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Fortaleza de la Mota

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327249
Descripción
Descripción larga

La fortaleza de la Mota, se asienta sobre un escarpado cerro amesetado, de casi tres hectáreas de superficie, a más de mil metros de altura. Enclave estratégico, desde el que se controlaban los pasos que comunicaban Granada y Almería con Córdoba y las tierras altas del Guadalquivir.

El alcázar, se ubicaba en la zona más elevada de La Mota, ocupando el extremo Noreste. Es un recinto de forma triangular, formado por tres torres: la del Homenaje, la de la Campana o de la Vela y la Torre Mocha. Un conjunto edificado en mampostería, a cuyo interior se accedía a través de una puerta en recodo bajo la Torre del Homenaje que, a pesar de las sucesivas restauraciones, aún muestra su origen islámico en los dobles arcos de herradura, los superiores apuntados, que forman el vano. Esta estructura constructiva es muy similar a las de la Puerta de las Pesas o la de Monaita en Granada, datadas a finales del siglo XI.

En torno al alcázar se dispone la madina, ocupando la totalidad de la cumbre amesetada de la Mota. El recinto amurallado que circunda la meseta, jalonado por torres, se construyó originalmente de tapial de tierra, pero tras la conquista cristiana sus lienzos se revistieron de mampostería o directamente se sustituyeron. Entre las torres destaca la de la Cárcel, una gran albarrana estructurada en tres salas abovedadas, construida entre los siglos XIV y XV, posiblemente sobre los restos de una antigua torre islámica, que defendería el acceso a la madina.

El camino de acceso al interior del recinto se hacía a través de un complejo sistema fortificado compuesto por una rampa encajada entre murallas, en el que había que franquear cinco puertas, de las cuales todavía se encuentran en pie tres: la de las Lanzas, la de la Imagen y la del Peso de la Harina. La subida se iniciaba a través de una primera puerta, de la que apenas quedan restos, defendida y controlada por las torres del Homenaje y Mocha del Alcázar. Una vez en el camino, se asciende hasta una torre albarrana, la llamada puerta de las Lanzas, muy modificada en el siglo XVI. Tras atravesar esta puerta, el visitante encuentra una segunda torre albarrana, de grandes proporciones, que cobija una de las puertas más monumentales, la Puerta de la Imagen, de mampostería, con doble arcada, la primera de ellas con arco de medio punto apuntado, mientras que el segundo, es de herradura, y está enmarcado por una bóveda apuntada de gran altura. Esta puerta es muy similar a la Puerta de la Justicia de la Alhambra de Granada. Siguiendo el ascenso hacia la cumbre de la Mota, se alcanzaba la Puerta de la Aguilera, de las que apenas quedan restos y a continuación la del Peso de la Harina, al final de la rampa, en la que se abren dos arcos apuntados y tras la que se accede directamente a la Plaza Alta. 

Este recinto contaba con otras puertas, como la Puerta de Santiago en el extremo Noroeste y la de San Bartolomé, en el lienzo Suroeste, accesos secundarios que comunicaban la Mota con el exterior de la ciudad.

La puerta del Zaide, en el lienzo sur, comunicaba los arrabales con la madina a través de una calle que ascendía hasta llegar a la Torre de la Cárcel, a partir de la cual se cubría con una bóveda de cañón formando un pasaje que llegaba hasta la Torre del Adarve y a la Plaza Alta, a este tramo abovedado se le denominaba el Cañuto.

En el interior de la madina las investigaciones arqueológicas han documentado parte del entramado urbano, con numerosas viviendas que ocupan la zona occidental de la meseta, que formarían un barrio popular, conocido como el Bahondillo, que también se extendía hacia el alcázar, donde se encontraron viviendas más señoriales.  

La Iglesia Mayor Abacial, que se yergue al sur del alcázar, fue construida entre los siglos XVI y XVII, sobre la primitiva iglesia mandada edificar por Alfonso XI, de la que solo queda la capilla funeraria del Deán Chirinos, construida en el siglo XV en estilo gótico. El templo compila varios estilos artísticos, desde las bóvedas góticas de los pies hasta el manierismo del cuerpo de la iglesia y la portada. En su interior se han hallado numerosas inhumaciones de diferente cronología. En el flanco Sur de la iglesia se encuentra la sacristía, obra del siglo XVII. 

Otros elementos destacados de la madina son las Casas del Cabildo Municipal o las Carnicerías, ambas edificadas en el siglo XVI. Se conservan también aljibes y un nevero.

A partir del siglo XV la ciudad se desborda, surgiendo el arrabal Viejo o de Santo Domingo, que se extiende por la ladera sureste circundado por un tercer recinto. Las investigaciones arqueológicas han sacado a la luz el trazado de las murallas, la trama viaria, las estructuras edilicias, así como numerosos pozos y muladares. En este barrio se encuentran las ruinas de la iglesia de Santo Domingo de Silos, de estilo gótico-mudéjar.

La ocupación del cerro de la Mota se remonta a la primera mitad del tercer milenio a.n.e., con la existencia de un importante asentamiento de la Edad del Cobre en la meseta y sus laderas, donde se han documentado cabañas y silos de almacenaje, que posiblemente se prolongase durante la Edad del Bronce. 

De época romana también se han detectado indicios en la Iglesia Mayor Abacial, que fechan el inicio de la ocupación romana antes del siglo I d.n.e. Se trata de dos aljibes excavados en la roca, estucados y pintados en rojo, y un muro de grandes sillares con un suelo de mortero. La meseta continuaría habitada en los siglos posteriores, como demuestran los enterramientos visigodos de carácter antropomorfo aparecidos en el subsuelo de la Iglesia.
Los musulmanes se instalaron en este asentamiento, que pasó a ser conocido como Qal'at Astalir, debido a la cercanía de una importante fuente de agua, y Qal'at Yahsub, nombre del jefe del grupo familiar que se asentó en su territorio.

La crisis del Califato y el posterior avance de los ejércitos cristianos convirtieron las tierras del Alto Guadalquivir en un incesante campo de batalla con incursiones de desgaste de ambos bandos, lo que provocó la exhaustiva fortificación de las líneas fronterizas. En este contexto se construyeron probablemente los principales edificios de Alcalá. 

En el siglo XI perteneció a la dinastía zirí de Granada, pero fue con los Banu Said, en el XII, cuando recibió el nombre con el que se la conocería hasta la conquista cristiana: Qal' at Banu Said. Bajo el gobierno de los Said mantuvo cierta independencia ante los nuevos poderes norteafricanos de almorávides y almohades, alcanzando un gran auge reflejado en la ciudad, que experimenta su mayor desarrollo urbanístico y arquitectónico. En el área, que actualmente está ocupada por la iglesia Mayor Abacial, se encontraba la medina de la ciudad islámica, con los principales edificios públicos, comerciales, religiosos y administrativos.

A principios del siglo XIII, tras la victoria cristiana en las Navas de Tolosa, los Banu Said abandonaron Al-Andalus, pasando Alcalá a formar parte del reino nazarí de Granada. Su emplazamiento estratégico y su posición como último emplazamiento defensivo en la frontera de los dominios musulmanes, la convirtieron en un enclave codiciado por ambos bandos. Un espacio donde se sucedieron las luchas entre granadinos y castellanos, principalmente por la posesión de esta estratégica plaza, con períodos en los que cambió de manos temporalmente, como ocurrió en 1213, año en que fue conquistada por Alfonso VIII, para volver a dominio granadino poco después. Finalmente, en 1341 Alfonso XI conquistó definitivamente Qal' at Banu Said o Alcalá de Ben Zaide, como la llamaban los cristianos, convirtiéndose en la puerta de Castilla hacia Granada y pasando a ser conocida como Alcalá la Real. 

El rey fundó una abadía de patronato real con jurisdicción propia, lo que se tradujo en un importante desarrollo socioeconómico que hizo que la ciudad sobrepasara el recinto amurallado y se extendiese por las laderas de La Mota. Según las fuentes, Alfonso XI edificó una primera iglesia gótica, sobre la mezquita mayor de la ciudad musulmana, que mantuvo su función religiosa hasta que en el siglo XVI fue sustituida por la Iglesia Mayor Abacial. 

