Iglesia parroquial de San Isidoro
Según F. Escolano Gómez, el 14 de mayo de 1565, Pedro Hernández de Baeza, prior de la iglesia parroquial de San Andrés, rinde cuentas por mandato del obispo Diego de los Cobos, del cargo y descargo de la fábrica de los años 1562 a 1564; en el descargo del año 1564 se le pagan a Andrés de Vandelvira 3.740 maravedís “(...) por la traça de la capilla mayor que hizo (...)”; consta además que la fábrica se prosiguió entre los años 1565 a 1570 y que en 1572 Alonso Barba, maestro del obispado, vino a ver la obra “(...) que hizo Miguel Ruiz, obrero de la Iglesia (...)”. Otros apuntes al respecto figuran en los años 1575, 1576 y 1577, estando en este último al frente de la maestría el cantero Juanes de Izpino o Azpino. En las cuentas de los años 1604-1610 hay constancia de una “... segunda obra de la capilla...”. Resulta difícil precisar en la actualidad los vestigios vandelvirianos conservados en dicha capilla mayor, ya que sufrió una importante intervención en siglo el XVII, amén de numerosas restauraciones posteriores.
En cualquier caso queda documentada su participación en el proceso constructivo de esta monumental iglesia gótica, cuyo inicio cabe situar bajo el mandato del prelado don Alonso Suárez de la Fuente el Sauce (1500.1520), cuyos escudos campean en la delicada portada plateresca abierta en el lado Este. Contigua a ella se alza una espléndida torre de campanas, con bella crestería plateresca, levantada en tiempos del obispo don Gabriel Esteban Merino (1523-1535). Digna de destacar es también la portada Oeste, labrada por mandato del obispo don Diego Tavera (1555-1560). No conserva el templo en su interior la original techumbre de madera, de la que tan solo queda una parte a nivel del coro. La importancia de esta iglesia para la ciudad de Baeza es debida, al margen de lo artístico, a que en ella se veneran los Patronos locales, San Andrés Apóstol y Nuestra Señora del Alcázar.
OTRAS MANIFESTACIONES ARTÍSTICAS NO ARQUITECTÓNICAS.
Preside la capilla mayor un bello retablo, que en opinión de la profesora Luz de Ulierte es “(...) uno de los mejor tallados, poli cromados y dorados de toda la diócesis, tanto su arquitectura como sus esculturas (...)”. Estilísticamente se inserta dentro del círculo de Sebastián de Solís y Gil Fernández, aunque realizado por los hermanos Blas y Juan de León, entre 1629 y 1633. El programa iconográfico está conformado por los doce Apóstoles, Cristo Crucificado con la Virgen y San Juan. En el camarín, la Virgen del Alcázar, patrona de la ciudad, es talla gótica, aunque reformada en el siglo XVIII. A los pies del templo son destacables la sillería de coro y un lienzo de la Divina Pastora en la capilla bautismal, piezas del siglo XVIII. Dieciochesca es también una bella Inmaculada Concepción. En la sacristía se conservan nueve tablas procedentes de un retablo de la desaparecida Colegiata, atribuidas al pintor Francisco Sánchez en las últimas décadas del siglo XV. En ellas se representan el Nacimiento, la Adoración de los Magos, la Circuncisión, la Presentación de Jesús en el templo, la última Cena, el Prendimiento, El Calvario, la Ascensión de Jesús y la Asunción de la Virgen.
Bien de Interés Cultural. Monumento. Declarado en 03/06/1931. En las cuentas de fábrica de la iglesia de San Andrés, figura Andrés de Vandelvira como responsable de la traza de la capilla mayor.
