Zona Recreativa La Cañada
Se trata de un merendero, perfectamente equipado, que dispone de un interesante mirador, de una fuente de agua y de un panel informativo sobre interpretación del paisaje.
Se trata de un merendero, perfectamente equipado, que dispone de un interesante mirador, de una fuente de agua y de un panel informativo sobre interpretación del paisaje.
En esta crestería de cumbres se halla el techo de la provincia: el Pico Mágina, con 2.167 metros de altura, que supone la tercera mayor altitud de Andalucía, después de los macizos de Sierra Nevada y la Sierra de Baza. La vegetación y condiciones son las típicas de la alta montaña mediterránea.
El paisaje que rodea a este equipamiento, emplazado en el descansadero de una vía pecuaria, es típicamente olivarero e invita a la práctica del senderismo. Las instalaciones, con una capacidad para un centenar de personas, disponen de zonas destinadas a las tiendas de campaña, comedor techado, cocina, aseos y duchas.
Se accede desde la carretera JA-3107 que va de Torres a Albanchez de Mágina; tras recorrer unos dos km., en medio de una curva, a la derecha, conecta un carril que, con una longitud total de un kilómetro, nos lleva directamente hasta esta zona de acampada del Parque Natural de Sierra Mágina llamada Hondacabras.
Las excavaciones del Yacimiento Arqueológico Ermita Santa Potenciana de Villanueva de la Reina han ido presentando nuevos hallazgos, con nuevos materiales y estructuras que confirman esta zona como un histórico cruce de culturas entre grandes ciudades. Un yacimiento arqueológico que ha permitido, en cinco años, lograr grandes resultados y llevar al municipio de Villanueva de la Reina a foros especializados y de prestigio.
Situado en el municipio de Baños de la Encina, el poblado argárico de Peñalosa ha sido un referente en la investigación de la Edad del Bronce del Alto Guadalquivir. Se asienta sobre un espolón de pizarra en forma de lengua, con dos grandes laderas de fuertes pendientes limitando al norte con el río Rumblar y hacia el sur con el arroyo Salsipuedes. Actualmente las aguas del embalse del Rumblar bañan las estructuras de este poblado argárico.
El poblado pertenece a la Cultura del Argar, que se desarrolló durante la Edad del Bronce por las provincias de Almería, Murcia, Granada y parte de las de Jaén y Alicante, y estuvo habitado unos 400 años, desde mediados del siglo XIX a. C. hasta mediados del siglo XV a. C.
El yacimiento se trata de un poblado fortificado con casas construidas con pizarra en el cerro y a lo largo de sus laderas sobre terrazas, a modo de escalones, comunicadas entre sí por calles estrechas y pasillos, no se aprecian diferencias arquitectónicas significativas entre las diferentes terrazas. Dentro del poblado se diferencian varias zonas: en la cima del cerro se percibe un área fortificada con tres viviendas conectadas entre sí por los mencionados pasillos; generando una zona estructurada y organizada. En la ladera norte se alternan tres terrazas naturales y artificiales, intercomunicadas mediante pasillos, y en las cuales se distribuyen viviendas. El poblado cuenta además con una gran cisterna en la parte más baja que recogería el agua de la lluvia y potentes bastiones defensivos que delimitaban el poblado. Un rasgo característico de esta cultura eran los enterramientos en el interior de las propias casas, acompañando a los difuntos con ajuares acordes al rango social que tuviesen dentro del poblado.
La principal actividad económica de la población era la minería de cobre, especialmente la azurita y malaquita, explotando las riquezas mineras del valle. Se ha documentado todo el proceso minero: extracción, reducción, fundición y fabricación de herramientas y lingotes. También se ha documentado otras actividades económicas tales como telares y procesamiento de cereales, especialmente la cebada.
