Muralla Ciclópea de Ibros
*Consejos para la visita
Se aconseja comenzar la visita desde la Plaza del Ayuntamiento, dirigiéndonos hacia la calle Gradas llegaremos a la calle del Pilar donde se localiza la muralla.
Situado en el municipio de Baños de la Encina, el poblado argárico de Peñalosa ha sido un referente en la investigación de la Edad del Bronce del Alto Guadalquivir. Se asienta sobre un espolón de pizarra en forma de lengua, con dos grandes laderas de fuertes pendientes limitando al norte con el río Rumblar y hacia el sur con el arroyo Salsipuedes. Actualmente las aguas del embalse del Rumblar bañan las estructuras de este poblado argárico.
El poblado pertenece a la Cultura del Argar, que se desarrolló durante la Edad del Bronce por las provincias de Almería, Murcia, Granada y parte de las de Jaén y Alicante, y estuvo habitado unos 400 años, desde mediados del siglo XIX a. C. hasta mediados del siglo XV a. C.
El yacimiento se trata de un poblado fortificado con casas construidas con pizarra en el cerro y a lo largo de sus laderas sobre terrazas, a modo de escalones, comunicadas entre sí por calles estrechas y pasillos, no se aprecian diferencias arquitectónicas significativas entre las diferentes terrazas. Dentro del poblado se diferencian varias zonas: en la cima del cerro se percibe un área fortificada con tres viviendas conectadas entre sí por los mencionados pasillos; generando una zona estructurada y organizada. En la ladera norte se alternan tres terrazas naturales y artificiales, intercomunicadas mediante pasillos, y en las cuales se distribuyen viviendas. El poblado cuenta además con una gran cisterna en la parte más baja que recogería el agua de la lluvia y potentes bastiones defensivos que delimitaban el poblado. Un rasgo característico de esta cultura eran los enterramientos en el interior de las propias casas, acompañando a los difuntos con ajuares acordes al rango social que tuviesen dentro del poblado.
La principal actividad económica de la población era la minería de cobre, especialmente la azurita y malaquita, explotando las riquezas mineras del valle. Se ha documentado todo el proceso minero: extracción, reducción, fundición y fabricación de herramientas y lingotes. También se ha documentado otras actividades económicas tales como telares y procesamiento de cereales, especialmente la cebada.
Socialmente, se encuentra diferencias entre los enterramientos entre los de las terrazas media y superior y los de la inferior; además, la mayoría de enterramientos de la terraza superior se localizan en espacios exclusivamente funerarios, lo que ha llevado a arrojar la hipótesis de que se tratase de una comunidad muy jerarquizada, con una élite militarizada (terraza superior) a la cual estaría subordinada la masa de campesinos-guerreros libres (terraza media) y en cuya base existiría una capa poblacional en estado servil adscrita a la élite (terraza inferior).
En Peñalosa podemos encontrar el poblado de la Edad del Bronce mejor estudiado del sur peninsular, perteneciente a la Cultura del Argar y ejemplo de la realidad socioeconómica de esta sociedad.
La ocupación humana del entorno de lo que hoy es Beas de Segura es muy antigua. Los primeros testimonios humanos de la Sierra de Segura aparecen en este yacimiento, en el paraje de Puente Mocho, nombre que se designa a un extenso hábitat al aire libre junto a las terrazas del río Guadalimar. Se hallan materiales del Paleolítico Inferior y Medio de los albores de la última glaciación (entre 100.000-10.000 aC).
Este lugar era paso de importantes mamíferos, tenía abundantes recursos pesqueros y abundante materia prima para la fabricación de herramientas de piedras talladas, destacando cantos rodados y guijarros trabajados en cuarcita.
Los restos de industria lítica achelenses de este lugar fueron descubiertos en 1913 por Cabré y el Abad Breuil y parte de ellos se encuentran en el Museo Provincial de Jaén, en la Sección de Arqueología, sala 1: Prehistoria.
Es el yacimiento arqueológico más antiguo de la provincia de Jaén, por lo que las piezas más antiguas que se conservan en el museo arqueológico provincial, son las procedentes de este yacimiento.
Este yacimiento, ubicado al norte de Mengíbar, es un testimonio excepcional de continuidad histórica, abarcando desde el Neolítico Final hasta la época altomedieval. Aunque actualmente no es visitable, sus vestigios evidencian una intensa actividad humana y económica a lo largo de los siglos.
