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Castillo de Jimena

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5858082
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Desde finales del siglo IX, Jimena formó parte de una serie de alquerías dispersas en poder de los Banu Habil, rebeldes muladíes que se enfrentaron a la autoridad del emir ‘Abd Allah.

Por su proximidad a Granada, almohades y nazaríes, lo conquistaron y fortificaron sucesivamente. 

Jimena fue conquistada por Fernando III en el año 1234 e integrada en las tierras del Concejo de Baeza. En el año 1284 pasó a ser propiedad de don Pedro Ruy de Berrio.

El castillo de Jimena reemplazó al de Garcíez a partir del siglo XIII, del que dista cuatro kilómetros del de Garcíez. Después de que los almohades arrebataran Garcíez a Martín Gordillo, los cristianos advirtieron la necesidad de sustituir la vieja fortaleza musulmana por otro más moderno y defendible y edificaron la de Jimena.

Además, el desplazamiento de este punto estratégico vendría dado por la necesidad de controlar la ruta que procedente de la cuenca del Jandulilla, bordeaba las estribaciones septentrionales del Aznaitín en busca de los llanos de Mancha Real.

En 1364 Jimena era señorío de Herranz Rodríguez, del que pasó siete años después, a María Gracia de Godoy, mujer de Sancho Díaz de Torres, adelantado de Cazorla. A finales del XIV, (1397), era ducado de Ruy López Dávalos.

En fecha indeterminada, después de 1401, fue conquistado por los musulmanes, en cuyo poder permaneció hasta 1431 en que Pedro García de Herrera consiguió conquistarlo por sorpresa, con escalada nocturna. Tres años más tarde, el rey Juan II creó la Encomienda de la Orden de Calatrava y se nombró maestre a don Luis de Guzmán. La Orden de Calatrava reformó sus defensas y especialmente la torre del homenaje.

Los musulmanes lo volvieron a ganar al poco tiempo y volvieron a perderlo en 1457, ganado por Enrique IV que lo otorgó a la Orden de Calatrava, en cuyo poder permaneció unos años. En 1462 el rey lo cedió en señorío a don Beltrán de la Cueva.

En el siglo XVI Jimena, junto con Baeza, participó en el conflicto comunero en la Castilla de Carlos V, incluso sirvió de reducto oculto a comuneros. Terminados estos sucesos fue vendida por el emperador Carlos V a su secretario don Francisco de los Cobos, expropiándoselo a los caballeros calatravos. 

Desde esta fecha Jimena fue señorío de don Francisco de los Cobos y después de sus descendientes los marqueses de Camarasa, hasta la extinción de los privilegios señoriales en 1812.

En 1985 el castillo de Jimena fue declarado Bien de Interés Cultural.

Descripción

El único resto destacable del castillo de Jimena es su torre del homenaje, de base cuadrada y veinte metros de altura, fue construida por los cristianos, finales del siglo XIII o a principios del siglo XIV, con mampostería regular y cadenas de sillarejo en las esquinas. La torre se conserva mocha y con las esquinas reforzadas mediante sillares dispuestos a soga y tizón.

La torre del homenaje tiene una cuidada organización interna en dos plantas cubiertas con bóvedas de crucería. En el segundo piso presenta tres vanos moldurados con rejas, además, cuenta con un sótano que podría identificarse con el aljibe.

Su fachada, algo irregular, abre con arco de medio punto sobre pilastras estriadas. Exhibe los escudos de los marqueses de Camarasa, sucesores de la familia de los Cobos, que lo poseyeron desde finales del siglo XVIII. 

La entrada del castillo se identifica con el arco del Concejo, cubierto con bóveda de medio cañón y apoyado sobre la torre del Homenaje.

El aspecto castrense exterior característico de las fortificaciones calatravas, contrasta con la estética palaciega y la distribución interior de las dos plantas ornamentadas al gusto gótico-mudéjar como muestran las semicolumnas con capiteles vegetales. 

Una vez perdida su función militar el castillo de Jimena fue utilizado durante algún tiempo como molino de aceituna, además de haber sido utilizado como vivienda familiar.

Se conservan algunos vestigios de lienzos de muralla muy disimulados por el caserío, algunos de ellos de época islámica.

Breve descripción

Durante la Baja Edad Media el castillo de Jimena jugó un importante papel defensivo, junto a otros castillos de Sierra Mágina, frente al reino nazarí de Granada. En el año 1434 fue entregado a la Orden de Calatrava, que reformó sus defensas y especialmente la torre del homenaje. Su torre del homenaje es de planta cuadrada, construida en mampostería y sillares esquineros, y tiene una cuidada organización interna en dos plantas cubiertas con bóvedas de crucería, así como un sótano.

Ubicación
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37.842140
Longitud
-3.476500
Dirección
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Castillo de Hornos de Segura

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4651566
Descripción
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Las fuentes escritas denominan a Hornos como Hisn, es decir, lugar fortificado. El recinto que se conserva en la actualidad es bajomedieval castellano, aunque conserva mimetizados algunos elementos islámicos. Es de forma ligeramente trapezoidal, con una gran torre del homenaje en su lado más amplio y otra menor, ambos en el lienzo sureste del recinto. En el interior del recinto, entre ambas torres, se sitúa el aljibe principal, de origen islámico.

En su lado sur se aprovechó la configuración rocosa del promontorio, construyéndose muros defensivos en los tramos vulnerables, mientras que la roca actuaba como defensa natural en el resto.

La torre del homenaje es de planta cuadrada y está realizada en mampostería, con las esquinas redondeadas, dividiéndose internamente en tres niveles.

La parte inferior tiene un podio rocoso que alberga un aljibe, al que se accede desde el primer piso. En esta planta se sitúa el acceso a la torre, a varios metros del suelo. Desde este segundo nivel se asciende, por una escalera empotrada en el muro, a un tercero, ambos con salas cubiertas con bóvedas de medio cañón. 

Esta torre y parte del recinto del castillo han sido restaurados, pero en las zonas no reparadas de las murallas y en los torreones menores puede observarse la fábrica original, una mampostería irregular trabada y recubierta con argamasa. 

La muralla del castillo se prolongaba formando un recinto que rodeaba el núcleo urbano. En la actualidad se conservan dos torreones, de planta cuadrada, uno de ellos, integrado en una edificación actual. Ha pervivido también la llamada Puerta de la Villa, un acceso en recodo situado en el interior de una torre de mampostería de dos plantas, rematadas por un parapeto corrido en el que se abren algunas saeteras, que formó parte del recinto de origen almohade.

