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Castillo de Santa Eufemia

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Descripción
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Entre los siglos XI - XII se edificó, dentro del recinto del espolón sur, una esbelta torre, que tendría como objetivo controlar las principales vías de comunicación e incrementar la capacidad defensiva de Cástulo ante el avance de los ejércitos cristianos por el Guadalquivir. Fue construida en tapial de argamasa, disminuyendo el grosor de sus muros en altura, creando un perfil interno escalonado que corresponde a su división en cuatro pisos y uno subterráneo. Cada piso estaba dividido en dos estancias mediante un muro central, sobre el que se apoyaría la escalera que los conectaba. En el primero, una mitad contendría un aljibe, mientras que el resto sería macizo. La puerta de acceso a la torre estaría situada en la segunda planta, y se accedería a ella a través de una rampa ubicada junto a uno de sus laterales.

Tras la conquista cristiana de la zona en 1227, la esbelta torre islámica se convierte en la torre de Homenaje de un pequeño castillo, cuya estructura estaría conformado por un lienzo de mampostería defendido por torres perimetrales de planta cuadrada. La fortaleza quedaría aislada del resto del asentamiento por un foso defensivo, construido en este momento para incrementar su capacidad defensiva por su lado norte, que se acentuaría con edificación de las torres de tapial de piedra. Los materiales encontrados en su entorno definen una fase de ocupación datable entre los siglos XIII y XIV, tras la cual la fortificación es abandonada definitivamente.

En el siglo XV, el yacimiento de Cástulo se usó para la extracción de materiales de construcción, lo que contribuyó a desmantelar gran cantidad de estructuras, acelerando el proceso de deterioro y ruina del castillo. Actualmente, la gran torre de tapial, de la que se conserva tan solo un mitad de la misma, se encuentra restaurada.

La ocupación del lugar se inició 3000 a.n.e., un poblado basado en una economía agraria que en el Bronce Medio que se vinculará a los yacimientos minerales de su entorno. Al final de este período la ciudad se convirtió en un destacado núcleo de población, con una orientación económica mixta, en base a la explotación ganadera, agrícola y minera de la comarca. 

La explotación de las minas de Sierra Morena continuó en el periodo ibérico, convirtiendo a Cástulo en uno de los oppidum más importantes de Andalucía. Capital de la Oretania, acuñó su propia moneda. En el año 228 a.n.e. los cartagineses, bajo las órdenes del general Amílcar Barca conquistaron la ciudad. 

En el año 206 a.n.e. los romanos tomaron la ciudad. El control económico sobre los yacimientos metalíferos de Sierra Morena Oriental, le propició alcanzar una gran prosperidad económica y social, la cual quedó reflejada en la proliferación de edificios públicos, los cuales han sido documentados durante diversas investigaciones arqueológicas.

Esta prosperidad continuó en época visigoda: fue sede episcopal hasta finales del VI cuando iniciara un largo proceso de decadencia, perdiendo importancia en favor de Beatia o Viatia (Baeza), situación que llevó aparejada la pérdida de población, quedando reducida su ocupación a pequeñas áreas de la antigua urbe romana.

Cástulo permanecerá ocupada en época islámica, siendo conocida como el hisn Qastuluna, un pequeño enclave dedicado básicamente a la agricultura y la ganadería, que aún conservaría algunos tramos de su cerca defensiva.

A medida que se consolida el Estado Omeya, surgirán conflictos con los sectores tribales, fundamentalmente beréberes, que defienden su independencia. En el año 784, bajo el gobierno del emir `Abd al-Rahman I, entre los años 785 y 786 se produce el enfrentamiento de las tropas del emir con las bereberes que estaban comandadas por Abu-l-Aswad, luchas que culminarían con la derrota de los ejércitos bereberes en la batalla de Qastuluna. 

También tuvo protagonismo en las luchas acaecidas entre los siglos IX y X, con la la ocupación de Qastuluna por el rebelde muladí Ubay ben Alah ben AI-Shaliya, quien gobernó este ámbito territorial durante aproximadamente veinte años, hasta que Abd al-Rahman III puso fin a su revuelta, recuperando este emplazamiento, quedando Qastuluna integrada dentro del iqlim (distrito) de Bayyasa (Baeza).

Finalmente, la inseguridad generada en el Alto Guadalquivir tras la caída del Califato y la formación de los reinos de Taifas, determinó que muchas alquerías de la zona se fortificaran, proceso que se aceleraría con las algaradas y expediciones llevadas a cabo por estos territorios los ejércitos cristianos, principalmente durante el periodo almohade, lo que determinó la construcción de fortalezas en puntos estratégicos de los principales cursos fluviales del Alto Guadalquivir. A este proceso de fortificación corresponde la construcción de una torre de tapial que conformaría el germen del Castillo de Santa Eufemia.

Tras su conquista de esta zona en 1227, los pobladores cristianos se establecen principalmente en las ciudades y en los recintos fortificados más significativos, abandonándose definitivamente numerosos asentamientos rurales, husun campesinos y otras fortalezas alejadas de las zonas fronterizas. No obstante, dado su carácter estratégico para el control de las vías de comunicación de esta zona, los elementos defensivos de Cástulo serían ampliados con la edificación de un castillo que utilizó la antigua torre islámica como torre de Homenaje. No obstante, en el siglo XIV, dada su lejanía de la nueva línea fronteriza (Cordilleras Béticas), Cástulo es abandonado definitivamente, siendo utilizado como cantera que abastecería de materiales de construcción a las ciudades de Baeza y Linares. Un siglo más tarde se ordena la demolición de las murallas y restos de edificios que quedaban en pie.
 

