Cibus
Cocina con nombre propio, José Santiago crea cada plato con mimo y entusiasmo, con producto fresco y de calidad. Conoce Cibus a través de su menú degustación elaborado con el mejor AOVE del mundo y acompañados de selectos vinos y cervezas.
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El café y bar Tuareg ofrece a sus clientes una gran variedad de tapas y raciones de gran calidad. En este podrán degustar solomillo a la pimienta, al roquefort, al jerez, también calamares fritos, pinchos, montaditos de lomo y flamenquines caseros . Así como roscas y alpargatas de lomo , queso y jamón entre otras . Gran servicio y atención al cliente.
Se ubica en el punto más elevado de un promontorio que le aporta una defensa natural, con fuertes cortados al norte y este, y que se prolonga al oeste por un espolón relativamente ancho y llano, desde el que se accede a la torre de entrada al castillo.
Se ha documentado una ocupación almohade desarrollada entre los siglos XII-XIII, la más antigua registrada. En este período se construiría la fortaleza, que se organiza en tres recintos dotados de torres de sección troncopiramidal, escalonados de norte a sur y realizados en tapial de gran calidad con encintado de mortero de cal simulando un falso despiece de sillería. Al sur de este conjunto se extendería la aldea islámica, en torno al área por donde discurría una vaguada.
En el siglo XIV se llevarán a cabo varias obras en la población, como la construcción de la primera iglesia de la localidad o de la muralla que circundaba el área de acceso al castillo y la aldea. Será también cuando se realicen diversas reparaciones en el castillo y se levante la denominada Torre del Picacho en la cima de la peña.
En el siglo XV, en el punto donde se ubicaba la puerta de acceso a la fortaleza, la cual se insertaba en el lienzo que separaba la población de la plaza de armas, fue sustituida por una torre-puerta, que en la actualidad sigue funcionando como acceso al castillo. Esta estructura presenta planta rectangular, el primer cuerpo, la única parte original que se conserva, ya que los cuerpos superiores están muy restaurados, fue construido ligeramente más ancho que el resto con el objetivo de darle mayor solidez.
En la centuria siguiente se construyó la iglesia de Santo Domingo, en el flanco sur del castillo. De planta de salón típicamente renacentista, está organizada en tres naves, la central de doble anchura que las laterales, y testero plano. La cabecera posee dos torreones cilíndricos en las esquinas. Su estado de deterioro en el siglo XIX conduciría a la supresión del culto en la iglesia y el abandono de la misma, usándose como cementerio municipal hasta mediados del siglo XX.
El origen de la población parece estar relacionado con la construcción del castillo almohade, que se alza sobre un espolón rocoso dominando la localidad. Es muy probable que se construyese como centro de un distrito castral que abarcaría gran parte de lo que luego será el Adelantamiento de Cazorla. El alto nivel constructivo parece indicar la participación del Estado en su edificación con el fin de reforzar la frontera de al-Andalus.
En el año 1231, Fernando III antes de conquistar la zona, concedió el señorío de la villa de Quesada a la iglesia de Santa María de Toledo. Meses después el arzobispo primado de Toledo Don Rodrigo Ximénez de Rada inició la conquista de este territorio, incluyendo La Iruela, apoderándose así de las tierras que posteriormente constituirán el señorío del Adelantamiento de Cazorla. La conversión de Cazorla en capital del Adelantamiento debió de repercutir en detrimento del desarrollo de las poblaciones de su entorno, por lo que el castillo de La Iruela quedaría casi abandonado al construirse las fortalezas de Cazorla.
En la segunda mitad del siglo XIV, durante la guerra civil que enfrentó al rey Pedro I con su hermanastro Enrique II Trastámara, mientras Cazorla se mantenía fiel al rey, La Iruela apoyó al arzobispo de Toledo, que se había posicionado en el bando sublevado. Una vez finalizado el conflicto tras la victoria de Enrique II, en agradecimiento por el apoyo prestado, en 1378 el arzobispo Don Pedro Tenorio le concedió el rango de villa.
A partir de estos momentos la localidad experimentará un progresivo desarrollo, que se verá reflejado con la aparición de nuevas edificaciones y en la reforma de sus estructuras defensivas. Tras la conquista de Granada el Adelantamiento se mantendría hasta 1812, pero ya sin la tutela de la figura del adelantado militar, consecuencia directa de la pérdida de su posición estratégica y fronteriza.
La población de La Iruela se triplicó en el siglo XVI, crecimiento que se tradujo en la construcción del primer ensanche urbano, rompiendo con la estructura amurallada que había caracterizado a la población durante la Edad Media.