El castillo fue objeto de una amplia restauración en 1973. La población fue declarada Conjunto Histórico Artístico en el año 1985. Actualmente el castillo alberga el Cosmolarium, un centro de interpretación de Astronomía y un planetario para proyección de películas full-dome.

En el interior de la Sierra se han localizado algunos asentamientos prehistóricos, pero entre finales de la Edad del Bronce y época Romana, se encuentran asentamientos sólo en los valles y las zonas más abiertas. 

La ocupación en época romana en estos valles se organizaba mediante pequeñas poblaciones dispersas, pero entre los siglos II y III parece producirse un proceso de concentración de la propiedad. A partir del siglo VI se produciría la huida de población campesina de las grandes explotaciones, ante la presión de los propietarios, refugiándose en lugares inaccesibles del interior de la sierra durante varios siglos, como debió ocurrir, entre otros, con el gran asentamiento de Segura La Vieja. 

Entre los siglos VIII y X es probable que se produjese una vuelta a los valles de Segura, una región controlada ahora por muladíes. La elección de los lugares estuvo motivada por su posición estratégica y por la abundancia de agua existente en su entorno. Hornos se fundaría probablemente en este contexto, hacia el siglo X al igual que Segura de la Sierra, pero no aparece citada en las fuentes árabes con anterioridad al siglo XII o ya durante la conquista castellana. Su emplazamiento sobre el valle, permitía a Hornos, junto a Segura y Catena (La Espinareda), ejercer un completo control de un territorio en el que se desarrolló una importante agricultura de regadío. Citado en las fuentes como Hisn Fornus, sería en origen una aldea defendida por su escarpado emplazamiento y por un recinto murado, que formaría parte de los territorios controlados por el rebelde muladí Ibn al-Saliya durante la fitna (Guerra Civil) de finales del siglo IX.

Entre los siglos XI y XIII destacan muy pocas localidades en la zona, aunque Segura y Hornos aparecen claramente mencionadas en las fuentes árabes. En esta época crecieron en importancia, especialmente Segura, de la que se conservan abundantes referencias. Hornos aparece también citada reiteradamente, pero parece que su desarrollo y capacidad defensiva fueron menores.

Poco después de la llegada de los castellanos aparece despoblada, lo que indica que en esos momentos debía ser un asentamiento de escasa entidad, aunque será repoblada, desarrollándose paulatinamente. Tras su conquista en 1239 por don Pedro Pérez Pelayo Correa, maestre de la Orden de Santiago, recibió el título de villa y fue cedida por Fernando III el Santo a la Orden, que levantará el castillo sobre los restos de la fortaleza musulmana. 
Hornos, junto con Segura de la Sierra, fue uno de los lugares de proyección de la política de la familia Manrique en el siglo XV, enfrentada a los monarcas Juan II y Enrique IV. Los Manrique controlaban gran parte de los recursos de la Orden de Santiago, gracias a los cuales Rodrigo Manrique, comendador de Segura, se proclamó Gran Maestre de la Orden, resistiendo y derrotando a las tropas de Juan II y Don Álvaro de Luna en Hornos. 
Continuó formando parte del señorío santiaguista de Segura de la Sierra durante toda la Edad Moderna, perteneciendo al Reino de Murcia entre 1507 y 1748.

Breve descripción

El castillo de Hornos está ubicado sobre un promontorio de roca caliza, de 890 m. de altitud, sobre la vega del río Hornos, en el amplio valle que separa las sierras de Segura y Las Villas. La fortaleza que vemos en la actualidad fue construida por la Orden de Santiago en el siglo XIII sobre una fortificación musulmana de la que se conservan restos de tres torreones de planta cuadrada y un aljibe. El castillo cristiano está formado por un recinto trapezoidal, con una gran torre del homenaje en su lado más amplio y un torreón menor. También perviven restos del recinto que rodeaba el núcleo urbano, entre los que destaca su puerta original, conocida como La Puerta de la Villa, una torre construida en mampostería de dos plantas que contiene un acceso en “L”. En la actualidad el castillo alberga el Cosmolarium, un centro de interpretación de Astronomía.
La fundación de Hornos probablemente se produjo en el siglo X, al igual que la de Segura de la Sierra. Su emplazamiento sobre el valle le permitiría ejercer un completo control del territorio junto a Segura y Catena (La Espinareda). Conocida como Hisn Fornus, entre los siglos XI y XIII debió tener un cierto desarrollo y capacidad defensiva, siendo una de las pocas localidades que destacaron en la zona. Tras la conquista castellana en 1239 fue cedida por el rey Fernando III a la Orden de Santiago, quienes levantarán el castillo sobre los restos de la fortaleza musulmana. Obtuvo el título de villa en la primera mitad del siglo XIII. 
 

Ubicación
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38.216450
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-2.718530
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Castillo de Giribaile

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La fortaleza medieval de Giribaile se sitúa en el extremo noreste de un alargado cerro amesetado, ocupando un amplio saliente rocoso protegido por acantilados de roca que le sirven de defensas naturales, y por una vaguada en el sur que le separa del resto de la meseta.

Actualmente se extienden por la mayor parte de la planicie los restos de un oppidum ibérico, cuyas estructuras pudieron ser reutilizadas por los habitantes de este asentamiento a lo largo de la Edad Media. 

La fortificación emiral-califal fue construida en mampostería irregular trabada con mortero de cal y arena. Su planta irregular tiene tendencia triangular, adaptándose a la orografía del terreno y aprovechando algunos restos de la antigua fortificación ibérica. Torres y lienzos de muralla se levantan sobre la base rocosa, a modo de muros en cremallera que reproducen los sucesivos entrantes y salientes del espolón.

La puerta principal de acceso al interior de la fortaleza, se emplazó en el lienzo suroeste, estaba protegida por dos torres, mientras que en el lienzo noroeste se abría otra puerta o poterna, a la que se accedía tras ascender por una suave senda que discurría por la ladera del cerro. Se trataba de un complejo acceso en codo formado por tres torres, la primera edificada sobre un pequeño espolón rocoso de la ladera, desde la que partía un lienzo que enlazaba con la más oriental de las otras dos torres, que flanqueaban la puerta.