Breve descripción

El asentamiento de Cástulo está ubicado sobre una gran meseta a unos 300 m de altura, en la margen derecha del río Guadalimar. El castillo de Santa Eufemia ocupa una meseta independiente al sur de la principal, fuertemente defendida por la pronunciada pendiente de sus laderas, que crean un desnivel de 40 metros. En ella los almohades erigieron una gran torre de tapial, que los castellanos convertirían en un pequeño castillo al rodearla con una nueva cerca de murallas jalonada por torres de dimensiones más reducidas. Su flanco norte, menos escarpado, se protegió con un foso.
Cástulo fue un destacado núcleo de población y uno de los oppidum más importantes de Andalucía, gracias a la explotación de las minas de Sierra Morena, de las que se extraían materiales desde la Edad del Bronce hasta que en el siglo V se inicia su decadencia, una circunstancia que le llevaría a perder protagonismo en favor de la vecina ciudad de Baeza. El Cástulo islámico se convirtió en un enclave conocido como hisn Qastuluna, que desarrollaría una actividad económica centrada en la explotación agrícola y ganadera de su entorno más inmediato. Según las fuentes textuales islámicas, entre los siglos IX y X participó en los conflictos que enfrentaron al Estado Omeya y a sectores tribales beréberes, así como en las sublevaciones protagonizadas por las comunidades campesinas muladíes. Finalmente, la inseguridad generada en el Alto Guadalquivir tras la desaparición del Califato de Córdoba, y su fragmentación en reinos de Taifas, sumado al avance de los ejércitos cristianos, determinó la construcción de la fortificación de Santa Eufemia, en época almohade, que los castellanos completarán en la primera mitad del siglo XIII. Un siglo más tarde Cástulo y el castillo fueron abandonados definitivamente.

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Castillo de San Esteban

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Datos Históricos

Como es habitual en el Alto Guadalquivir, el origen de Santisteban se remonta a un antiguo poblado ibérico, así, en época del emperador Adriano había un oppidum conocido con el nombre de Ilugo, ubicado cerca de la actual población.

La romanización entró en crisis en los siglos II y III de nuestra era y, durante la etapa visigótica, cambió el primitivo nombre de Ilugo por el de San Esteban.

En época musulmana el municipio se conoció con el nombre Sant Estiban, siendo cabecera de un Iqlim o distrito, según distintas crónicas árabes. Desde el principio de la invasión árabe, esta zona será en distintas ocasiones subyugadas como lugar estratégico de paso hacia Toledo. El trazado por la Comarca de importantes vías romanas (Augusta o Camino de Aníbal) provocó que fuera una ruta habitual durante la ocupación árabe. 

El ser arteria de comunicaciones y plaza fuerte por su orografía, le valió también ser protagonistas de las luchas entre los Banu Habil contra el poder central del omeya.

En 914, el castillo de Santisteban fue ocupado por los cuatro hermanos Banu Habil. Uno de ellos, Habil, fue atacado por un ejército cordobés. El rebelde llegó a un acuerdo con Abd al-Rahman, mediante el cual prometía servir al emir y participar con su gente en las expediciones que este realizara, pero a condición de que se le permitiera continuar viviendo en Sant Astiban.

En 924 Abd el-Rahman III durante veinticinco días cercó estrechamente el castillo de San Esteban e hizo construir hasta seis fortines en su entorno para estrechar el cerco y, no pudiendo proseguirlo personalmente, encargó a sus generales que rindieran la fortaleza. El asedio rescató esta plaza para los omeyas.

Su sistema defensivo, al hundirse el Califato de Córdoba, se hizo más complejo y eficaz. Se reestructuró la fortificación dotándola de murallas con tapial de argamasa, se ensanchó el arrabal, se mejoró la canalización de aguas, se dotó a la población de fuentes y de aljibes y se construyó una fuerte alcazaba en la cumbre del cerro.

Este castillo fue sitiado en 1225 por Fernando III el Santo, al que se le rindieron los musulmanes en 1226. Santisteban se entregó a cambio de una suma de dinero y acémilas. 

Con ello quedaba subsanada una grave deficiencia: hasta entonces las conquistas andaluzas de Castilla habían estado unidas a ella por un estrecho cordón umbilical (el territorio comprendido entre las cuencas de Jándula y el Guarrizas). Con la adquisición de Iznatoraf y Santisteban se aseguraban los caminos de Úbeda y Baeza. 

Aunque, en principio, el rey le dio rango de tierra de realengo, a partir de 1254, Alfonso X lo donó a Úbeda, si bien por mandato de Sancho IV, en 1285, recuperó su condición de villazgo de realengo asignándole la custodia del puerto de Montizón. Esta situación se mantuvo hasta que Fernando IV, en 1300, lo concedió en señorío a la Orden de Calatrava, aunque solo tres años después volvió a recuperar su condición de tierra de realengo.

El papel preponderante de la capital del Condado, en la baja Edad Media, hizo que se dotara el castillo de una torre rectangular, actualmente muy deteriorada, que abría con puerta de arco gótico, cubierta en su interior con bóveda de medio cañón apuntada y, en 1337, Alfonso XI consolidó el conjunto de la fortificación, al levantarse una nueva y sólida muralla que discurría por lo que después sería el palacio de los duques de Medinaceli, con accesos como las puertas nombradas como Ojo de la Villa, los Tiradores del Salteadero, la de Baeza y la Nueva o del Espíritu Santo.

A partir de 1371, Enrique II convirtió Santisteban en señorío a favor de Men Rodríguez de Benavides, incluyendo además Navas y Castellar. En 1473 Enrique IV concedió a Díaz Sánchez de Benavides el título y privilegio de Condado de Santisteban y así lo confirmaron los Reyes Católicos.

Fue declarado Bien de Interés Cultural en el BOE el 29 de junio de 1985.

Descripción

En torno al escarpe de la meseta se organizaron sucesivamente el oppidum y el castillo altomedieval. Sobre este asentamiento construyeron los beréberes un recinto de calicanto muy empedrado que coronaba el cerro en tornos a los siglos XI y XII. Para asentarlo hubieron de excavar parcialmente el borde del escarpe y luego, concluido el muro, rellenaron el espacio interior, contribuyendo con ello a la nivelación de la meseta natural. 

Esta obra se completó con otra cristiana en el siglo XIII en cuyo recinto cabían holgadamente más de dos mil personas.

El castillo, con unas medidas de  62 por 140 metros, contaba con torreones tanto macizos como huecos. El único torreón que queda en la actualidad, cuya función básica era la de proteger y vigilar el acceso al castillo, es de planta rectangular, y mide 6,10 por 5,30 m de lado. 

La entrada a la torre se hacía por una puerta rematada por un arco apuntado. En una de las jambas de la entrada, cerca del suelo, un mampuesto presenta una cruz potenzada toscamente labrada. El aposento interior se cubría con bóveda de medio cañón apuntada. 

