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Castillo de Santa Eufemia

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320545
Descripción
Descripción larga

Entre los siglos XI - XII se edificó, dentro del recinto del espolón sur, una esbelta torre, que tendría como objetivo controlar las principales vías de comunicación e incrementar la capacidad defensiva de Cástulo ante el avance de los ejércitos cristianos por el Guadalquivir. Fue construida en tapial de argamasa, disminuyendo el grosor de sus muros en altura, creando un perfil interno escalonado que corresponde a su división en cuatro pisos y uno subterráneo. Cada piso estaba dividido en dos estancias mediante un muro central, sobre el que se apoyaría la escalera que los conectaba. En el primero, una mitad contendría un aljibe, mientras que el resto sería macizo. La puerta de acceso a la torre estaría situada en la segunda planta, y se accedería a ella a través de una rampa ubicada junto a uno de sus laterales.

Tras la conquista cristiana de la zona en 1227, la esbelta torre islámica se convierte en la torre de Homenaje de un pequeño castillo, cuya estructura estaría conformado por un lienzo de mampostería defendido por torres perimetrales de planta cuadrada. La fortaleza quedaría aislada del resto del asentamiento por un foso defensivo, construido en este momento para incrementar su capacidad defensiva por su lado norte, que se acentuaría con edificación de las torres de tapial de piedra. Los materiales encontrados en su entorno definen una fase de ocupación datable entre los siglos XIII y XIV, tras la cual la fortificación es abandonada definitivamente.

En el siglo XV, el yacimiento de Cástulo se usó para la extracción de materiales de construcción, lo que contribuyó a desmantelar gran cantidad de estructuras, acelerando el proceso de deterioro y ruina del castillo. Actualmente, la gran torre de tapial, de la que se conserva tan solo un mitad de la misma, se encuentra restaurada.

La ocupación del lugar se inició 3000 a.n.e., un poblado basado en una economía agraria que en el Bronce Medio que se vinculará a los yacimientos minerales de su entorno. Al final de este período la ciudad se convirtió en un destacado núcleo de población, con una orientación económica mixta, en base a la explotación ganadera, agrícola y minera de la comarca. 

La explotación de las minas de Sierra Morena continuó en el periodo ibérico, convirtiendo a Cástulo en uno de los oppidum más importantes de Andalucía. Capital de la Oretania, acuñó su propia moneda. En el año 228 a.n.e. los cartagineses, bajo las órdenes del general Amílcar Barca conquistaron la ciudad. 

En el año 206 a.n.e. los romanos tomaron la ciudad. El control económico sobre los yacimientos metalíferos de Sierra Morena Oriental, le propició alcanzar una gran prosperidad económica y social, la cual quedó reflejada en la proliferación de edificios públicos, los cuales han sido documentados durante diversas investigaciones arqueológicas.

Esta prosperidad continuó en época visigoda: fue sede episcopal hasta finales del VI cuando iniciara un largo proceso de decadencia, perdiendo importancia en favor de Beatia o Viatia (Baeza), situación que llevó aparejada la pérdida de población, quedando reducida su ocupación a pequeñas áreas de la antigua urbe romana.

Cástulo permanecerá ocupada en época islámica, siendo conocida como el hisn Qastuluna, un pequeño enclave dedicado básicamente a la agricultura y la ganadería, que aún conservaría algunos tramos de su cerca defensiva.

A medida que se consolida el Estado Omeya, surgirán conflictos con los sectores tribales, fundamentalmente beréberes, que defienden su independencia. En el año 784, bajo el gobierno del emir `Abd al-Rahman I, entre los años 785 y 786 se produce el enfrentamiento de las tropas del emir con las bereberes que estaban comandadas por Abu-l-Aswad, luchas que culminarían con la derrota de los ejércitos bereberes en la batalla de Qastuluna. 

También tuvo protagonismo en las luchas acaecidas entre los siglos IX y X, con la la ocupación de Qastuluna por el rebelde muladí Ubay ben Alah ben AI-Shaliya, quien gobernó este ámbito territorial durante aproximadamente veinte años, hasta que Abd al-Rahman III puso fin a su revuelta, recuperando este emplazamiento, quedando Qastuluna integrada dentro del iqlim (distrito) de Bayyasa (Baeza).

Finalmente, la inseguridad generada en el Alto Guadalquivir tras la caída del Califato y la formación de los reinos de Taifas, determinó que muchas alquerías de la zona se fortificaran, proceso que se aceleraría con las algaradas y expediciones llevadas a cabo por estos territorios los ejércitos cristianos, principalmente durante el periodo almohade, lo que determinó la construcción de fortalezas en puntos estratégicos de los principales cursos fluviales del Alto Guadalquivir. A este proceso de fortificación corresponde la construcción de una torre de tapial que conformaría el germen del Castillo de Santa Eufemia.

Tras su conquista de esta zona en 1227, los pobladores cristianos se establecen principalmente en las ciudades y en los recintos fortificados más significativos, abandonándose definitivamente numerosos asentamientos rurales, husun campesinos y otras fortalezas alejadas de las zonas fronterizas. No obstante, dado su carácter estratégico para el control de las vías de comunicación de esta zona, los elementos defensivos de Cástulo serían ampliados con la edificación de un castillo que utilizó la antigua torre islámica como torre de Homenaje. No obstante, en el siglo XIV, dada su lejanía de la nueva línea fronteriza (Cordilleras Béticas), Cástulo es abandonado definitivamente, siendo utilizado como cantera que abastecería de materiales de construcción a las ciudades de Baeza y Linares. Un siglo más tarde se ordena la demolición de las murallas y restos de edificios que quedaban en pie.
 

Breve descripción

El asentamiento de Cástulo está ubicado sobre una gran meseta a unos 300 m de altura, en la margen derecha del río Guadalimar. El castillo de Santa Eufemia ocupa una meseta independiente al sur de la principal, fuertemente defendida por la pronunciada pendiente de sus laderas, que crean un desnivel de 40 metros. En ella los almohades erigieron una gran torre de tapial, que los castellanos convertirían en un pequeño castillo al rodearla con una nueva cerca de murallas jalonada por torres de dimensiones más reducidas. Su flanco norte, menos escarpado, se protegió con un foso.
Cástulo fue un destacado núcleo de población y uno de los oppidum más importantes de Andalucía, gracias a la explotación de las minas de Sierra Morena, de las que se extraían materiales desde la Edad del Bronce hasta que en el siglo V se inicia su decadencia, una circunstancia que le llevaría a perder protagonismo en favor de la vecina ciudad de Baeza. El Cástulo islámico se convirtió en un enclave conocido como hisn Qastuluna, que desarrollaría una actividad económica centrada en la explotación agrícola y ganadera de su entorno más inmediato. Según las fuentes textuales islámicas, entre los siglos IX y X participó en los conflictos que enfrentaron al Estado Omeya y a sectores tribales beréberes, así como en las sublevaciones protagonizadas por las comunidades campesinas muladíes. Finalmente, la inseguridad generada en el Alto Guadalquivir tras la desaparición del Califato de Córdoba, y su fragmentación en reinos de Taifas, sumado al avance de los ejércitos cristianos, determinó la construcción de la fortificación de Santa Eufemia, en época almohade, que los castellanos completarán en la primera mitad del siglo XIII. Un siglo más tarde Cástulo y el castillo fueron abandonados definitivamente.

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Castillo de Navas de Tolosa

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El castillo de las Navas de Tolosa está conformado por un recinto amurallado con forma de trapecio y una torre de planta hexagonal situada en su ángulo noreste. Posiblemente existía un segundo recinto externo al que pertenecerían algunos lienzos visibles en el entorno del castillo.

El recinto de la fortificación, muy destruido, posiblemente fue construido en  tapial de argamasa sobre un basamento de mampostería, se adapta a la meseta rocosa sobre la que se asienta, utilizándola como cimentación y como parte de su defensa. En su interior se distinguen algunos tramos de muros que pertenecerían a dependencias internas y un posible aljibe. 

Se conservan dos accesos al interior de la fortaleza, la puerta principal estaba situada en su lado oeste, protegida por un muro acodado que apoya en un escarpe de roca natural. En el flanco oriental, junto a la torre, se abre una estrecha poterna parcialmente oculta por una roca que le da protección visual y crea un pasillo acodado para llegar hasta ella.

La torre, construida en un tapial muy compacto por su alto contenido de cal, conserva unos 14 m de alzado desde el exterior y tan solo dos desde el interior. En el enlucido exterior de la torre se aprecian aún unas líneas que formarían parte de algún tipo de decoración o simulación de grandes sillares, técnica conocida como falso despiece, sobre todo en la zona de la poterna. 

En su interior existe un espacio rectangular que ocupa gran parte de la estancia, dejando un pasillo estrecho que lo rodea. Posiblemente se trate de un aljibe para recoger y almacenar el agua de la lluvia, cuya cubierta sostendría el suelo del primer piso de la torre. 

Al noreste de la fortaleza se observan vestigios de un edificio rectangular con divisiones internas, quizá la ermita que se erigió poco después de la conquista cristiana. Otros muros que se distinguen en su entorno podrían evidenciar la existencia de una pequeña alquería. 

La zona de Despeñaperros ha atraído pobladores desde la Prehistoria por su escarpada orografía, en la que proliferan cuevas y abrigos, como por sus parajes naturales propicios para la sacralización. 