Entre los siglos XII y XIII, los almohades llevaron a cabo una reestructuración de la fortificación, que afectó principalmente al sector sur, donde se va a levantar una nueva torre de tapial de argamasa, sobre un sólido basamento de grandes sillares de piedra caliza, dividida interiormente en tres estancias.

Estaba rodeada, en tres de sus frentes, por un antemuro, a modo de barrera de corta altura y edificado con la misma técnica constructiva, que dejaba un espacio o liza de 2 m de anchura entre ambos. Este antemuro se extendería de forma paralela a la muralla meridional, reforzando el flanco sur de la fortaleza. En el lienzo suroeste, una de las torres que protegían la puerta principal del castillo fue forrada por tres de sus frentes con un grueso revestimiento de tapial de argamasa levantado sobre un basamento de mampostería regular, a la vez que se rellenó, convirtiéndola en un cubo macizo. 

En la actualidad, aunque se puede distinguir el trazado de la fortificación, solo se conserva el alzado de dos torres cuadradas de tapial y de algunos lienzos de muralla. En el interior del castillo permanecen los restos de un pequeño aljibe rectangular cubierto con bóveda de cañón y de dos dependencias anexas, posiblemente utilizadas como almacenes.

El asentamiento de Giribaile ha sido ocupado a lo largo de la historia, en diferentes periodos de tiempo más o menos duraderos, correspondiendo la ocupación más temprana a un poblado de la Edad del Bronce.

En época ibérica el cerro estuvo ocupado por un oppidum fortificado de 14,56 hectáreas, que formó parte del pago de Cástulo, territorio político que en el siglo IV a.C. alcanzaba las fronteras naturales de las cabeceras de los ríos Guarrizas y Montizón, donde se localizan los santuarios de Collado de los Jardines y Castellar de Santisteban. La desaparición de este asentamiento está vinculada a un episodio de destrucción violenta, con el incendio de la ciudad, que pudo tener lugar en el marco de una acción de castigo desarrollada durante la Segunda Guerra Púnica. 

La posición estratégica de la meseta de Giribaile, junto a la existencia de abundantes manantiales naturales, fueron determinantes para la ocupación prácticamente ininterrumpida desde la Tardoantigüedad hasta la Baja Edad Media. 

Los primeros momentos de esa ocupación podrían remontarse a los siglos VI y VII d.C., momento en que los habitantes del valle lo abandonan, trasladándose al cerro. En la pared rocosa del lado este habilitan una serie de cuevas naturales, que amplían y transforman para constituir un complejo hábitat troglodítico de altura, mientras que por la meseta se expandiría un poblamiento más o menos disperso, protegido aún por los elementos de fortificación edificados en época ibérica.

Este hábitat se mantuvo tras la invasión islámica hasta que, a lo largo de los siglos IX y X, la inestabilidad creada por las sublevaciones de finales de época emiral, empuje a la población a concentrarse en la plataforma norte, convirtiéndose en un hisn (castillo-refugio) que aglutinaría a gran parte de los habitantes de la zona. Es posible que las reparaciones de las antiguas defensas ibéricas y la construcción de una nueva fortaleza en el extremo noreste del cerro, se debiese a ibn al-Sāliya, rebelde muladí que se enfrentó a los emires omeyas.

Una vez consolidada la islamización de al-Ándalus, bajo Abd al-Rahmān III, se abandonan buena parte de los asentamientos defensivos de altura, y los que permanecen se transforman en puntos estratégicos para controlar el territorio. En el entorno de Giribaile la población debió ser obligada a trasladarse a centros en desarrollo como Vilches, Baeza o Santisteban.

Finalmente, los acontecimientos políticos y militares acaecidos en al-Ándalus entre los siglos XII y XIII, que llegaron a convertir el Alto Guadalquivir en un territorio prácticamente independiente durante periodos muy concretos, así como la expansión hacia el sur de los ejércitos cristianos, promovieron un proceso de fortificación, intensificado por los almohades, para controlar la cabecera del Guadalquivir. Las últimas remodelaciones del castillo de Giribaile corresponden a este momento histórico, en el que se refuerza principalmente su flanco sur, más accesible. 

Tras su conquista por los castellanos, en 1227, Giribaile se integró en el territorio de la Comunidad de Villa y Tierra (Concejo de Realengo) de Baeza, perdiendo su importancia militar.

LEYENDAS

Leyenda de la muerte de Gil Baile. Un noble de Baeza, don Gil Baile, señor de las tierras donde se asienta el castillo al que da nombre, mandó grabar en la puerta de su casa, bajo el escudo de su linaje: “Entre río y río todo lo que hay es mío. Esta es la tierra de Gil Baile que no morirá de sed ni de hambre”.
Una mañana salió de caza con otros distinguidos nobles. Descubrió un hermoso venado que el noble siguió al galope por el monte, hasta que se precipitó al abismo de una oscura sima de la que no pudo salir. Era un camino poco transitado y nadie escuchó sus gritos de auxilio, hasta que finalmente falleció, muriendo de frío, de sed y de hambre. 

Breve descripción

Giribaile constituye un conjunto arqueológico cuya evolución histórico-arquitectónica puede leerse hoy en día en la superposición de estructuras de fortificación. La meseta del cerro está acotada mediante una línea de murallas que defendieron un oppidum ibérico. Al pie del escarpe del cerro encontramos un interesante hábitat rupestre con aposentos tallados en la roca viva entre la Tardoantigüedad y la Alta Edad Media. Finalmente, en el extremo noreste de la meseta, se conservan los restos de una fortaleza medieval, conformada por dos torres cuadradas de tapial, un pequeño aljibe y algunos lienzos de muralla de mampostería, un baluarte que jugó un importante papel en los conflictos políticos y militares que se desarrollaron en varios periodos de al-Ándalus. 
El castillo de Giribaile posee una estratégica posición sobre un cerro amesetado, entre los ríos Guadalimar y Guadalén, rodeado de acuíferos y manantiales. Es una fortificación que evolucionó desde un simple refugio para comunidades rurales, que aprovecha los elementos de la antigua fortaleza ibérica y la escarpada orografía del terreno, hasta convertirse en una sólida fortaleza de mampostería irregular dotada de torres y lienzos de muralla, que defendería a un grupo de rebeldes muladíes, para posteriormente convertirse en primera línea fronteriza frente a los ejércitos cristianos. Se trata de una de las fortalezas giennenses que mantienen, sin apenas modificación, su antigua estructura islámica.