Con la conquista de Granada, la función defensiva de la Mota desapareció, aunque se mantuvo como centro del poder civil y religioso.  

Entre los siglos XVI - XVIII la población se fue trasladando hacia zonas más bajas, al este del cerro, despoblando la antigua ciudad. La iglesia fue el único edificio que siguió en funcionamiento hasta que en 1810 las tropas francesas la incendiaron en su retirada. A partir de ese momento el proceso de abandono y deterioro se aceleró, siendo utilizada como cementerio y sufriendo demoliciones parciales. Desde mediados del siglo XX se han sucedido numerosas excavaciones y restauraciones en todo el conjunto.

En 1931 la Mota, fue declarada Monumento Nacional y en 1967 Conjunto Histórico Artístico. 

Breve descripción

Enclavada en el corazón de las sierras subbéticas, la imponente fortaleza de la Mota en Alcalá la Real reproduce el esquema general de la ciudad islámica, estructurada en tres recintos fortificados: la madina, el alcázar y el arrabal. La madina, ocupa la amplia meseta que corona el Cerro de la Mota con el alcázar, último bastión defensivo, elevándose sobre un escarpe rocoso, desde el que controla el inicio de una subida fuertemente fortificada hacia la ciudad medieval, mientras que el arrabal Viejo se despliega por la ladera sureste, en torno a las ruinas de la iglesia de Santo Domingo de Silos. Bajo ellos, el subsuelo está horadado por un entramado de galerías de asedio, que comunican el arrabal con la madina recorriendo más de 120 m de túnel, con un desnivel del 40%. El conjunto monumental alberga también un centro de interpretación que sumerge al visitante en la vida cotidiana de los territorios fronterizos.
 

Telecomunicaciones
Sitio web
https://fortalezadelamota.com/
Teléfono de contacto
953 102 717 / 953 102 717
Correo electrónico
fortalezadelamota@alcalalareal.es
Ubicación
Nombre
Castillo-Fortaleza de la Mota
Código Postal
23680
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37.460590
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-3.929620
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Municipio
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Horario

Fortaleza de la Mota — 1 may - 15 sept: lunes a domingo 10:00 - 19:00. 16 sept - 30 abr: lunes a domingo 10:00 - 18:00. Palacio Abacial — todo el año: lunes a domingo 10:00 - 18:00. Cerrado 25 dic, 1 y 6 ene. Horario especial 10:00 - 14:00 los días 24 y 31 dic y 5 ene.

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Otros servicios
  • Aparcamientos.
  • Acceso y aparcamiento para autobuses.
  • Audioguía gratuita en castellano (versión adulto e infantil), inglés (versión adulto e infantil), alemán, francés e italiano.
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Cisterna romana La Calderona

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Declarada Bien de Interés Cultural en 2014, la cisterna de La Calderona en Porcuna (Jaén) es un depósito de agua de la ciudad romana de Obulco, que se presupone vinculado a una infraestructura hídrica del municipium, posiblemente unas termas públicas. En la época del Imperio romano, el crecimiento de la extensa ciudad amurallada llevó a cubrir la zona con grandes pilares de piedra sobre los que se asentaron nuevas construcciones, comenzando así lo que se convirtió en su sepultación definitiva.

En la guerra civil española la cisterna sirvió como refugio antiaéreo. De manera fortuita, se produjo entonces un hallazgo que puso a los expertos sobre la pista de la infraestructura original: al bajar al subsuelo para protegerse de los bombardeos, los vecinos observaron que los pozos que tenían en sus casas formaban parte de una estructura más compleja.

Después de una larga y compleja restauración, la cisterna actualmente en funcionamiento se ha abierto al público. Para acceder a la cota del depósito, la intervención requirió, en primer lugar, levantar un edificio de nueva planta, que sirviera como centro de recepción de visitantes e integrara a su vez la rampa helicoidal de bajada con 100 metros suspendidos, que no tocan los restos arqueológicos. Para ubicar la nueva construcción se aprovechó un área vacía, situada en uno de los márgenes de la carretera más cercana, de forma que no se vieran afectadas las casas emplazadas sobre el conjunto romano. De esta forma, la búsqueda de un acceso a la cisterna acabó generando como añadidos además de la nueva construcción, un puente que atraviesa la calle de San Marcos y un túnel que pasa por debajo de las viviendas.

El proyecto, dirigido por el arquitecto Pablo Millán, está basado en la interrelación de realidades opuestas y que, frente a la complejidad, propone un discurso sustentado en la sencillez de una arquitectura limpia, geométricamente precisa que no entre en conflicto con la arquitectura patrimonial, presente tanto en la cisterna romana como en todas las edificaciones domésticas aparecidas durante la intervención arqueológica. Frente al espacio bajo rasante, oculto, en el que no entra la luz, se plantea un nuevo espacio claro y diáfano por el que el visitante transita, estableciendo un diálogo entre el patrimonio arqueológico y la arquitectura contemporánea.

Breve descripción

Se trata de un complejo hidráulico subterráneo con más de dos milenios de antigüedad, situado en el municipio de Porcuna. Redescubierto accidentalmente por uno de los habitantes de las casas contemporáneas situadas sobre él y utilizado durante la guerra civil como refugio antiaéreo, en origen fue un gran depósito de agua público con varios caños de recogida de aguas pluviales y tres pozos de captación. Su construcción, mediante muros y pilares atirantados  de sillares ciclópeos que soportan la cubierta arquitrabada con enormes losas de calcarenita local, la hace única  y singular a todos los niveles.

Telecomunicaciones
Teléfono
<p>Oficina de Turismo</p>

<p>Plaza de Andalucía, 3&nbsp;</p>
Teléfono de contacto
953 545 130
Correo electrónico
oficinaturismo@porcuna.es
Ubicación
Código Postal
23790
Latitud
37.872025
Longitud
-4.189043
Dirección
Camino de San Marcos, s/n
Distrito
Municipio
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Visitas guiadas previa reserva en Oficina de Turismo de Porcuna. Martes a domingo: 10:00 - 13:00.
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Centro de Interpretación Iliturgi "La Ciudad de los Tres Ríos"

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10338578
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A través de tecnologías visuales e interactivas en tres dimensiones (videomapping, hologramas, etc.) ofrece al visitante un recorrido, desde época iberorromana, por la historia Mengíbar relacionada con su localización geográfica en la confluencia de tres grandes ríos: Guadalquivir, Guadalbullón y Guadalimar. En esta línea, su contenido entronca con rutas como la del Viaje al Tiempo de los Íberos o la de los Fenicios. Su montaje ha contado con el asesoramiento y apoyo de los profesionales del Instituto Universitario de Arqueología Íbera de la Universidad de Jaén, encabezado por Juan Pedro Bellón Ruiz, actual director.

Breve descripción

Este recién inaugurado Centro de Interpretación es un espacio dedicado a la historia de Mengíbar, fruto de la colaboración entre el Ayuntamiento y la Universidad de Jaén. Está ubicado en la Casa Palacio existente en esta localidad.

Telecomunicaciones
Sitio web
www.mengibarturismo.com/
Teléfono de contacto
677 222 285
Correo electrónico
turismo@aytomengibar.com
Ubicación
Código Postal
23620
Latitud
37.967994
Longitud
-3.808773
Dirección
Plaza de la Constitución, 1
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Castillos de la Villa y de la Peña, Martos.

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327209
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En época islámica Martos contaría con una alcazaba, que ocupó el antiguo solar del recinto fortificado ibero-romano, fechada entre los siglos XI y XIII y un hisn que ocuparía la cumbre La Peña, ambos construidos en tapial de argamasa sobre basamento de mampostería. Hasta la actualidad, apenas se han documentado vestigios de estas estructuras en algunos lienzos de muralla, en el actual núcleo urbano. 

Será tras su cesión a la Orden de Calatrava por Fernando III, en 1228, cuando se erija el conjunto defensivo visible en la actualidad, ocupando dos áreas claramente diferenciadas: por un lado, el elevado macizo rocoso conocido como La Peña; y por otro, el amplio espolón o meseta sobre la que se asienta el primitivo núcleo urbano, en la ladera noroeste de la Peña. Ambos conjuntos, se unieron en la Baja Edad Media a través de varios lienzos de muralla, tras la profnda transformación de sus defensas llevada a cabo por la Orden. 