Aparte del castillo, hubo murallas construidas en 1337 de las que aún quedan vestigios en el pueblo, así, en el lado Norte se pueden apreciar restos de una muralla que bajaba por la ladera hasta otro pequeño cerro conocido como La Torrecilla, en la que existía un torreón que desapareció totalmente y que cerraba la población por el oeste; o también se puede destacar una torre albarrana rectangular que es hoy día el campanario de la iglesia de Santa María.

Los habitantes del castillo se comunicaban con el pueblo por medio de unas minas que partían desde el centro de la meseta y medían unos setecientos metros. 

De su pasado ibero-romano se han encontrado infinidad de restos arqueológicos: exvotos íberos de bronce y barro, cuentas de collar poli cromadas, cerámicas prerromanas y romanas, y monedas de estas épocas.

Breve descripción

Santisteban del Puerto y su término están situados entre la margen izquierda del Guadalimar y los bordes meridionales de la Meseta. Sus formas son suavemente alomadas y acumula una gran diversidad de ecosistemas. 

El Castillo se situó en un cerro amesetado, de perímetro amurallado casi rectangular, con 820 metros de altura y unos doscientos de diámetro. Su sistema defensivo alcanzaba parte de la población. Desde la fortaleza se conectaban los castillos de Vilches, Torre Alver, Iznatoraf y Chiclana.

Ubicación
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38.249610
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-3.209460
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C/ Murallas, 18
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Castillo de Sabiote

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Breve descripción

La fortificación de Sabiote tuvo su origen en un pequeño asentamiento fortificado emiral-califal, que fue arrasado por la construcción de una sólida fortaleza de la Orden de Calatrava, un recinto amurallado de planta rectangular con siete torres macizas. La adquisición del conjunto por Don Francisco de los Cobos a finales del siglo XV o principios del XVI, provocará la última gran transformación, al encargar a Andrés de Vandelvira la reforma del castillo para transformarlo en un majestuoso palacio renacentista que se articula en torno a un patio porticado, en lo que fue la antigua plaza de armas.

Las excavaciones arqueológicas han confirmado a la existencia de un poblado de la Edad del Cobre, en la zona del castillo, así como su ocupación en época islámica con los restos de un núcleo amurallado islámico fechado entre los siglos XI y XIII (Hisn Sabiyyuto), que fue conquistado por Fernando III entre 1227 y 1229. En 1257, la Orden Militar de Calatrava recibe la villa de manos de Alfonso X, construyendo una nueva fortaleza que participará en la defensa de las fronteras durante los siglos XIII y XIV; en las luchas nobiliarias durante el reinado de Enrique IV, (segunda mitad del siglo XV); y en la lucha por la sucesión al trono de Castilla, en el bando de Isabel. En 1537 Don Francisco de los Cobos adquiere la villa. 
Declarada Conjunto Histórico-Artístico en el año 1972, integra el llamado Triángulo del Renacimiento, junto con Baeza y Úbeda, y forma parte de la Ruta del Renacimiento “Andrés de Vandelvira”, junto a Úbeda, Baeza, Canena y Villacarrillo.

El asentamiento que surgió en Sabiote tras la conquista islámica, probablemente sería un lugar de refugio dotado de una muralla de tapial de tierra, utilizado por los pobladores de las alquerías de su entorno más inmediato.  

La aproximación de los ejércitos cristianos tras la conquista de Toledo y territorios de La Mancha, con el consiguiente desplazamiento de población hacia el sur, ocasionó la expansión del centro urbano de Sabiote, ampliándose su recinto amurallado hacia el sur y suroeste. A este momento pertenecen algunas reformas en el antiguo recinto amurallado, sobre todo en el sector Nororiental, entre las que destacan las tres torres macizas de mampostería que se adosan a los lienzos de tapial.

Pero la mayor transformación de la trama urbana se produjo tras la conquista castellana, entre 1227 y 1229, y su concesión a la Orden Militar de Calatrava en 1257 por Alfonso X. La ampliación del casco urbano hacia las vertientes Norte, Oeste y Suroeste, que quedaron circunscritas por una nueva muralla, y el refuerzo de las antiguas defensas, se completó con la construcción de una sólida fortificación en el extremo Norte del antiguo hisn, que supuso la destrucción del hábitat musulmán en esta zona.

La nueva fortaleza, un recinto en mampostería, de planta rectangular, estaba jalonada por siete torres macizas edificadas con el mismo material, cuatro de ellas esquineras y el resto en los espacios intermedios. Entre estas últimas sobresale la gran Torre de Homenaje en el frente Sur, que protegía la puerta principal y a la que se accedía por un patín que conducía a la primera planta. El castillo se organizó entorno a un pequeño patio pavimentado con losas de piedra, muy alterado por las construcciones renacentistas. En el sector Este se levantó un lienzo de muralla entre las torres de la Puerta y del Baluarte, creando un amplio patio cerrado. La fortificación contó con diversas dependencias para uso cotidiano, entre las que destaca una que, por sus dimensiones y elementos documentados en intervenciones arqueológicas, pudo corresponder a una casa Tercia que la Orden edificaría en el interior de la fortaleza. En la zona Norte, se documentó una estructura con dirección Este-Oeste, que pudo utilizarse como la capilla u oratorio del castillo.

Entre finales del S. XV y principios del XVI, Sabiote pasa a manos de Don Francisco de los Cobos, quien encarga a Andrés de Vandelvira la transformación del castillo en un majestuoso palacio renacentista, reformas que afectarán tanto al espacio interior como a sus sistemas defensivos. Se amplían las torres de los ángulos con sólidos baluartes, se engrosan los lienzos de muralla al revestirse con refuerzos de mampostería regular y bloques de sillarejo en las esquinas, 
La función residencial se potencia erigiendo nuevos cuerpos palatinos, que alcanzan los cuatro pisos, y cambian los accesos al interior de la fortaleza. La puerta principal, un arco de medio punto monumental coronado con el escudo de la familia de los Cobos, en el lienzo Sur, estaba precedida de un foso, salvado mediante un puente levadizo. En el espacio interior se crearon nuevas dependencias en torno a un gran patio porticado, con arcos sobre columnas en tres de sus frentes, que ocupaban en gran medida todo el antiguo patio de armas. La construcción de los patios inferiores y de unas caballerizas subterráneas provocó la destrucción de la mayor parte de las estructuras y estancias internas de la fortaleza medieval, como la Torre del Homenaje o el patín.

