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Oppidum de Puente Tablas

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309632
Descripción
Descripción larga

En esta ciudad fortificada ibérica se puede conocer como vivían los íberos del alto Guadalquivir, contemplar una de las más potentes fortificaciones con más de 300 metros conservados y una potencia de más de 5 metros de altura. El visitante puede entrar a la ciudad caminando por donde en su día lo hicieron los antiguos pobladores del oppidum y atravesar la conocida Puerta del Sol.

Una vez que se accede al yacimiento, primeramente se puede visitar el Centro de Interpretación ubicado junto al parking. En este moderno centro se explica al visitante como se desarrolló la vida en una ciudad ibérica a lo largo de todo un año, pasando por las distintas estaciones del año, las distintas actividades que se desarrollaban en el seno de la una familia y como se articulaba una ciudad en al que se conocen como eran sus casas, el palacio de los príncipes, los espacios religiosos, etc.
Las recientes investigaciones llevadas a cabo en Puente Tablas por la Universidad de Jaén, han puesto de manifiesto la gran importancia que adquirió la ciudad en el siglo IV a.C. Lo más destacado es la conocida Puerta del Sol, junto a la cual se ha descubierto un interesante santuario dedicado a una divinidad femenina. Es una puerta monumental, construida a principios del siglo IV a.C., está orientada hacia el este, hacia la salida del sol. Durante los equinoccios de otoño y primavera (entre los días 20 al 25 de septiembre y entre los días 20 y 25 de marzo) la luz del amanecer atraviesa la puerta e ilumina con los primeros rayos la figura de la diosa que se localizó junto a la puerta. Se trata de un ritual ancestral relacionado con la fecundidad de la naturaleza, la vida y la muerte, la riqueza y quizás el amor.
Junto a la puerta, también se localizó un santuario construido en varias terrazas donde destacan varias cuevas que seguramente formaban parte de un oráculo.
En el centro del poblado se puede visitar una manzana de casas completamente excavada. Se trata de varias viviendas en las cuales se conservan el patio y varias habitaciones e incluso el inicio de una segunda planta a la que se accedería por escaleras; almacenes comunales, etc. El urbanismo de la ciudad se configura en una retícula cuadrangular entre calles paralelas que discurren a todo lo largo de la meseta del oppidum. En uno de los extremos encontramos el palacio del príncipe íbero, con grandes habitaciones de recepción, patios porticados, grandes cuadras, almacenes, hornos, e incluso una bodega y almazara.

Juan Eslava Galán no pierde la oportunidad de introducir la cultura ibera cada vez que tiene ocasión. Por tal motivo, Juan de Olid, protagonista principal de su obra En busca del unicornio, entra a la ciudad de Jaén por Puente Tablas.

(…) Y como un heraldo hubiera salido el día de antes avisando nuestra llegada, él salió a buscarnos al sitio que dicen el Puente de Tabla, cabe al Guadalbullón, con mucho y muy lucido acompañamiento de músicas y corredores. (…)

En busca del unicornio. Capítulo IV.

 

 

Breve descripción

La ciudad fortificada de Puente Tablas se localiza a 4 kilómetros de Jaén. A lo largo de sus treinta años de investigación, el yacimiento ha evidenciado su gran valor patrimonial a través de una amplia ocupación humana del lugar, desde la Edad del Bronce hasta época Islámica, pero la fase más importante es el periodo ibérico, principalmente el siglo IV a.C.

Telecomunicaciones
Sitio web
www.viajealtiempodelosiberos.com
Teléfono de contacto
670 948 946
Ubicación
Código Postal
23009
Latitud
37.811740
Longitud
-3.745720
Dirección
JV-3012, 15
Distrito
Municipio
Ubicación en el mapa
POINT (-3.74572 37.81174)
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Castillo de Segura de la Sierra

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6250036
Descripción
Descripción larga

El recinto exterior abarca una gran superficie, en la que se distinguen muros que pertenecerían a construcciones características de un castillo y dos grande aljibes excavados en la roca, destinados a recoger y almacenar agua.