En esta ciudad, rodeada por una potente muralla, se crearon grandes edificios públicos, de los que se conservan grandes restos de basas y capiteles, e inscripciones públicas que formaron parte de grandes esculturas.
Además, estaba dotada de un acueducto que abastecía grandes aljibes que aún hoy son visibles en la meseta de Maquiz. En la zona sur de la ciudad fue construida una gran plaza enlosada de más de 1000 metros cuadrados de extensión (40x30m), posiblemente el foro de la ciudad, del que conocemos con detalle un pequeño templo situado en una de las esquinas de esta plaza.
Los actos benéficos de sus ciudadanos más destacados quedan reflejados en varios documentos epigráficos, y revelan la existencia de grandes edificios lúdicos como un posible circo.
La identificación de Cerro Maquiz con la antigua Iliturgi, se argumenta, entre un numeroso conjunto de datos arqueológicos, con la presencia de varios epígrafes localizados en Cerro Maquiz que hacen referencia a este topónimo. Entre ellos el más célebre procede de un epígrafe honorífico dedicado por el “popvlus ilitvurgitanus” a Tiberio Sempronio Graccho.
En torno al cambio de era, la ciudad de Iliturgi experimentó un proceso de monumentalización, convirtiéndose en una de las mayores ciudades del Alto Guadalquivir. Calificada por Plinio en este momento como Forum Iulium, uno de los principales mercados de la región gracias a su posición estratégica para el comercio terrestre y fluvial.
El nombre de Bruñel procede de la palabra latina Balneum (baño), con la evolución del mozárabe degeneró en la palabra Bruñel (balneario).
Pese a la evidente presente romana, se tiene constancia de una necrópolis íbera que data del siglo IV a. C. y la presencia de restos materiales y constructivos.
La villa de de Bruñel estaría enmarcada en el camino romano que conectaba Cástulo con la actual Guadix y, de acuerdo a la circunscripción romana, se adscribía a la provincia romana de la Carthaginense, con capital en Cartago Nova, actual Cartagena. La ocupación romana de la villa de Bruñel se remite a tres fases a lo largo de los siglos II y IV d. C. y acorde a su evolución, se puede distinguir los cambios socioeconómicos que sufrió la población hispanorromana.
Una primera fase correspondiente al siglo II d. C. y se conforma por un edificio de planta cruciforme irregular al que se asocian contrafuertes, una cisterna y un arco de estructura circular. El material empleado es el rico opus caementicium o cemento romano; además de estucos con decoración de grandes espejos bermellones, azul oscuro o verde, separados entre sí por bandas oscuras y columnas.
La segunda fase de la villa corresponde al siglo III d. C., tratándose de una villa bien conservada y con pretensiones. Destaca la presencia de un imponente atrium con impluvium y un peristilo alrededor del cual que articulan la mayoría de las habitaciones y estancias. Destaca la decoración con la presencia de mosaicos con composiciones generalmente geométricas, con bandas esvásticas o trenzas de diferentes cabos o combinaciones de las anteriores con medallones con figuras humanas; así como la presencia de estucos decorados en la mayoría de las habitaciones. Destaca el mosaico con figura de Tetis que se encuentra actualmente en el Museo de Jaén.
La tercera fase de la villa se adhiere al siglo IV d. C., siglo de modificaciones socioeconómicas que se reflejan en la villa, demoliéndose parte de la anterior fase y reemplazándose por otra edificación sin pretensiones, más enfocada a la actividad agropecuarias. Se tratan de dos edificios, uno de ellos rectangular con ábsides marcados en sus lados menores y otro edificio con un gran patio entorno al cuál se articulan diferentes habitaciones y estancias interconectadas con el peristilo mediante dos pasillos. Este último edificio se trataría de un patio-corral, siendo las distintas habitaciones sin pavimentar almacenes o cuadras. Mientras que el edificio rectangular, restos de la villa del siglo III d. C., se conservaría como villa urbana, es decir, la zona reservada como morada de los dueños.
El final de la villa aconteció consecuencia de un gran incendio, evidenciado por los restos carbonizados encontrados, aunque se discute si sucedió en el siglo V d. C. u VIII d. C.
La villa romana de Bruñel es un claro exponente del paso de los romanos por Jaén, siendo un ejemplo de la típica villa romana bajo imperial y estando formado el yacimiento arqueológico por una necrópolis ibérica del siglo IV a. C. y una ocupación romana que se extiende desde el siglo II d. C. al siglo IV d. C.
