Se inició en el siglo XIII con la semántica propia del Gótico, en los siglos siguientes se configuró la mayor parte de la fábrica según la lexicografía artística del Renacimiento y finalizaron las obras en el siglo XVIII en estilo barroco.
Su nave es rectangular, estructurada en cinco tramos que separan arcos formeros apuntados sobre semipilares, y está cubierta con techumbre de madera de par e hilera a dos aguas. El lado derecho presenta cuatro capillas cubiertas con medio cañón.
La que acoge a la patrona, la Virgen del Campo –el grupo escultórico que forman María y el Niño es del siglo XX–, tiene su acceso a través de un arco de medio punto sobre pilares con pilastras cajeadas con capiteles con ovas y dardos. En el lateral izquierdo se aloja una capilla-hornacina con arco de medio punto.
El presbiterio tiene testero plano, está cubierto con medio cañón con lunetos y se accede a él a través de un arco toral de medio punto sobre pilares con entablamentos. A los pies del templo están la torre, el coro en alto y la puerta. La torre es renacentista, construida con sillería, de base cuadrada, cuenta con huecos para campanas y se cubre a cuatro aguas.
Merecen destacarse, además, sus dos portadas también renacentistas, situada una, la más valiosa, en el lado del Evangelio, y la otra a los pies. Su porche, de construcción muy posterior, es significativo en cuanto que supone la inserción de un elemento de arquitectura popular.