La barbacana, muy restaurada, está formada por un antemuro que protegía el lado oeste, más accesible, y una puerta con dos tramos de escalera en codo, lo que dificultaba la entrada a los posibles atacantes y que sería el acceso original.

El alcázar, de forma trapezoidal, tiene cuatro torres esquineras y dos más pequeñas en los lienzos sur y sureste, esta última semicircular. La entrada, también en codo, pero con una subida en rampa, se sitúa en la torre noroeste, mientras que la torre del Homenaje, situada en el sector este, con 18,43 m de altura, se estructuraba en tres plantas y terraza comunicadas por una escalera empotrada en el grueso de los muros. Las torres están comunicadas por un adarve que recorre todo el recinto.

En el interior del recinto se conserva una capilla erigida en el siglo XIII por la Orden de Santiago, de estilo mudéjar, con una nave rectangular y ábside semicircular. Frente a ella hay una gran sala o refectorio con arcos apuntados, en la que, probablemente, el techo original fuese más alto que el actual, pudiendo haber sido reutilizada como polvorín durante la Guerra de la Independencia (1808-1814). El aljibe existente en el centro del patio de armas se construyó para el aprovisionamiento de los defensores del castillo en caso de que los atacantes hubiesen conquistado el recinto exterior. Durante las excavaciones arqueológicas realizadas en 2001 salieron a la luz restos de otras construcciones de diversas cronologías: una vivienda del siglo X, lienzos de la muralla de tapial del siglo XII y de una torre almohade o un baño. El baño debió estar decorado con cierta suntuosidad, como muestran los restos de elementos decorativos recuperados, lo que correspondería a residencia de un importante señor.

Un segundo recinto de mampostería trabada con argamasa se extiende por la ladera oeste, de sur a nordeste. En él se distinguen restos de hasta siete torreones, mientras que en su interior son visibles restos de otras estructuras. 

Al nordeste, a la misma altitud de la villa, se conservan restos de un pequeño recinto con una gran torre de tapial, conocida como la “Torre de las Eras” de, al menos, cuatro niveles, horadada por numerosas saeteras de la que tan sólo quedan en pie dos de sus lados. Unos metros al este se observan los restos de una torre esquinera de menor tamaño, y de unas caballerizas y un silo excavados en la roca, situados entre ambas.

En la ladera sur del cerro sobre el que se asienta el castillo se encuentra la Torre del Agua, construcción almohade de planta rectangular y realizada en un tapial muy duro (tabiyya). Formada por tres muros, tiene como cierre trasero la roca natural. Originalmente carecía de entrada u otros vanos, pues su función parece haber sido la protección de un manantial al que se accedería desde la parte superior. 

La ocupación del cerro en el que se asienta Segura de la Sierra es anterior a la construcción de la fortaleza y de los grandes recintos de murallas hoy visibles en la población, erigidos probablemente como resultado de las transformaciones sociopolíticas que sufrió al-Andalus a partir del siglo XI. Los restos más antiguos documentados durante las investigaciones arqueológicas corresponden a una vivienda del siglo IX bajo el castillo.

La desmembración del Califato de Córdoba, a principios del siglo XI, causó un continuo cambio de manos de Segura, que, tras pertenecer a la taifa de Murcia, llegó a ser reino independiente entre 1043 y 1044, antes de caer bajo el control de la Taifa de Denia. La conquista de esta última por el rey de Zaragoza propició un nuevo período de independencia entre 1076 y 1079, pasando finalmente a formar parte del reino de Sevilla, hasta la ocupación de Segura por los almorávides en 1091.

Durante la crisis del movimiento almorávide Ibrahim ibn Hamusk se sublevó en Sócovos de Yeste, apoderándose de Segura en 1147, aliándose con el reino creado en Levante y Murcia por ibn Sai ibn Mardanis. Esta alianza propició que ibn Hamusk se apoderase de un gran territorio, tomando Jaén, Baeza y Úbeda. Estos territorios que formaron parte de un reino independiente pasaron a manos almohades en 1169, quedando ibn Hamusk como gobernador de sus territorios en Jaén. 