Socialmente, se encuentra diferencias entre los enterramientos entre los de las terrazas media y superior y los de la inferior; además, la mayoría de enterramientos de la terraza superior se localizan en espacios exclusivamente funerarios, lo que ha llevado a arrojar la hipótesis de que se tratase de una comunidad muy jerarquizada, con una élite militarizada (terraza superior) a la cual estaría subordinada la masa de campesinos-guerreros libres (terraza media) y en cuya base existiría una capa poblacional en estado servil adscrita a la élite (terraza inferior).
En Peñalosa podemos encontrar el poblado de la Edad del Bronce mejor estudiado del sur peninsular, perteneciente a la Cultura del Argar y ejemplo de la realidad socioeconómica de esta sociedad.
La ocupación humana del entorno de lo que hoy es Beas de Segura es muy antigua. Los primeros testimonios humanos de la Sierra de Segura aparecen en este yacimiento, en el paraje de Puente Mocho, nombre que se designa a un extenso hábitat al aire libre junto a las terrazas del río Guadalimar. Se hallan materiales del Paleolítico Inferior y Medio de los albores de la última glaciación (entre 100.000-10.000 aC).
Este lugar era paso de importantes mamíferos, tenía abundantes recursos pesqueros y abundante materia prima para la fabricación de herramientas de piedras talladas, destacando cantos rodados y guijarros trabajados en cuarcita.
Los restos de industria lítica achelenses de este lugar fueron descubiertos en 1913 por Cabré y el Abad Breuil y parte de ellos se encuentran en el Museo Provincial de Jaén, en la Sección de Arqueología, sala 1: Prehistoria.
Es el yacimiento arqueológico más antiguo de la provincia de Jaén, por lo que las piezas más antiguas que se conservan en el museo arqueológico provincial, son las procedentes de este yacimiento.
Este yacimiento, ubicado al norte de Mengíbar, es un testimonio excepcional de continuidad histórica, abarcando desde el Neolítico Final hasta la época altomedieval. Aunque actualmente no es visitable, sus vestigios evidencian una intensa actividad humana y económica a lo largo de los siglos.
En esta ciudad, rodeada por una potente muralla, se crearon grandes edificios públicos, de los que se conservan grandes restos de basas y capiteles, e inscripciones públicas que formaron parte de grandes esculturas.
Además, estaba dotada de un acueducto que abastecía grandes aljibes que aún hoy son visibles en la meseta de Maquiz. En la zona sur de la ciudad fue construida una gran plaza enlosada de más de 1000 metros cuadrados de extensión (40x30m), posiblemente el foro de la ciudad, del que conocemos con detalle un pequeño templo situado en una de las esquinas de esta plaza.
Los actos benéficos de sus ciudadanos más destacados quedan reflejados en varios documentos epigráficos, y revelan la existencia de grandes edificios lúdicos como un posible circo.
La identificación de Cerro Maquiz con la antigua Iliturgi, se argumenta, entre un numeroso conjunto de datos arqueológicos, con la presencia de varios epígrafes localizados en Cerro Maquiz que hacen referencia a este topónimo. Entre ellos el más célebre procede de un epígrafe honorífico dedicado por el “popvlus ilitvurgitanus” a Tiberio Sempronio Graccho.
En torno al cambio de era, la ciudad de Iliturgi experimentó un proceso de monumentalización, convirtiéndose en una de las mayores ciudades del Alto Guadalquivir. Calificada por Plinio en este momento como Forum Iulium, uno de los principales mercados de la región gracias a su posición estratégica para el comercio terrestre y fluvial.
La mayoría de estas construcciones parten como una segunda residencia durante el Alto Imperio, aunque con la crisis del siglo III y la inseguridad de las ciudades muchos grandes aristócratas se retiran a sus villas. Como pasan a ser la residencia se traslada el lujo y el refinamiento, del cual hoy se conserva como testimonio los ricos mosaicos y el comienzo de los muros de las distintas habitaciones. Junto a la zona palaciega había otras dependencias con establos, con forjas, alfares y, en definitiva, todo lo necesario para ser autosuficientes lejos de la ciudad. Con el paso del tiempo, las ciudades perdieron su importancia, se tuvieron que amurallar para evitar peligros y los focos culturales que en ellas había se fueron apagando.