Pero fue su valor estratégico respecto a los pasos naturales que atraviesan Sierra Morena, por lo que se erigieron fortificaciones durante la Edad Media, e incluso en períodos anteriores, con el objetivo de controlar las vías de comunicación entre la Meseta y al-Ándalus. 

Aunque la pequeña meseta pudo estar habitada ya en la Edad del Bronce y en época romana, el Castillo de Navas de Tolosa, sería construido entre los siglos XI-XII por los musulmanes para el control de los pasos naturales de Despeñaperros. Años después, estos reforzarían su papel defensivo en un intento de frenar el avance de las tropas cristianas. Esta fortaleza se convirtió en una de las que “puertas” del paso del Muradal, junto con Castro Ferral, lo que le convertía en un objetivo a batir. Tras la batalla de las Navas de Tolosa quedará definitivamente en poder de Castilla. 

La fortaleza formó parte del escenario de uno de los hitos más destacados de la historia medieval peninsular, por su trascendencia en el avance de los reinos cristianos sobre al-Ándalus, la batalla de las Navas de Tolosa, librada el 16 de julio de 1212. Concebida como cruzada, fue una contienda en la que las rutas y pasos hacia la Meseta jugaron un papel fundamental. En ella se enfrentaron una coalición de reyes cristianos, Alfonso VIII de Castilla, Pedro II de Aragón y Sancho VII de Navarra, apoyados por el papa Inocencio III, contra el califa almohade Muhammad al-Nasir, en cuyo ejército se integraron combatientes procedentes del Magreb, de territorios subsaharianos y de contingentes turcos.

El 12 de julio de 1212, tropas al mando de Don Diego López de Haro tomaron el Puerto del Muradal. Dos días más tarde, tras ser bloqueados en el paso de la Losa, los cristianos acampan en el paraje conocido como Mesa del Rey, desde donde acudieron a la batalla, derrotando al ejército almohade.

Tras la victoria de los ejércitos cristianos, la fortificación de las Navas mantendría su importancia en la ruta del Muradal a lo largo del siglo XIII, convertida en uno de los puntos estratégicos para el control del paso de tropas durante la conquista del Alto Guadalquivir. En 1217 el arzobispo de Toledo se adjudicó los castillos de la región, con el consentimiento del papa Honorio III, quien los confirmó como límites de la archidiócesis toledana. 

Según las fuentes escritas este espacio fue repoblado por contingentes castellanos a lo largo del siglo XIII, derribándose su castillo en 1473 por mandato de la Ciudad de Baeza.

Breve descripción

El castillo de Navas de Tolosa es una pequeña fortificación en altura que aprovecha las posibilidades defensivas que le ofrece la formación rocosa sobre la que se asienta, un hisn de cierta envergadura, capaz de albergar una pequeña guarnición militar. Está formada por un recinto amurallado y una torre hexagonal, pudiendo haber contado con un segundo recinto que los protegiera. Por la presencia en su entorno de numerosos vestigios de construcciones pudo haber estado rodeado por una pequeña población que encontraría refugio entre sus murallas en caso de peligro.
El castillo de las Navas de Tolosa o de los Collados o de las Águilas fue una de las fortalezas que se construyeron para proteger el Puerto del Muradal, uno de los principales pasos de montaña que comunicaban al-Andalus con la Meseta. La trascendental batalla de las Navas de Tolosa marcó su historia, ya que sería tomado por los castellanos en el marco del enfrentamiento entre los bandos cristiano y musulmán, en julio de 1212. Durante el siglo XIII, tendría la función de proteger y vigilar el paso de tropas y aprovisionamientos para las campañas llevadas a cabo por los ejércitos cristianos en la conquista de al-Andalus.
 

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Castillo de Lopera

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La construcción original fue una iglesia rural fortificada, erigida en mampostería rejuntada con mortero de cal, de planta basilical irregular y cabecera cuadrangular desplazada hacia la izquierda, una característica que define a las conocidas como Iglesias de cabecera “torcida”. Estaba dividida en tres naves, la central de mayor anchura, por arquerías sobre pilares y columnas, careciendo de crucero, cuyos capiteles presentan una decoración tardorománica. 

En el exterior, en su lado norte, se localizaron durante las excavaciones arqueológicas parte de un foso excavado en la base geológica en forma de “U”, con una profundidad aproximada de 2 m, y un muro de mampostería unida en seco que apoya directamente sobre el foso, posiblemente un antemural que delimitaba una estrecha liza.

Las excavaciones revelaron también la existencia de numerosas inhumaciones tanto en el interior como en el exterior del templo, la mayoría en la cabecera y en su entorno. Los cuerpos descansaban en fosas trapezoidales o antropomórficas excavadas en la roca, algunas con la cabecera marcada, y cubiertas por túmulos de tierra o, en algunos casos, con losas de piedra. Destacaba un enterramiento cubierto por parte de un gran recipiente cerámico.

Este primer edificio fue destruido e incendiado por los ejércitos nazaríes de Muhammad V, aliados del rey Pedro I, en torno a 1368, durante los conflictos que enfrentaron al rey castellano y su hermanastro Enrique II de Trastámara.

Tras su destrucción se levanta una nueva iglesia que mantiene su trazado, aunque incorpore modificaciones. Se erigen dos torres, la de San Miguel, a los pies de la iglesia y la de Santa María, que englobará la cabecera, ahora con forma semicircular en el interior.

A esta nueva fortificación corresponde el recinto amurallado externo que se conserva hoy, con trazado pentagonal irregular y cinco torres esquineras macizas, construido en mampostería. Estuvo defendido por un antemuro o una barbacana y un foso. En el patio de armas se reconstruyó la nueva iglesia fortificada a modo de alcázar: dos grandes torres unidas por dos lienzos de murallas que forman un amplio adarve con aspilleras, soportado por arcos de medio punto sobre contrafuertes.

Este edificio se dividía funcionalmente en dos ambientes: el inferior de uso religioso y el superior de uso militar. El espacio de culto se dividía en tres naves, siendo la central de mayor anchura. Sobre el área de culto se conformó una amplia terraza, que ejercería la función de patio de armas y daba acceso a los elementos defensivos de las murallas y torre de Santa María. En este momento los enterramientos se concentrarán en la zona exterior, relegándose de la cabecera e inmediaciones, con la excepción de dos sepulturas que se emplazan en el interior junto al gran arco que da acceso a la zona absidal, el espacio más sagrado de esta nueva iglesia.

Entre finales del siglo XV y la primera mitad del XVI se produce la adaptación de esta iglesia fortificada a castillo-palacio. Las obras consistieron en la edificación de dos grandes cuerpos y un pequeño patio porticado con tres arcos carpaneles con capiteles renacentistas, que serviría como eje articulador de la residencia nobiliaria, en torno al cual se distribuyen diversas dependencias. 

La zona absidal de la iglesia, fue transformada en oratorio por el Comendador de Lopera D. Juan Pacheco en 1535, cubierto por una bóveda de cañón esquifada y decoración con yeserías renacentistas e inscripciones pintadas, al que también se accedía desde el patio exterior por una nueva puerta practicada en la fachada norte, dotada de pórtico sobre columnas.

En el exterior del edificio, las excavaciones arqueológicas sacaron a la luz un espacio ajardinado, con un amplio patio, con una fuente que se abastecía con el agua extraída por una noria y una zona de huerto, que confirman su utilización como vivienda residencial. 

En el siglo XX el castillo funcionó como residencia y bodega, fase de la que se conservan numerosos trujales enterrados al oeste de la torre de San Miguel, lo que provocó la destrucción de los niveles arqueológicos. 

En el entorno de Lopera se han hallado yacimientos de la Edad del Bronce y del Hierro; asentamientos del Bajo Imperio Romano con una ocupación continuada hasta época visigoda; así como asentamientos rurales de época Emiral, que utilizaron como lugar de refugio común al Cerro de San Cristóbal, entre ellos la propia alquería de Lopera, que podríamos identificar con la población de Bayyara que citan las fuentes islámicas. Las investigaciones arqueológicas ejecutadas hasta la fecha en su casco histórico constatan la existencia de esta alquería que explotaba los recursos agrícolas de la zona en los siglos XII y XIII. 

Tras la conquista, Lopera fue entregada, en 1240–1241, a la Orden Militar de Calatrava, creando la Encomienda de Lopera, la cual reforzaría sus primitivas defensas entre los siglos XIV y XV. La Orden logró conformar un extenso señorío en el extremo suroeste de la actual provincia de Jaén, que comprendía amplias zonas de la Campiña y buena parte del piedemonte de las Sierras Sur, fronterizo con el Reino de Granada, lo que le llevó a promover una amplia labor de fortificación en sus posesiones. 

Esta red de fortificaciones jugó un importante papel fronterizo en la expansión territorial emprendida por los ejércitos castellanos durante los siglos XIII y XIV, recuperando protagonismo en la segunda mitad del siglo XV, en el marco de las luchas nobiliarias durante el reinado de Enrique IV.  En el enfrentamiento entre los partidarios del monarca castellano contra los seguidores de una coalición nobiliaria encabezada por D. Pedro Pacheco, Marqués de Villena y D. Pedro Girón, Maestre de Calatrava, participando activamente en la contienda los miembros de la Orden. Durante el conflicto la fortaleza de Lopera fue atacada y saqueada en 1466 por los aliados del Condestable de Castilla, capitaneados por el Alcalde de Andújar, Pedro de Escavias. Fue declarada villa independiente por Felipe II, en 1595.