En ese momento Saqura se describe ya como una fortaleza (hisn) comparable a una ciudad (medina) por la importancia de su población. Entre los siglos XI y XIII se produjo una amplia fortificación en la Sierra de Segura.

Tras la conquista castellana de la comarca, entre 1226 y 1239, Fernando III reparte paulatinamente los territorios a la Orden de Santiago, concediéndole Segura el 21 de agosto de 1242, localidad a la que la Orden trasladará la Encomienda Mayor de Castilla desde Uclés. En 1243 tenía Concejo y recibió el fuero de Cuenca. 

El castillo de Segura sirvió como bastión durante las luchas nobiliarias de los siglos XIV y XV, bajo la autoridad de la familia Manrique, y como lugar desde el que partieron numerosos ataques al reino nazarí de Granada, teniendo como uno de sus principales protagonistas a Rodrigo Manrique, Maestre de la Orden de Santiago y padre del poeta Jorge Manrique.

Permaneció como sede de la Encomienda y cabeza del señorío santiaguista durante toda la Edad Moderna. 

En 1748 se constituye la Provincia Marítima de Segura de la Sierra, por el aprovisionamiento de madera para la política naval del reinado de Fernando VI, lo que produjo la degradación forestal de la comarca.

En 1810 fue nuevamente escenario de un conflicto bélico, con el enfrentamiento con las tropas napoleónicas, que arrasaron y quemaron tanto la villa como el castillo, que permaneció en ruinas hasta una serie de restauraciones llevadas a cabo en el castillo y las murallas de la localidad durante los años 60 y 70 del siglo XX. En 2001 la Universidad de Jaén acometió la primera intervención arqueológica en el castillo y en 2021 en parte de la muralla de la villa, en la zona de la puerta de Góntar.

La villa de Segura de la Sierra y su castillo están declarados Conjunto Histórico Artístico y Paisaje Pintoresco.

LEYENDAS
Leyenda del ajedrez del rey de Segura. Mudarra, sobrino del rey de Córdoba, ganó una partida de ajedrez al rey de Segura siendo huésped de su castillo. El monarca indignado le llamó “hijo de nadie”, ante lo que Mudarra le asesinó golpeándole iracundo con el tablero en la cabeza. Huyó a Córdoba donde su madre le relató la historia de su padre, Gonzalo Gustioz, a cuyos hijos, los 7 infantes de Salas, decapitaron por orden de su tío Ruy Velázquez, como venganza por una grave afrenta a la familia de su esposa durante las celebraciones de su boda. 

Mudarra partió a Castilla en busca de Ruy Velázquez, al que dio muerte cerca de Burgos, completando su venganza quemando viva a doña Lambra, esposa de su tío e instigadora del asesinato de los infantes.
 

Breve descripción

El castillo de Segura de la Sierra está formado por un recinto exterior de tapial y un alcázar protegido por una barbacana, realizado en mampostería, obra cristiana construida entre los siglos XIII y XIV, aunque aprovechando restos de la fortificación musulmana precedente. Numerosos elementos defensivos se extienden por la ladera del cerro sobre el que se asienta, mientras que en el interior del castillo se conservan una capilla, sala capitular, un baño y otras estructuras procedentes de distintos momentos cronológicos. Las murallas abrazan la villa, en la que se alternan muestras de arquitectura típicamente serrana y edificios monumentales.
La desmembración del Califato de Córdoba, a principios del siglo XI, causó un continuo cambio de manos de Segura, llegando a disfrutar de cortos períodos de independencia en el siglo XI y a ser el centro del reino independiente de ibn Hamusk en el siglo XII. Tras la conquista castellana de la comarca, en 1242 Fernando III concede Segura a la Orden de Santiago, que la convertiría en la Encomienda Mayor de Castilla. Desde ella partieron numerosos ataques al reino nazarí de Granada y sirvió como bastión durante las luchas nobiliarias de los siglos XIV y XV, bajo la autoridad de la familia Manrique. En 1810 fue escenario del enfrentamiento con las tropas napoleónicas, que arrasaron y quemaron tanto la villa como el castillo.
Tras varias restauraciones, la villa de Segura de la Sierra y su castillo están declarados Conjunto Histórico Artístico y Paisaje Pintoresco.