Las reformas en las fortificaciones musulmanas trajeron consigo el revestimiento o la sustitución de las antiguas murallas por forros y lienzos de mampostería, a la vez que se añaden elementos defensivos como torres macizas de planta cuadrada y circular, antemurales, barbacanas, etc. 
En la zona más elevada de un espolón rocoso, conocido como Cerro de la Villa, en la vertiente noroeste de La Peña, se ubicó la alcazaba, un recinto amurallado delimitado por una vaguada y erigido sobre los restos de la fortificación musulmana. Este conjunto amurallado, conocido popularmente con el nombre Fortaleza Baja o Castillo de la Villa, está compuesto por tres recintos. 

Ocupando la parte central, la más elevada de la gran meseta, se construyó en la primera mitad del siglo XIII, una fortaleza de planta cuadrangular a la que pertenece la Torre del Homenaje, situada en el sector más occidental, tiene planta cuadrada y se organiza en cuatro niveles, con un aljibe en el inferior. Frente a ella, en el lienzo este del recinto fortificado, se ubicaba la puerta principal, protegida por la Torre de Almedina, de planta cuadrada y varias plantas, con un aljibe excavado en la base rocosa, bajo bóveda de cañón de ladrillo con una apertura cuadrangular a modo de brocal para extraer el agua. 

A esta fortificación se le adosa por el oeste otro amplio recinto identificado como Plaza de Armas, mientras que, a partir de la segunda mitad del siglo XIII, se configura un tercer recinto defensivo en el extremo oriental de la meseta, como antesala de la antigua fortaleza. El conjunto fortificado se dotó de dependencias destinadas a caballerizas y almacenes, tahonas, lagares, bodegas, etc.

La fortaleza situada en la cumbre de La Peña, desde la que mantenía contacto visual con la mayor parte de las posesiones de la Orden, ocupa una amplia meseta, con una acusada inclinación de sur a norte, a la que se accedía a través de una angosta senda en la ladera sur. El recinto, que aprovecha las fuertes pendientes y la acusada orografía como elementos defensivos naturales, circunda toda la meseta, configurando una fortaleza de planta irregular reforzada por torres defensivas de plantas cuadradas y circulares. 

Se accedía a su interior por una torre puerta, que daba paso a un amplio espacio abierto donde se edificaron dos grandes depósitos de agua, uno a modo de balsa y otro cubierto con bóvedas de arista de ladrillo, así como diversas dependencias. En la zona más elevada se construyó un alcázar de planta irregular, donde destaca una gran torre de Homenaje rectangular organizada en cuatro pisos, utilizándose probablemente el inferior como aljibe. Se aislaba del resto de la meseta mediante un amplio foso excavado en la base rocosa, que contaría con un antemural y una puerta dotada de puente levadizo.

Tras la conquista del reino nazarí de Granada estas fortificaciones apenas sufrieron transformaciones, principalmente la emplazada en la cumbre de la Peña, lo que aceleró su progresivo abandono y deterioro en el siglo XVI.

En el núcleo urbano de Martos y sus alrededores se han realizado hallazgos de una ocupación neolítica, relacionada con el proceso de sedentarización. El posterior desarrollo de una economía de producción a partir de finales del IV milenio a.n.e. condujo a un asentamiento de la Edad del Cobre, del que forman parte una serie de estructuras, de hábitat y de almacenaje, documentadas en la zona del Polideportivo.

Durante el periodo ibérico se introducirán importantes cambios en la estructura de poblamiento de esta zona, con la proliferación, entre los siglos V y IV a.n.e., de oppida o asentamientos fortificados, dispersos por el territorio de la antigua Tucci. El principal se encontraba en la actual población de Martos, sobre el Cerro de la Villa, cuya zona más elevada fue utilizada como su acrópolis.

En época romana, Augusto creó la Colonia Augusta Gemella entre los años 15 y 14 a.n.e., posiblemente en las inmediaciones de Martos, de ahí la existencia del cognomen de Gemella. Los hallazgos arqueológicos en su núcleo urbano evidencian la monumentalidad e importancia que tuvo la ciudad en época imperial romana, cuyo foro se situaría en el entorno de la iglesia de Santa Marta.

Entre los siglos V y VII, la población de Tucci quedó integrada dentro de la Provincia de la Bética, siendo ceca desde finales del siglo VI y durante el siglo VII, así como sede episcopal.  A este momento pertenecerían los restos de una Basílica visigoda en la zona del Polideportivo, con enterramientos asociados a ella, junto a una calzada que discurría por la zona en dirección a la ciudad. En el centro urbano se halló un espectacular sarcófago paleocristiano del siglo IV que se exhibe en el Museo Provincial de Jaén.

La ubicación privilegiada de Martos, desde la que se podían controlar las rutas que conducían a Córdoba y Granada, le confirió durante toda la Alta Edad Media un alto valor estratégico que provocó que se disputasen su posesión los bandos enfrentados durante la fitna de finales del siglo IX. La urbe experimentó un notable desarrollo a lo largo del siglo IX, integrada en la Kura de Ŷayyān, convirtiéndose en uno de sus principales distritos administrativos (Iqlim de Martus). La crisis del Califato y el posterior avance de los ejércitos cristianos convirtieron las tierras del Alto Guadalquivir en un incesante campo de batalla con incursiones de desgaste de ambos bandos, lo que provocó la exhaustiva fortificación de las líneas fronterizas.

Esta zona de la Campiña fue conquistada por Fernando III en la primera mitad del siglo XIII (1224-1240). Las cesiones territoriales del monarca a la Orden de Calatrava por su colaboración durante las campañas militares, dieron lugar a la Encomienda Mayor de Martos, demarcación territorial situada en un sector fronterizo de vital importancia dada su proximidad a las tierras de Granada y Córdoba y a las principales vías de comunicación de la zona. La Orden de Calatrava llevó a cabo una intensa labor de fortificación, para controlar militar y administrativamente este amplio territorio fronterizo, conformando una sólida barrera defensiva-ofensiva.

Las fortalezas de Martos jugarían un importante papel, como baluarte fronterizo, en la expansión territorial emprendida por los ejércitos castellanos durante los siglos XIII y XIV. Posteriormente, en la segunda mitad del siglo XV, volvería a adquirir protagonismo, en el marco de las luchas nobiliarias del reinado de Enrique IV, que enfrentó a los partidarios del monarca castellano contra los seguidores de una coalición nobiliaria encabezada por Juan de Pacheco, Marqués de Villena y Pedro Girón, Maestre de Calatrava.

LEYENDAS

La leyenda de los Carvajales. Estando el Rey Fernando IV en tierras de Jaén sentenció a los hermanos Pedro y Juan de Carvajal, a quienes se acusaba de asesinar a don Juan de Benavides, familia con la que estaban enemistados, sin apenas escucharlos y dictaminando que fueran arrojados desde lo alto de la Peña de Martos dentro de una jaula con remaches afilados en su interior. Momentos antes de cumplirse la mortal sentencia los hermanos le increparon: No olvides estas palabras. “A Dios ponemos por testigo de que somos inocentes, mas quedas emplazado ante su Santo Tribunal en el plazo de un mes. Allí te esperaremos para que juzgue tu crimen”. Pasaron algunos días y el Rey cayó enfermo, hasta que inexplicablemente, un día amaneció totalmente curado y convencido de que todo había sido una casualidad. Ese día comió y bebió copiosamente, acostándose a dormir una siesta, de la que nunca despertó. Era el 7 de septiembre, el día en que se cumplía el plazo dado por los hermanos Carvajal, de ahí el nombre de Fernando IV El Emplazado.

La leyenda de doña Mencía de Haro. El alcaide de Martos, don Alvar Pérez de Castro, tuvo que ausentarse de sus tierras, dejando al mando a su sobrino, el joven don Tello, que aprovechó para hacer una cabalgada contra territorios árabes, llevándose a la mayoría de los hombres. Al-Ahmar, el emir de Arjona, quiso aprovechar esta coyuntura para atacar Martos al creerla desguarnecida. 