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Castillo de Castro Ferral

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El castillo de Castro Ferral ha sido considerado tradicionalmente como un mero puesto de control en la entrada a Andalucía desde la Meseta, pero las investigaciones arqueológicas han sacado a la luz los restos de un castillo de un tamaño considerable, con una antigüedad mayor de la esperada, como demuestran las sucesivas reparaciones de las que fue objeto y las tres fases de ocupación que se han detectado en la fortificación. 

A época romana correspondería un primer asentamiento, probablemente fortificado, datado en el período bajo-imperial, al que parece corresponder un muro construido con mampostería irregular, que servirá de cimentación para el lienzo oeste del recinto del castillo. 

Pero serán los almohades, en la Edad Media, quienes construyan la fortificación que vemos hoy en día. Estaría formada por un recinto cuadrangular construido en tapial de tierra y cal, con un aljibe en su interior, que se rodearía con una línea de muralla también de tapial, conformando el perímetro exterior del recinto.

En el lienzo oeste, erigido sobre el zócalo de mampostería mencionado, se abre un vano en el extremo occidental del muro, que pudo corresponder al acceso a una mina para la extracción del mineral de hierro que se encuentra en el interior del castillo, actividad a la que alude su topónimo y cuya explotación continuará durante todo el período islámico. 

El sistema defensivo de Castro Ferral se refuerza probablemente antes de la batalla de las Navas de Tolosa, de 1212, con el levantamiento de un nuevo muro de tapial paralelo al lienzo este del recinto, un antemuro que crea un pasillo o liza de 2,2 m, a la vez que se amplía el recinto en dirección norte. En esos momentos la extracción de hierro se abandona y se ciega su acceso, protegiéndola.

La contienda debió originar cuantiosos daños a la fortificación, ahora en manos cristianas, lo que unido a las ofensivas posteriores de los almohades propició que se llevase a cabo la modificación de algunos de sus elementos defensivos, como el refuerzo con mampostería de muros y la construcción, en el extremo sureste, de una torre de la misma fábrica y planta circular.

La zona de Despeñaperros ha atraído pobladores desde la Prehistoria por distintas razones: 

Su escarpada orografía, ha permitido la conformación y proliferación de cuevas y abrigos como los del Conjunto Rupestre Vacas del Retamoso-Los Órganos, que cuentan con pinturas rupestres, concretamente 400 figuras de estilo esquemático y levantino repartidas por 14 puntos diferentes, declaradas Patrimonio de la Humanidad por la Unesco. 

Sus parajes naturales propicios para la sacralización, como el santuario del Collado de los Jardines o Cueva de los Muñecos, un abrigo cobijado bajo un escarpe del cerro cuyo nombre alude a los más de 2.500 exvotos de bronce recuperados del expolio. 

Y, por último, su valor estratégico respecto a los pasos naturales que atraviesan Sierra Morena, por lo que se erigieron fortificaciones durante la Edad Media, e incluso en períodos anteriores, con el objetivo de controlar las vías de comunicación entre la Meseta y al-Ándalus. 

Castro Ferral sería una de las fortificaciones que cubrían el paso de La Losa, lo que le convertía en un objetivo a batir. En 1169 Fernando de Icaza, segundo Maestre de la Orden de Calatrava, conquistó temporalmente la fortaleza, que volvió a manos musulmanas en fecha desconocida, hasta que tras la batalla de las Navas de Tolosa quedara definitivamente en poder de Castilla. 

La fortaleza formó parte del escenario de uno de los hitos más destacados de la historia medieval peninsular, por su trascendencia en el avance de los reinos cristianos sobre al-Ándalus, la batalla de las Navas de Tolosa, librada el 16 de julio de 1212. Concebida como cruzada, fue una contienda en la que las rutas y pasos hacia la Meseta jugaron un papel fundamental. En ella se enfrentaron una coalición de reinos cristianos, comandados por los monarcas Alfonso VIII de Castilla, Pedro II de Aragón y Sancho VII de Navarra, apoyados por el papa Inocencio III, contra el califa almohade Muhammad al-Nasir, en cuyo ejército se integraron combatientes procedentes del Magreb, de territorios subsaharianos y de contingentes turcos.

El 12 de julio de 1212, tropas al mando de Don Diego López de Haro tomaron el Puerto del Muradal, con la fortificación de Castro Ferral. Dos días más tarde, tras ser bloqueados en el paso de la Losa, los cristianos acampan en el paraje conocido como Mesa del Rey, desde donde acuden a la batalla que tuvo lugar el día 16 de julio, derrotando al ejército almohade.

En el entorno de la fortaleza, se han documentado los vestigios de su asalto por las tropas de Alfonso VIII, una gran concentración de material armamentístico, básicamente puntas de flecha. Se han registrado también piezas relacionadas con la vida cotidiana en El Ferral y con su función militar.


Tras la victoria de los ejércitos cristianos Castro Ferral mantuvo su importancia en la ruta del Muradal a lo largo del siglo XIII, como uno de los puntos estratégicos a partir de los cuales se acometería la conquista del Alto Guadalquivir. En 1217 el arzobispo de Toledo se adjudicó el castillo y su término junto con otros de la región, entre ellos el de Tolosa, con el consentimiento del papa Honorio III, quien los confirmó como límites de la archidiócesis toledana. En el año 1243, a raíz de las reclamaciones del obispado de Baeza se integró en la jurisdicción baezana.

El traslado de la frontera a las Cordilleras Béticas le restó valor estratégico, lo que marcó el inicio del declive de Castro Ferral. El abandono y la apertura de un cortafuegos que atraviesa las ruinas, supusieron la desaparición de gran parte de las estructuras que conformaban la fortaleza.

El pastor de las Navas de Tolosa. En julio de 1212 las huestes cristianas, en su camino hacia el corazón de al-Andalus debían atravesar Sierra Morena por el paso natural de La Losa, una garganta angosta en el Puerto del Muradal, defendida por la fortaleza de Castro Ferral. Alfonso VIII envió a Don Diego López de Haro a tomar el castillo, pero a pesar de su conquista, el camino seguía fuertemente defendido. 