En el siglo XIX, con la desamortización, los bienes de la iglesia fueron adquiridos en su mayor parte por burgueses, pasando la propiedad del castillo a manos de Alonso de Valenzuela, diputado y alcalde de Lopera, en 1856.

Durante la Guerra Civil española, Lopera se convirtió de nuevo en escenario destacado de un enfrentamiento bélico, ya que la línea divisoria entre ambos bandos nacional y republicano, conocido popularmente como frente de Andújar se situó en los alrededores de la localidad. De esta contienda han quedado numerosos vestigios en el entorno de Lopera: nidos de ametralladoras, trincheras republicanas, un fortín antitanques, sótanos y cuevas utilizados como refugios antiaéreos en la misma localidad. El episodio más destacado fue la Batalla de Lopera, librada entre los días 27 y 29 de diciembre de 1936, por la que los ejércitos sublevados conquistaron Lopera.

Finalmente, en el siglo XX la fortaleza calatrava fue utilizada como bodega de vinos, un nuevo uso que transformó profundamente la estructura original del conjunto defensivo, acondicionado como residencia temporal y bodega e introduciendo cambios irreversibles en el castillo.

Breve descripción

El castillo de Lopera, que actualmente está formado por dos recintos, ofrece una configuración fruto de su compleja evolución histórica, partiendo de una iglesia fortificada original hasta convertirse en un castillo-palacio formado por dos grandes torres unidas por dos lienzos de muralla, emplazado en el centro de un recinto amurallado con torres en las esquinas. 
Tras la conquista castellana, Lopera fue entregada, en 1240–1241, a la Orden Militar de Calatrava, creando la Encomienda de Lopera, la cual reforzaría sus primitivas defensas entre los siglos XIV y XV. Jugó un importante papel como fortaleza fronteriza en el avance de los ejércitos castellanos por la Campiña giennense durante los siglos XIII y XIV, recuperando protagonismo en la segunda mitad del siglo XV, en el marco de las luchas nobiliarias que se dirimieron durante el reinado de Enrique IV. Fue atacada y saqueada en 1466 por los aliados del Condestable de Castilla, capitaneados por el Alcalde de Andújar, Pedro de Escavias. Finalmente, en 1595 fue declarada villa independiente por el monarca Felipe II.

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Castillo de la Yedra

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El Castillo de la Yedra, o de las cuatro Esquinas, se encuentra en un espolón lateral del Cerro de Salvatierra, en cuya cima se ubica el Castillo de las Cinco Esquinas, ocupando un elevado emplazamiento sobre el núcleo urbano de Cazorla. Por su parte, el Castillo de la Yedra conforma un conjunto amurallado formado por una serie de recintos escalonados que se adaptan a los distintos niveles del terreno en que se asienta. En la actualidad se pueden distinguir tres recintos diferenciados que ascienden por la ladera noreste del cerro: la albacara, el recinto medio y el alcazarejo, comunicados mediante caminos con rampas y escaleras que salvan una disposición aterrazada. 

De época musulmana es la albacara de tapial, que formaría parte de una primera fortificación que ocuparía los niveles más altos de la actual fortaleza. En su interior, se conservan los restos de un aljibe y una alberca adosados. Este recinto era de tapial calicastrado al que en época cristiana se le añadieron torreones de sillería. El acceso a su interior se localiza en su flanco este, una puerta con arco apuntado sobre el que se dispone otro de medio punto con una función de descarga, fue construida entre los siglos XII y XIII. A su fachada exterior se le añadió con posterioridad el escudo de la familia Bernardo de Sandoval y Rojas y la fecha de 1606.

Prácticamente embutido en la albacara o recinto exterior, que lo rodea casi por completo excepto por el sur, ocupando la zona más escarpada, se encuentra el recinto medio. A este se accedía desde la albacara a través de una especie de bastión que dificultaba el acceso. Tiene una distribución en terrazas conectadas entre ellas a través de caminos con rampas y escaleras. 

En la segunda mitad del siglo XIII los conquistadores cristianos mejoraron estas defensas, para lo cual emplearon mampostería y ladrillos, reforzando elementos ya existentes y construyendo otros nuevos, como el alcazarejo o los torreones de sillería que se añadieron al muro de la albacara. 

El alcazarejo se comunicó con el recinto a través de un acceso estrecho y tortuoso, situado en la zona suroeste, que asciende por una rampa con tramos de escalones. Ocupa el lugar más elevado, delimitado por un recinto amurallado de trazado irregular que rodea la Torre del Homenaje y un patio de armas, y que se adapta a la forma del espolón rocoso en que se asienta. La construcción combina la mampostería y el tapial calicastrado. Al interior de este pequeño recinto se accedía desde el exterior por una entrada en recodo, casi una poterna, que se abre en su lado suroeste. La Torre del Homenaje, de planta cuadrada, con aljibe y tres salas es una de las construcciones más tardías, siendo edificada en el siglo XIV, y en la actualidad acoge el museo de artes y costumbres populares del alto Guadalquivir.

En las inmediaciones de Cazorla se han documentado asentamientos neolíticos en las terrazas inferiores del río Cerezuelo y otros datados entre el Cobre final y el Bronce, en el cerro de la Bola, junto al de Salvatierra.

Posteriormente los romanos se asentaron en esta región, que será conocida como Saltus Tugiensis, llamando a estas sierras Mons Argentarius por las minas de plata que encontraron, habiéndose producido algunos hallazgos arqueológicos de este período dentro del casco urbano de la actual Cazorla.

Las investigaciones arqueológicas realizadas en el Castillo de Salvatierra han identificado los restos de un asentamiento de altura, posiblemente una pequeña aldea que se adapta a la orografía acusada del cerro. Una configuración similar tuvo que tener Cazorla, pero será en durante el periodo de las primeras taifas, pero sobre todo durante el dominio almohade cuando se erijan las primeras estructuras de fortificación en la zona, pequeñas fortificaciones que tenían como función el control del espacio a la vez que actuaban como lugares de refugio para la población campesina de su entorno. Entre los siglos XII-XIII con el establecimiento de la frontera en el Alto Guadalquivir, estos territorios estuvieron sometidos a continuos cambios, convirtiéndose estas fortificaciones, ante la presión de los ejércitos cristianos, en la línea de defensa al sur del río Guadalquivir, teniendo como cometido controlar las vías de comunicación que permitían alcanzar el interior de Andalucía. 

En el año 1231 Fernando III concedió mediante privilegio rodado el señorío de la villa de Quesada, aún por conquistar, a la iglesia de Santa María de Toledo, para que en su nombre la tuviera el arzobispo primado de Toledo, Don Rodrigo Ximénez de Rada. Meses después el arzobispo se lanzó a la conquista de Quesada y de todas las localidades próximas, incluida Cazorla, apoderándose del núcleo central de lo que posteriormente constituirá el señorío del Adelantamiento de Cazorla.

La localidad, a la que don Rodrigo Ximénez de Rada, en su obra De Rebus Hispanae (siglo XIII), se refiere como Castorla, comenzó a tener un papel importante como un lugar estratégico desde el punto de vista militar. A estos momentos pueden corresponder el fortalecimiento del Castillo de la Yedra y la construcción de algunos de los elementos de fortificación del Castillo de Salvatierra o de las Cinco Esquinas. En 1265 figura entre los municipios que integran la hermandad de Andújar. 

A mediados del siglo XIV, durante la guerra civil entre Pedro I y Enrique II Trastámara, Cazorla se mantuvo fiel al rey, mientras que el arzobispo de Toledo apoyaba al bando Trastámara, por lo que, tras el conflicto, el arzobispo concedió el rango de villa a La Iruela que le había sido fiel. Las fortificaciones de Cazorla debieron quedar en muy mal estado y en la primera década del s. XV, se acometieron reformas y se erigió la torre del homenaje del Castillo de la Yedra. Obras que también se llevaron a cabo en la fortificación de Salvatierra en la segunda mitad del siglo XV, especialmente bajo el arzobispado de D. Alfonso Carrillo.

Tras la conquista del reino de Granada a finales del s. XV, el Adelantamiento pierde su función y condición como marca militar, adquiriendo mayor independencia de Toledo.

Durante los siglos XVII y XVIII, los castillos de Cazorla, ya sin función defensiva, vivirán un período de abandono. A principios del siglo XIX con la guerra de la Independencia y ante la invasión francesa, volverán a tomar cierta relevancia, instalándose en el Castillo de la Yedra una guarnición francesa al mando del teniente coronel Navilles. Fue el último conflicto militar en el que participaron las fortalezas de Cazorla, sufriendo a partir de entonces un largo período de deterioro, hasta que entre los años 1973 y 1978 se llevó a cabo la restauración del conjunto del Castillo de la Yedra.

LEYENDAS

Leyenda de La Tragantía. La leyenda cuenta que, ante el inminente ataque de las tropas castellanas, el rey de Cazorla hizo evacuar la ciudad y abandonó el castillo. Conocedor del peligro que entrañaba su retirada y pensando que pronto volvería a retomar Cazorla, decidió que su hija permaneciera en el castillo, oculta en unas cámaras subterráneas cuya antigua existencia sólo él conocía, bien provista de lo necesario para sobrevivir hasta su vuelta. Pero durante la huida, una flecha atravesó el cuello del rey que murió sin poder desvelar el paradero de su hija. Los castellanos tomaron el castillo de Cazorla y sus tierras.