En su exterior exhibe una encomiable dignidad y singularidad a pesar de la sencillez constructiva y de las limitaciones presupuestarias. La portada principal se levanta sobre una pequeña escalinata y queda enfatizada por la torre del campanario de la iglesia, sobre la que curiosamente se ubica en su primer cuerpo. Su disposición es, sin embargo, la tradicional: arco de medio punto con filetes en las impostas, enmarcado por columnas corintias simétricamente moduladas que se levantan sobre pedestales que, a su vez, dan perspectiva de profundidad a la portada y sostienen el entablamento, cuyo friso contiene un texto epigráfico. La remata un frontón triangular con saliente sostenido por ménsulas. Lo más significativo, sin duda, es el bucráneo manierista del segundo cuerpo de la torre, una especie de máscara ornamental con guirnaldas, inspirada en los dibujos de Serlio, que denota muy a las claras la autoría de Francisco del Castillo. El tercer cuerpo acoge las campanas y termina en forma de chapitel. Presenta otra portada sobre un muro de mampostería, escasamente decorado, en el lado oeste, con pilastras adosadas y arco de medio punto con frontón triangular. Repite el esquema en un segundo cuerpo, a pequeña escala, para acoger una hornacina con la imagen en piedra de la Virgen. La iglesia fue declarada en 1994 Bien de Interés Cultural.
Fue construida en la segunda mitad del siglo XVI por expreso deseo del emperador Carlos V. Las trazas se hicieron en 1559 nada menos que por Francisco del Castillo "El Mozo", el prestigioso arquitecto de formación italiana, quien dirigió las obras hasta su muerte, tras la cual se encargó de continuarlas su hermano Benito. La fábrica avanzó lentamente por la falta de recursos económicos y en 1600 aún no estaba concluida. El templo se levantó, como establecían las costumbres de la Orden de Calatrava, sobre el lugar ocupado por la antigua ermita de Nuestra Señora de la Estrella, y de nuevo debía quedar bajo el nombre y amparo de la Virgen. De una única nave, con planta rectangular y estructura de cajón, que se cubría por falsa bóveda de cañón y madera, presenta en sus laterales capillas de nicho, abiertas por arcos de medio punto, para acoger pequeños altares. La cúpula cercana al presbiterio conserva en sus pechinas las pinturas del siglo XVII, mientras que las que se pueden observar en el intradós son de la segunda mitad del siglo XX.
La torre se proyecta al exterior mediante un volumen de planta cuadrada adosado a los pies del templo. Este, presenta planta basilical de tres naves separadas por arcos apuntados con óculo sobre sus vértices, apeados en soportes poligonales con capiteles de gran diversidad y riqueza en su labra, de inspiración protorománica. La cubierta de la nave central es plana, formada por jácenas que apean sobre canes. Esta misma cubierta se aprecia en las naves laterales aunque con suave inclinación hacia los muros perimetrales. A la izquierda presenta la adición de dos cuerpos, uno de planta cuadrangular y otro de planta rectangular. En el ala del Evangelio se abren dos capillas-hornacinas, la más próxima a la zona del presbiterio es de planta rectangular y se cubre por bóveda de medio cañón con arcos fajones falsos que apean en ménsulas. Tras un arco apuntado se accede al camarín cubierto por cúpula de media naranja sobre pechinas. El crucero y parte de la sacristía fueron reformados en el XVII.
En 1952 fue rehecha su cubierta, elevándose sus muros unos dos metros. El presbiterio, de testero plano, queda enlazado por la planta basilical a través de tres arcadas, apoyadas en potentes pilares de piedra de sección cuadrada, cuyo vano central ofrece mayor altura y luz que los laterales. Paralela a la zona presbiteral se sitúa la Sacristía cubierta por bóveda de cañón con cuatro lunetos y en la que se conserva el único escudo existente del momento, cuya heráldica refleja las armas del Obispo don Baltasar Moscoso y Sandoval (1619-1646).
Exteriormente, la iglesia presenta en la fachada principal una portada barroca (labrada a partir del Siglo XVII) con arco de medio punto, moldura abocetada y clave resaltada con acanto. A los lados la flanquean dos columnas exentas sobre plintos ornados por punta de diamante. Se remata por un frontón partido donde sus vértices se coronan por pináculos con bolas. A los pies del templo hay una poterna del primitivo castillo árabe conformada por un marco de medio punto de amplias dovelas, enmarcado por alfiz rectangular.
Fue declarada Bien de Interés Cultural (B.I.C), con la categoría de monumento, por el Decreto 226/1992, de 30 de diciembre de 1992, bajo la protección de la Declaración genérica del Decreto de 22 de abril de 1949, y la Ley 16/1985 sobre el Patrimonio Histórico Español.