La cámara tiene planta rectangular con tres naves. La central mayor que las laterales y estas a derecha e izquierda presentan una antesala a la que se accede por falsos arcos con capitel simulado en sus jambas. En el interior de los receptáculos podemos observar bancos y poyetes para depositar las urnas cinerarias y los ajuares. Las naves laterales y la central presentan nichos en las paredes para recibir ofrendas. La construcción de unos cuatro metros de longitud por casi tres de ancho, está realizada con grandes sillares ajustados a la hora de su ensamblaje y cubierto por una estructura adintelada de grandes lajas. Toda la construcción es de carácter monumental, ciclópeo por el tamaño de algunos sillares y dinteles. En cuanto a su contenido debemos referirnos a lo recuperado y destaca entre todo ello las cerámicas griegas de figuras rojas, sobre todo las crateras y los elementos metálicos entre los que destacan los restos de un carro. Su cronología la incluye dentro de la cultura ibérica de finales del S. V y principios del IV antes de Cristo. El objetivo de esta parada es mostrar cómo es una cámara funeraria principesca y su significado en el contexto de la sociedad aristocrática íbera. El Centro de las Tumbas Principescas de Peal permite conocer el tema de la vida de ultratumba y de los ritos funerarios.
En el conocido Cerro de la Horca, muy cerca de la aldea de Toya y del célebre castillo-yacimiento arqueológico de su mismo nombre, se encuentra la gran tumba conocida como Cámara funeraria de Toya.
A través de sus salas podrás descubrir cómo se fabricaban los exvotos, qué significado tenían para los iberos, cómo era su visión del más allá y su relación con los dioses. Una magnífica colección de estas figurillas que aún guardan en sus rostros el misterio de las personas que representaban. A poco menos de 1 kilómetro de este museo se localiza la Cueva de la Lobera, donde podrás pasear por una pequeña senda con información sobre el lugar y donde descubrirás la morada de los dioses.
El Santuario Ibérico de la Cueva de la Lobera se funda a mediados del siglo IV a.C. y se mantiene en uso de forma ininterrumpida hasta el siglo II d.C., sufriendo reestructuraciones con la romanización del Alto Guadalquivir.
Para época ibérica, se concibe como un espacio de culto al aire libre, asociado a diferentes abrigos y cuevas. La pendiente natural se salva con la construcción de distintas terrazas que facilitan el acceso a las zonas de ofrendas.
Para época romana, la zona de culto se restringe al área de La Cueva de la Lobera.
Este santuario se descubrió por los exvotos de bronce ibéricos que, desde el siglo XIX circulaban y se atesoraban en colecciones privadas. El interés por las llamados “mingos” provocó que fuera explotado ilegalmente a lo largo de gran parte del siglo XX. Desde 1912 fue objeto de intervenciones encaminadas a su conservación y en estas primeras actuaciones la Cueva de la Lobera fue frecuentada por eruditos conmovidos por tan rico patrimonio arqueológico.
El Museo de Castellar está dedicado a los exvotos de época Ibérica que fueron recuperados en el santuario de la Cueva de la Lobera.
Visita libre. Concertar visitas guiadas.
La Zona Arqueológica de Marroquíes Bajos ha sido para la ciudad de Jaén un todo, un antes y un después. Los más de 25 años de intervenciones arqueológicas han permitido una importante revisión de la historia del municipio.
Marroquíes Bajos es uno de los asentamientos más importantes del sur peninsular, no sólo por la extensión de más de 130 ha., sino porque contiene una de las secuencias culturales más completas y complejas de nuestro país, pues alberga cuatro ocupaciones que han definido la manera de vivir de los pueblos que ocuparon esta tierra desde el neolítico, calcolítico, ibérica, romana y visigoda. Es decir, desde la segunda mitad del IV milenio a. C. hasta la actualidad, pasando por 19 fases distintas, otorgando al yacimiento de una complejidad espacial y diacrónica mayúscula.
Su forma de ocupación se orienta a la explotación de los recursos agrícolas y al desarrollo de las técnicas hidrológicas necesarias para su aprovechamiento intensivo. Los sistemas de canalización se suceden en el tiempo y bajo las acequias, aún en funcionamiento, se han localizado drenajes del siglo XVII; atarjeas, canales y molinos de noria islámicos; molinos, albercas y canales romanos; y soportándolo todo, el gran sistema hidráulico prehistórico que continúa aún hoy decidiendo sobre las trayectorias de las aguas subterráneas en la zona. La presencia de poblamiento continuado en este lugar tiene mucho que ver con su valor estratégico, ya que el norte de Jaén, donde se encuentra el yacimiento, está dominando la cuenca fluvial del arroyo La Magdalena y donde confluyen otros arroyos menores creando una pequeña cuenca hidrográfica que ha tenido un enorme valor estratégico y económico a lo largo de la historia. Los aportes aluviales de estos cursos de agua, han acabado formando una cubeta sedimentaria agrícolamente muy fértil, haciendo de la zona un lugar idóneo donde asentarse.