La princesa vagaba por el húmedo subterráneo esperando el regreso de su padre, hasta que comprendió que el mundo se había olvidado de ella. Agotados los víveres se recostó en su lecho acosada por atroces pesadillas. Al despertar notó que sus piernas se habían transformado en una cola de reptil, horrorizada, pasó sus últimos días reptando por el frío sótano mientras su cuerpo fue mudando en serpiente. Así fue como la desdichada princesa se transformó en Tragantía. Desde entonces, en la noche de San Juan la Tragantía canta con una dulce voz:

Yo soy la Tragantía / hija del rey moro, / el que me oiga cantar / no verá la luz del día / ni la noche de San Juan.
Se dice que el monstruo devora a aquellos niños y niñas que, aún levantados, escuchan esta canción.
 

Breve descripción

El Castillo de la Yedra o de las cuatro Esquinas es uno de los dos conjuntos fortificados que se conservan en el cerro de Salvatierra, sobre el que se asienta la localidad de Cazorla. En la cúspide se ubican los restos del castillo de las Cinco Esquinas o de Salvatierra, mientras que el de la Yedra se levanta sobre un espolón que se alza en la vertiente norte del cerro. La fortaleza que actualmente corona la localidad es una construcción de los siglos XIII y XIV que se levantó sobre una fortificación de origen musulmán, del siglo XI o XII. La conforman tres recintos diferenciados dispuestos en terrazas: albacara, recinto medio y alcazarejo. El más elevado y tardío es el alcazarejo, sobre el que domina una gran Torre del Homenaje que acoge el museo de artes y costumbres populares del alto Guadalquivir.
La sierra de Cazorla es un espacio natural situado en el noreste de la provincia de Jaén, siendo uno de los mayores espacios protegidos de Europa. El borde suroeste de la sierra constituye una gran muralla natural a lo largo de la cual se disponen una serie de fortalezas y torres defensivas encadenadas entre las que destacan los castillos de Cazorla. La localidad de Cazorla tiene su origen en un primer asentamiento musulmán que surgió en las inmediaciones y al amparo de un hisn, o pequeña fortificación, que actuaría como lugar de refugio de las poblaciones campesinas que habitaban en su entorno más inmediato. Tras la conquista cristiana, su estratégico emplazamiento la convirtió en un importante enclave militar del Adelantamiento de Cazorla durante la baja Edad Media, bajo la autoridad del arzobispado de Toledo, en el que Cazorla actuó como sede política de los regidores.
En 1972 la ciudad de Cazorla fue declarada Conjunto Histórico-Artístico, en cuya declaración se incluyeron sus fortalezas y alrededores.

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Castillo de La Guardia de Jaén

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Descripción
Descripción larga

En el lugar donde hoy se asienta el Castillo, las investigaciones arqueológicas han documentado la existencia de un recinto defensivo o hisn atribuido a los siglos VIII y IX, que aprovecha elementos defensivos erigidos en época ibero-romana. Ubicado en un espolón rocoso en la parte alta del cerro, de este primer periodo, se han documentado algunos lienzos de muralla y una torre de cierta envergadura emplazada en la esquina sureste del recinto defensivo. 

Pero será en épocas almorávide y almohade cuando se amplía y refuerza la cerca muraría que delimitaba el antiguo asentamiento, levantando un nuevo cinturón de murallas que amplía la antigua zona fortificada hasta ocupar casi la totalidad de la meseta. Este recinto es el que se conserva hoy en día, aunque reformado en época cristiana y al que se accedería por su lado este. Al mismo tiempo, en el punto más elevado del cerro, ocupando el extremo occidental de este recinto, se construye un alcázar, reaprovechando elementos defensivos ibero-romanos, y adaptando su planta rectangular a la base geológica, del que tan sólo se conservan algunos restos de muralla, así como parte de un aljibe.

Tras la conquista castellana, Fernando III concede la villa de La Guardia en Señorío a la familia Ruiz de Baeza, que iniciará las obras de refuerzo del antiguo sistema defensivo de la fortaleza, por su proximidad con el reino Nazarí de Granada.

En estos momentos, se mantiene el acceso al interior del recinto en su lado este, transformándolo para conformar un sistema de puerta en codo, insertada dentro de una amplia estructura rectangular, a partir de la cual se accedería al interior del amplio recinto defensivo, de la que apenas quedan restos. Se construirá también un edificio de culto de una sola nave y cabecera absidal, que aprovecha el interior de la única bestorre edificada en el primer recinto defensivo.

Sin embargo, las transformaciones más profundas se acometen en el Alcázar islámico, cambiando por completo su fisonomía original. El primitivo alcázar se transforma en un Castillo de planta rectangular dotado de torres en sus esquinas, configurándose una de ellas como la Torre del Homenaje, de mayores dimensiones que el resto. En el patio de armas se definen dos espacios, una zona dedicada para el aljibe, reutilizándose y ampliándose la capacidad de la cisterna islámica, y otro espacio convertido en el patio de armas que dará acceso a las torres. De los elementos fortificados preexistentes, una torre circular y otra cuadrangular que ocupaban el sector oriental, se las dotarán de nuevas estancias superpuestas, concretamente la circular, presenta vanos enfrentados en la primera estancia para facilitar la comunicación con las otras torres por los adarves.

Tras la Guerra Civil Castellana del siglo XIV, La Guardia pasará a formar parte de las posesiones del linaje de los Mexia y el castillo se convertirá en residencia nobiliaria, lo que supuso una gran reforma del edificio medieval, que se dota de elementos y dependencias palaciegas.

El edificio religioso existente se amplía, conformando la Iglesia de Santa María, un templo de planta rectangular, con tres naves y ábside semicircular, construido con grandes sillares de piedra unidos con mortero de cal y argamasa. Entre el ábside y la puerta de entrada al recinto se construye en el siglo XVI una torre campanario, de tres niveles, con una cubierta de tejas con forma de escamas de pez, de cerámica vidriada de diferente tonalidad (azul, verde, blanco…).

Por otra parte, adosados al lienzo de muralla Este y en dirección Norte-Sur, construyen diferentes edificios, destinados a zona de servicio, con habitaciones sótano utilizadas como bodegas, sobre las cuales se disponen cocinas y almacenes.

La entrada principal de acceso al recinto, se transformará a mediados del siglo XV, creándose una portada de estilo gótico, elaborada con sillarejo y compuesta por dos arquillos escarzanos que confluyen en el centro en una moldura, apoyándose en jambas a modo de medias columnas. Presiden la portada los escudos de armas pertenecientes a la familia de los Messía-Guzmán y al Marqués de Algaba.

El alcázar cristiano también se verá seriamente modificado, convirtiéndose en un área palatina o residencial. Para ello, se utilizará la Torre de Homenaje como área de representación de poder, ampliando y añadiendo vanos de iluminación y acceso. La torre rectangular se convertirá en la sala de cocina, y la cuadrada, será transformada en salón. El patio de armas se reducirá considerablemente y se inutilizará uno de los aljibes. En el lado Norte, por último, se levantará un nuevo edificio con el nivel inferior funcionando como zona de bodega y almacén y el superior como zona de corredor y acceso hacia las torres Cuadrada y del Homenaje. 

Entre los siglos XVII y XIX, aunque aún se producen pequeñas modificaciones, el conjunto defensivo sufrirá un abandono generalizado, lo que provocará un progresivo deterioro de su estado de conservación, que determinará el traslado de la parroquia al antiguo convento dominico en 1860. Desde mediados del siglo XX se está interviniendo activamente en la fortaleza para su puesta en valor, siguiendo criterios más o menos acertados.

La ocupación del entorno de La Guardia se remonta a la Prehistoria, habiéndose encontrado una tumba de túmulo y multitud de restos líticos y cerámicos.

En época Ibérica, La Guardia, se identifica con un oppidum, Mentesa Bastia, cuya importancia se refleja en la necrópolis del Ejido de las Eras de San Sebastián, donde se estudiaron alrededor de 30 tumbas de diferente tipología (fosas excavadas en la roca, cistas y cámaras con urnas de cerámica donde se depositan las cenizas, acompañadas de ajuares).

Tras la romanización, alcanzó su máximo esplendor como Municipio encargado de controlar la circulación tributaria del excedente, ya que será una etapa obligada de paso en la calzada romana que discurría desde Acci (Guadix) a Cástulo y Aurgi (Jaén), y de organizar la ocupación rural. La ciudad desbordó los límites del recinto ibérico, extendiéndose por la vertiente este en dirección al río, ocupación de la que se han encontrado multitud de vestigios en todo el casco urbano. Este hábitat se prorrogará en época visigoda, durante la que fue sede episcopal y perteneció a la provincia Cartaginense. 

De los siglos VIII y IX, en los que Mantisa llegó a ser capital de la Cora de Ŷayyān, han llegado alusiones a la inexpugnabilidad de sus defensas y a su posición estratégica, desde la que se controla gran parte de la campiña giennense y las vías de comunicación que enlazaban el Valle del Guadalquivir con las tierras granadinas. En la localidad se estableció la tribu árabe de los Uqaylíes, a la que pertenecía Husayn ibn al-Dayn al-Uqayli, jefe de los Yund de Qinnasrin que fue nombrado gobernador de la Cora por Abd al-Rahman I. 