Al campamento cristiano llegó un hombre del lugar, conocedor de aquellas tierras de frontera, que les mostró un camino alternativo entre las montañas, conduciendo a Don Diego López de Haro y sus tropas a una altiplanicie desde entonces conocida como Mesa del Rey. En ella se instaló el campamento cristiano para lanzar su ofensiva contra el ejército almohade, el día 16 de julio de 1212, un enfrentamiento que abriría la puerta de al-Ándalus a los ejércitos cruzados. El hombre que les mostró el camino se llamaba Martín Halaja, pastor para unos, cazador para otros y para los más piadosos el mismo San Isidro.

Breve descripción

El castillo de Castro Ferral está emplazado en el Puerto del Muradal, a más de 900 m de altitud, un lugar estratégico para el control del Paso de la Losa, vía de comunicación entre Andalucía y la Meseta, en pleno corazón de Despeñaperros. La fortificación almohade constaba de un recinto cuadrangular y una línea de muralla exterior que lo defendía, ambos construidos en tapial de argamasa de cal y arena, a los que los cristianos añadieron una torre de planta circular de mampostería, así como otras reformas en sus paños de muralla. El topónimo “Ferral” alude a la presencia de hierro, mineral que fue extraído desde el propio castillo durante varias épocas históricas. 
La trascendencia de la batalla de las Navas de Tolosa, en el avance de los reinos cristianos sobre al-Ándalus marcó la historia del castillo de Castro Ferral, como demuestra la rápida ocupación de la fortaleza por los cristianos en los días anteriores al enfrentamiento entre ambos bandos, en julio de 1212. La importancia de este enclave fortificado perduró durante todo el siglo XIII, con la función de proteger y vigilar el paso de tropas y aprovisionamientos.

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Castillo de Cardete

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5630671
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La fortaleza de Cardete fue construida por los árabes, y en esa época Benatae debía ser una de las aldeas dependientes de la fortaleza. No obstante debió ser ocupada entre los años 1226 y 1242, al mismo tiempo que la mayor parte de la Sierra de Segura. El recinto tiene forma trapezoidal y la torre del homenaje alcanza los 14 metros de altura. Saltándose las normas de construcción, esta torre hace su proyección hacia el interior del recinto amurallado.

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Castillo de Canena

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8000909
Descripción
Breve descripción

El Castillo-Palacio de Canena, situado en la zona más elevada de la localidad, es un elegante ejemplo de la arquitectura militar-palaciega renacentista. Edificio rectangular, compacto y sobrio, alterna elementos militares como los torreones circulares que protegen sus ángulos, el foso o las troneras que defienden su acceso principal, con otros puramente decorativos como la portada plateresca, la galería que se abre en el lado sur o el patio de estilo renacentista, símbolos que proclamaban el poder de don Francisco de los Cobos, secretario de Carlos I. 

En época islámica Canena fue un pequeño asentamiento fortificado (hisn) perteneciente al distrito administrativo de Baeza y ubicado en las cercanías de vías de comunicación entre el Alto Guadalquivir y la Meseta.Un enclave rural donde se asentaron los Banu Kinana. En torno a 1226 este territorio caería en manos de Castilla, produciéndose una situación extraordinaria al repartirse la aldea de Canena entre las Órdenes Militares de Santiago y Calatrava, dividiéndose en dos “barrios” con distinta jurisdicción, que coexistieron durante más de siglo y medio. Pero Canena siguió siendo objeto de disputas, viéndose inmersa en el enfrentamiento entre las familias nobiliarias de los Benavides y los Carvajales durante la segunda mitad del siglo XV. Finalmente, en el siguiente siglo Don Francisco de los Cobos se hizo con la villa y encargó a Andrés de Vandelvira la construcción de un palacio fortificado, emblema de la localidad.

El actual castillo-palacio de Canena es un edificio compacto, de planta rectangular, construido con mampostería irregular unida con mortero. El flanco sureste, en el que se ubica la entrada, está protegido por dos torreones cilíndricos ubicados en sus ángulos, y por un foso. El lado opuesto reproduce los torreones esquineros, pero más estrechos y de mucha menor altura, quedando al nivel de una terraza que ocupa toda la fachada Oeste, en la que se integran.

En el interior se alza la torre del Homenaje, de planta cuadrada y rematada por pequeños pináculos, que algunos autores consideran una construcción previa, correspondiente al castillo de los Benavides. Una doble cornisa recorre todo su perímetro, entre el primer y segundo cuerpo, enmarcando los escudos de Francisco de los Cobos y María de Mendoza sostenidos por tenantes.

Entre los heterogéneos vanos que se abren en los muros del castillo destacan las troneras para las armas de artillería, con forma de arco escarzano y abocinadas, abiertas en los torreones circulares de la fachada principal y en el remate de ésta. En el lienzo sur, en el piso superior, se abre una galería de cuatro arcos escarzanos sobre columnas con capiteles compuestos y con balaustrada de piedra.

En el lienzo sureste se encuentra el acceso al interior del edificio, junto a la torre sur. Enmarca la puerta un arco de medio punto de grandes dovelas, bajo un entablamento sobre pilastras que sustenta otro arco de medio punto que tiene en su tímpano el escudo de Don Francisco de los Cobos y Doña María de Mendoza sostenido por tenantes en forma de figuras fantásticas. La portada se remata con tres flameros y sobre ella se pueden ver las ranuras para el mecanismo que levantaba el antiguo puente levadizo sobre el foso, que actualmente es fijo.

Una vez en el interior, las dependencias se articulan en torno a un patio de planta cuadrada y dos alturas. La galería inferior está formada por arcos de medio punto sobre columnas con capiteles jónicos dispuestos a través. Por su parte, la galería superior tiene una estructura adintelada, sustentada por grandes zapatas decoradas que apoyan sobre columnas con capiteles jónicos con una disposición frontal.

El edificio cuenta con estancias en las que destacan frisos con motivos fantásticos, heráldicos y florales.

El territorio de la antigua Baeza, en el que se encontraba Canena, parece haber sido tomado mediante pactos, en los años posteriores a la llegada de los ejércitos musulmanes a la Península Ibérica en 711.