Las primeras evidencias de poblamiento son del Neolítico (segunda mitad del IV milenio a. C.), como un pequeño campamento estacionario con estructuras semisubterráneas.
Fue durante el Calcolítico (III milenio a II milenio a. C.) cuando el poblamiento adquirió realmente importancia, conformándose una macro-aldea de 35 ha confirmadas y hasta más de 100 ha estimadas, con funciones definidas y donde el reaprovechamiento de las diferentes estructuras y remodelaciones serían constantes. El espacio habitado se confería mediante una serie de anillos concéntricos delimitados por un sistema de fosos (multifuncionales) de agua excavados. Flanqueados en el interior por empalizadas de maderas y muros de adobe o piedra; presentando accesos e incluso bastiones. El sistema de fosos permitía además recoger agua de los manantiales del cerro de Santa Catalina facilitando la irrigación de las tierras aledañas. La magnitud de los fosos sería manifiesta, existiendo entre 5 y 6 fosos de unos 650 m. a 1.900 m. de diámetro. Tal importancia tuvo el sistema de fosos que aún hoy en día altera la topografía de la ciudad, adecuándose esta a su disposición.
Las diferentes estructuras se articularían en los anillos definidos entre los fosos y las empalizadas, con planta circular y sección acampanada, tamaños variables y excavadas, al igual que los fosos, en la roca. Un segundo tipo de estructuras serían la cilindro-cónicas, realizadas con un entramado de ramas y barro, sustentadas por un poste y cuyo perímetro estaría definido por una zanja excavada en la roca. Por último, un tercer tipo serían cabañas de planta oval o circular con un zócalo de piedra. También destacan estructuras destinadas a almacenaje: con silos excavados en la roca, de planta circular y sección acampanada. Respecto a las estructuras funerarias, destacan la existencia de fosas con enterramientos múltiples similares a las destinadas al hábitat.
El asentamiento ibérico es de menores dimensiones, teniendo la mayoría de las estructuras semiexcavadas en la roca y realizadas con materiales potencialmente perecederos.
En la fase romana se pueden identificar varias áreas; con restos republicanos y una importante ocupación alto imperial (siglos I y II d. C.), destacando diversas estructuras destinadas al regadío como canales, balsas y, en especial, una imponente cisterna realizada en cemento romano (opus caementicium). Además, se han encontrados restos de una villa y una necrópolis de inhumación de época tardorromana o altomedieval cristiana.
Tras una breve etapa visigoda entramos en la fase islámica, con una gran densidad de dispersión de estructuras emirales, la rápida destrucción de las viviendas califales y la compleja configuración de construcciones almohades. Además, destaca la constate reutilización de estructuras romanas durante época almohade.
La magnitud y la importancia del yacimiento dieron lugar a su inscripción con carácter específico en el Catálogo General del Patrimonio Histórico Andaluz con la categoría de Zona Arqueológica según la Orden del 22 de octubre de 2003.
En el Parque Arqueológico de Marroquíes Bajos podrás conocer de primera mano el origen milenario de la ciudad de Jaén, realizando un viaje a lo largo de las diferentes civilizaciones que poblaron el lugar hasta conocer el célebre poblado Calcolítico, un asentamiento que ha sido como un modelo singular de hábitat de la Europa Occidental.
El conjunto escultórico localizado en este asentamiento es, con diferencia, el más importante y monumental que ha proporcionado la arqueología ibérica y clave para comprender esta cultura en el momento de su plena consolidación, durante el siglo V antes de Cristo. Este conjunto escultórico se encuentra en el Museo Provincial de Jaén. Otras piezas íberas se exponen en el Museo Arqueológico Municipal de Porcuna, ubicado en la Torre de Boabdil.
El asentamiento de Cerrillo Blanco es una pieza extraordinaria para comprender no solo la importancia del "oppidum" ibérico de Porcuna, sino también la propia historia de la Alta Andalucía y de todo el mundo ibérico en general.