La crisis del emirato generó una situación de inseguridad en las zonas rurales, lo que llevó al poder central a reforzar las defensas de muchos lugares, tanto para concentrar y proteger a la población campesina, como para facilitar el control fiscal. Esta pudo ser la causa de la fortificación de La Guardia, cuyas murallas pudieron ser levantadas por Uqaylies para asegurar del cobro de impuestos procedentes de las cosechas.

Almorávides y Almohades serán los encargados de frenar el avance conquistador cristiano reforzando las defensas de las ciudades, entre ellas La Guardia.Las estructuras más significativas se edificarían entre los siglos XI-XII, levantándose un nuevo cinturón de murallas, que amplía la antigua zona fortificada hasta ocupar la mayor parte de la meseta, protegiendo el núcleo de población, y construyendo un alcázar en su extremo occidental.

Tras la conquista castellana de la ciudad en 1244, Fernando III concede la villa de La Guardia en señorío a la familia Ruiz de Baeza iniciando una profunda reforma y reestructuración de la fortaleza dada su proximidad con el reino de Granada, convirtiendo el castillo en guarnición avanzada de Jaén.

Durante el siglo XIV, La Guardia, se forjará como parte de un señorío de la esposa de Fernando III, Juana de Pontheu. En el marco de las guerras civiles entre Enrique II y Pedro I, el señor de La Guardia, D. Lope Díaz de Baena, permaneció fiel al Rey, por lo que, tras la guerra, perdió su posesión, entregándosela a Pedro Ruiz de Torres. El lugar cambiará de manos en varias ocasiones, hasta que en 1374 se le otorgará a Ruy González Messía, cuya familia transformará el castillo en una residencia palatina entre los siglos XV y XVI. 

LEYENDAS

La princesa de La Guardia. Tras ser conquistado por los cristianos, y antes de que pasara a manos del marqués de Messía, el castillo de La Guardia, quedó en manos de un rey que llegó a ser famoso por su autoritarismo y crueldad. El monarca tenía una hija que se enamoró perdidamente de un humilde soldado de la guardia real y con el que se veía en secreto por el camino que llevaba a las huertas, junto a las murallas del castillo. Pero enterado el monarca de la relación mandó ejecutar al joven soldado. La princesa, rota de dolor, se arrojó al vacío desde la torre de la alcazaba.

El rey, por dolor o por despecho, metió en un baúl todas las pertenencias de la princesa y lo enterró cerca del camino que recorrían los jóvenes en sus paseos nocturnos. Se dice que existe un maleficio que impide que los dos amantes se reúnan en el otro mundo mientras el baúl sigua enterrado. Por ello el espectro de la princesa todavía custodia el camino a la espera de que alguien lo encuentre y la libere de su encantamiento.
 

Breve descripción

El castillo de La Guardia está enclavado sobre el cerro de San Marcos, desde el que controla gran parte del curso del río Guadalbullón, que discurre entre las Sierras Sur y Mágina. La fortaleza está formada por un recinto amurallado de planta triangular, que configura una superficie de unos 9.000 m2, en el que destacan el alcázar y la iglesia de Santa María. Convertida en residencia nobiliaria de la familia Mexía entre los siglos XV y XVI, recibe al visitante con una interesante portada de estilo gótico, con los escudos de armas pertenecientes a la familia de los Messía-Guzmán y al Marqués de Algaba.
La Guardia tiene su origen en Mentesa Bastia, un oppidum ibérico que alcanzó su máximo esplendor en época romana por su estratégico emplazamiento. Desde entonces ha estado ocupada ininterrumpidamente. Entre los siglos VIII y IX, Mantisa llegó a ser capital de la Cora de Ŷayyān, bajo la tutela de los dirigentes de la tribu árabe de los Uqaylíes. En la Baja Edad Media actuó como fortaleza fronteriza, encargada de la primera defensa de Jaén, hasta la conquista de Granada, cuando pierde su importancia militar. 

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Castillo de Jódar

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Descripción
Descripción larga

El castillo de Jódar se asienta sobre un promontorio rocoso amesetado, a una cota de 665 metros sobre el nivel del mar, dominando los valles de Bedmar y del Jandulilla, junto con el del Guadalquivir.

Ha sido identificada como una alcazaba musulmana, ejecutada en fábrica mixta de mampostería y sillares, transformada por en época cristiana, especialmente las dos torres del homenaje que conserva en su interior. Está conforma por una doble línea defensiva con un recinto de planta de tendencia ovalada, y un alcazarejo que, en este caso, está formado por dos grandes torres independientes situadas en los dos extremos del recinto, flanqueando el patio de armas. 

La torre norte, llamada también Torre Vieja, es de planta cuadrangular, con unas dimensiones de 15,30 x 12,60 metros, construida en el siglo XIII. Presumiblemente, la entrada a la misma se situaría por el lado sur, a la altura del primer piso, dejando la planta baja sin conexión con el resto. En la fachada norte dispone de dos series de saeteras, más largas en la planta segunda que en la primera y parcialmente cegadas.

La torre sur o Torre Nueva, que también es de planta casi cuadrada, tiene unas dimensiones de 13,50 x 12,40 metros, consta de aljibe y muro central y dista 41 metros de la torre norte, dominando la doble puerta de entrada al castillo. El acceso al interior de la torre se efectuaba por la fachada norte. Sus saeteras son similares a las de la torre norte y las cubiertas interiores son bóvedas vaídas del siglo XVI, conservándose restos de estuco mudéjar en su interior. 

Por su parte, el recinto dispone de otros elementos defensivos. En el extremo sur existía una torre albarrana, enmascarada por una vivienda de la plaza del Castillo, que se adosa al muro de la puerta del Aire, sobre el que discurre el adarve que las comunica. En el extremo opuesto, donde se encontraba la antigua entrada a la fortaleza, se observan los restos de unos lienzos de tapial que podrían corresponder a una torre que flanqueara el acceso.

El castillo, aunque integrado dentro de la trama urbana, se encontraba totalmente exento a finales del siglo XIX, sin embargo, en la actualidad está rodeado por viviendas. Sólo se puede contemplar parte de los cerramientos este y norte al estar las viviendas separadas de la muralla, permaneciendo estos lienzos en una zona de patios. En mejor estado se encuentran las dos torres, aunque han perdido parte del muro perimetral. 

El recinto externo, que englobaba el alcázar y la villa vieja, coincide en su lado oeste con el cierre actual del alcázar y en el norte con la calle Alcázar, pero se desconoce la trayectoria de la muralla por el este. Sabemos que en 1905 se autoriza derribar un torreón de la muralla en la calle Isabel la Católica y las fuentes hablan de un segundo situado a unos 150 m, en la misma calle. En el año 1511 la muralla contaba con varias puertas, de las que se ha conservado la Puerta del Aire, junto a la entrada actual a la fortificación.

Las investigaciones arqueológicas han documentado una secuencia de ocupación de este territorio desde época prehistórica, aunque será durante el periodo ibérico cuando parece producirse una mayor concentración de actividad en la zona. Es de sobra conocido el arte rupestre de Sierra Mágina, por las pinturas de La Graja de Jimena, la Cueva de Morrón, o los abrigos de La Golondrina o de la Lancha en Jódar.

Se han localizado también numerosos asentamientos iberoromanos, como el oppidum de la Loma del Perro, muchos de los cuales tuvieron continuidad hasta época romana o medieval, como ocurre en La Coscoja, El Castillejo o La Atalaya. Ya en época imperial destaca la ocupación del cerro del Castillejo, asentamiento o recinto fortificado de 5 ha, entre otros muchos. Muchos de estos yacimientos tendrán continuidad en los siglos posteriores.

La localidad de Jódar, Šawdar en las fuentes árabes, sería una pequeña aldea emiral, (qarya), que fue rodeada y dotada de elementos de fortificación para convertirla en una población amurallada (hisn). Šawdar fue creciendo hasta convertirse en el siglo X en una de las cabeceras del distrito administrativo de la cora de Yayyan (Jaén). Este desarrollo conllevó un plan constructivo que rodeó la ciudad con nuevos lienzos de muralla y erigió elementos urbanísticos tan importantes como una red de canalizaciones o una mezquita.

En el año 1090, será conquistada por los Almorávides y en 1161 pasará a integrarse en el extenso imperio Almohade, fase a la que con toda posibilidad pertenezcan las murallas de tapial del castillo.

La ciudad de Sawdar pasó a manos cristianas entre 1127 y 1229 a través de un pacto firmado por Fernando III y Abu l-`Ala, convirtiéndose en uno de los núcleos más importantes en la frontera con Granada, que a partir de ahora será citado como Xodar. El rey Fernando III concedió la villa a don Sancho Martínez, quien incluyó en su nombre el topónimo Xodar, nombrado segundo Adelantado Mayor de la Frontera (1253-1258), fundando un amplio señorío. Durante unos años fue la sede principal de la Frontera, por lo que Martínez de Xodar reforzó sus defensas y construyó la Torre Vieja.

La lucha por el control del territorio lleva al obispo de Baeza, Fray Domingo, y el arzobispo de Toledo, Rodrigo Ximénez de rada, a disputarse Jódar y Garcíez, hasta que en 1243 Jódar pasa a pertenecer a la sede baezana. La inestabilidad de la zona durará hasta mediados del siglo XIV, por lo que los reyes otorgaron el Fuero de Jódar, en un intento de mantener la población. Durante los años de señorío, la fortaleza de Jódar sufrió una importante labor constructiva. Hostigada constantemente por razzias y algaradas se reconstruyen las partes dañadas de las murallas y el alcázar, además de construirse la Torre Nueva.