La condesa Mencía de Haro, esposa de Alvar Pérez, se hizo cargo de la situación y disfrazando a las mujeres de soldados las desplegó por las murallas y torres del castillo de la Peña, haciendo creer a los atacantes que se encontraba bien defendido. En el momento en que don Tello supo lo que estaba ocurriendo regresó para levantar el cerco, haciendo que los musulmanes se batieran en retirada.

Breve descripción

Martos se asienta al pie del promontorio rocoso de La Peña, hito estratégico que destaca en la Campiña Sur Giennense con sus 1003 m de altura. Ocupada desde la Prehistoria, en su núcleo urbano, sobre un espolón rocoso, se han superpuesto a lo largo de la historia fortificaciones de época ibérica, romana, islámica y bajomedieval cristiana. En el centro de la población se alzan las torres del Homenaje y de Almedina, que forman parte de los restos de la fortaleza del siglo XIII. Sobre la actual población, en la cima de La Peña, los restos del castillo de la Orden de Calatrava, un alcázar de planta irregular rodeado por un recinto amurallado, dominan la comarca.
Su evolución histórica comienza en la prehistoria, con un asentamiento de las Edades del Cobre y del Bronce. La Tucci ibérica y romana tuvo su principal núcleo de población en la actual localidad de Martos, manteniendo su importancia en el período visigodo, en el que llegó a ser sede episcopal y ceca para acuñar moneda. La relevancia de este emplazamiento continuará durante toda la Edad Media debido a su gran valor estratégico, siendo plaza codiciada por los bandos enfrentados durante la fitna de finales del siglo IX, los períodos de Taifas, o el avance de los ejércitos cristianos en el siglo XIII. Cabeza de la gran Encomienda creada por la Orden de Calatrava tras la conquista, se reforzó con un doble complejo fortificado, forzada por su carácter fronterizo y su participación en conflictos históricos como la expansión territorial de los ejércitos castellanos durante los siglos XIII y XIV, o las luchas nobiliarias de la segunda mitad del siglo XV.

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Castillo del Berrueco

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321143
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Descripción larga

El castillo se alza sobre un espolón rocoso que apenas supera los 400 m de altitud, situado en la ladera sureste del cerro de San Antón (434,77 m).  La fortificación original, de época islámica, se limitaría a un sencillo recinto erigido con una cimentación de mampostería irregular, que se adapta a la propia orografía, sobre el que se alzaban paños de tapial de argamasa. Una fortaleza que tenía como misión el control de un importante cruce de caminos, a la vez que serviría como lugar de refugio para las comunidades campesinas de su entorno. 

Tras la conquista castellana, esta construcción sufrió una profunda remodelación, erigiéndose una fortaleza en mampostería irregular rejuntada con mortero de cal y arena y sillares reforzando las esquinas, dotada de nuevos elementos defensivos. La primera referencia textual sobre este castillo se remontaría a 1251. Aún se conserva parte de sus adarves, y la coronación con aspilleras y almenas con remate piramidal, que tuvieron murallas y torres; así como restos de tres matacanes, sostenidos por ménsulas de piedra, visibles el lienzo norte. La orografía del terreno sobre el que se cimenta condicionó su trazado, construyéndose en su interior un muro adosado a las torres sur y norte, con el que se crea un doble recinto:

- Recinto superior: casi llano y de tendencia triangular, remata sus vértices con tres torres. La torre norte, la única rectangular, tiene acceso desde el adarve del lienzo oeste a una estancia con bóveda de medio cañón de yeso. La torre sur, circular y con una sola estancia, tiene también acceso elevado, aunque en este caso se alcanza a través de los afloramientos rocosos que caracterizan el flanco sureste de la fortaleza. Finalmente, la torre oeste, de planta circular, tiene dos plantas con sendas estancias. La baja, a la que se accede desde el patio de armas, se destinaría a almacenaje, mientras que la superior, conectada con los adarves de las murallas, estaría relacionada con la vigilancia. Las cámaras de estas dos torres se cubren con bóvedas semiesféricas de ladrillo. Este recinto albergaba dependencias destinadas a funciones propias de la vida cotidiana de la guarnición (cocina, dormitorio, sala, almacén ...).

- Recinto inferior: delimitado por una muralla de trazado en cremallera, sin torres, que se adapta a la formación rocosa, es un espacio con fuerte pendiente en dirección este. El lienzo norte acogía la entrada, protegida por un refuerzo a modo de contrafuerte y acceso en rampa. 
Ante el estado de ruina y abandono en que se encontraba, se han llevado a cabo trabajos de consolidación de urgencia.

Al tratarse de una comarca de la Campiña por la que discurren importantes vías de comunicación, han proliferado los asentamientos a lo largo de la Historia. En época ibérica (siglos VII y VI a C) se edificaron poblados fortificados (oppida), como los de Cerro Villargordo, el Torrejón o Cerro Miguelico, una organización espacial mantenida en un principio por los romanos. En época imperial (siglos I-III) la zona se pobló de explotaciones agropecuarias (villae) de las que se conservan vestigios en La Divina, La Muña, San Antón, Casa Fuerte o El Castil. 

En el período islámico los antiguos caminos se convirtieron en importantes vías de comunicación entre las ciudades de Yayyan (Jaén), Martus (Martos) y Aryuna (Arjona). Su carácter de tierra fronteriza estimuló la construcción de pequeñas fortalezas rurales que controlaban puntos estratégicos de estas arterias de comunicación, actuando también como lugar de refugio para las poblaciones del entorno. El castillo del Berrueco, fue uno de los principales baluartes que controlaban el acceso a Jaén, formando parte de un vasto sistema de torres y atalayas (Castillo del Término, Castillo de La Muña, Torre Olvidada, Casa Fuerte, El Castil de La Peña, La Aldehuela, Las Torrecillas, Fuerte del Rey, Torredelcampo, etc. ...). 

Tras la conquista castellana de la comarca, el Berrueco perteneció al Concejo de Jaén. La Campiña conservó su valor estratégico fronterizo, frente al reino nazarí de Granada, lo que propició una reestructuración de las defensas del alfoz de Jaén.

Durante el siglo XV, las luchas y conflictos que caracterizaron el final del reinado de Enrique IV mantuvieron la inestabilidad en la zona. El Condestable de Castilla, Miguel Lucas de Iranzo, tomó partido por el rey, mientras que Martos, bajo el dominio de la Orden de Calatrava, militó en el bando rebelde. El castillo del Berrueco, a pesar de haber reforzado sus defensas, cayó en manos del Maestre Pedro Girón, hasta que volvió a la jurisdicción del Concejo de Jaén en 1466, tras la muerte del Maestre, adquiriendo mayor protagonismo en el conflicto al ocupar los rebeldes Torredelcampo y Fuerte del Rey, hasta el fin de las hostilidades.

A partir de este momento el castillo va perdiendo su función militar, mientras que la aldea que existía junto él, dotada de dehesa y fuente pública, inicia su despoblamiento hasta que en el siglo XVI se reduzca a una simple cortijada.  Mantuvo alguna población hasta mediados del siglo XX, cuando alcanzaría un efímero esplendor que conllevó la restauración de la antigua ermita de San Antón y la edificación de una pequeña escuela, hoy en ruinas.

LEYENDAS

Una crónica medieval cuenta que Don Pedro Girón, maestre de Calatrava, pretendió la mano de la infanta de Castilla, la futura Isabel la Católica, cuando todavía era una adolescente. El rey Enrique IV, hermanastro de la infanta, aprobó el casamiento, aunque Pedro doblaba en edad a Isabel. Cuando el de Girón acudía a la boda, con su séquito, vino a pernoctar al castillo del Berrueco. Aquella noche una gran bandada de cigüeñas estuvo largo rato sobrevolando la fortaleza en círculos para después proseguir su viaje en dirección a Castilla. Los agoreros pensaron que era un mal presagio. Cuando amaneció, la comitiva continuó el viaje y a los pocos días acampó en Villarrubia, cerca de Ciudad Real, donde D. Pedro se retiró a dormir después de cenar; por la mañana lo encontraron muerto, “de esquiecencia”, según dice la crónica.