La torre, el monumento de mayor antigüedad de la localidad, sirvió de defensa de una primitiva fortificación visigoda y posteriormente árabe, protagónica, iniciada en el Siglo XIV, levantada en el viejo recinto defensivo, aprovechando elementos anteriores como la torre convertida en campanario, pasando tras la reconquista a desempeñar el papel emblemático de torre-campanario de la iglesia erigida entre los siglos XIII-XIV.
Esta Iglesia fue mandada construir por el Arzobispo de Toledo Don Francisco Antonio de Lorenzana y Buitrón en 1778. Su elemento más característico es su torre, que es punto de referencia visual para toda la población y único vestigio del S. XVIII, aunque al igual que la iglesia, ha sido restaurada en distintas épocas. La torre, de base cuadrada, cuenta con un cuerpo de campana con cuatro huecos cubiertos con arco de medio punto y tejado a cuatro aguas.
En su interior existe una pintura sobre pared cubriendo el amplio espacio absidal. Su iconografía recoge tres temas principales: La Coronación de la Virgen, La Ascensión del Señor y La Visitación.
En la fachada de la Iglesia se puede contemplar un impresionante fresco. De su exterior destaca la torre campanario de base cuadrada en un pináculo de teja.
Esta iglesia de origen medieval, antiguamente bajo la advocación de Santa María de Gracia, ha sufrido varios percances, los más graves propiciados por las tropas francesas en su huida tras la derrota de Bailén. A partir de 1825 se inició un largo periodo de obras para su restauración.
La entrada a la segunda fábrica se hace a través de un arco de diafragma apuntado. Tiene un retablo renacentista presidido por la Virgen de la Asunción. Las dos portadas, están protegidas con guardapolvo de madera entre contrafuertes. Son renacentistas A los pies se encuentra la torre del siglo XVI, que tiene tres cuerpos, el último con huecos para campanas y acabado en capitel piramidal.
Construida entre los siglos XIV y XV y reformada en XVIII. Consta de un solo cuerpo central y varias capillas laterales. Se distinguen dos fábricas: el tramo del siglo XVIII que se cubre con bóveda de medio cañón, con arcos fajones apoyados en una moldura clásica sobre pilastras cajeadas.
Sus portadas son de sencilla estructura pero de gran interés ornamental. La principal, del XVII, abre con arco de medio punto, entre columnas jónicas, decorado geométricamente con rombos al estilo manierista. En el centro una hornacina acoge una escultura de la Inmaculada. Cuenta con otras dos portadas, ambas con arco de medio punto, la portada norte de 1570, con cuidados flameros en los extremos de la cornisa, que se atribuye a Francisco del Castillo “el Mozo” y a su hermano Benito; y la portada sur, fechada en 1620, con escudo ovalado, aletones y pináculo.
La Iglesia Parroquial de Nuestra Señora de la Asunción, cercana al castillo, está construida en un desnivel del terreno y cuenta con magnífica sillería y notables portadas. La parte más antigua, gótica, son la cabecera y el crucero, con bóvedas estrelladas de terceletes. Las tres naves tienen columnas dóricas y arcos de medio punto renacentistas. Su torre, de planta cuadrangular, con cuatro arcos de medio punto para ubicar las campanas, se hace octogonal en el segundo cuerpo. En su interior conserva dos magníficos púlpitos del siglo XVIII y una pila bautismal del XVI.
El profesor Pedro Galera incluye este templo dentro de la producción artística de Andrés de Vandelvira, pues así lo avalan ciertos datos descubiertos por él en el Archivo Histórico Diocesano de Jaén. De semejante opinión es Diego Angulo, expresada en el informe de la Real Academia de la Historia para la declaración como monumento histórico-artístico.
Bajo el episcopado de don Francisco Delgado (1566-1576) debió de llevarse a cabo una buena parte de la fábrica, figurando su escudo en el arco de la capilla mayor. Varios años antes ya está levantada una capilla sita en el lado del Evangelio, fechada en 1561. Según V. M. Ruiz Fuentes, en 1572 la iglesia aún está sin terminar, obligándose en este año el cantero Pedro Hernández de Cantabrana a “(...) sacar la piedra que fuese menester para hazer dos pilares en la yglesia de Santa Maria del lugar de Rus con ciertos arcos e labrallos a mi costa (...)”. El siguiente dato cronológico figura en la portada de acceso de lado del Evangelio, fechada en 1583. La torre, de planta rectangular, parece que se levantó bajo el mandato del obispo Sancho Dávila (1600-1615), cuyo escudo figura en ella. En 1820 presentaba graves problemas, lo que motivó la redacción de un proyecto para su reedificación.