Entre los siglos XIV y XV el señorío de Jódar cambió en numerosas ocasiones de titularidad. En el marco del enfrentamiento de los Benavides y Carvajales en Baeza, en el año 1521, don Alonso de la Cueva asaltó la población de Jódar, en poder de la familia Carvajal, incendiando el castillo, que quedó parcialmente dañado. En 1618 Felipe III elevó este señorío a marquesado, encabezado por Don Gonzalo de Carvajal y Messia. En 1646 el marquesado cambiara de linaje pasando a los Frías, quienes 25 años más tarde abandonaron definitivamente el castillo trasladándose al castillo-palacio de la Tobaruela, quedando en el castillo bajo la tutela del alcaide y del administrador. 

A principios del siglo XVIII el castillo se encuentra en muy mal estado, habiéndose derrumbado algunos tramos y en 1732, se traslada la cárcel de la villa a la Torre Nueva abriéndose un nuevo acceso en su cara oeste.

Durante la guerra de la Independencia el castillo parece haber estado ocupado por las tropas francesas, lo que le ocasionó nuevos daños y adaptaciones. En 1837 las guerras Carlistas ocasionaron nuevas reformas para proteger los puntos más débiles, cegando puertas y portillos. En 1885, tras años de abandono, se convirtió en hospital para sanar enfermos de cólera. Finalmente, en el siglo XX sufrió diversas restauraciones.

Actualmente se inscribe en el Catálogo General del Patrimonio Histórico Andaluz como Bien de Interés Cultural, con tipología de Conjunto Histórico. 


HORARIOS DE VISITA: 

Sábado y festivos: 11:00h. - 13:00h. / 18:00h. - 20:00h.

Domingo: 11:00h. - 13:00h.

Breve descripción

El castillo de Jódar, construido en época musulmana y reformado por los cristianos, consiste en una doble línea defensiva compuesta por un recinto externo, y un alcazarejo formado por dos grandes torres situadas en los dos extremos del recinto, flanqueando el patio de armas. Desde el siglo XVII sufrió un proceso de abandono que deterioró considerablemente murallas y torres, siendo objeto de varias restauraciones en el siglo XX y XXI. En la actualidad acoge el Centro de Recepción e Interpretación del Parque Natural de Sierra Mágina.
El origen del castillo de Jódar se encuentra en una pequeña aldea datable en época emiral, que fue fortificada, que, según las fuentes documentales, se especializó en la producción y exportación de aceite, experimentando un fuerte desarrollo hasta convertirse en el siglo X en una de las cabeceras del distrito administrativo de la cora de Jaén. En el año 1090, será conquistada por los Almorávides y en 1161 pasará a integrarse en el imperio Almohade, fase a la que es posible que pertenezcan las murallas de tapial conservadas en el castillo. En manos castellanas desde 1127/1229, llegó a ser uno de los núcleos más importantes en la frontera con Granada y cabeza de señorío, cuya importancia ocasionó continuos enfrentamientos y cambios de titularidad. En esta época se erigen las dos torres del alcázar. La fortaleza de Jódar fue escenario de otros conflictos como las guerras Carlistas o la de la Independencia, que afectaron a sus defensas.

Ubicación
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-3.353770
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C/ Alhorí, 16
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Castillo de Hornos de Segura

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Las fuentes escritas denominan a Hornos como Hisn, es decir, lugar fortificado. El recinto que se conserva en la actualidad es bajomedieval castellano, aunque conserva mimetizados algunos elementos islámicos. Es de forma ligeramente trapezoidal, con una gran torre del homenaje en su lado más amplio y otra menor, ambos en el lienzo sureste del recinto. En el interior del recinto, entre ambas torres, se sitúa el aljibe principal, de origen islámico.

En su lado sur se aprovechó la configuración rocosa del promontorio, construyéndose muros defensivos en los tramos vulnerables, mientras que la roca actuaba como defensa natural en el resto.

La torre del homenaje es de planta cuadrada y está realizada en mampostería, con las esquinas redondeadas, dividiéndose internamente en tres niveles.

La parte inferior tiene un podio rocoso que alberga un aljibe, al que se accede desde el primer piso. En esta planta se sitúa el acceso a la torre, a varios metros del suelo. Desde este segundo nivel se asciende, por una escalera empotrada en el muro, a un tercero, ambos con salas cubiertas con bóvedas de medio cañón. 

Esta torre y parte del recinto del castillo han sido restaurados, pero en las zonas no reparadas de las murallas y en los torreones menores puede observarse la fábrica original, una mampostería irregular trabada y recubierta con argamasa. 

La muralla del castillo se prolongaba formando un recinto que rodeaba el núcleo urbano. En la actualidad se conservan dos torreones, de planta cuadrada, uno de ellos, integrado en una edificación actual. Ha pervivido también la llamada Puerta de la Villa, un acceso en recodo situado en el interior de una torre de mampostería de dos plantas, rematadas por un parapeto corrido en el que se abren algunas saeteras, que formó parte del recinto de origen almohade.

El castillo fue objeto de una amplia restauración en 1973. La población fue declarada Conjunto Histórico Artístico en el año 1985. Actualmente el castillo alberga el Cosmolarium, un centro de interpretación de Astronomía y un planetario para proyección de películas full-dome.

En el interior de la Sierra se han localizado algunos asentamientos prehistóricos, pero entre finales de la Edad del Bronce y época Romana, se encuentran asentamientos sólo en los valles y las zonas más abiertas. 

La ocupación en época romana en estos valles se organizaba mediante pequeñas poblaciones dispersas, pero entre los siglos II y III parece producirse un proceso de concentración de la propiedad. A partir del siglo VI se produciría la huida de población campesina de las grandes explotaciones, ante la presión de los propietarios, refugiándose en lugares inaccesibles del interior de la sierra durante varios siglos, como debió ocurrir, entre otros, con el gran asentamiento de Segura La Vieja. 

Entre los siglos VIII y X es probable que se produjese una vuelta a los valles de Segura, una región controlada ahora por muladíes. La elección de los lugares estuvo motivada por su posición estratégica y por la abundancia de agua existente en su entorno. Hornos se fundaría probablemente en este contexto, hacia el siglo X al igual que Segura de la Sierra, pero no aparece citada en las fuentes árabes con anterioridad al siglo XII o ya durante la conquista castellana. Su emplazamiento sobre el valle, permitía a Hornos, junto a Segura y Catena (La Espinareda), ejercer un completo control de un territorio en el que se desarrolló una importante agricultura de regadío. Citado en las fuentes como Hisn Fornus, sería en origen una aldea defendida por su escarpado emplazamiento y por un recinto murado, que formaría parte de los territorios controlados por el rebelde muladí Ibn al-Saliya durante la fitna (Guerra Civil) de finales del siglo IX.

Entre los siglos XI y XIII destacan muy pocas localidades en la zona, aunque Segura y Hornos aparecen claramente mencionadas en las fuentes árabes. En esta época crecieron en importancia, especialmente Segura, de la que se conservan abundantes referencias. Hornos aparece también citada reiteradamente, pero parece que su desarrollo y capacidad defensiva fueron menores.

Poco después de la llegada de los castellanos aparece despoblada, lo que indica que en esos momentos debía ser un asentamiento de escasa entidad, aunque será repoblada, desarrollándose paulatinamente. Tras su conquista en 1239 por don Pedro Pérez Pelayo Correa, maestre de la Orden de Santiago, recibió el título de villa y fue cedida por Fernando III el Santo a la Orden, que levantará el castillo sobre los restos de la fortaleza musulmana. 
Hornos, junto con Segura de la Sierra, fue uno de los lugares de proyección de la política de la familia Manrique en el siglo XV, enfrentada a los monarcas Juan II y Enrique IV. Los Manrique controlaban gran parte de los recursos de la Orden de Santiago, gracias a los cuales Rodrigo Manrique, comendador de Segura, se proclamó Gran Maestre de la Orden, resistiendo y derrotando a las tropas de Juan II y Don Álvaro de Luna en Hornos. 
Continuó formando parte del señorío santiaguista de Segura de la Sierra durante toda la Edad Moderna, perteneciendo al Reino de Murcia entre 1507 y 1748.

Breve descripción

El castillo de Hornos está ubicado sobre un promontorio de roca caliza, de 890 m. de altitud, sobre la vega del río Hornos, en el amplio valle que separa las sierras de Segura y Las Villas. La fortaleza que vemos en la actualidad fue construida por la Orden de Santiago en el siglo XIII sobre una fortificación musulmana de la que se conservan restos de tres torreones de planta cuadrada y un aljibe. El castillo cristiano está formado por un recinto trapezoidal, con una gran torre del homenaje en su lado más amplio y un torreón menor. También perviven restos del recinto que rodeaba el núcleo urbano, entre los que destaca su puerta original, conocida como La Puerta de la Villa, una torre construida en mampostería de dos plantas que contiene un acceso en “L”. En la actualidad el castillo alberga el Cosmolarium, un centro de interpretación de Astronomía.
La fundación de Hornos probablemente se produjo en el siglo X, al igual que la de Segura de la Sierra. Su emplazamiento sobre el valle le permitiría ejercer un completo control del territorio junto a Segura y Catena (La Espinareda). Conocida como Hisn Fornus, entre los siglos XI y XIII debió tener un cierto desarrollo y capacidad defensiva, siendo una de las pocas localidades que destacaron en la zona. Tras la conquista castellana en 1239 fue cedida por el rey Fernando III a la Orden de Santiago, quienes levantarán el castillo sobre los restos de la fortaleza musulmana. Obtuvo el título de villa en la primera mitad del siglo XIII. 
 