El conjunto fue ampliamente restaurado durante la segunda mitad del siglo XX.

Las excavaciones arqueológicas realizadas en la Plaza del Castillo, en el tramo norte y este del recinto amurallado y en su interior, documentaron la ocupación de la actual Sabiote desde la Prehistoria. La aparición de tumbas en cista, fondos de cabañas y silos, así como numeroso material, confirma la existencia de un poblado del periodo Calcolítico (2500 a. C.). Este tipo de asentamientos tenían una economía de subsistencia basada en la caza, la pesca, la recolección y la agricultura, favorecida en este caso por la proximidad de la fértil vega de los ríos Guadalquivir y Guadalimar.

Los estudios arqueológicos documentaron también la existencia de dos fases de ocupación de época islámica, una primera entre los siglos VIII-X y una segunda, del siglo XI al XIII, más importante que la primera desde el punto de vista estructural, que se correspondería con los restos de un núcleo amurallado islámico, denominado Hisn Sabiyyuto.

Este núcleo de población fue conquistado por Fernando III entre 1227 y 1229, durante las incursiones militares desarrolladas en la Loma de Úbeda. A partir de estos momentos se otorga al municipio el Fuero de Cuenca. En el año de 1257, Alfonso X entregó la villa a la Orden Militar de Calatrava en compensación por la villa y castillo de Almoguera.

Los calatravos llevaron a cabo una profunda transformación en el asentamiento islámico, construyendo un castillo en el punto más estratégico del antiguo hisn islámico, a la vez que emprendían la edificación de un nuevo recinto amurallado que engloba y anula en algunos puntos las defensas musulmanas. La trama urbana fue enormemente transformada, abandonándose amplios espacios intramuros, algunos de los cuales se aprovecharon como zonas de necrópolis.

La red de fortificaciones erigida por la Orden de Calatrava jugó un importante papel fronterizo en la expansión territorial emprendida por los ejércitos castellanos durante los siglos XIII y XIV; en el marco de las luchas nobiliarias durante el reinado de Enrique IV, en la segunda mitad del siglo XV; y posicionándose en el bando de Isabel en la lucha por la sucesión al trono de Castilla.

Sabiote pertenecerá a la Orden Militar de Calatrava hasta finales del S. XV o principios del XVI, siendo finalmente vendida por Don Alonso de Baeza a Don Francisco de los Cobos. El nuevo propietario encargará a Andrés de Vandelvira la reforma del castillo para transformarlo en un majestuoso palacio renacentista.

Telecomunicaciones
Sitio web
www.sabiote.com
Teléfono de contacto
953 773 002
Ubicación
Nombre
Castillo de Sabiote
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23410
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38.071190
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Castillo de Navas de Tolosa

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El castillo de las Navas de Tolosa está conformado por un recinto amurallado con forma de trapecio y una torre de planta hexagonal situada en su ángulo noreste. Posiblemente existía un segundo recinto externo al que pertenecerían algunos lienzos visibles en el entorno del castillo.

El recinto de la fortificación, muy destruido, posiblemente fue construido en  tapial de argamasa sobre un basamento de mampostería, se adapta a la meseta rocosa sobre la que se asienta, utilizándola como cimentación y como parte de su defensa. En su interior se distinguen algunos tramos de muros que pertenecerían a dependencias internas y un posible aljibe. 

Se conservan dos accesos al interior de la fortaleza, la puerta principal estaba situada en su lado oeste, protegida por un muro acodado que apoya en un escarpe de roca natural. En el flanco oriental, junto a la torre, se abre una estrecha poterna parcialmente oculta por una roca que le da protección visual y crea un pasillo acodado para llegar hasta ella.

La torre, construida en un tapial muy compacto por su alto contenido de cal, conserva unos 14 m de alzado desde el exterior y tan solo dos desde el interior. En el enlucido exterior de la torre se aprecian aún unas líneas que formarían parte de algún tipo de decoración o simulación de grandes sillares, técnica conocida como falso despiece, sobre todo en la zona de la poterna. 

En su interior existe un espacio rectangular que ocupa gran parte de la estancia, dejando un pasillo estrecho que lo rodea. Posiblemente se trate de un aljibe para recoger y almacenar el agua de la lluvia, cuya cubierta sostendría el suelo del primer piso de la torre. 

Al noreste de la fortaleza se observan vestigios de un edificio rectangular con divisiones internas, quizá la ermita que se erigió poco después de la conquista cristiana. Otros muros que se distinguen en su entorno podrían evidenciar la existencia de una pequeña alquería. 

La zona de Despeñaperros ha atraído pobladores desde la Prehistoria por su escarpada orografía, en la que proliferan cuevas y abrigos, como por sus parajes naturales propicios para la sacralización. 

Pero fue su valor estratégico respecto a los pasos naturales que atraviesan Sierra Morena, por lo que se erigieron fortificaciones durante la Edad Media, e incluso en períodos anteriores, con el objetivo de controlar las vías de comunicación entre la Meseta y al-Ándalus. 

Aunque la pequeña meseta pudo estar habitada ya en la Edad del Bronce y en época romana, el Castillo de Navas de Tolosa, sería construido entre los siglos XI-XII por los musulmanes para el control de los pasos naturales de Despeñaperros. Años después, estos reforzarían su papel defensivo en un intento de frenar el avance de las tropas cristianas. Esta fortaleza se convirtió en una de las que “puertas” del paso del Muradal, junto con Castro Ferral, lo que le convertía en un objetivo a batir. Tras la batalla de las Navas de Tolosa quedará definitivamente en poder de Castilla. 

