaban los mayorales, responsables de dos a cuatro cuadrillas o compañas. Cada una de estas estaba formada por doce a veinte hombres mandados por un cuadrillero. Las cuadrillas de lantera abrían la conducción adobando el río, es decir, preparándolo para facilitar el paso de la madera en los lugares más accidentados del río o en los tramos en que quedaba seco, mediante represas, rampas y suelas, que eran canales hechos con los mismos troncos.
Las cuadrillas de zaga tenían que deshacer esas obras reincorporando la madera usada a la conducción, así como liberar los troncos enganchados en los accidentes del río y recuperar los anadones, o maderas que se hundían en el fondo. Para todo ello debían trabajar casi todo el día sumergidos en el río hasta la cintura.
J. Mañas Guspi hizo en 1898 todo un reportaje sobre los pineros en el que escribía:
«Los trabajadores (...) para entenderse o transmitirse las órdenes necesarias, tienen establecido un telégrafo de señales tan perfecto como rápido, que se emplea tras el silbido de aviso. Ejemplo de señales son el extender el brazo y mover el puño cerrado, denotando que se dé salida a la madera amontonada, o el poner la mano abierta de frente con el brazo extendido, para que se pase la madera, o cruzar ambas manos por encima de la cabeza, que indica alguna desgracia personal. Si esta fuese la muerte (...) se para la conducción durante todo el día, devengándose salario aunque el trabajo se suspende».
Nuestro recorrido parte de la casa forestal Hoya de los Trevejiles por la pista forestal en dirección sureste. A escasos 300 metros salimos a una estrecha pista asfaltada, en la que debemos girar a la izquierda en bajada. A la derecha quedan varias viviendas pertenecientes a este pequeño núcleo. En esta bajada nos vamos adentrando en un valle fluvial muy profundo y con fuerte personalidad paisajística, en el que predominan los pinos carrascos.
Km 1,2
Carretera A-6202
Salimos a la carretera A-6202 que une El Tranco con Villanueva del Arzobispo. Iremos hacia la derecha, y a 800 metros hay que virar hacia la izquierda. En la entrada a esta nueva pista hay cartelería que indica acceso a Fuente Negra. El acceso se realiza por una pista muy estrecha y asfaltada, en bajada más acusada, y pronto dejamos a ambos lados las pequeñas casitas que conforman este poblado turístico. Al llegar a la zona más baja, hay una edificación más grande y aquí finaliza la pista.
Km 2,3
Casas Bajas de Fuente Negra
Al llegar a la edificación grande, tomamos a la derecha una senda ancha que va paralela al río Guadalquivir por su margen derecho. Al cabo de casi un kilómetro llegamos al Área Recreativa Charco del Aceite, que es una zona con mucha sombra dado el encajonamiento del río a esta altura. El pino carrasco empieza a compartir su hábitat con otras muchas especies, que conforman un bosque tupido y diverso.
Km 3,2
Área Recreativa Charco del Aceite
Esta área queda a nuestra izquierda y bien merece una buena parada. El agua del Guadalquivir está remansada y es un lugar perfecto para darse un baño en verano o para disfrutar de una magnífica jornada el resto del año. El área dispone de mesas y quiosco-bar. El paraje está muy encajado, por lo que es muy frondoso, y se encuentra enmarcado por pinares que descienden de las escarpadas laderas rocosas que lo circundan. En sus frescas aguas cristalinas habita la reina de los ríos del parque, la audaz trucha común, así como barbos y bogas de río.
En una gran roca, que se adentra en medio del cauce, llama la atención un excepcional mirador que nos regala una vista magnífica de este singular paraje, cuyas aguas reflejan el verde intenso de la vegetación. Según la tradición, el nombre de este paraje se debe a que, en cierta ocasión, un burro cargado con pellejos de aceite se precipitó por el angosto camino que había entonces, cayendo a este charco y manchándolo con el contenido de su carga.
Km 3,7
Puente de los Agustines
Salimos por la pista que accede al área recreativa y desembocamos en la carretera JH-7155 a la altura de la Venta de los Agustines, compuesta por unas pequeñas edificaciones a cuya izquierda el puente del mismo nombre cruza el río Guadalquivir. En este punto, en verano y aprovechando los desembalses de agua de El Tranco, es frecuente observar el descenso del río en rafting y open kayak que realizan algunas empresas de turismo activo de la zona, que tienen este enclave como lugar de partida.
Al otro lado del puente encontramos un mural donde se representan las carreteras de la zona, y sus parajes más importantes. A escasos 50 metros más adelante, hacia la derecha, parte una pista de tierra por la que nos adentramos para cruzar al poco el Arroyo María, y seguir paralelos al río Guadalquivir, ganando altura poco a poco.