En el siglo X la mayor parte de la provincia de Jaén constituía la Kurat Yayyan (Cora de Jaén), en la que se integraría la circunscripción de Bayyasa (Baeza), epicentro de un distrito administrativo que se extendía desde el Guadalquivir hasta Sierra Morena, del que formaba parte Canena, un hisn (lugar fortificado) conocido como Kinana. Su nombre pudo deberse a los Banu Kinana, tribu árabe que se asentó en este territorio. La elección de este emplazamiento estaría relacionada con la abundancia de agua en su entorno y su cercanía a los caminos que comunicaban el Alto Guadalquivir con la Meseta.

En 1226 Baeza pasó a manos cristianas y probablemente Canena será tomada también en estos momentos, al igual que el resto de su distrito. Tras la conquista, no hay referencias a la localidad en las fuentes, pero en un primer momento debió permanecer bajo la jurisdicción de Baeza. Parte de Canena fue cedida a la Orden de Santiago antes de 1236, año en que las fuentes mencionan a un comendador santiaguista. Sin embargo, es posible que hasta 1274 parte de la aldea fuese aún propiedad del Concejo de Baeza, hasta que pasó a manos de la Orden de Calatrava, que formó la encomienda de Torres y Canena. En 1279, aparece repartida en dos “barrios” pertenecientes a las Órdenes de Calatrava y Santiago.

La Orden de Calatrava emprendió una importante labor de fortificación en sus posesiones de Sierra Mágina, la Campiña y La Loma. La fortaleza de Canena, compartida por ambas órdenes militares, probablemente se vería reforzada en estos momentos, siendo causa de numerosos conflictos entre ellas.

Entre 1302 y 1353 el barrio calatravo estuvo en poder de Baeza, volviendo a la Encomienda, en la que permaneció hasta mediados del siglo XV. La Orden de Santiago, por su parte, añadirá a principios del siglo XIV Bedmar y Albanchez a sus posesiones, formando junto al barrio de Santiago en Canena, la segunda encomienda de esta orden en tierras de Jaén.

En la segunda mitad del siglo XV dos linajes se disputaban el control de Baeza. En 1472, Sancho de Benavides se apodera de la zona calatrava de Canena para contrarrestar la adquisición del señorío y castillo de Tobaruela por los Carvajal, un enclave estratégico para controlar la vecina villa de Jabalquinto, de la familia Benavides. Años más tarde, debido a las obras de fortificación realizadas por Sancho de Benavides en Canena, Baeza elevó una protesta ante los Reyes Católicos, quienes habían prohibido que se levantasen nuevas fortalezas en el territorio para poner fin a las luchas entre los bandos nobiliarios; la fortaleza se describe en 1494 como derribada hasta sus cimientos, aunque puede referirse tan solo a la zona calatrava. Se desconoce si se trataba de una remodelación de la fortaleza existente o de la construcción de una nueva. En la actualidad se ignora la ubicación de ese castillo. 

Las desamortizaciones de bienes de las Órdenes en el siglo XVI dieron lugar a la proliferación de señoríos laicos. Don Francisco de los Cobos, secretario privado y secretario de Estado de Carlos I, adquirió las villas de Sabiote, Torres, Canena, Jimena y el heredamiento de Recena formando un extenso señorío. Tras obtener la villa completa en el año 1539, unificó ambos “barrios” y encargó la construcción de un castillo-palacio a Andrés de Vandelvira, erigiéndose el magnífico edificio renacentista que se conserva hoy en día.

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Castillo de Cabra del Santo Cristo

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Al Este de la actual población de Cabra del Santo Cristo, a escasos metros del pueblo, se encuentra un cerro amesetado, llamado Cerro San Juan, en el que se ubican el Castillo de Cabra y la antigua población. Con una altitud de 950 metros, domina la vertiente occidental del valle del Arroyo del Rollo, siendo el acceso más cómodo por su cara Oeste, a través de un carril de origen antiguo. En la actualidad, la meseta está plantada de olivar y se ha construido un palomar en la cima.

Según la detallada descripción realizada por Tomás Quesada? se trata de una construcción de planta poligonal de la que permanecen restos de tres torres, en los sectores Noreste, Noroeste y Sur, y un lienzo de muralla que une las torres Noreste y Noroeste. De las tres torres, la mejor conservada es la situada al Noreste, de planta rectangular cuyas dimensiones son de 4,60 por 4 metros de lado? y construida con muros de mampostería irregular unidos con argamasa dura de cal y arena, presentando en el interior restos de enlucido y parte del suelo original. La altura conservada varía desde 0,85 a 1,60 metros, pudiéndose observar mechinales de dos tongadas. En la cara externa del muro Norte, se aprecian dos hiladas inferiores de mampuestos de un material distinto al resto de la construcción y de mayores dimensiones; observándose en una de ellas un agujero que debió de servir como desagüe.

En las torres de los sectores Noroeste y Sur, mucho peor conservadas que la primera, apenas se conservan varias hiladas de mampuestos, en el mejor de los casos. Las características constructivas son similares a los de la otra torre. El grosor de los muros oscila entre 60 y 100 centímetros, encontrándose enterradas partes de las estructuras.

De la muralla del castillo apenas se conserva hoy un lienzo que discurre entre las torres Noreste y Noroeste, de casi 20 metros de longitud, constatable solo en algunos puntos y ejecutada con la misma técnica y materiales que las torres.

¿En la parte alta de la colina se ha identificado una pequeña estructura en ángulo que sobresale 40 centímetros del suelo, pudiendo tratarse de una esquina del muro que insinúa el trazado rectangular.? En las laderas también se observan importantes restos constructivos, como por ejemplo, vestigios de la muralla perimetral en el escarpe, aunque está fuera de escasa entidad, siendo esculpida en la roca y completada con un fuerte parapeto.

En la falda meridional es donde más abundan restos de materiales constructivos (argamasa, tejas, ladrillos y restos de suelos), que indican la posibilidad de que en esta zona se situase una población aneja a la fortificación. También se han hallado ruedas de molino de difícil clasificación. Recientemente se ha identificado una estructura circular en mortero de cal que bien podría ser un aljibe o una cisterna.

Al parecer, la fortificación estaría destinada únicamente a ser el refugio de la población en caso de peligro.