Breve descripción

El castillo del Berrueco es un castillo rural de origen islámico, aunque profundamente reformado por los castellanos tras su conquista. Su planta rectangular se adapta a un promontorio rocoso con fuerte pendiente en dirección este. Esta orografía determina su división en dos recintos: uno superior, casi llano y de tendencia triangular, con tres torres que refuerzan sus ángulos; y otro inferior con una fuerte pendiente, rodeado por una muralla de trazado irregular que se adapta a la formación rocosa y que carece de torres.
En la Edad Media fue uno de los principales baluartes en la defensa de Jaén, formando parte de un vasto sistema de torres y atalayas del Concejo de Jaén que controlaban puntos estratégicos de comunicación y sirvieron de refugio para los campesinos. Los conflictos nobiliarios del siglo XV lo convirtieron en un protagonista esencial en el bando de Enrique IV, bajo el mandato del Condestable Miguel Lucas de Iranzo.

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Castillo de Vilches

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Descripción
Descripción larga

El conjunto fortificado de Vilches estaba formado por un recinto amurallado exterior y un alcázar edificado en su interior, ocupando un amplio afloramiento rocoso. El recinto externo se construyó originalmente en tapial de argamasa sobre una cimentación de mampostería, siendo reforzado en época cristiana con un revestimiento de mampostería irregular trabada con argamasa. Se identifica como una estructura en cremallera, es decir, con quiebros en zigzag, adaptada a la orografía del terreno, y jalonada por torres de planta cuadrada situadas en puntos estratégicos, y una torre-puerta de planta en D, la cual facilitaba el acceso al interior del conjunto. En época cristiana se reforzaría con nuevos elementos, entre ellos un alcázar, de planta poligonal, fue edificado en mampostería irregular unida con mortero de cal y arena. Incorpora una torre de mayores dimensiones en la parte este, identificada como la Torre del Homenaje, presenta esquinas redondeadas. Al interior del alcázar se accedería por una entrada en recodo situada en su lateral sur. Posiblemente las esquinas de la fortaleza estuvieron rematadas por torres circulares macizas, de las que se conserva una y parte de una segunda, hoy desplazada de su posición. Estos elementos le permitían aumentar su eficacia defensiva frente al desarrollo de la artillería y armas de fuego. Los restos del alcázar nos han llegado muy alterados por su transformación en la ermita de la Virgen del Castillo. 

Dentro de este primer recinto amurallado, se conservan una serie de estructuras, de épocas precedentes, las cuales fueron reutilizadas durante la Edad Media, entre las que destaca un aljibe, que pudo ser construido en época ibero-romana, de aproximadamente 9 metros de profundidad, realizado en opus caementicium y revestido en su interior con opus signinum. También a estos momentos, podemos atribuir dos estructuras de planta regular, que también fueron construidas con opus caementicium, ubicadas en el centro y el extremo este de la meseta, cuya función desconocemos.  Junto a ello, tras la conquista cristiana, se construyen nuevos elementos en el interior de la fortificación, es el caso de una pequeña iglesia, que pudo ocupar el solar de una antigua mezquita, bajo la advocación del apóstol Santiago. Un edificio, actualmente en ruina, que fue ampliamente modificado al adaptarse sus estructuras como cortijo o nave de aperos, posiblemente relacionado con la explotación del olivar que ocupa toda la meseta. 

A extramuros se conservan, aún en uso, una serie de elementos de hábitat rupestre, se trata de cuevas excavadas en la ladera que se habilitaron como estructuras de habitación en época tardorromana o altomedieval, muchas de ellas ubicadas bajo el lienzo amurallado sur, que han permanecido habitadas hasta la actualidad.  

Las investigaciones arqueológicas desarrolladas en el cerro del castillo de Vilches han registrado indicios de ocupación de épocas neolítica, iberoromana y tardorromana, periodos en los que pudo originarse a sus estructuras de fortificación, pudiendo ser reutilizadas por aquellas otras erigidas durante la Edad Media. 

Con la llegada de los musulmanes al municipio se convirtió en un pequeño núcleo amurallado, que era conocido como Hisn Bily o Baly, siendo utilizado como lugar de refugio de diversas comunidades campesinas que habitaban en asentamientos rurales de su entorno, y que en momentos de inestabilidad política abandonan sus residencias habituales para instalarse en el interior de la meseta buscando la seguridad de sus murallas. La población islámica de Vilches, a la que aluden los cronistas musulmanes, fue testigo del conflicto sucesorio protagonizado por el futuro emir Hisam y su hermano mayor Sulayman Abu Ayyub, que era gobernador de la Kura de Toledo, enfrentándose sus ejércitos en las inmediaciones de Bily. Asimismo, de este territorio se adueñaría, a finales del siglo IX, el rebelde muladí ‘Ubayd Allah ibn Umayya ibn al-Saliya, que controló un amplio territorio con más de 100 husun y aldeas denominado Sumuntan, que ha sido identificado con la Sierra de Segura. 

Entre los siglos XI y XII, los numerosos conflictos que estallaron en al-Ándalus tras la desmembración del Califato, a los que se sumaría el avance castellano hacia Sierra Morena, desembocó en una frenética actividad fortificadora, de la que no fue ajena, la población de Vilches, que reforzaría y ampliaría sus defensas. Pero estas obras no pudieron impedir que una colación de reyes cristianos, bajo la dirección de Alfonso VIII de Castilla, tras derrotar al ejército del Califa almohade, Abu ‘Abd Allah al-Nasir, en la Batalla de las Navas de Tolosa (1212), conquistaran Vilches junto a otros castillos de Sierra Morena, como Castro Ferral, Navas y Baños de la Encina.

Será en estos momentos cuando se readapte el primer recinto amurallado del hisn islámico, y se construya un nuevo elemento defensivo, el alcázar, que ocuparía la cota de mayor altitud del cerro. El aumento de población generará una necesidad de expansión, configurándose su actual emplazamiento en la ladera suroeste del cerro.

Según algunos autores, esta población fue entregada tras su conquista al noble castellano García Pérez de Vilches, pero poco después Fernando III la integrará, como aldea, en el territorio asignado a la Comunidad de Villa y Tierra de Baeza, tal y como dejó constancia el monarca castellano en las cédulas de concesión emitidas en 1231 y 1233, donde se registra la concesión a Baeza varios castillos, entre los que se encontraba el de Vilches.

Posteriormente, en 1272 por orden del rey Alfonso X, esta aldea lograría alcanzar protagonismo y cierta “autonomía” con respecto a la ciudad de Baeza, al ser considerada como un núcleo dotado de un “termino privativo” o “concejo de aldeas”, privilegio que también lograrían las aldeas de Baños y Linares. 

En 1627, durante el reinado de Felipe IV, Vilches alcanzó su independencia jurisdiccional, segregándose definitivamente del Concejo de Baeza, alcanzando el rango de Villa.
 

Breve descripción

En el Cerro de la Virgen, una elevación amesetada a 602 m. sobre el nivel del mar, con una estratégica posición en altura y una enorme capacidad defensiva, se levanta actualmente una ermita de grandes dimensiones, dedicada a la Virgen del Castillo, patrona de la localidad. Este templo ha reutilizado los restos emergentes del alcázar cristiano de Vilches, y del que aún se conserva parte de su torre del homenaje con sus esquinas redondeadas, así como dos torres circulares, una de ellas in situ, y otra que se ha desplazado por la ladera y a la que los lugareños denominan cariñosamente como “el niño dormido”. Estos elementos del Conjunto Fortificado de Vilches, se completan con paños de muralla de mampostería y una torre-puerta, que defendía y facilitaba el acceso al interior de esta amplia fortaleza.
En el cerro del castillo de Vilches se han hallado indicios que apuntan una ocupación ininterrumpida desde época prehistórica hasta la actualidad. En la Edad Media conformó una población amurallada (Hisn Bily), en un enclave que, por su acusada orografía y sus estructuras de fortificación, fue utilizado como lugar de refugio de diversas comunidades campesinas que habitaban en las alquerías cercanas. Pero será con el avance de los ejércitos cristianos cuando Vilches adquiera importancia como enclave estratégico por su cercanía a los pasos naturales de Sierra Morena. Esta importante ubicación espacial determinó que fuese uno de los primeros lugares conquistados tras la Batalla de las Navas de Tolosa, pasando a depender jurisdiccionalmente de Baeza, de la que se segrega definitivamente en 1627, al conseguir el rango de Villa.