La fortaleza formó parte del escenario de uno de los hitos más destacados de la historia medieval peninsular, por su trascendencia en el avance de los reinos cristianos sobre al-Ándalus, la batalla de las Navas de Tolosa, librada el 16 de julio de 1212. Concebida como cruzada, fue una contienda en la que las rutas y pasos hacia la Meseta jugaron un papel fundamental. En ella se enfrentaron una coalición de reyes cristianos, Alfonso VIII de Castilla, Pedro II de Aragón y Sancho VII de Navarra, apoyados por el papa Inocencio III, contra el califa almohade Muhammad al-Nasir, en cuyo ejército se integraron combatientes procedentes del Magreb, de territorios subsaharianos y de contingentes turcos.

El 12 de julio de 1212, tropas al mando de Don Diego López de Haro tomaron el Puerto del Muradal. Dos días más tarde, tras ser bloqueados en el paso de la Losa, los cristianos acampan en el paraje conocido como Mesa del Rey, desde donde acudieron a la batalla, derrotando al ejército almohade.

Tras la victoria de los ejércitos cristianos, la fortificación de las Navas mantendría su importancia en la ruta del Muradal a lo largo del siglo XIII, convertida en uno de los puntos estratégicos para el control del paso de tropas durante la conquista del Alto Guadalquivir. En 1217 el arzobispo de Toledo se adjudicó los castillos de la región, con el consentimiento del papa Honorio III, quien los confirmó como límites de la archidiócesis toledana. 

Según las fuentes escritas este espacio fue repoblado por contingentes castellanos a lo largo del siglo XIII, derribándose su castillo en 1473 por mandato de la Ciudad de Baeza.

Breve descripción

El castillo de Navas de Tolosa es una pequeña fortificación en altura que aprovecha las posibilidades defensivas que le ofrece la formación rocosa sobre la que se asienta, un hisn de cierta envergadura, capaz de albergar una pequeña guarnición militar. Está formada por un recinto amurallado y una torre hexagonal, pudiendo haber contado con un segundo recinto que los protegiera. Por la presencia en su entorno de numerosos vestigios de construcciones pudo haber estado rodeado por una pequeña población que encontraría refugio entre sus murallas en caso de peligro.
El castillo de las Navas de Tolosa o de los Collados o de las Águilas fue una de las fortalezas que se construyeron para proteger el Puerto del Muradal, uno de los principales pasos de montaña que comunicaban al-Andalus con la Meseta. La trascendental batalla de las Navas de Tolosa marcó su historia, ya que sería tomado por los castellanos en el marco del enfrentamiento entre los bandos cristiano y musulmán, en julio de 1212. Durante el siglo XIII, tendría la función de proteger y vigilar el paso de tropas y aprovisionamientos para las campañas llevadas a cabo por los ejércitos cristianos en la conquista de al-Andalus.
 

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38.299530
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En las proximidades de la A-IV, pasado el kilómetro 265, entre Santa Elena y La Carolina.
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Castillo de Mata Bejid

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Descripción
Breve descripción

Fortaleza de origen musulmán de planta rectangular. Tiene dos torres a ambos lados bastante deterioradas, la del Norte consta de una estancia interior cubierta con bóveda apuntada (torre del homenaje), y la del Sur tiene un cuerpo bajo macizo y el superior habitable. El castillo se divide en dos grandes zonas, la plaza de armas (se convirtió en tiempos recientes en un cortijo, del cual se conservan los arcos de las zahúrdas que daban a este gran patio) y el alcázar islámico (a un nivel superior con respecto al resto del castillo).

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Castillo de Lopera

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2292974
Descripción
Descripción larga

La construcción original fue una iglesia rural fortificada, erigida en mampostería rejuntada con mortero de cal, de planta basilical irregular y cabecera cuadrangular desplazada hacia la izquierda, una característica que define a las conocidas como Iglesias de cabecera “torcida”. Estaba dividida en tres naves, la central de mayor anchura, por arquerías sobre pilares y columnas, careciendo de crucero, cuyos capiteles presentan una decoración tardorománica. 

En el exterior, en su lado norte, se localizaron durante las excavaciones arqueológicas parte de un foso excavado en la base geológica en forma de “U”, con una profundidad aproximada de 2 m, y un muro de mampostería unida en seco que apoya directamente sobre el foso, posiblemente un antemural que delimitaba una estrecha liza.

Las excavaciones revelaron también la existencia de numerosas inhumaciones tanto en el interior como en el exterior del templo, la mayoría en la cabecera y en su entorno. Los cuerpos descansaban en fosas trapezoidales o antropomórficas excavadas en la roca, algunas con la cabecera marcada, y cubiertas por túmulos de tierra o, en algunos casos, con losas de piedra. Destacaba un enterramiento cubierto por parte de un gran recipiente cerámico.

Este primer edificio fue destruido e incendiado por los ejércitos nazaríes de Muhammad V, aliados del rey Pedro I, en torno a 1368, durante los conflictos que enfrentaron al rey castellano y su hermanastro Enrique II de Trastámara.

Tras su destrucción se levanta una nueva iglesia que mantiene su trazado, aunque incorpore modificaciones. Se erigen dos torres, la de San Miguel, a los pies de la iglesia y la de Santa María, que englobará la cabecera, ahora con forma semicircular en el interior.

A esta nueva fortificación corresponde el recinto amurallado externo que se conserva hoy, con trazado pentagonal irregular y cinco torres esquineras macizas, construido en mampostería. Estuvo defendido por un antemuro o una barbacana y un foso. En el patio de armas se reconstruyó la nueva iglesia fortificada a modo de alcázar: dos grandes torres unidas por dos lienzos de murallas que forman un amplio adarve con aspilleras, soportado por arcos de medio punto sobre contrafuertes.

Este edificio se dividía funcionalmente en dos ambientes: el inferior de uso religioso y el superior de uso militar. El espacio de culto se dividía en tres naves, siendo la central de mayor anchura. Sobre el área de culto se conformó una amplia terraza, que ejercería la función de patio de armas y daba acceso a los elementos defensivos de las murallas y torre de Santa María. En este momento los enterramientos se concentrarán en la zona exterior, relegándose de la cabecera e inmediaciones, con la excepción de dos sepulturas que se emplazan en el interior junto al gran arco que da acceso a la zona absidal, el espacio más sagrado de esta nueva iglesia.