Si nada conocemos de los moradores de estas lujosas estancias, menos sabemos aún de esas personas que abandonaban la ciudad para refugiarse en estas villas. Ayudaban a defender la propiedad a cambio de poder cultivar un trozo de tierra con el que poder obtener lo necesario para alimentarse. Aquí está el origen de lo que sería el vasallaje en la Edad Media. Tampoco conocemos como eran los artesanos que confeccionaban esos grandes mosaicos, ni sus condiciones de vida ¿sabrían que representaban las imágenes que reproducían con las teselas? ¿y los últimos moradores a finales del siglo IV?
La villa de Bruñel representa el típico modelo de villa romana que empieza a extenderse durante el Bajo Imperio.
El nombre de Bruñel procede de la palabra latina Balneum (baño), con la evolución del mozárabe degeneró en la palabra Bruñel (balneario).
Pese a la evidente presente romana, se tiene constancia de una necrópolis íbera que data del siglo IV a. C. y la presencia de restos materiales y constructivos.
La villa de de Bruñel estaría enmarcada en el camino romano que conectaba Cástulo con la actual Guadix y, de acuerdo a la circunscripción romana, se adscribía a la provincia romana de la Carthaginense, con capital en Cartago Nova, actual Cartagena. La ocupación romana de la villa de Bruñel se remite a tres fases a lo largo de los siglos II y IV d. C. y acorde a su evolución, se puede distinguir los cambios socioeconómicos que sufrió la población hispanorromana.
Una primera fase correspondiente al siglo II d. C. y se conforma por un edificio de planta cruciforme irregular al que se asocian contrafuertes, una cisterna y un arco de estructura circular. El material empleado es el rico opus caementicium o cemento romano; además de estucos con decoración de grandes espejos bermellones, azul oscuro o verde, separados entre sí por bandas oscuras y columnas.
La segunda fase de la villa corresponde al siglo III d. C., tratándose de una villa bien conservada y con pretensiones. Destaca la presencia de un imponente atrium con impluvium y un peristilo alrededor del cual que articulan la mayoría de las habitaciones y estancias. Destaca la decoración con la presencia de mosaicos con composiciones generalmente geométricas, con bandas esvásticas o trenzas de diferentes cabos o combinaciones de las anteriores con medallones con figuras humanas; así como la presencia de estucos decorados en la mayoría de las habitaciones. Destaca el mosaico con figura de Tetis que se encuentra actualmente en el Museo de Jaén.
La tercera fase de la villa se adhiere al siglo IV d. C., siglo de modificaciones socioeconómicas que se reflejan en la villa, demoliéndose parte de la anterior fase y reemplazándose por otra edificación sin pretensiones, más enfocada a la actividad agropecuarias. Se tratan de dos edificios, uno de ellos rectangular con ábsides marcados en sus lados menores y otro edificio con un gran patio entorno al cuál se articulan diferentes habitaciones y estancias interconectadas con el peristilo mediante dos pasillos. Este último edificio se trataría de un patio-corral, siendo las distintas habitaciones sin pavimentar almacenes o cuadras. Mientras que el edificio rectangular, restos de la villa del siglo III d. C., se conservaría como villa urbana, es decir, la zona reservada como morada de los dueños.
El final de la villa aconteció consecuencia de un gran incendio, evidenciado por los restos carbonizados encontrados, aunque se discute si sucedió en el siglo V d. C. u VIII d. C.
La villa romana de Bruñel es un claro exponente del paso de los romanos por Jaén, siendo un ejemplo de la típica villa romana bajo imperial y estando formado el yacimiento arqueológico por una necrópolis ibérica del siglo IV a. C. y una ocupación romana que se extiende desde el siglo II d. C. al siglo IV d. C.