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Castillo de Torredonjimeno

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321405
Descripción
Descripción larga

El castillo de Torredonjimeno se localiza en el interior del núcleo urbano, sobre una pequeña elevación en la margen septentrional del arroyo Salado. 
La fortificación estaba compuesta por un recinto de grandes dimensiones y planta cuadrangular con torres, circulares y cuadradas, defendiendo sus ángulos. En su interior se situaría el antiguo patio de armas y la torre del Homenaje, hoy desaparecida. A los torreones, que alcanzarían unos 11 m de altura, se accedería desde el interior del recinto, mientras que en su planta superior se abría una salida al adarve que recorría las murallas. La mayor parte del conjunto está construida en mampostería irregular.

Su flanco oriental se protegió en época cristiana mediante un antemuro ataludado y un foso, conformando una doble línea de muralla o barbacana con, al menos, un bastión semicircular que sobresale del lienzo. Recientes investigaciones arqueológicas también han documentado los restos de estructuras defensivas en el costado oeste, concretamente parte de un foso y un antemural que contribuían a incrementar sus defensas por este sector.

Tras la conquista de Granada, el Castillo pierde su valor estratégico y su función militar, convirtiéndose en un conjunto industrial y residencial, llegando a convertirse en la vivienda señorial del comendador de la Encomienda de la Peña de Martos. A partir del siglo XV, el interior del recinto se dividió en dos grandes sectores. El occidental estará ocupado por la casa palacio que construye en su interior el maestre de la Orden de Calatrava, Luis de Guzmán, de la que se han conservado artesonados de estilo mudéjar, con motivos geométricos, vegetales y heráldicos de la familia Guzmán, y una zona ajardinada que ocupaba el extremo oeste del recinto. 

Ya en el siglo XVIII, el Duque de Abrantes mandó edificar dos almazaras en el sector oriental del recinto, en uso hasta el siglo XX, que se superponen a la muralla ataludada, destruyéndola y empleando los mampuestos como material constructivo. 

Las investigaciones arqueológicas en la zona en que se asienta el castillo de Torredonjimeno han detectado material fechado en la primera mitad del III milenio a.n.e y de época iberorromana, pero la construcción de la fortificación parece haber arrasado las posibles estructuras de estos períodos.

El origen de las estructuras defensivas de la localidad podría corresponderse con la fortificación de un enclave agrícola islámico emplazado en el distrito de Martos, del que se han documentado dos fases de ocupación, una primera datada entre los siglos VIII -X, y otra segunda de mayor entidad, fechada entre los siglos XI-XIII. Quizá fue en este momento, época almohade, cuando como consecuencia de la inseguridad imperante en toda esta comarca y con el objetivo de proteger a sus habitantes, se llevó a cabo la construcción de un recinto amurallado que pudo cercar esta pequeña población o bien dotarla de una torre de alquería. Pero será tras la conquista cristiana, y la formación en el sector occidental de la actual provincia de Jaén del señorío de la Orden Militar de Calatrava, cuando se emprenden las obras más importantes, que darán como resultado la edificación del conjunto fortificado que podemos contemplar hoy. 

Tras la toma de Martos y su comarca en 1224, Fernando III concedió cuatro años más tarde la población de Martos a la Orden de Calatrava. Este primitivo señorío fue expandiéndose a medida que avanzaba la conquista castellana, de tal manera que en 1241 el Logar de Don Ximeno pasaría a engrosar sus dominios. La Orden acaparó un extenso territorio situado en el extremo suroeste de la actual provincia de Jaén, controlando amplias zonas de la Campiña y buena parte del piedemonte de la Sierra Sur. En todo ese espacio configuró así un extenso señorío desde el que ejercía un exhaustivo control de las principales vías de comunicación que unían Jaén con Córdoba y Granada, estructurando el territorio en encomiendas. 

La Orden, ante la inestabilidad de la zona por su carácter fronterizo, que la exponía a continuas incursiones musulmanas, llevaría a cabo una intensa labor de fortificación de todo su territorio, creando un estratégico sistema defensivo, con la edificación de una compleja red de castillos, edificios fortificados y torres, que frenara las continuas algaradas musulmanas por la Campiña giennense, entre la que destacaría la fortaleza de Torredonjimeno. Una fortaleza dotada de importantes elementos defensivos erigidos en mampostería irregular, con novedosas estructuras que la capacitaban para su defensa con piezas artilleras y armas de fuego. A partir de estos momentos surgirá un pequeño núcleo urbano en torno a la fortaleza, como consecuencia de las repoblaciones que la Orden de Calatrava desarrolló en sus territorios, dotándolo de la protección de un recinto amurallado, según las fuentes, del que solo han quedado vestigios en la toponimia del callejero de la localidad. Desde el punto de vista jurisdiccional y económico, esta población quedó adscrita a la encomienda de la Peña de Martos.

La fortaleza participaría, como baluarte fronterizo, en la expansión territorial emprendida por los ejércitos castellanos durante los siglos XIII y XIV. Posteriormente, en la segunda mitad del siglo XV, volvería a verse inmersa en conflictos bélicos, en el marco de las luchas nobiliarias que estallaron durante el reinado de Enrique IV, que enfrentó a los partidarios del monarca castellano contra los seguidores de una coalición nobiliaria encabezada por D. Pedro Pacheco, Marqués de Villena y D. Pedro Girón, Maestre de Calatrava.

En 1558 Torredonjimeno logró el privilegio de villazgo, segregándose de la jurisdicción de la ciudad de Martos. Durante el siglo XVI, Torredonjimeno experimentará un desarrollo urbano que se refleja en la construcción de notables edificios civiles y religiosos. Un apogeo que se vió frenado por la crisis económica, demográfica y social del siglo XVII, tras la cual, en la centuria siguiente, emprende un lento proceso de recuperación económica y demográfica. 

En el año 2005 Torredonjimeno es declarado por la Consejería de Cultura de la Junta de Andalucía, Bien de Interés Cultural en la categoría de Conjunto Histórico.

Breve descripción

El castillo de Torredonjimeno tiene su origen en una pequeña alquería islámica que pudo fortificarse en época almohade, la cual evolucionará, tras la conquista cristiana y su integración en el señorío de la Orden de Calatrava, construyéndose un sólido castillo en mampostería irregular. Finalmente pasaría de fortaleza militar a castillo residencial en la segunda mitad del siglo XV. Estaba compuesto inicialmente por un recinto de grandes dimensiones y planta cuadrangular, que englobaba el antiguo patio de armas y la torre del Homenaje, con torres protegiendo sus ángulos, a lo que se añadió un antemural y un foso. Durante la visita al castillo se pueden ver una antigua almazara de aceite del siglo XVIII, con el Centro de Interpretación del Tesoro Visigodo de Torredonjimeno o la exposición permanente de Fósiles “Testigos de vida”; así como los restos de una Casa Señorial, o Casa Maestral, del siglo XV, entre los que destacan el artesonado de estilo mudéjar del siglo XV y el Jardín de finales del siglo XVIII.
El origen de la fortaleza parece situarse en torno a la segunda mitad del siglo XIII o principios del XIV, al edificarse en un sector de un pequeño asentamiento islámico que pudo fortificarse en época almohade cercándose con un perímetro de muralla o bien incorporando una sencilla torre de alquería. Tras la conquista castellana de esta comarca, la Orden de Calatrava configuró un vasto señorío en el extremo suroeste de la actual provincia de Jaén, del que pasó a formar parte el Logar de Don Ximeno en 1241. La proximidad de este señorío con el reino nazarí de Granada, llevó a la Orden a crear un estratégico sistema defensivo, edificándose una compleja red castral de castillos y torres, que frenara las continuas razzias o algaradas musulmanas por la Campiña giennense, entre la que destacaría la fortaleza de Torredonjimeno. Su papel militar también quedó patente en los conflictos civiles y luchas que estallaron durante el reinado de Enrique IV. En 1558 alcanzó el privilegio de villazgo, experimentando un proceso de desarrollo urbano. Según la tradición, en esta fortaleza se escribió en el año 1551, el primer libro sobre el arte de torear, actualmente custodiado en la Universidad de Salamanca.
El casco histórico de Torredonjimeno está declarado Bien de Interés Cultural en la categoría de Conjunto Histórico desde 2005.