Entre finales del siglo XV y la primera mitad del XVI se produce la adaptación de esta iglesia fortificada a castillo-palacio. Las obras consistieron en la edificación de dos grandes cuerpos y un pequeño patio porticado con tres arcos carpaneles con capiteles renacentistas, que serviría como eje articulador de la residencia nobiliaria, en torno al cual se distribuyen diversas dependencias. 

La zona absidal de la iglesia, fue transformada en oratorio por el Comendador de Lopera D. Juan Pacheco en 1535, cubierto por una bóveda de cañón esquifada y decoración con yeserías renacentistas e inscripciones pintadas, al que también se accedía desde el patio exterior por una nueva puerta practicada en la fachada norte, dotada de pórtico sobre columnas.

En el exterior del edificio, las excavaciones arqueológicas sacaron a la luz un espacio ajardinado, con un amplio patio, con una fuente que se abastecía con el agua extraída por una noria y una zona de huerto, que confirman su utilización como vivienda residencial. 

En el siglo XX el castillo funcionó como residencia y bodega, fase de la que se conservan numerosos trujales enterrados al oeste de la torre de San Miguel, lo que provocó la destrucción de los niveles arqueológicos. 

En el entorno de Lopera se han hallado yacimientos de la Edad del Bronce y del Hierro; asentamientos del Bajo Imperio Romano con una ocupación continuada hasta época visigoda; así como asentamientos rurales de época Emiral, que utilizaron como lugar de refugio común al Cerro de San Cristóbal, entre ellos la propia alquería de Lopera, que podríamos identificar con la población de Bayyara que citan las fuentes islámicas. Las investigaciones arqueológicas ejecutadas hasta la fecha en su casco histórico constatan la existencia de esta alquería que explotaba los recursos agrícolas de la zona en los siglos XII y XIII. 

Tras la conquista, Lopera fue entregada, en 1240–1241, a la Orden Militar de Calatrava, creando la Encomienda de Lopera, la cual reforzaría sus primitivas defensas entre los siglos XIV y XV. La Orden logró conformar un extenso señorío en el extremo suroeste de la actual provincia de Jaén, que comprendía amplias zonas de la Campiña y buena parte del piedemonte de las Sierras Sur, fronterizo con el Reino de Granada, lo que le llevó a promover una amplia labor de fortificación en sus posesiones. 

Esta red de fortificaciones jugó un importante papel fronterizo en la expansión territorial emprendida por los ejércitos castellanos durante los siglos XIII y XIV, recuperando protagonismo en la segunda mitad del siglo XV, en el marco de las luchas nobiliarias durante el reinado de Enrique IV.  En el enfrentamiento entre los partidarios del monarca castellano contra los seguidores de una coalición nobiliaria encabezada por D. Pedro Pacheco, Marqués de Villena y D. Pedro Girón, Maestre de Calatrava, participando activamente en la contienda los miembros de la Orden. Durante el conflicto la fortaleza de Lopera fue atacada y saqueada en 1466 por los aliados del Condestable de Castilla, capitaneados por el Alcalde de Andújar, Pedro de Escavias. Fue declarada villa independiente por Felipe II, en 1595.

En el siglo XIX, con la desamortización, los bienes de la iglesia fueron adquiridos en su mayor parte por burgueses, pasando la propiedad del castillo a manos de Alonso de Valenzuela, diputado y alcalde de Lopera, en 1856.

Durante la Guerra Civil española, Lopera se convirtió de nuevo en escenario destacado de un enfrentamiento bélico, ya que la línea divisoria entre ambos bandos nacional y republicano, conocido popularmente como frente de Andújar se situó en los alrededores de la localidad. De esta contienda han quedado numerosos vestigios en el entorno de Lopera: nidos de ametralladoras, trincheras republicanas, un fortín antitanques, sótanos y cuevas utilizados como refugios antiaéreos en la misma localidad. El episodio más destacado fue la Batalla de Lopera, librada entre los días 27 y 29 de diciembre de 1936, por la que los ejércitos sublevados conquistaron Lopera.

Finalmente, en el siglo XX la fortaleza calatrava fue utilizada como bodega de vinos, un nuevo uso que transformó profundamente la estructura original del conjunto defensivo, acondicionado como residencia temporal y bodega e introduciendo cambios irreversibles en el castillo.

Breve descripción

El castillo de Lopera, que actualmente está formado por dos recintos, ofrece una configuración fruto de su compleja evolución histórica, partiendo de una iglesia fortificada original hasta convertirse en un castillo-palacio formado por dos grandes torres unidas por dos lienzos de muralla, emplazado en el centro de un recinto amurallado con torres en las esquinas. 
Tras la conquista castellana, Lopera fue entregada, en 1240–1241, a la Orden Militar de Calatrava, creando la Encomienda de Lopera, la cual reforzaría sus primitivas defensas entre los siglos XIV y XV. Jugó un importante papel como fortaleza fronteriza en el avance de los ejércitos castellanos por la Campiña giennense durante los siglos XIII y XIV, recuperando protagonismo en la segunda mitad del siglo XV, en el marco de las luchas nobiliarias que se dirimieron durante el reinado de Enrique IV. Fue atacada y saqueada en 1466 por los aliados del Condestable de Castilla, capitaneados por el Alcalde de Andújar, Pedro de Escavias. Finalmente, en 1595 fue declarada villa independiente por el monarca Felipe II.

Ubicación
Código Postal
23780
Latitud
37.943710
Longitud
-4.213650
Dirección
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Martes a viernes: pases a las 10:00 y 12:00. Sábados y domingos: pases a las 10:00, 12:00 y 17:00 (invierno) o 09:00, 11:00 y 13:00 (verano).

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Castillo de las Peñuelas

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4658382
Descripción
Breve descripción

En las crónicas cristianas se cita como una fortaleza musulmana. En los restos que quedan se pueden observar dos fortificaciones distintas. Una anterior con un recinto interior amurallado, con dos puertas de entrada. Una de ellas protegida por dos torreones circulares y la segunda defendida por dos torreones cuadrados. Tenía otro torreón más alto que los anteriores que hoy es el campanario de la Iglesia. El segundo recinto exterior es posterior, se encuentra más dañado y servía de ampliación a la primitiva fortificación. 