Ubicación
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Castillo de Giribaile

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Descripción
Descripción larga

La fortaleza medieval de Giribaile se sitúa en el extremo noreste de un alargado cerro amesetado, ocupando un amplio saliente rocoso protegido por acantilados de roca que le sirven de defensas naturales, y por una vaguada en el sur que le separa del resto de la meseta.

Actualmente se extienden por la mayor parte de la planicie los restos de un oppidum ibérico, cuyas estructuras pudieron ser reutilizadas por los habitantes de este asentamiento a lo largo de la Edad Media. 

La fortificación emiral-califal fue construida en mampostería irregular trabada con mortero de cal y arena. Su planta irregular tiene tendencia triangular, adaptándose a la orografía del terreno y aprovechando algunos restos de la antigua fortificación ibérica. Torres y lienzos de muralla se levantan sobre la base rocosa, a modo de muros en cremallera que reproducen los sucesivos entrantes y salientes del espolón.

La puerta principal de acceso al interior de la fortaleza, se emplazó en el lienzo suroeste, estaba protegida por dos torres, mientras que en el lienzo noroeste se abría otra puerta o poterna, a la que se accedía tras ascender por una suave senda que discurría por la ladera del cerro. Se trataba de un complejo acceso en codo formado por tres torres, la primera edificada sobre un pequeño espolón rocoso de la ladera, desde la que partía un lienzo que enlazaba con la más oriental de las otras dos torres, que flanqueaban la puerta.

Entre los siglos XII y XIII, los almohades llevaron a cabo una reestructuración de la fortificación, que afectó principalmente al sector sur, donde se va a levantar una nueva torre de tapial de argamasa, sobre un sólido basamento de grandes sillares de piedra caliza, dividida interiormente en tres estancias.

Estaba rodeada, en tres de sus frentes, por un antemuro, a modo de barrera de corta altura y edificado con la misma técnica constructiva, que dejaba un espacio o liza de 2 m de anchura entre ambos. Este antemuro se extendería de forma paralela a la muralla meridional, reforzando el flanco sur de la fortaleza. En el lienzo suroeste, una de las torres que protegían la puerta principal del castillo fue forrada por tres de sus frentes con un grueso revestimiento de tapial de argamasa levantado sobre un basamento de mampostería regular, a la vez que se rellenó, convirtiéndola en un cubo macizo. 

En la actualidad, aunque se puede distinguir el trazado de la fortificación, solo se conserva el alzado de dos torres cuadradas de tapial y de algunos lienzos de muralla. En el interior del castillo permanecen los restos de un pequeño aljibe rectangular cubierto con bóveda de cañón y de dos dependencias anexas, posiblemente utilizadas como almacenes.

El asentamiento de Giribaile ha sido ocupado a lo largo de la historia, en diferentes periodos de tiempo más o menos duraderos, correspondiendo la ocupación más temprana a un poblado de la Edad del Bronce.

En época ibérica el cerro estuvo ocupado por un oppidum fortificado de 14,56 hectáreas, que formó parte del pago de Cástulo, territorio político que en el siglo IV a.C. alcanzaba las fronteras naturales de las cabeceras de los ríos Guarrizas y Montizón, donde se localizan los santuarios de Collado de los Jardines y Castellar de Santisteban. La desaparición de este asentamiento está vinculada a un episodio de destrucción violenta, con el incendio de la ciudad, que pudo tener lugar en el marco de una acción de castigo desarrollada durante la Segunda Guerra Púnica. 

La posición estratégica de la meseta de Giribaile, junto a la existencia de abundantes manantiales naturales, fueron determinantes para la ocupación prácticamente ininterrumpida desde la Tardoantigüedad hasta la Baja Edad Media. 

Los primeros momentos de esa ocupación podrían remontarse a los siglos VI y VII d.C., momento en que los habitantes del valle lo abandonan, trasladándose al cerro. En la pared rocosa del lado este habilitan una serie de cuevas naturales, que amplían y transforman para constituir un complejo hábitat troglodítico de altura, mientras que por la meseta se expandiría un poblamiento más o menos disperso, protegido aún por los elementos de fortificación edificados en época ibérica.

Este hábitat se mantuvo tras la invasión islámica hasta que, a lo largo de los siglos IX y X, la inestabilidad creada por las sublevaciones de finales de época emiral, empuje a la población a concentrarse en la plataforma norte, convirtiéndose en un hisn (castillo-refugio) que aglutinaría a gran parte de los habitantes de la zona. Es posible que las reparaciones de las antiguas defensas ibéricas y la construcción de una nueva fortaleza en el extremo noreste del cerro, se debiese a ibn al-Sāliya, rebelde muladí que se enfrentó a los emires omeyas.

Una vez consolidada la islamización de al-Ándalus, bajo Abd al-Rahmān III, se abandonan buena parte de los asentamientos defensivos de altura, y los que permanecen se transforman en puntos estratégicos para controlar el territorio. En el entorno de Giribaile la población debió ser obligada a trasladarse a centros en desarrollo como Vilches, Baeza o Santisteban.

Finalmente, los acontecimientos políticos y militares acaecidos en al-Ándalus entre los siglos XII y XIII, que llegaron a convertir el Alto Guadalquivir en un territorio prácticamente independiente durante periodos muy concretos, así como la expansión hacia el sur de los ejércitos cristianos, promovieron un proceso de fortificación, intensificado por los almohades, para controlar la cabecera del Guadalquivir. Las últimas remodelaciones del castillo de Giribaile corresponden a este momento histórico, en el que se refuerza principalmente su flanco sur, más accesible. 

Tras su conquista por los castellanos, en 1227, Giribaile se integró en el territorio de la Comunidad de Villa y Tierra (Concejo de Realengo) de Baeza, perdiendo su importancia militar.

LEYENDAS

Leyenda de la muerte de Gil Baile. Un noble de Baeza, don Gil Baile, señor de las tierras donde se asienta el castillo al que da nombre, mandó grabar en la puerta de su casa, bajo el escudo de su linaje: “Entre río y río todo lo que hay es mío. Esta es la tierra de Gil Baile que no morirá de sed ni de hambre”.
Una mañana salió de caza con otros distinguidos nobles. Descubrió un hermoso venado que el noble siguió al galope por el monte, hasta que se precipitó al abismo de una oscura sima de la que no pudo salir. Era un camino poco transitado y nadie escuchó sus gritos de auxilio, hasta que finalmente falleció, muriendo de frío, de sed y de hambre. 

Breve descripción

Giribaile constituye un conjunto arqueológico cuya evolución histórico-arquitectónica puede leerse hoy en día en la superposición de estructuras de fortificación. La meseta del cerro está acotada mediante una línea de murallas que defendieron un oppidum ibérico. Al pie del escarpe del cerro encontramos un interesante hábitat rupestre con aposentos tallados en la roca viva entre la Tardoantigüedad y la Alta Edad Media. Finalmente, en el extremo noreste de la meseta, se conservan los restos de una fortaleza medieval, conformada por dos torres cuadradas de tapial, un pequeño aljibe y algunos lienzos de muralla de mampostería, un baluarte que jugó un importante papel en los conflictos políticos y militares que se desarrollaron en varios periodos de al-Ándalus. 
El castillo de Giribaile posee una estratégica posición sobre un cerro amesetado, entre los ríos Guadalimar y Guadalén, rodeado de acuíferos y manantiales. Es una fortificación que evolucionó desde un simple refugio para comunidades rurales, que aprovecha los elementos de la antigua fortaleza ibérica y la escarpada orografía del terreno, hasta convertirse en una sólida fortaleza de mampostería irregular dotada de torres y lienzos de muralla, que defendería a un grupo de rebeldes muladíes, para posteriormente convertirse en primera línea fronteriza frente a los ejércitos cristianos. Se trata de una de las fortalezas giennenses que mantienen, sin apenas modificación, su antigua estructura islámica.

Telecomunicaciones
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www.ayuntamientovilches.es/es/
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953 630 075 / 637 784 927
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Castillo de Castro Ferral

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El castillo de Castro Ferral ha sido considerado tradicionalmente como un mero puesto de control en la entrada a Andalucía desde la Meseta, pero las investigaciones arqueológicas han sacado a la luz los restos de un castillo de un tamaño considerable, con una antigüedad mayor de la esperada, como demuestran las sucesivas reparaciones de las que fue objeto y las tres fases de ocupación que se han detectado en la fortificación. 

A época romana correspondería un primer asentamiento, probablemente fortificado, datado en el período bajo-imperial, al que parece corresponder un muro construido con mampostería irregular, que servirá de cimentación para el lienzo oeste del recinto del castillo. 

Pero serán los almohades, en la Edad Media, quienes construyan la fortificación que vemos hoy en día. Estaría formada por un recinto cuadrangular construido en tapial de tierra y cal, con un aljibe en su interior, que se rodearía con una línea de muralla también de tapial, conformando el perímetro exterior del recinto.