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Castillo de Tobaruela

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Descripción
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El castillo de la Tobaruela es un edificio residencial muy tardío en el que se pueden apreciar los rasgos más evidentes de la evolución arquitectónica que este tipo de fortificaciones sufrió a lo largo del siglo XV. Originalmente fueron castillos plenamente militares con una Torre del Homenaje con una doble función como elemento defensivo y residencial. El proceso de transformación comienza con la articulación de la zona residencial en torno a un patio central y la conversión de la torre en un elemento exclusivamente defensivo. Finalmente, la Torre del Homenaje irá reduciendo su tamaño, llegando incluso a desaparecer, utilizándose el espacio que ocupa para mejorar la articulación de la zona residencial.

Se trata de un castillo de planta rectangular con evidencias de que no fue acabado, que incorpora una torre rectangular en la esquina sureste, que podría identificarse con la del Homenaje, y que tendría como cometido la defensa del acceso principal. En la esquina suroeste, fue emplazada una elegante torre bilobulada organizada en tres plantas abovedadas. Estuvo protegido en tres de sus frentes por un antemuro y un foso seco. 

En el lienzo este se encuentra la puerta principal que permite el acceso al interior de la fortificación, dotado de una portada rectangular de sillares dispuestos a soga y enmarcada por pináculos estilizados, rematados con motivos vegetales. El vano está formado por un arco carpanel con una decoración de molduras en el ángulo interior del arco. Sobre el arco se disponen una serie de escudos heráldicos. Abajo a la izquierda aparece el escudo de Portugal, en referencia a Juana de Portugal, primera esposa de Alonso Sánchez de Carvajal. A la derecha el escudo de Pacheco, por su segunda esposa, María Pacheco. Sobre estos encontramos los escudos de Carvajal y Cueva.

Internamente la fortificación se organiza en torno a un patio porticado en uno de sus frentes, que se completa en altura con grandes ventanales de arcos carpaneles sostenidos sobre columnas. Las estancias y salones se distribuían entorno al patio, sobre todo ocupando la segunda planta.

Durante la Baja Edad Media el enfrentamiento entre Pedro I y Enrique II Trastámara, trajo consigo el progreso y la relevancia política de diversos linajes como  los Carvajales. Linares se consolida como un núcleo rural de cierta entidad, apareciendo en las fuentes como una de las aldeas más pobladas del Concejo de Baeza a principios del siglo XV. Una situación que serviría como acicate para atraer a nobles de segunda fila e hidalgos.

En estos momentos las fortalezas rurales que constituían la vivienda característica de la nobleza empiezan a aparecer también en las ciudades, como viviendas nobiliarias que incorporarán elementos defensivos. Fueron sólidas residencias de apariencia militar al exterior, pero refinadas en el interior. Podrían considerarse como auténticos baluartes en los que poder refugiarse en caso de que el desarrollo de los enfrentamientos nobiliarios urbanos.

A este período corresponde el Castillo de la Tobaruela, una obra militar muy tardía que refleja la situación de lucha política de finales de la Edad Media. Los Reyes Católicos con el objetivo de finalizar los conflictos nobiliarios que habían caracterizado los siglos anteriores, mandaron destruir numerosos castillos, al tiempo que prohibían la construcción de otros nuevos. Algunos señores omitiendo la legislación, edificaron fortalezas, como es el caso del Castillo de la Tobaruela, construido en 1475 por Alonso Sánchez Carvajal, en el marco de sus enfrentamientos con Juan de Benavides. Con el objetivo de eludir la prohibición real, y de esta manera evitar solicitar la autorización de los monarcas, Alonso Sánchez Carvajal justificó la construcción de este castillo ante las autoridades, argumentando que las obras ejecutadas perseguían la restauración de una antigua fortaleza, lo que ha planteado la hipótesis de que pudo ser edificado sobre una fortificación anterior. 

Breve descripción

El castillo de la Tobaruela es un edificio señorial de aspecto militar y de planta rectangular, articulado en torno a un patio central parcialmente porticado. Este castillo-palacio está conformado por lienzos de muralla y dos torres, una cuadrangular que pudo corresponder a la del Homenaje y una bella torre bilobulada. La puerta principal del castillo está enmarcada por una portada monumental con cuatro escudos nobiliarios. El castillo estuvo protegido por un antemuro y un foso seco. Actualmente es de propiedad privada.
El linaje de los Carvajales fue uno de los que se benefició del conflicto que estalló en la segunda mitad del siglo XIV, que enfrentaría a Pedro I y Enrique II Trastámara, gracias al apoyo que prestaron al bando trastamarista, que le llevaría a convertirse en una de las familias más poderosas e influyentes del Alto Guadalquivir. En este contexto se produce la rivalidad entre dos importantes grupos nobiliarios, los Carvajales y los Benavides, que llevó a Alonso Sánchez Carvajal, en pugna con Juan de Benavides, a edificar en 1475 el castillo de la Tobaruela, acción que le generaría problemas con la monarquía, puesto que incumpliría la prohibición promulgada por los Reyes Católicos de construir nuevas fortificaciones, un mandato que tenía como fin acabar con los conflictos nobiliarios.
 

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Castillo de Solera

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Descripción
Descripción larga

Está en un espolón rocoso a 1.090 metros de altura siendo el castillo más alto de la provincia de Jaén. Se distinguen dos fases constructivas. En la cima hay unos muros de mampostería de tamaño irregular que delimitan un pequeño recinto al que está asociado un aljibe que conserva aún restos de la bóveda apuntada de cubrición. Más abajo, hay restos de otras construcciones de más envergadura, un auténtico castillo flanqueado por torres de mampostería de sillares en los ángulos y muros que cierran el recinto. La comunicación entre ambos ámbitos se efectúa a través de un pasadizo cubierto por una bóveda de medio cañón, también de mampostería, y que conserva restos de enlucido.

Toda la construcción se monta encima de la roca que le sirve de cimentación. Los paramentos originales que presentan un fuerte deterioro, se encuentran enmascarados por remodelaciones recientes.

Desde el Castillo de Solera, de origen nazarí se pueden contemplar espléndidas vistas de la Vega en la que confluyen el río Jandulilla y el río Gargantón, así como el pueblo de Bélmez de la Moraleda y el Torreón del Lucero, el cual da una idea del sistema defensivo que tenían estas tierras en épocas pasadas.

Breve descripción

El Castillo de Solera se encuentra en la localidad del mismo nombre, perteneciente desde 1975 al municipio de Huelma en la provincia de Jaén. Andalucía. Las ruinas de este castillo árabe, de mampostería y sobre una aguja rocosa, testimonian las dificultades que debieron tener los cristianos hasta que consiguieron conquistarla en 1433. El Castillo fue declarado Monumento Histórico en 1.985.

Telecomunicaciones
Sitio web
www.aytohuelma.es
Teléfono de contacto
953 390 210
Ubicación
Código Postal
23569
Latitud
37.684380
Longitud
-3.369020
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Castillo de Segura de la Sierra

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6250036
Descripción
Descripción larga

El recinto exterior abarca una gran superficie, en la que se distinguen muros que pertenecerían a construcciones características de un castillo y dos grande aljibes excavados en la roca, destinados a recoger y almacenar agua.

La barbacana, muy restaurada, está formada por un antemuro que protegía el lado oeste, más accesible, y una puerta con dos tramos de escalera en codo, lo que dificultaba la entrada a los posibles atacantes y que sería el acceso original.

El alcázar, de forma trapezoidal, tiene cuatro torres esquineras y dos más pequeñas en los lienzos sur y sureste, esta última semicircular. La entrada, también en codo, pero con una subida en rampa, se sitúa en la torre noroeste, mientras que la torre del Homenaje, situada en el sector este, con 18,43 m de altura, se estructuraba en tres plantas y terraza comunicadas por una escalera empotrada en el grueso de los muros. Las torres están comunicadas por un adarve que recorre todo el recinto.