Telecomunicaciones
Sitio web
www.redjaen.es/francis/?m=c&o=13588
Teléfono de contacto
953 360 003
Correo electrónico
pegalajar@promojaen.es
Ubicación
Código Postal
23110
Latitud
37.738090
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-3.652220
Dirección
Casco urbano de Pegalajar
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Municipio
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Castillo de Las Fuentes

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6623566
Descripción
Breve descripción

Esta pequeña atalaya o puesto de vigilancia se sitúa en lo alto de un cerro, dominando parte del valle del río Guadalimar. El material de construcción es la mampostería, mal ripiada y recubierta de tapial.
Actualmente se encuentra en un estado de ruina progresiva.

Telecomunicaciones
Sitio web
www.benatae.es
Teléfono de contacto
953 480 378
Correo electrónico
benatae@promojaen.es
Ubicación
Código Postal
23390
Latitud
38.352650
Longitud
-2.654430
Dirección
Los Lagartos dirección Siles, 1.5 km
Distrito
Municipio
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Castillo de la Yedra

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2275295
Descripción
Descripción larga

El Castillo de la Yedra, o de las cuatro Esquinas, se encuentra en un espolón lateral del Cerro de Salvatierra, en cuya cima se ubica el Castillo de las Cinco Esquinas, ocupando un elevado emplazamiento sobre el núcleo urbano de Cazorla. Por su parte, el Castillo de la Yedra conforma un conjunto amurallado formado por una serie de recintos escalonados que se adaptan a los distintos niveles del terreno en que se asienta. En la actualidad se pueden distinguir tres recintos diferenciados que ascienden por la ladera noreste del cerro: la albacara, el recinto medio y el alcazarejo, comunicados mediante caminos con rampas y escaleras que salvan una disposición aterrazada. 

De época musulmana es la albacara de tapial, que formaría parte de una primera fortificación que ocuparía los niveles más altos de la actual fortaleza. En su interior, se conservan los restos de un aljibe y una alberca adosados. Este recinto era de tapial calicastrado al que en época cristiana se le añadieron torreones de sillería. El acceso a su interior se localiza en su flanco este, una puerta con arco apuntado sobre el que se dispone otro de medio punto con una función de descarga, fue construida entre los siglos XII y XIII. A su fachada exterior se le añadió con posterioridad el escudo de la familia Bernardo de Sandoval y Rojas y la fecha de 1606.

Prácticamente embutido en la albacara o recinto exterior, que lo rodea casi por completo excepto por el sur, ocupando la zona más escarpada, se encuentra el recinto medio. A este se accedía desde la albacara a través de una especie de bastión que dificultaba el acceso. Tiene una distribución en terrazas conectadas entre ellas a través de caminos con rampas y escaleras. 

En la segunda mitad del siglo XIII los conquistadores cristianos mejoraron estas defensas, para lo cual emplearon mampostería y ladrillos, reforzando elementos ya existentes y construyendo otros nuevos, como el alcazarejo o los torreones de sillería que se añadieron al muro de la albacara. 

El alcazarejo se comunicó con el recinto a través de un acceso estrecho y tortuoso, situado en la zona suroeste, que asciende por una rampa con tramos de escalones. Ocupa el lugar más elevado, delimitado por un recinto amurallado de trazado irregular que rodea la Torre del Homenaje y un patio de armas, y que se adapta a la forma del espolón rocoso en que se asienta. La construcción combina la mampostería y el tapial calicastrado. Al interior de este pequeño recinto se accedía desde el exterior por una entrada en recodo, casi una poterna, que se abre en su lado suroeste. La Torre del Homenaje, de planta cuadrada, con aljibe y tres salas es una de las construcciones más tardías, siendo edificada en el siglo XIV, y en la actualidad acoge el museo de artes y costumbres populares del alto Guadalquivir.

En las inmediaciones de Cazorla se han documentado asentamientos neolíticos en las terrazas inferiores del río Cerezuelo y otros datados entre el Cobre final y el Bronce, en el cerro de la Bola, junto al de Salvatierra.

Posteriormente los romanos se asentaron en esta región, que será conocida como Saltus Tugiensis, llamando a estas sierras Mons Argentarius por las minas de plata que encontraron, habiéndose producido algunos hallazgos arqueológicos de este período dentro del casco urbano de la actual Cazorla.

Las investigaciones arqueológicas realizadas en el Castillo de Salvatierra han identificado los restos de un asentamiento de altura, posiblemente una pequeña aldea que se adapta a la orografía acusada del cerro. Una configuración similar tuvo que tener Cazorla, pero será en durante el periodo de las primeras taifas, pero sobre todo durante el dominio almohade cuando se erijan las primeras estructuras de fortificación en la zona, pequeñas fortificaciones que tenían como función el control del espacio a la vez que actuaban como lugares de refugio para la población campesina de su entorno. Entre los siglos XII-XIII con el establecimiento de la frontera en el Alto Guadalquivir, estos territorios estuvieron sometidos a continuos cambios, convirtiéndose estas fortificaciones, ante la presión de los ejércitos cristianos, en la línea de defensa al sur del río Guadalquivir, teniendo como cometido controlar las vías de comunicación que permitían alcanzar el interior de Andalucía. 

En el año 1231 Fernando III concedió mediante privilegio rodado el señorío de la villa de Quesada, aún por conquistar, a la iglesia de Santa María de Toledo, para que en su nombre la tuviera el arzobispo primado de Toledo, Don Rodrigo Ximénez de Rada. Meses después el arzobispo se lanzó a la conquista de Quesada y de todas las localidades próximas, incluida Cazorla, apoderándose del núcleo central de lo que posteriormente constituirá el señorío del Adelantamiento de Cazorla.

La localidad, a la que don Rodrigo Ximénez de Rada, en su obra De Rebus Hispanae (siglo XIII), se refiere como Castorla, comenzó a tener un papel importante como un lugar estratégico desde el punto de vista militar. A estos momentos pueden corresponder el fortalecimiento del Castillo de la Yedra y la construcción de algunos de los elementos de fortificación del Castillo de Salvatierra o de las Cinco Esquinas. En 1265 figura entre los municipios que integran la hermandad de Andújar. 