 

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1 may - 31 oct: martes a domingo 10:30 - 14:00 y 17:00 - 20:30. 1 nov - 30 abr: martes a domingo 10:00 - 14:00 y 16:00 - 18:30.

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Castillo de Lopera

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2292974
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La construcción original fue una iglesia rural fortificada, erigida en mampostería rejuntada con mortero de cal, de planta basilical irregular y cabecera cuadrangular desplazada hacia la izquierda, una característica que define a las conocidas como Iglesias de cabecera “torcida”. Estaba dividida en tres naves, la central de mayor anchura, por arquerías sobre pilares y columnas, careciendo de crucero, cuyos capiteles presentan una decoración tardorománica. 

En el exterior, en su lado norte, se localizaron durante las excavaciones arqueológicas parte de un foso excavado en la base geológica en forma de “U”, con una profundidad aproximada de 2 m, y un muro de mampostería unida en seco que apoya directamente sobre el foso, posiblemente un antemural que delimitaba una estrecha liza.

Las excavaciones revelaron también la existencia de numerosas inhumaciones tanto en el interior como en el exterior del templo, la mayoría en la cabecera y en su entorno. Los cuerpos descansaban en fosas trapezoidales o antropomórficas excavadas en la roca, algunas con la cabecera marcada, y cubiertas por túmulos de tierra o, en algunos casos, con losas de piedra. Destacaba un enterramiento cubierto por parte de un gran recipiente cerámico.

Este primer edificio fue destruido e incendiado por los ejércitos nazaríes de Muhammad V, aliados del rey Pedro I, en torno a 1368, durante los conflictos que enfrentaron al rey castellano y su hermanastro Enrique II de Trastámara.

Tras su destrucción se levanta una nueva iglesia que mantiene su trazado, aunque incorpore modificaciones. Se erigen dos torres, la de San Miguel, a los pies de la iglesia y la de Santa María, que englobará la cabecera, ahora con forma semicircular en el interior.

A esta nueva fortificación corresponde el recinto amurallado externo que se conserva hoy, con trazado pentagonal irregular y cinco torres esquineras macizas, construido en mampostería. Estuvo defendido por un antemuro o una barbacana y un foso. En el patio de armas se reconstruyó la nueva iglesia fortificada a modo de alcázar: dos grandes torres unidas por dos lienzos de murallas que forman un amplio adarve con aspilleras, soportado por arcos de medio punto sobre contrafuertes.

Este edificio se dividía funcionalmente en dos ambientes: el inferior de uso religioso y el superior de uso militar. El espacio de culto se dividía en tres naves, siendo la central de mayor anchura. Sobre el área de culto se conformó una amplia terraza, que ejercería la función de patio de armas y daba acceso a los elementos defensivos de las murallas y torre de Santa María. En este momento los enterramientos se concentrarán en la zona exterior, relegándose de la cabecera e inmediaciones, con la excepción de dos sepulturas que se emplazan en el interior junto al gran arco que da acceso a la zona absidal, el espacio más sagrado de esta nueva iglesia.

Entre finales del siglo XV y la primera mitad del XVI se produce la adaptación de esta iglesia fortificada a castillo-palacio. Las obras consistieron en la edificación de dos grandes cuerpos y un pequeño patio porticado con tres arcos carpaneles con capiteles renacentistas, que serviría como eje articulador de la residencia nobiliaria, en torno al cual se distribuyen diversas dependencias. 

La zona absidal de la iglesia, fue transformada en oratorio por el Comendador de Lopera D. Juan Pacheco en 1535, cubierto por una bóveda de cañón esquifada y decoración con yeserías renacentistas e inscripciones pintadas, al que también se accedía desde el patio exterior por una nueva puerta practicada en la fachada norte, dotada de pórtico sobre columnas.

En el exterior del edificio, las excavaciones arqueológicas sacaron a la luz un espacio ajardinado, con un amplio patio, con una fuente que se abastecía con el agua extraída por una noria y una zona de huerto, que confirman su utilización como vivienda residencial. 