Aparecen olivares, que intermitentemente nos acompañarán durante casi todo nuestro recorrido hasta pasada la Ermita de la Hoz. Son olivos de montaña, con pendientes muy pronunciadas. Los jabalíes, ciervos y cabras monteses son muy habituales, como muestra la abundancia de sus huellas, y que podremos observar con facilidad si vamos en silencio.
La pista pronto empieza a virar y virar, retorciéndose en la ladera por la que asciende al tiempo que las panorámicas empiezan a ser cada vez más amplias.
Km 6,9
Pista cortada
En mitad de la subida, a 700 metros de altitud y, cuando la presencia de olivares pasa a ser intermitente, la pista aparece cortada por un aluvión de tierra desprendida. Aquí comienza una senda amplia, con piedra suelta, que apenas en 800 metros desemboca de nuevo en una pista olivarera. A la derecha contemplamos una amplia panorámica del Valle del Guadalquivir. En la otra vertiente vemos unas grandes naves que corresponden a la Embotelladora de Agua Sierra de Cazorla (situada en la comarca de Las Villas) y más adelante, también a la derecha, cuando nuestra pista empieza a girar hacia el sur, contemplaremos en un alto el pueblo de Iznatoraf.
Km 9,6
Senda
La vegetación se torna más diversa, aparecen los primeros pinos negrales y sorteamos numerosos paredones verticales, repletos de buitreras de buitre leonado.
Por encima de los 950 metros de altitud, la pista por la que transitamos gira hacia la derecha en subida, y nosotros debemos seguir por la senda que aparece al frente, al principio llaneando, pero pronto en descenso. Esta senda se adentra en un bosque magnífico, donde el pino es el árbol más llamativo por su tamaño, pero no es la especie dominante. Los bosques que a partir de este momento recorremos tienen una notable diversidad de especies tanto de flora como de fauna.
Km 10,5
Cortijo Los Estrechos de la Hoz
La senda desemboca en una era de piedra usada tradicionalmente para la trilla del cereal, y nos sorprende un pequeño cortijo, que debemos bordear, dejándolo a nuestra izquierda, para salir a la pista de acceso al mismo. Este cortijo aún está habitado, al igual que los que encontraremos más tarde en la Ermita de la Hoz. Es importante ser respetuosos con los habitantes de la zona y con sus huertos, frutales, nogales, parras, etc. Son gente muy amable y comunicativa que ha aguantado estoicamente el despoblamiento que sufrieron estas montañas durante el siglo pasado.
A escasos 200 metros del cortijo pasamos junto a un gran nogal, al pie del cual hay un antiguo lavadero. En este punto hay que prestar especial atención, ya que hay que descartar la pista, más transitada, que gira hacia la derecha en subida, llegando a los Cortijos de Casa de Cuadros. Nuestra ruta, sin embargo, gira a la izquierda. Unos 100 metros después de este cruce encontramos una puerta simple y poco consistente que deberemos abrir y cerrar, para continuar por pista olivarera que pronto nos llevará hasta la Ermita de la Hoz.
Km 11,7
Cortijos Ermita de la Hoz
A nuestra izquierda dejamos varios cortijos que conforman este pequeño núcleo, donde al parecer existió una ermita que dio nombre a los mismos. A partir de aquí transitaremos por una pista en buen estado, de nuevo ascendiendo, destacando las vistas maravillosas hacia la izquierda, donde siempre tendremos la referencia de la Risca de Guijarrón (o Quijarón) y Cumbres de Beas, e incluso en algunos puntos la Hoya de los Trevejiles, lugar de partida.
Pronto desaparecen los olivos y continuamos por este magnífico bosque de pino negral, en subida, dejando a la izquierda el Poyo de Andaragasca y la Lancha del Tosero, formaciones muy características, en un paisaje en el que predominan los fuertes desniveles y las elevadas pendientes. Esa zona fue castigada en 2005 por un incendio, de ahí el aspecto especialmente agreste del actual paisaje.
Aproximadamente a 1,5 kilómetros de la Ermita de la Hoz encontramos una barrera metálica, que debemos cruzar sin más. Pronto salimos a carretera asfaltada, donde debemos girar hacia la izquierda.
Km 14,6
Zona de Acampada Controlada Fuente de los Cerezos
Por la carretera y continuando en ligera subida, caminaremos aproximadamente 400 metros, dejando a la derecha el Cortijo de Arroyo Martín, para finalmente llegar a la fuente que da nombre a esta Zona de Acampada Controlada, que cuenta con buenas instalaciones para grupos organizados.