En el interior del recinto se conserva una capilla erigida en el siglo XIII por la Orden de Santiago, de estilo mudéjar, con una nave rectangular y ábside semicircular. Frente a ella hay una gran sala o refectorio con arcos apuntados, en la que, probablemente, el techo original fuese más alto que el actual, pudiendo haber sido reutilizada como polvorín durante la Guerra de la Independencia (1808-1814). El aljibe existente en el centro del patio de armas se construyó para el aprovisionamiento de los defensores del castillo en caso de que los atacantes hubiesen conquistado el recinto exterior. Durante las excavaciones arqueológicas realizadas en 2001 salieron a la luz restos de otras construcciones de diversas cronologías: una vivienda del siglo X, lienzos de la muralla de tapial del siglo XII y de una torre almohade o un baño. El baño debió estar decorado con cierta suntuosidad, como muestran los restos de elementos decorativos recuperados, lo que correspondería a residencia de un importante señor.

Un segundo recinto de mampostería trabada con argamasa se extiende por la ladera oeste, de sur a nordeste. En él se distinguen restos de hasta siete torreones, mientras que en su interior son visibles restos de otras estructuras. 

Al nordeste, a la misma altitud de la villa, se conservan restos de un pequeño recinto con una gran torre de tapial, conocida como la “Torre de las Eras” de, al menos, cuatro niveles, horadada por numerosas saeteras de la que tan sólo quedan en pie dos de sus lados. Unos metros al este se observan los restos de una torre esquinera de menor tamaño, y de unas caballerizas y un silo excavados en la roca, situados entre ambas.

En la ladera sur del cerro sobre el que se asienta el castillo se encuentra la Torre del Agua, construcción almohade de planta rectangular y realizada en un tapial muy duro (tabiyya). Formada por tres muros, tiene como cierre trasero la roca natural. Originalmente carecía de entrada u otros vanos, pues su función parece haber sido la protección de un manantial al que se accedería desde la parte superior. 

La ocupación del cerro en el que se asienta Segura de la Sierra es anterior a la construcción de la fortaleza y de los grandes recintos de murallas hoy visibles en la población, erigidos probablemente como resultado de las transformaciones sociopolíticas que sufrió al-Andalus a partir del siglo XI. Los restos más antiguos documentados durante las investigaciones arqueológicas corresponden a una vivienda del siglo IX bajo el castillo.

La desmembración del Califato de Córdoba, a principios del siglo XI, causó un continuo cambio de manos de Segura, que, tras pertenecer a la taifa de Murcia, llegó a ser reino independiente entre 1043 y 1044, antes de caer bajo el control de la Taifa de Denia. La conquista de esta última por el rey de Zaragoza propició un nuevo período de independencia entre 1076 y 1079, pasando finalmente a formar parte del reino de Sevilla, hasta la ocupación de Segura por los almorávides en 1091.

Durante la crisis del movimiento almorávide Ibrahim ibn Hamusk se sublevó en Sócovos de Yeste, apoderándose de Segura en 1147, aliándose con el reino creado en Levante y Murcia por ibn Sai ibn Mardanis. Esta alianza propició que ibn Hamusk se apoderase de un gran territorio, tomando Jaén, Baeza y Úbeda. Estos territorios que formaron parte de un reino independiente pasaron a manos almohades en 1169, quedando ibn Hamusk como gobernador de sus territorios en Jaén. 

En ese momento Saqura se describe ya como una fortaleza (hisn) comparable a una ciudad (medina) por la importancia de su población. Entre los siglos XI y XIII se produjo una amplia fortificación en la Sierra de Segura.

Tras la conquista castellana de la comarca, entre 1226 y 1239, Fernando III reparte paulatinamente los territorios a la Orden de Santiago, concediéndole Segura el 21 de agosto de 1242, localidad a la que la Orden trasladará la Encomienda Mayor de Castilla desde Uclés. En 1243 tenía Concejo y recibió el fuero de Cuenca. 

El castillo de Segura sirvió como bastión durante las luchas nobiliarias de los siglos XIV y XV, bajo la autoridad de la familia Manrique, y como lugar desde el que partieron numerosos ataques al reino nazarí de Granada, teniendo como uno de sus principales protagonistas a Rodrigo Manrique, Maestre de la Orden de Santiago y padre del poeta Jorge Manrique.

Permaneció como sede de la Encomienda y cabeza del señorío santiaguista durante toda la Edad Moderna. 

En 1748 se constituye la Provincia Marítima de Segura de la Sierra, por el aprovisionamiento de madera para la política naval del reinado de Fernando VI, lo que produjo la degradación forestal de la comarca.

En 1810 fue nuevamente escenario de un conflicto bélico, con el enfrentamiento con las tropas napoleónicas, que arrasaron y quemaron tanto la villa como el castillo, que permaneció en ruinas hasta una serie de restauraciones llevadas a cabo en el castillo y las murallas de la localidad durante los años 60 y 70 del siglo XX. En 2001 la Universidad de Jaén acometió la primera intervención arqueológica en el castillo y en 2021 en parte de la muralla de la villa, en la zona de la puerta de Góntar.

La villa de Segura de la Sierra y su castillo están declarados Conjunto Histórico Artístico y Paisaje Pintoresco.

LEYENDAS
Leyenda del ajedrez del rey de Segura. Mudarra, sobrino del rey de Córdoba, ganó una partida de ajedrez al rey de Segura siendo huésped de su castillo. El monarca indignado le llamó “hijo de nadie”, ante lo que Mudarra le asesinó golpeándole iracundo con el tablero en la cabeza. Huyó a Córdoba donde su madre le relató la historia de su padre, Gonzalo Gustioz, a cuyos hijos, los 7 infantes de Salas, decapitaron por orden de su tío Ruy Velázquez, como venganza por una grave afrenta a la familia de su esposa durante las celebraciones de su boda. 

Mudarra partió a Castilla en busca de Ruy Velázquez, al que dio muerte cerca de Burgos, completando su venganza quemando viva a doña Lambra, esposa de su tío e instigadora del asesinato de los infantes.
 

Breve descripción

El castillo de Segura de la Sierra está formado por un recinto exterior de tapial y un alcázar protegido por una barbacana, realizado en mampostería, obra cristiana construida entre los siglos XIII y XIV, aunque aprovechando restos de la fortificación musulmana precedente. Numerosos elementos defensivos se extienden por la ladera del cerro sobre el que se asienta, mientras que en el interior del castillo se conservan una capilla, sala capitular, un baño y otras estructuras procedentes de distintos momentos cronológicos. Las murallas abrazan la villa, en la que se alternan muestras de arquitectura típicamente serrana y edificios monumentales.
La desmembración del Califato de Córdoba, a principios del siglo XI, causó un continuo cambio de manos de Segura, llegando a disfrutar de cortos períodos de independencia en el siglo XI y a ser el centro del reino independiente de ibn Hamusk en el siglo XII. Tras la conquista castellana de la comarca, en 1242 Fernando III concede Segura a la Orden de Santiago, que la convertiría en la Encomienda Mayor de Castilla. Desde ella partieron numerosos ataques al reino nazarí de Granada y sirvió como bastión durante las luchas nobiliarias de los siglos XIV y XV, bajo la autoridad de la familia Manrique. En 1810 fue escenario del enfrentamiento con las tropas napoleónicas, que arrasaron y quemaron tanto la villa como el castillo.
Tras varias restauraciones, la villa de Segura de la Sierra y su castillo están declarados Conjunto Histórico Artístico y Paisaje Pintoresco.

 

Telecomunicaciones
Sitio web
www.claritasturismo.com/experiencias-segura-de-la-sierra/
Teléfono de contacto
682 834 293
Correo electrónico
info@castilloseguradelasierra.com
Ubicación
Código Postal
23379
Latitud
38.299210
Longitud
-2.649790
Dirección
C/ Castillo
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1 may - 31 oct: martes a domingo 10:30 - 14:00 y 17:00 - 20:30. 1 nov - 30 abr: martes a domingo 10:00 - 14:00 y 16:00 - 18:30.

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