En el curso de la Guerra de Independencia la población sería atacada en diversas ocasiones por las tropas napoleónicas, sufriendo importantes daños.
El castillo de La Iruela domina desde un promontorio rocoso la localidad homónima, ubicándose a 1,5 km al noreste de la población de Cazorla. La fortificación de origen almohade consta de tres recintos amurallados jalonados con torres y dispuestos de forma escalonada en dirección norte - sur. Es un interesante conjunto al que se accede por una torre puerta del siglo XV, y del que destaca su Torre del Homenaje, situada en la parte más alta del risco y visible desde una gran distancia. Junto al castillo se pueden contemplar las ruinas de la iglesia renacentista de Santo Domingo, del siglo XVI.
La Iruela tuvo su origen en una pequeña alquería asociada a una estratégica fortaleza. Tras su conquista, el arzobispo primado de Toledo Don Rodrigo Ximénez de Rada constituirá el señorío del Adelantamiento de Cazorla, del que formará parte. Su apoyo al arzobispado y a Enrique II Trastámara en su confrontación con el rey Pedro I le valió el rango de villa en 1378, produciéndose un fuerte desarrollo de la localidad. En la actualidad mantiene la trama urbana, con callejuelas empinadas y estrechas que se adaptan a las curvas de nivel y en las que se mantiene la arquitectura habitual serrana.
Nov - mar: 10:00 - 14:00 y 16:00 - 18:00. 1 abr - 12 may: 10:00 - 14:00 y 17:00 - 19:00. 15 may - 19 jun: 10:00 - 14:00 y 17:00 - 20:00. 19 jun - 15 sept: 10:00 - 14:00 y 19:00 - 22:00. 18 sept - 29 sept: 10:00 - 14:00 y 17:00 - 20:00. Octubre: 10:00 - 14:00 y 17:00 - 19:00. Lunes y martes cerrado.
Tras la conquista musulmana, entre los siglos VIII y IX, se construye un conjunto amurallado estructurado en dos espacios: un amplio recinto o alcázar en la cumbre y la alcazaba propiamente dicha, en la ladera norte, que aprovecha los restos de la muralla romana. La alcazaba fue un gran recinto de carácter defensivo-residencial, en el que se ha documentado un edificio rectangular con patio porticado, que pudo ser la residencia de los primeros gobernadores de la ciudad en época Emiral-Califal. El traslado de la capital de la Kura a Ŷayyān en el siglo IX conllevó un fuerte desarrollo de la ciudad, restaurándose las estructuras de fortificación existentes, a la vez que se levantan nuevos lienzos y torres.
La cambiante situación política en al-Andalus entre los siglos XI y XIII provocó una intensa reforma de las murallas, que culminaron con la transformación del alcázar de la cumbre en una gran y compleja fortaleza. Se configura así un gran conjunto fortificado estructurado en dos recintos: en el extremo oeste se erige un primer recinto en tapial de argamasa, de planta irregular, conocido como Castillo de Abrehuí; al este se dispone el cercado principal, conocido como Alcázar Viejo, al que se accedía por una puerta protegida por dos torres paralelas. Al mismo tiempo, se construye un nuevo espacio político-administrativo en la zona oriental del Alcázar Viejo, un palacio del que las investigaciones arqueológicas han logrado recuperar diversos vestigios, así como determinar cómo fue su distribución, diferenciando las estancias inferiores y las superiores, en las que se emplazó el palacio, engalanado con una profusa y lujosa decoración de yeserías y zócalos ornamentados que cubrían sus muros (parte de las cuales se exhiben en el Museo Provincial de Jaén).
La conquista de Jaén en 1246 determinó una importante alteración de la trama urbana de la ciudad, y de sus estructuras defensivas. Los muros y torres de tapial se revisten con forros de mampostería. La antigua fortificación islámica de la cumbre mantuvo su antiguo trazado, excepto por la edificación, entre los siglos XIII y XIV-XV, de una nueva fortaleza que ocuparía su extremo este, denominada Alcázar Nuevo. Su perímetro externo está delimitado por un recinto amurallado que incorpora 6 torres, edificadas en mampostería. Las torres son de planta cuadrada, excepto la más oriental (torre de la Vela o de la Guardia) que tiene forma pentagonal en proa, al embutir en su interior una antigua torre islámica. Todas ellas están comunicadas entre sí por adarves almenados. La del Homenaje se divide en tres estancias. La primera, cubierta con cuatro bóvedas de ladrillo que confluyen en un único pilar central y carece de iluminación exterior, tendría una función de almacenaje. La segunda se cubre mediante bóveda esférica de ladrillo sostenida en cada esquina por una columna de piedra. El tercer piso tiene bóveda poligonal de ladrillo y tendría una función residencial. En las excavaciones arqueológicas también aparecieron yesos decorados, fechados entre los siglos XIV y XV, que revestirían los paramentos de la capilla de Santa Catalina, quizá introducidos tras las reformas que en ella realizó el Condestable D. Miguel Lucas de Iranzo.