En el siglo XX el castillo funcionó como residencia y bodega, fase de la que se conservan numerosos trujales enterrados al oeste de la torre de San Miguel, lo que provocó la destrucción de los niveles arqueológicos. 

En el entorno de Lopera se han hallado yacimientos de la Edad del Bronce y del Hierro; asentamientos del Bajo Imperio Romano con una ocupación continuada hasta época visigoda; así como asentamientos rurales de época Emiral, que utilizaron como lugar de refugio común al Cerro de San Cristóbal, entre ellos la propia alquería de Lopera, que podríamos identificar con la población de Bayyara que citan las fuentes islámicas. Las investigaciones arqueológicas ejecutadas hasta la fecha en su casco histórico constatan la existencia de esta alquería que explotaba los recursos agrícolas de la zona en los siglos XII y XIII. 

Tras la conquista, Lopera fue entregada, en 1240–1241, a la Orden Militar de Calatrava, creando la Encomienda de Lopera, la cual reforzaría sus primitivas defensas entre los siglos XIV y XV. La Orden logró conformar un extenso señorío en el extremo suroeste de la actual provincia de Jaén, que comprendía amplias zonas de la Campiña y buena parte del piedemonte de las Sierras Sur, fronterizo con el Reino de Granada, lo que le llevó a promover una amplia labor de fortificación en sus posesiones. 

Esta red de fortificaciones jugó un importante papel fronterizo en la expansión territorial emprendida por los ejércitos castellanos durante los siglos XIII y XIV, recuperando protagonismo en la segunda mitad del siglo XV, en el marco de las luchas nobiliarias durante el reinado de Enrique IV.  En el enfrentamiento entre los partidarios del monarca castellano contra los seguidores de una coalición nobiliaria encabezada por D. Pedro Pacheco, Marqués de Villena y D. Pedro Girón, Maestre de Calatrava, participando activamente en la contienda los miembros de la Orden. Durante el conflicto la fortaleza de Lopera fue atacada y saqueada en 1466 por los aliados del Condestable de Castilla, capitaneados por el Alcalde de Andújar, Pedro de Escavias. Fue declarada villa independiente por Felipe II, en 1595.

En el siglo XIX, con la desamortización, los bienes de la iglesia fueron adquiridos en su mayor parte por burgueses, pasando la propiedad del castillo a manos de Alonso de Valenzuela, diputado y alcalde de Lopera, en 1856.

Durante la Guerra Civil española, Lopera se convirtió de nuevo en escenario destacado de un enfrentamiento bélico, ya que la línea divisoria entre ambos bandos nacional y republicano, conocido popularmente como frente de Andújar se situó en los alrededores de la localidad. De esta contienda han quedado numerosos vestigios en el entorno de Lopera: nidos de ametralladoras, trincheras republicanas, un fortín antitanques, sótanos y cuevas utilizados como refugios antiaéreos en la misma localidad. El episodio más destacado fue la Batalla de Lopera, librada entre los días 27 y 29 de diciembre de 1936, por la que los ejércitos sublevados conquistaron Lopera.

Finalmente, en el siglo XX la fortaleza calatrava fue utilizada como bodega de vinos, un nuevo uso que transformó profundamente la estructura original del conjunto defensivo, acondicionado como residencia temporal y bodega e introduciendo cambios irreversibles en el castillo.

Breve descripción

El castillo de Lopera, que actualmente está formado por dos recintos, ofrece una configuración fruto de su compleja evolución histórica, partiendo de una iglesia fortificada original hasta convertirse en un castillo-palacio formado por dos grandes torres unidas por dos lienzos de muralla, emplazado en el centro de un recinto amurallado con torres en las esquinas. 
Tras la conquista castellana, Lopera fue entregada, en 1240–1241, a la Orden Militar de Calatrava, creando la Encomienda de Lopera, la cual reforzaría sus primitivas defensas entre los siglos XIV y XV. Jugó un importante papel como fortaleza fronteriza en el avance de los ejércitos castellanos por la Campiña giennense durante los siglos XIII y XIV, recuperando protagonismo en la segunda mitad del siglo XV, en el marco de las luchas nobiliarias que se dirimieron durante el reinado de Enrique IV. Fue atacada y saqueada en 1466 por los aliados del Condestable de Castilla, capitaneados por el Alcalde de Andújar, Pedro de Escavias. Finalmente, en 1595 fue declarada villa independiente por el monarca Felipe II.