En 1950 se realizaron otras obras, según consta en una inscripción labrada en torno al blasón del obispo Dávila. La planta es de salón, con contrafuertes exteriores (los de los pies horadados), de proporciones casi cuadrangulares, lo que incrementa la sensación de centralización, no destacándose al exterior su cabecera plana, pero sí en el interior con un potente arco de medio punto. Está dividida en tres naves con dos tramos y soportes columnados sobre arcos de medio punto; el espacio delante del presbiterio se cubre con una media naranja, figurando en las pechinas los Evangelistas, de factura barroca; la bóveda baída central está decorada con un rombo mixtilíneo combinado con marcos triangulares en los ángulos; con baídas se cubren el resto de las cubiertas, excepto el coro- situado a los pies sobre una tribuna- que se hace con un medio cañón. Las portadas de acceso, así como las capillas-hornacinas y otros elementos constructivos denuncian una estética sencilla, pero claramente clasicista.
Andrés de Vandelvira traza en este caso una iglesia con arreglo a las condiciones económicas de su fábrica, pero el resultado no está exento de cierta elegancia gracias a los soportes columnados proporcionados, a las cornisas, arquerías y bóvedas baídas. La articulación arquitectónica muestra un ambiente claramente vandelviriano.
OTRAS MANIFESTACIONES ARTÍSTICAS NO ARQUITECTÓNICAS.
El retablo mayor, pieza de escaso mérito, alberga la imagen de Nuestra Señora de la Asunción, talla labrada en 1964 por el escultor malagueño Francisco Palma Burgos. De interés es el conjunto de las piezas que conforman el museo de orfebrería, instalado en un pequeño habitáculo a los pies de la iglesia.
Monumento, Bien de Interés Cultural. Incoado 08/02/1983. Sobre la antigua iglesia gótica, de la que se conservan algunos restos en los pies, se fue labrando en piedra de cantería a lo largo del siglo XVI el actual templo. Son escasas las noticias documentales sobre el proceso constructivo, pero algunas inscripciones y la heráldica episcopal conservadas en su fábrica pueden marcarnos el ritmo de las obras.
La iglesia se compone de una planta de salón (en alemán Hallenkirchen) tres naves separadas por cuatro sólidos pilares, siendo la nave central más ancha, se cubre con bóvedas vaídas en el centro y en las esquinas, siendo las bóvedas restantes de arista, constan todas de una destacable y delicada decoración manierista que nos augura el final del renacimiento y el principio del barroco. La capilla mayor que destaca por su gran amplitud, es un espacio rectangular que se cubre con una bóveda de media naranja sobre pechinas con el escudo del obispo de Jaén, Sancho Dávila Toledo. Se puede ver la imagen de la titular de la parroquia en un templete de los años 60 que sustituye al antiguo retablo perdido por la persecución religiosa de la Guerra Civil, y pinturas de los primeros años del siglo xxi. A los pies del templo se encuentra la sillería del coro, de estilo barroco, de gran belleza y calidad y una de las mejores de la provincia. Destaca la sacristía con sus cajoneras vinculables a Esteban Jamete, bellos ternos del siglo xvi y vasos eucarísticos
La primitiva denominación de este templo fue la de Santa María de Iznatoraf, de cuya existencia se tiene evidencia documental ya a principios del siglo xiv concretamente en el año 1311. Es muy probable que esta antigua iglesia sea la mezquita mayor de la medina musulmana que sacralizó tras la conquista el obispo Rodrigo Jiménez de Rada junto con Fernando III El Santo. En el siglo xvi se levantó la actual iglesia cuyas obras comenzaron en 1583 y finalizaron en 1591, con pequeños añadidos que se terminaron en 1602. Está al frente de la fábrica Alonso Barba, discípulo de Andrés de Vandelvira. Se empleó en su construcción piedra blanca traída de la vecina Sorihuela del Guadalimar y madera de pino de la sierra de Segura, contribuyendo en la construcción el propio Felipe II.