A mediados del siglo XIV, durante la guerra civil entre Pedro I y Enrique II Trastámara, Cazorla se mantuvo fiel al rey, mientras que el arzobispo de Toledo apoyaba al bando Trastámara, por lo que, tras el conflicto, el arzobispo concedió el rango de villa a La Iruela que le había sido fiel. Las fortificaciones de Cazorla debieron quedar en muy mal estado y en la primera década del s. XV, se acometieron reformas y se erigió la torre del homenaje del Castillo de la Yedra. Obras que también se llevaron a cabo en la fortificación de Salvatierra en la segunda mitad del siglo XV, especialmente bajo el arzobispado de D. Alfonso Carrillo.

Tras la conquista del reino de Granada a finales del s. XV, el Adelantamiento pierde su función y condición como marca militar, adquiriendo mayor independencia de Toledo.

Durante los siglos XVII y XVIII, los castillos de Cazorla, ya sin función defensiva, vivirán un período de abandono. A principios del siglo XIX con la guerra de la Independencia y ante la invasión francesa, volverán a tomar cierta relevancia, instalándose en el Castillo de la Yedra una guarnición francesa al mando del teniente coronel Navilles. Fue el último conflicto militar en el que participaron las fortalezas de Cazorla, sufriendo a partir de entonces un largo período de deterioro, hasta que entre los años 1973 y 1978 se llevó a cabo la restauración del conjunto del Castillo de la Yedra.

LEYENDAS

Leyenda de La Tragantía. La leyenda cuenta que, ante el inminente ataque de las tropas castellanas, el rey de Cazorla hizo evacuar la ciudad y abandonó el castillo. Conocedor del peligro que entrañaba su retirada y pensando que pronto volvería a retomar Cazorla, decidió que su hija permaneciera en el castillo, oculta en unas cámaras subterráneas cuya antigua existencia sólo él conocía, bien provista de lo necesario para sobrevivir hasta su vuelta. Pero durante la huida, una flecha atravesó el cuello del rey que murió sin poder desvelar el paradero de su hija. Los castellanos tomaron el castillo de Cazorla y sus tierras.

La princesa vagaba por el húmedo subterráneo esperando el regreso de su padre, hasta que comprendió que el mundo se había olvidado de ella. Agotados los víveres se recostó en su lecho acosada por atroces pesadillas. Al despertar notó que sus piernas se habían transformado en una cola de reptil, horrorizada, pasó sus últimos días reptando por el frío sótano mientras su cuerpo fue mudando en serpiente. Así fue como la desdichada princesa se transformó en Tragantía. Desde entonces, en la noche de San Juan la Tragantía canta con una dulce voz:

Yo soy la Tragantía / hija del rey moro, / el que me oiga cantar / no verá la luz del día / ni la noche de San Juan.
Se dice que el monstruo devora a aquellos niños y niñas que, aún levantados, escuchan esta canción.
 

Breve descripción

El Castillo de la Yedra o de las cuatro Esquinas es uno de los dos conjuntos fortificados que se conservan en el cerro de Salvatierra, sobre el que se asienta la localidad de Cazorla. En la cúspide se ubican los restos del castillo de las Cinco Esquinas o de Salvatierra, mientras que el de la Yedra se levanta sobre un espolón que se alza en la vertiente norte del cerro. La fortaleza que actualmente corona la localidad es una construcción de los siglos XIII y XIV que se levantó sobre una fortificación de origen musulmán, del siglo XI o XII. La conforman tres recintos diferenciados dispuestos en terrazas: albacara, recinto medio y alcazarejo. El más elevado y tardío es el alcazarejo, sobre el que domina una gran Torre del Homenaje que acoge el museo de artes y costumbres populares del alto Guadalquivir.
La sierra de Cazorla es un espacio natural situado en el noreste de la provincia de Jaén, siendo uno de los mayores espacios protegidos de Europa. El borde suroeste de la sierra constituye una gran muralla natural a lo largo de la cual se disponen una serie de fortalezas y torres defensivas encadenadas entre las que destacan los castillos de Cazorla. La localidad de Cazorla tiene su origen en un primer asentamiento musulmán que surgió en las inmediaciones y al amparo de un hisn, o pequeña fortificación, que actuaría como lugar de refugio de las poblaciones campesinas que habitaban en su entorno más inmediato. Tras la conquista cristiana, su estratégico emplazamiento la convirtió en un importante enclave militar del Adelantamiento de Cazorla durante la baja Edad Media, bajo la autoridad del arzobispado de Toledo, en el que Cazorla actuó como sede política de los regidores.
En 1972 la ciudad de Cazorla fue declarada Conjunto Histórico-Artístico, en cuya declaración se incluyeron sus fortalezas y alrededores.

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953 101 402
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37.907770
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-3.001160
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Camino Ángel, s/n
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Invierno (sept - jun): martes a sábado 10:00 - 13:15 y 16:00 - 19:15, domingos y festivos 10:00 - 13:15, lunes cerrado. Verano (jul - ago): martes a sábado 09:00 - 13:15, domingos y festivos 09:00 - 13:15, lunes cerrado. Cerrado 1 ene, 1 may y 25 dic.

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Castillo de la Laguna

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4537002
Descripción
Descripción larga

Durante el periodo islámico fue un enclave fundamental en la estrategia de posición avanzada tanto para emitir señales de hogueras y humos, como para albergar una guarnición que pudiese prevenir movimientos de tropas y proteger a los poblados cercanos de ataques cristianos.

Antes de que el tiempo la deteriorase irreversiblemente esta torre fue un eficaz elemento defensivo por la severidad de su construcción y la solidez de sus piedras. Con planta rectangular, fue construida en tapial de argamasa. En sus proximidades aún pueden verse los restos de otros muros que pudieron formar parte de la muralla que circundaba esta torre. Su estructura y técnica constructiva es muy similar a otras muchas fortalezas de la Sierra de Segura. En 1985 este inmueble fue declarado Bien de Interés Cultural.

Breve descripción

La torre de la Laguna, llamada por otros de Zarracotín, está emplazada al norte, a tres kilómetros de Génave, en dirección hacia Sierra Morena y Ciudad Real. 

Ubicación
Latitud
38.464960
Longitud
-2.737910
Dirección
Camino de La Laguna
Distrito
Municipio
Ubicación en el mapa
POINT (-2.73791 38.46496)
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