Historia

Determinados aspectos constructivos del castillo, como la planta rectangular (siguiendo la planta de un primitivo campamento romano) y la existencia de cerámica romana en superficie, han llevado a Juan Eslava a otorgar al yacimiento un origen en época romana, sobre el que se situaría más tarde un asentamiento musulmán y posteriormente otro cristiano del siglo XIII, al que corresponderían los restos que podemos apreciar actualmente en el castillo. Según los abundantes restos cerámicos hallados por todo el cerro, el yacimiento sería adscribible a una etapa cronológica que iría de los siglos X- XI al XIII, aunque los más abundantes, tal vez por ser de la última fase de ocupación islámica, son adscribibles a la fase almohade: estampillados; cerámica pintada (óxido de hierro o manganeso sobre pastas claras con motivos muy sencillos); vidriados (monocroma en diversas tonalidades y manganeso sobre melado).

Además, el nombre de "Cabra" pertenece a esa clase de topónimos pre-árabes (en este caso, de clara raíz latina) que inducen a pensar en la persistencia de grupos muladíes arabizados que mantendrían dicho topónimo. Compartirían el espacio con los nuevos grupos asentados en la zona a partir del siglo XI, lo que explicaría que fortificaciones típicamente islámicas mantengan un nombre pre-árabe. 

Las fuentes escritas cristianas comienzan a citar este castillo a partir de 1245, cuando es conquistado por los castellanos, siendo el último baluarte que mantenían los musulmanes en la margen izquierda del Jandulilla. El lugar sería ocupado mediante tratado por Fernando III. Alfonso X lo cedió al Concejo de Baeza en 1254, con la intención de dotar a este último de un pasillo que conectara con la frontera nazarí. La cesión se hizo con la condición de que los ubetenses respetaran a la población musulmana de Cabra. A pesar de ello, parece que la zona se iría despoblando paulatinamente. La proximidad a la frontera nazarí y la pobreza de las tierras no resultaban atractivas para los repobladores castellanos. Este hecho, junto a las constantes disputas con los musulmanes, provocaron que esta área quedase definida como una auténtica tierra de nadie (y, probablemente, más aún tras la revuelta mudéjar de 1264). Prueba de esta situación es un curioso pleito, fechado en 1417, provocado por el robo cometido por los ubetenses de los ganados que los musulmanes habían llevado a los pastos de Cabra. En este documento se duda de la titularidad de las tierras: no sabían si pertenecían al Concejo de Úbeda o al Reino de Granada, lo que da una idea de su situación de despoblado. Los restos cerámicos también dan fe de esta situación, no constatándose fragmentos posteriores al siglo XIII. Parece que, como mucho, en el lugar pudo subsistir un puesto de vigilancia a expensas de Úbeda.

Hacia 1545, esta zona va a ser mandada repoblar por Carlos I, convirtiéndose en señorío territorial de los Marqueses de la Rambla. A finales del siglo XVIII la encontramos ya como villa realenga, estando ya el castillo derruido y abandonado, al ampliarse el núcleo urbano.

Breve descripción

El Castillo de Cabra del Santo Cristo se sitúa en un cerro amesetado al este del pueblo de Cabra del Santo Cristo, provincia de Jaén, a pocos metros del mismo. Es de origen romano, con posteriores asentamientos musulmán y cristiano del siglo XIII, al que corresponderían los restos que podemos apreciar actualmente en el castillo

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Castillo de Burgalimar

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El castillo de Baños de la Encina, tradicionalmente ha sido considerado una obra califal a partir de la confusión generada por una lápida fundacional que le fue atribuida erróneamente, constatándose que la misma estuvo emplazada en la muralla de Talavera de la Reina, siendo todos los epígrafes que se han registrado en la localidad de carácter funerario. La fortaleza ocupa la zona de mayor altitud del Cerro del Cueto, mientras que la población de Baños de la Encina se extiende por sus vertientes norte y este, junto a uno de los afluentes más caudalosos e importantes del río Guadalquivir, el Rumblar.

Se trata de un monumental recinto defensivo, conformado por paños de muralla jalonados por quince torres cuadradas de tapial de argamasa (Tabiyya), revestido con cal que reproduce la técnica del “falso despiece”, entre las que destaca la torre norte por sus dimensiones. El recinto se adapta perfectamente a la orografía del terreno, conformando una fortaleza amurallada con forma elíptica, estratégicamente posicionada, ya que controla Sierra Morena por el norte y toda la campiña jiennense, por el sur. 

En el espacio interior se disponen diferentes estancias, en su mayoría de planta cuadrada, a ambos lados del recinto, existiendo en la zona central, la más elevada del cerro, un aljibe de planta rectangular, dividido en dos salas por un muro medianero, cubiertas por bóvedas de cañón.

La entrada al recinto se realizaba en recodo, utilizando un estrecho pasillo que se formaría entre la muralla y las diferentes estancias, para alcanzar la parte sur del recinto o incluso el acceso al aljibe. De la misma forma, hacia el norte, las dependencias de la fortaleza estarían separadas o distribuidas siguiendo otro vial, en esta ocasión empedrado, que llegaría hasta la torre más septentrional del recinto. Estas dos calles, que circulan de sur a norte, dividen y ordenan la mitad septentrional del castillo en tres alargados espacios, a la vez que daban acceso a las torres, en cuyo interior se disponen pequeñas estancias superpuestas. Ambas calles se cortan con la reforma cristiana y la construcción del alcazarejo, pero se conservan algunos restos en este nuevo espacio cristiano.

Enfrentada con la entrada principal, en la zona occidental del lienzo de muralla, se emplaza la Pontanilla, puerta delimitada por dos muros, posteriormente reformados, con el mismo sistema defensivo que la entrada principal, con un pasillo estrecho y quebrado.

Tras la conquista por Fernando III de Castilla en 1225 se produce un reordenamiento interno del castillo y de su sistema defensivo. 

Se construye en la zona norte el Alcazarejo, con un torreón circular y dos murallas de sillarejos que se adosan a los lienzos musulmanes del castillo. Así se obtiene un espacio romboidal, que se convierte en el último reducto defensivo y protege la Torre del Homenaje, que sustituye a la original torre islámica. De mayores dimensiones y edificada en mampostería, se accedería a ella por los adarves laterales. En el interior del recinto externo se han documentado otras dependencias castellanas, como un espacio de almacén y bodega en el rincón este y estructuras posiblemente destinadas a horno para pan y lagar.

La utilización del Castillo como cementerio hasta 1928, afectó gravemente a los restos arqueológicos, pudiéndose observar en la actualidad las improntas de los nichos en algunos lienzos de la muralla oeste.