Al este de la puerta del castillo, en el lado norte del recinto, se suceden dos torres albarranas, la más occidental, maciza en la parte inferior y con una dependencia en la superior, alberga la Capilla de Santa Catalina, patrona de la ciudad. La oriental, muy restaurada, tendría una función militar, careciendo de dependencia, por lo que conformaría un cubo macizo coronado por una azotea almenada. En el lateral sur se abre un portillo o poterna junto a la Torre de las Troneras, que alberga unas letrinas. Intramuros se disponían dependencias y elementos para el funcionamiento interno del castillo: aljibes, un área de molienda y otras estancias.
En el tercer cuarto del siglo XV, durante la guerra civil que se desarrolló durante el reinado de Enrique IV, el Condestable Miguel Lucas de Iranzo refuerza nuevamente las defensas de la ciudad, dotando a las murallas de antemuro y foso, demoliendo parte de los adarves y cegando algunas torres de la muralla Norte, acentuando la impugnabilidad de la ciudad frente a los enemigos el monarca castellano.
Entre los siglos XVI y XVIII se producen remodelaciones en algunas dependencias del Alcázar Nuevo, que cambian de función, se construyen otras nuevas y se ciega la poterna del sector sur.
A principios del siglo XIX, la guerra de independencia provocó cambios importantes en la estructura de esta fortaleza, a pesar de lo cual se mantiene la fisonomía exterior de la fortificación medieval. Las remodelaciones, que ocasionaron la destrucción de estructuras y dependencias, comprenden la reparación de murallas, la anulación de portillos, la construcción de nuevas estructuras defensivas, y el levantamiento de grandes edificios para diversos usos, caballerizas, cuarteles, hospital, puestos de guardia, polvorines, etc., de los que apenas quedan restos en la actualidad, como consecuencia de la edificación del Parador de Turismo entre 1963 - 1978 y la ejecución de diversas obras de restauración realizadas en los años 80.
El cerro de Santa Catalina ha estado poblado desde la Edad del Cobre, aunque las estructuras más antiguas documentadas pertenecen a un oppidum ibérico, fechado en torno al siglo IX a.n.e., e identificado como Oringis. Entre los siglos II y I a.n.e. los romanos lo transformarán en un nuevo asentamiento fortificado de planta poligonal. La constitución del Municipio Flavio Aurgitano, a fines del siglo I d.n.e., provocó la rápida urbanización del espacio que actualmente ocupa el barrio de La Magdalena, delimitado por un recinto amurallado.
El abandono y expolio de edificios que formaban el foro romano o la presencia de tumbas aisladas y basureros muestran la progresiva transformación de la ciudad bajo imperial entre los siglos III y IV de nuestra era, mutación que continuaría en época visigoda.
Tras la conquista islámica, las primeras noticias sobre la actual Jaén (Ŷayyān) datan de mediados del s. IX cuando el emir omeya Abd al-Rahman II convierte la ciudad en nueva capital de la Cora, erigiéndose la alcazaba, germen del actual castillo de Santa Catalina, así como parte de las murallas que lo enlazaban con la ciudad. En estos momentos se construyen los primeros palacios que, acabarán conformando el alcázar situado en la medina.
A partir del s. XI, y especialmente durante el periodo almohade (1169-1246), la ciudad fue expandiéndose hacia el sur. Se produjo también la reforma y ampliación del alcázar omeya y taifa ubicado en la propia medina, dotado de jardines y palacios, lujosamente decorados, mientras que en el castillo se crea una zona residencial-administrativa.
Tras la conquista castellana en 1246 la configuración urbana de Jaén no debió de experimentar grandes cambios hasta los siglos XIV-XV. Fernando III procedió a repoblarla y repartirla, quedando en manos del Concejo y convirtiéndose en sede episcopal. La inestabilidad del territorio hasta la conquista de Granada en 1492, y las luchas nobiliarias durante el reinado de Enrique IV provocaron que las reparaciones de los elementos defensivos fueran constantes: la muralla almohade se reviste de mampostería, mientras comienza la construcción de un Alcázar Nuevo en el extremo oriental del Cerro de Santa Catalina. Por su parte, el alcázar almohade emplazado en el epicentro de la ciudad estuvo en manos de la corona castellana hasta que en 1382 se convirtió en el convento de Santo Domingo.