Ubicación
Código Postal
23780
Latitud
37.943710
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-4.213650
Dirección
C/ Castillo, s/n
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Horario

Martes a viernes: pases a las 10:00 y 12:00. Sábados y domingos: pases a las 10:00, 12:00 y 17:00 (invierno) o 09:00, 11:00 y 13:00 (verano).

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Baños Árabes

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2275715
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Tras la conquista de la ciudad en 1246 por Fernando III el Santo su uso continuó durante los primeros años de dominio cristiano. Será entre los siglos XIV y XV cuando desaparezca su función como baño al establecer los cristianos en sus salas unas tenerías. Muestra de ello son los restos de sus instalaciones que aún se conservan en las Salas Templada y Caliente.

A finales del Siglo XVI don Fernando de Torres y Portugal, Conde de Villardompardo y Virrey del Perú, edificó su Palacio sobre los Baños, quedando parte de ellos ocultos entre los cimientos y sótanos, permaneciendo de esta forma durante los siglos XVIII y XIX.

A principios del siglo XX, el Palacio pasa a formar parte del patrimonio inmobiliario de la Diputación Provincial de Jaén, institución que, entre 1901 y 1903, libera el espacio de varias casas adyacentes al inmueble con el fin de construir una Capilla para el Hospicio de Mujeres. Estas obras debieron afectar a los restos que aún quedaban de los baños.

En 1913, durante la inspección de la fábrica del Palacio de Villardompardo con motivo de la realización del Catálogo Monumental de Jaén, fue descubierta una pequeña parte de los Baños por don Enrique Romero de Torres.

Apenas cuatro años más tarde, fueron visitados por el Catedrático de Arqueología don Manuel Gómez Moreno, quien, una vez tomados los datos oportunos, propuso el inmueble como Monumento Nacional. Dicha propuesta fue aceptada y en 1931 los restos son declarados Monumento Nacional con el número de Registro General 528.

En 1936 comienzan las obras de restauración bajo la dirección de don Leopoldo Torres Balbás y su compañero, el arquitecto jiennense don Luis Berges Martínez. No obstante, estas obras se verían interrumpidas por el comienzo de la Guerra Civil.

No será hasta 1970 cuando la Dirección General de Bellas Artes encargue el primer proyecto de restauración de los Baños al arquitecto don Luis Berges Roldán, hijo del anterior. A este proyecto inicial se suceden otro seis más en años sucesivos, los dos últimos en 1980 y 1982, en convenio con la Diputación Provincial de Jaén. Gracias a los trabajos fueron descubiertas la mayor parte de las Salas que hoy pueden contemplarse.

Finalizada las obras en 1984, la Asociación Europa Nostra otorgó la Medalla de Honor de ese año a la restauración de los Baños Árabes.

Las Salas que componen los Baños Árabes son:

Vestíbulo (al-bayt al-maslaj)

El vestíbulo de ingreso es una sala transversal de 14 metros de longitud por 3,80 metros de anchura, con alcobas en ambos extremos separadas del resto de la sala por arcos de herradura sobre medias columnas, esquema que se irá repitiendo en todas las demás salas. A ambos lados de la entrada se ubican sendas tacas.
La sala está cubierta por bóveda de medio cañón y cuenta con 18 luceras estrelladas.
El suelo estuvo revestido de mármol blanco y las paredes enlucidas y pintadas con decoración de arquerías en color rojo sobre fondo blanco.

Sala Fría (al-bayt al-barid)

Contigua y muy similar a la anterior aunque de menor tamaño (11,4 m x 3,50 m.), esta sala también está cubierta por bóveda de medio cañón en la que se sitúan 12 luceras. La alcoba situada en el extremo derecho está cubierta con cúpula con 5 luceras.