La riqueza minera y su ubicación estratégica atrajeron pobladores desde época prehistórica al Cerro del Cueto. La primera ocupación de importancia registrada, ligada al auge de la minería del cobre y después del bronce data del II milenio a.n.e., coincidiendo temporalmente con el poblado de Peñalosa. Son asentamientos con las similares características, que se deben considerar de la misma estructura político-económico-social. 

La ocupación iberorromana parece concentrarse en la zona más alta del cerro, donde se han documentado varias fases de ocupación casi ininterrumpidas que se extienden desde el ibérico pleno hasta época romana tardía. 

Tras la conquista musulmana de la Península Ibérica, la población se instalaría en las faldas del recinto defensivo. En la zona más elevada debió existir un bastión militar que reutilizaría los muros y lienzos preexistentes.

Tradicionalmente se ha considerado que el castillo de Baños de la Encina fue edificado durante el reinado de al-Hakam II en la segunda mitad del siglo X, a partir de la atribución errónea de una lápida epigráfica depositada en el Museo Arqueológico Nacional, sin embargo, las últimas investigaciones han puesto de manifiesto la edificación de este conjunto defensivo en un periodo anterior a los acontecimientos bélicos que culminaron con la Batalla de las Navas de Tolosa (1212), para servir de baluarte defensivo junto a los castillos de Castro Ferral, Las Navas de Tolosa o Vilches, ante el avance de las tropas cristianas, guiadas por sus monarcas, entre los que destacarían Alfonso VII y Alfonso VIII.

Tras su conquista en 1225 por Fernando III, pasó a formar parte de un amplio territorio concejil bajo la jurisdicción de la ciudad de Baeza, siendo objeto de significativas remodelaciones internas concentradas en la parte más septentrional de la fortaleza.

A lo largo de los siglos XVI y XVII, la población va realzando su poder económico y social con la construcción de grandes edificios señoriales de familias de un cierto rango social, provenientes sobre todo de Baeza y Linares, que se irán estableciéndose a ambos lados de la vía principal. La posibilidad de que la villa estuviese delimitada por una cerca muraria, con una función más fiscal que defensiva, está avalada por algunos vestigios aún perceptibles en el núcleo urbano. En época de Felipe IV, en 1626, Baños adquiere la independencia jurisdiccional, desgajándose del gran Concejo de Baeza.

El castillo parece mantener su carácter militar hasta el siglo XVII, a partir del cual sufrirá un proceso de deterioro y abandono que se prolongará con toda probabilidad hasta el siglo XIX, cuando se comenzará a utilizar el patio de armas como cementerio municipal hasta bien entrado el siglo XX.
 

Breve descripción

En el Cerro del Cueto, una elevación rocosa de 430 m sobre el nivel del mar, se levanta actualmente el imponente castillo de Baños de la Encina, un recinto defensivo construido en el siglo XII y reformado tras la conquista cristiana. Su posición estratégica le permitía controlar Sierra Morena por el norte y toda la campiña jiennense, por el sur. Está formado por un alcázar y un recinto exterior jalonado por catorce torres cuadradas realizadas en tapial de argamasa y una torre del Homenaje en mampostería irregular. En su interior, las intervenciones arqueológicas han puesto de manifiesto, en su sector más meridional, una ocupación desde época prehistórica a la romana. Actualmente se conservan restos de un poblado de la Edad del Bronce o de una escalinata que pudo pertenecer a un edificio de culto romano de grandes dimensiones. 
La riqueza minera de esta comarca y su ubicación estratégica en las rutas de comunicación entre Andalucía y la Meseta, han propiciado el asentamiento de distintas poblaciones en su cima, destacando un importante asentamiento de la Edad del Bronce, coetáneo al de Peñalosa. Se han documentado también varias fases de ocupación casi ininterrumpidas que se extienden desde el ibérico pleno hasta época romana tardía. En la Edad Media, ante el avance de los ejércitos cristianos, se crea una red de fortificaciones en el entorno de Sierra Morena, de la que formará parte el castillo de Baños, erigido en el siglo XII por los almohades y reforzado por los castellanos tras su conquista en 1225. El auge de la población a lo largo de los siglos XVI y XVII ha quedado reflejado en las numerosas edificaciones nobiliarias que conserva la localidad.
 

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Nombre
Cerro del Cueto
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23711
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38.170310
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Castillo de Bujalamé

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5709512
Descripción
Breve descripción

Pertenece al periodo almohade, por lo que data del último tercio del siglo XI y la primera mitad del XII. Durante la Edad Media el municipio cumplió funciones estratégicas de interés, ya que el Guadalimar era fundamental en la ruta de Levante. Los musulmanes valoraron la importancia del castillo, junto con la presa y el puente contiguos, para el control de dicha vía. No obstante, el castillo se fue deteriorando y sus piedras fueron utilizadas por sus vecinos para nuevas construcciones. Así, de la fortaleza medieval tan solo se conservan los restos de un antiguo torreón del cinturón defensivo exterior, de planta cuadrada y fabricado en tapial. Sirvió de prisión durante años y en el interior hubo una iglesia.

Telecomunicaciones
Sitio web
www.lapuertadesegura.jaenescondido.es/castillo-de-bujalame.html
Correo electrónico
lapuerta@promojaen.es
Ubicación
Código Postal
23360
Latitud
38.349170
Longitud
-2.737380
Dirección
C/ Castillo, 11
Distrito
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Castillo de Bélmez de la Moraleda

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5857694
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El castillo de la Moraleda fue construido por los musulmanes, y conquistado por los cristianos, por primera vez, entre los años 1243 y 1246, pero no lo fue definitivamente hasta 1448, pasando a incorporarse al señorío de Jódar años más tarde. Perteneció al Concejo de Baeza y a la Orden de Calatrava. A partir de 1501 las tierras de Bélmez pertenecieron a la ciudad de Granada en pago de ciertas deudas que los Reyes tenían con ella, reservando la alcaidía del castillo al señor de Jódar. La fundación como villa data del año 1524, cuando se cedieron tierras en arrendamiento a algunos labradores del lugar. Perteneció a la jurisdicción de Granada hasta que, a raíz de la organización provincial de Javier de Burgos de 1833, fue incluida en la nueva provincia de Jaén.

Ubicación
Latitud
37.749540
Longitud
-3.383630
Dirección
C/ Patrocinio de Biedma, 9
Distrito
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