A principios del siglo XIX, durante la invasión de España por las tropas napoleónicas, Jaén y sus defensas volvieron a tener un papel destacado, manteniendo el control de la ciudad ante el ataque y saqueo de 1808, antes de pasar a manos de los franceses en 1810. La inestabilidad imperante entre 1808 y 1814 conllevó importantes remodelaciones en las fortificaciones del cerro, convirtiéndolas en un gran acuartelamiento desde el que ejercer el control de la mayor parte de la provincia y de los caminos hacia Granada y Córdoba. Tras el final de la guerra de independencia, las estructuras defensivas del cerro y de la ciudad se mantuvieron en pie, aunque sufriendo un progresivo proceso de deterioro, el cual se acentuó más aún a lo largo del siglo XX, a finales del cual se llevaron a cabo diversas obras de restauración.
El castillo de Santa Catalina es un símbolo para los giennenses y Juan Eslava Galán se hace eco y lo introduce continuamente en sus obras, como hace en Los Templarios y la Mesa de Salomón.
(…) Durante mis estancias en Jaén había subido varias veces al castillo de Santa Catalina. Después de atisbar los secretos de su constructor, Alfonso X, lo visité nuevamente con otro espíritu (…)
Los Templarios y la Mesa de Salomón. Capítulo 18.
LEYENDAS
Leyenda de la aparición de Santa Catalina. Cuenta la leyenda que durante el sitio de Jaén al rey Fernando III se le apareció en sueños Santa Catalina de Alejandría que le mostró las llaves de Jaén, tomándolo como un presagio. Al día siguiente, los musulmanes hicieron entrega de la fortaleza a las tropas cristianas y en agradecimiento Fernando III nombró a Santa Catalina patrona de la ciudad, poniendo su nombre a la fortaleza recién conquistada
La cámara de las estatuas. En el castillo Viejo había un recinto secreto con una puerta fuertemente cerrada, a la que cada rey añadía una nueva cerradura. Cuando ya contaba con 24, un usurpador que se apoderó del trono, se negó a continuar la tradición, ordenando abrir la estancia. En su interior encontró un altorrelieve, de metal y madera, con temibles guerreros árabes a caballo y una inscripción que profetizaba "Si alguna mano abre la puerta de este castillo, los guerreros de carne que se parecen a los guerreros de metal se adueñarán del reino". Antes de que acabara el año, Tarik, tomó la fortaleza.
Leyenda de la cruz del castillo. La leyenda dice que cuando el rey Fernando III entró en la fortaleza de Jaén, tras conquistar a los musulmanes, uno de sus capitanes hincó una espada, como señal de triunfo, en un promontorio rocoso en el extremo sur del cerro, desde el que se dominan las tierras de Jaén.
La forma que creaban la hoja y el travesaño del arma semejaban una cruz cristiana. El rey Fernando III, fascinado, decidió que siempre hubiese una gran cruz en ese mismo punto para recordar la conquista de las tropas cristianas. Una leyenda que terminó convirtiéndose en tradición.
Las estructuras defensivas de la ciudad de Jaén, que ocupan la cumbre y laderas sur y norte del cerro de Santa Catalina, han experimentado una compleja evolución histórico-arquitectónica. Los musulmanes erigieron un complejo fortificado en la cumbre y la ladera Norte del Cerro de Santa Catalina, a cuyas faldas se extiende la ciudad de Jaén, formado por dos recintos claramente diferenciadas: el castillo de Abrehuí y el Alcázar Viejo, que acogió un lujoso edificio palaciego. Tras la conquista cristiana en 1246 los castellanos construyeron un último recinto, el Alcázar Nuevo, que mantiene hoy en día su estructura original: un recinto de mampostería con seis torres. Los lienzos de muralla conservados descienden por las laderas del cerro hasta envolver la ciudad antigua.
Aunque poblado desde la Edad del Cobre, y ocupado en épocas ibérica y romana, será en la Edad Media cuando se erijan los elementos defensivos de mayor entidad. El traslado de la capital de la Cora desde La Guardia (Mantisa) a Jaén (Ŷayyān) por ‘Abd al-Rahman II suscitó el desarrollo de la ciudad y sus fortificaciones, que se ampliarán entre los siglos XI y XII, mientras se edifican la mezquita mayor, nuevos baños, mezquitas y palacios. Durante la conquista cristiana del valle del Guadalquivir Jaén resistió varios asedios hasta que, en 1246, el rey de Granada Ibn al-Ahmar, entregó la ciudad a Fernando III. Plaza fronteriza de primer orden, tomó parte en las continuas luchas nobiliarias, especialmente las protagonizadas por el Condestable D. Miguel Lucas de Iranzo, partidario del rey Enrique IV, contra la nobleza levantisca. A principios del siglo XIX, durante la Guerra de Independencia, Jaén y sus defensas volvieron a jugar un papel destacado en el control del Alto Guadalquivir.