Sala Templada (al-bayt al-wastani)

Consiste en un gran salón cuadrado de 11,30 m x 11,30 m que, a su vez, encierra otro cuadrado central, este cubierto por una gran cúpula de casquete semiesférico sobre pechinas.

La cúpula no descansa sobre muros macizos sino sobre arcos de herradura soportados por ocho columnas. En las cuatro esquinas del gran salón quedan otras cuatro cúpulas menores, y los espacios restantes se cubren con cuatro bóvedas de medio cañón con 3 luceras en cada una de ellas.

Esta gran sala da paso, mediante dos arcos de herradura, a otra sala de 11,30 m x 2,80 m que preside todo el conjunto y que está cubierta mediante bóveda de medio cañón; teniendo, sendas alcobas en los extremos cubiertas con cúpulas con luceras.

Sala Caliente (al-bayt al-sajum)

Con unas dimensiones de 15,90 m de longitud por 3,30 m de anchura, la sala caliente es muy similar a las salas anteriores. Está cubierta con bóveda de medio cañón con 15 luceras y con sendas alcobas en los extremos con 5 luceras cada una de ellas. Esta sala está situada junto a las calderas donde se calentaba el agua. Sus muros están recorridos por chimeneas ocultas por las que circulaba el aire caliente.

En el centro de la sala, un gran arco abocinado la separa del lugar donde estaba la caldera. A ambos lado de este arco central, dos pequeñas estancias, contienen: una, un baño cuadrado de asiento y la otra, dos tinajas.

Bajo su suelo de piedra, toda la estancia está hueca: numerosos pequeños pilares de ladrillo lo soportan, permitiendo que circule el aire caliente que, por su tendencia natural, sube y se adhiere al suelo, calentándolo.

 

 

Juan Eslava Galán hace continua mención a ambos espacios en Los Templarios y la Mesa de Salomón.

(…) En el centro del barrio de la Magdalena, rodeada de los lugares iniciáticos del antiguo santuario matriarcal, frente al palacio de los condes de Villardompardo, vástagos de la familia Torres, en cuyos sótanos pueden visitarse los baños árabes donde murió el rey moro (…)

Los Templarios y la Mesa de Salomón. Capítulo 27.

En el mismo edificio que compone el palacio de Villardompardo también se encuentran el Museo Internacional de Arte Naïf “Manuel Moral”, primero y único de España especializado en este arte; y el Museo de Artes y Costumbres Populares de Jaén.

En la plaza frente al palacio, también existe un elemento que para Juan Eslava Galán tiene mucho interés en sus investigaciones sobre los templarios: la fuente del pato.

(…) en la plaza de Santa Luisa de Marillac (…). En el centro, emergiendo del agua quieta, un pilar octogonal (tan frecuente en la construcción templaria y calatrava) sostiene una semiesfera (la piedra de la Diosa Madre) sobre la que se yergue una oca con sus patas de palmípeda extendidas sobre la piedra. (…). Recordemos que la oca es uno de los símbolos principales de los cultos matriarcales del santuario (…)

Los Templarios y la Mesa de Salomón. Capítulo 26.

Breve descripción

Construidos en el siglo XI, los Baños Árabes están ubicados en los sótanos del Palacio de Villardompardo. Cuentan con una extensión de 450 metros cuadrados, lo que los convierte probablemente en los más grandes de cuantos se pueden visitar en España. A juzgar por los restos de decoración almohade que se conservan en algunas de sus Salas, debieron de ser restaurados hacia finales del siglo XII.

Ubicación
Código Postal
23004
Latitud
37.771137
Longitud
-3.794066
Dirección
Plaza de Santa Luisa de Marillac
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Martes a sábado y festivos: 09:00 - 21:00. Domingos: 09:00 - 15:00. Cerrado lunes (excepto 28 de febrero, 2 de mayo, 15 de agosto y 26 de diciembre) y 1 y 6 de enero y 24, 25 y 31 de diciembre. Acceso hasta 1 h antes del cierre.

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