Invierno: lunes a sábado 10:00 - 18:00 (último acceso 17:30), domingos 10:00 - 15:00 (último acceso 14:30). Entrada gratuita miércoles 15:00 - 18:00. Verano: lunes a sábado 10:00 - 14:00 y 17:00 - 21:00, domingos 10:00 - 15:00. Entrada gratuita miércoles 17:00 - 21:00.
El centro histórico se transformará en un escenario vivo donde la cultura se despliega en múltiples formas: música, teatro, literatura, historia, artesanía y experiencias sensoriales que dialogan con los espacios más emblemáticos del municipio. Los callejones medievales, la iglesia parroquial de San Miguel Arcángel, el Castillo de Vilches y su entorno amurallado se convierten en protagonistas de un recorrido nocturno que reivindica la importancia de conservar, respetar y valorar los tesoros arquitectónicos y las tradiciones culturales de Vilches.
Entre las propuestas más destacadas, el público podrá disfrutar de la iluminación romántica mediante velas del Castillo y otros rincones del casco histórico, acompañada de un paseo musical que realza la atmósfera íntima del evento. Las conferencias y ponencias permitirán profundizar en episodios clave de la historia local, mientras que las actuaciones musicales llenarán de vida distintos enclaves patrimoniales.
El programa incluye también proyecciones audiovisuales sobre la memoria histórica del municipio, visitas guiadas y teatralizadas por el Castillo y su entorno, y representaciones de monólogos y obras teatrales que acercan la cultura a pie de calle. El ambiente se completará con el engalanamiento medieval del casco histórico, que reforzará la identidad estética del festival.
Los más pequeños tendrán un papel protagonista gracias a los talleres infantiles de alfarería, construcción de escudos o elaboración de pergaminos, además de juegos populares de temática histórica que recuperan la esencia del juego tradicional. La experiencia se redondea con la degustación de productos gastronómicos vinculados a la cultura culinaria local, una forma de saborear la historia a través de sus recetas y costumbres.
“Las Noches Blancas del Guardián” se consolida así como un proyecto que combina divulgación, disfrute y conciencia patrimonial. Una celebración que invita a mirar Vilches con otros ojos, a recorrer sus calles con calma y a sentir la fuerza de un legado que sigue vivo gracias al compromiso de toda una comunidad.
El festival, impulsado por Marcat Dance, transforma distintos rincones de Vilches en escenarios abiertos donde la creación sucede en tiempo real. Las propuestas combinan técnica, emoción y una mirada contemporánea que conecta con públicos muy diversos, desde quienes se acercan por primera vez a la danza hasta quienes siguen de cerca el trabajo de compañías nacionales e internacionales.
Vildanza es también un lugar de encuentro: un espacio donde artistas y espectadores comparten procesos, conversaciones y experiencias que amplían la forma de mirar el cuerpo y el territorio. Cada edición refuerza el vínculo entre la danza y Vilches, consolidando al municipio como un referente cultural dentro de la provincia.
Miguel Poveda es sinónimo de excelencia artística, versatilidad y compromiso con la música de raíz. Su capacidad para emocionar al público, unida a una puesta en escena cuidada y sobria, convierte este concierto en una cita imprescindible para los amantes de la música y la cultura.
La celebración de este espectáculo en Úbeda supone, además, una oportunidad única para disfrutar de la música en un entorno patrimonial excepcional, reforzando la proyección cultural de la ciudad y su posicionamiento como referente en la programación de grandes eventos artísticos.
La Plazuela presentará su segundo trabajo discográfico más maduro y evolucionado, en el que mantienen sus raíces andaluzas y su identidad propia, fusionando como pocos el flamenco con el funk, la música electrónica y otros sonidos contemporáneos. Su directo se caracteriza por una puesta en escena intensa, enérgica y completamente diferenciadora, convirtiendo cada concierto en una experiencia única.
Este nuevo proyecto, ‘Ritorno A Via Dalma’, promete un repaso a todos estos temas, reuniendo a varias generaciones de autores italianos y explorando diversos géneros y estilos con la energía y vitalismo característicos de Dalma.