En el lienzo oeste, erigido sobre el zócalo de mampostería mencionado, se abre un vano en el extremo occidental del muro, que pudo corresponder al acceso a una mina para la extracción del mineral de hierro que se encuentra en el interior del castillo, actividad a la que alude su topónimo y cuya explotación continuará durante todo el período islámico. 

El sistema defensivo de Castro Ferral se refuerza probablemente antes de la batalla de las Navas de Tolosa, de 1212, con el levantamiento de un nuevo muro de tapial paralelo al lienzo este del recinto, un antemuro que crea un pasillo o liza de 2,2 m, a la vez que se amplía el recinto en dirección norte. En esos momentos la extracción de hierro se abandona y se ciega su acceso, protegiéndola.

La contienda debió originar cuantiosos daños a la fortificación, ahora en manos cristianas, lo que unido a las ofensivas posteriores de los almohades propició que se llevase a cabo la modificación de algunos de sus elementos defensivos, como el refuerzo con mampostería de muros y la construcción, en el extremo sureste, de una torre de la misma fábrica y planta circular.

La zona de Despeñaperros ha atraído pobladores desde la Prehistoria por distintas razones: 

Su escarpada orografía, ha permitido la conformación y proliferación de cuevas y abrigos como los del Conjunto Rupestre Vacas del Retamoso-Los Órganos, que cuentan con pinturas rupestres, concretamente 400 figuras de estilo esquemático y levantino repartidas por 14 puntos diferentes, declaradas Patrimonio de la Humanidad por la Unesco. 

Sus parajes naturales propicios para la sacralización, como el santuario del Collado de los Jardines o Cueva de los Muñecos, un abrigo cobijado bajo un escarpe del cerro cuyo nombre alude a los más de 2.500 exvotos de bronce recuperados del expolio. 

Y, por último, su valor estratégico respecto a los pasos naturales que atraviesan Sierra Morena, por lo que se erigieron fortificaciones durante la Edad Media, e incluso en períodos anteriores, con el objetivo de controlar las vías de comunicación entre la Meseta y al-Ándalus. 

Castro Ferral sería una de las fortificaciones que cubrían el paso de La Losa, lo que le convertía en un objetivo a batir. En 1169 Fernando de Icaza, segundo Maestre de la Orden de Calatrava, conquistó temporalmente la fortaleza, que volvió a manos musulmanas en fecha desconocida, hasta que tras la batalla de las Navas de Tolosa quedara definitivamente en poder de Castilla. 

La fortaleza formó parte del escenario de uno de los hitos más destacados de la historia medieval peninsular, por su trascendencia en el avance de los reinos cristianos sobre al-Ándalus, la batalla de las Navas de Tolosa, librada el 16 de julio de 1212. Concebida como cruzada, fue una contienda en la que las rutas y pasos hacia la Meseta jugaron un papel fundamental. En ella se enfrentaron una coalición de reinos cristianos, comandados por los monarcas Alfonso VIII de Castilla, Pedro II de Aragón y Sancho VII de Navarra, apoyados por el papa Inocencio III, contra el califa almohade Muhammad al-Nasir, en cuyo ejército se integraron combatientes procedentes del Magreb, de territorios subsaharianos y de contingentes turcos.

El 12 de julio de 1212, tropas al mando de Don Diego López de Haro tomaron el Puerto del Muradal, con la fortificación de Castro Ferral. Dos días más tarde, tras ser bloqueados en el paso de la Losa, los cristianos acampan en el paraje conocido como Mesa del Rey, desde donde acuden a la batalla que tuvo lugar el día 16 de julio, derrotando al ejército almohade.

En el entorno de la fortaleza, se han documentado los vestigios de su asalto por las tropas de Alfonso VIII, una gran concentración de material armamentístico, básicamente puntas de flecha. Se han registrado también piezas relacionadas con la vida cotidiana en El Ferral y con su función militar.


Tras la victoria de los ejércitos cristianos Castro Ferral mantuvo su importancia en la ruta del Muradal a lo largo del siglo XIII, como uno de los puntos estratégicos a partir de los cuales se acometería la conquista del Alto Guadalquivir. En 1217 el arzobispo de Toledo se adjudicó el castillo y su término junto con otros de la región, entre ellos el de Tolosa, con el consentimiento del papa Honorio III, quien los confirmó como límites de la archidiócesis toledana. En el año 1243, a raíz de las reclamaciones del obispado de Baeza se integró en la jurisdicción baezana.

El traslado de la frontera a las Cordilleras Béticas le restó valor estratégico, lo que marcó el inicio del declive de Castro Ferral. El abandono y la apertura de un cortafuegos que atraviesa las ruinas, supusieron la desaparición de gran parte de las estructuras que conformaban la fortaleza.

El pastor de las Navas de Tolosa. En julio de 1212 las huestes cristianas, en su camino hacia el corazón de al-Andalus debían atravesar Sierra Morena por el paso natural de La Losa, una garganta angosta en el Puerto del Muradal, defendida por la fortaleza de Castro Ferral. Alfonso VIII envió a Don Diego López de Haro a tomar el castillo, pero a pesar de su conquista, el camino seguía fuertemente defendido. 

Al campamento cristiano llegó un hombre del lugar, conocedor de aquellas tierras de frontera, que les mostró un camino alternativo entre las montañas, conduciendo a Don Diego López de Haro y sus tropas a una altiplanicie desde entonces conocida como Mesa del Rey. En ella se instaló el campamento cristiano para lanzar su ofensiva contra el ejército almohade, el día 16 de julio de 1212, un enfrentamiento que abriría la puerta de al-Ándalus a los ejércitos cruzados. El hombre que les mostró el camino se llamaba Martín Halaja, pastor para unos, cazador para otros y para los más piadosos el mismo San Isidro.

Breve descripción

El castillo de Castro Ferral está emplazado en el Puerto del Muradal, a más de 900 m de altitud, un lugar estratégico para el control del Paso de la Losa, vía de comunicación entre Andalucía y la Meseta, en pleno corazón de Despeñaperros. La fortificación almohade constaba de un recinto cuadrangular y una línea de muralla exterior que lo defendía, ambos construidos en tapial de argamasa de cal y arena, a los que los cristianos añadieron una torre de planta circular de mampostería, así como otras reformas en sus paños de muralla. El topónimo “Ferral” alude a la presencia de hierro, mineral que fue extraído desde el propio castillo durante varias épocas históricas. 
La trascendencia de la batalla de las Navas de Tolosa, en el avance de los reinos cristianos sobre al-Ándalus marcó la historia del castillo de Castro Ferral, como demuestra la rápida ocupación de la fortaleza por los cristianos en los días anteriores al enfrentamiento entre ambos bandos, en julio de 1212. La importancia de este enclave fortificado perduró durante todo el siglo XIII, con la función de proteger y vigilar el paso de tropas y aprovisionamientos.

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Castillo de Canena

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Descripción
Breve descripción

El Castillo-Palacio de Canena, situado en la zona más elevada de la localidad, es un elegante ejemplo de la arquitectura militar-palaciega renacentista. Edificio rectangular, compacto y sobrio, alterna elementos militares como los torreones circulares que protegen sus ángulos, el foso o las troneras que defienden su acceso principal, con otros puramente decorativos como la portada plateresca, la galería que se abre en el lado sur o el patio de estilo renacentista, símbolos que proclamaban el poder de don Francisco de los Cobos, secretario de Carlos I. 

En época islámica Canena fue un pequeño asentamiento fortificado (hisn) perteneciente al distrito administrativo de Baeza y ubicado en las cercanías de vías de comunicación entre el Alto Guadalquivir y la Meseta.Un enclave rural donde se asentaron los Banu Kinana. En torno a 1226 este territorio caería en manos de Castilla, produciéndose una situación extraordinaria al repartirse la aldea de Canena entre las Órdenes Militares de Santiago y Calatrava, dividiéndose en dos “barrios” con distinta jurisdicción, que coexistieron durante más de siglo y medio. Pero Canena siguió siendo objeto de disputas, viéndose inmersa en el enfrentamiento entre las familias nobiliarias de los Benavides y los Carvajales durante la segunda mitad del siglo XV. Finalmente, en el siguiente siglo Don Francisco de los Cobos se hizo con la villa y encargó a Andrés de Vandelvira la construcción de un palacio fortificado, emblema de la localidad.

El actual castillo-palacio de Canena es un edificio compacto, de planta rectangular, construido con mampostería irregular unida con mortero. El flanco sureste, en el que se ubica la entrada, está protegido por dos torreones cilíndricos ubicados en sus ángulos, y por un foso. El lado opuesto reproduce los torreones esquineros, pero más estrechos y de mucha menor altura, quedando al nivel de una terraza que ocupa toda la fachada Oeste, en la que se integran.

En el interior se alza la torre del Homenaje, de planta cuadrada y rematada por pequeños pináculos, que algunos autores consideran una construcción previa, correspondiente al castillo de los Benavides. Una doble cornisa recorre todo su perímetro, entre el primer y segundo cuerpo, enmarcando los escudos de Francisco de los Cobos y María de Mendoza sostenidos por tenantes.

Entre los heterogéneos vanos que se abren en los muros del castillo destacan las troneras para las armas de artillería, con forma de arco escarzano y abocinadas, abiertas en los torreones circulares de la fachada principal y en el remate de ésta. En el lienzo sur, en el piso superior, se abre una galería de cuatro arcos escarzanos sobre columnas con capiteles compuestos y con balaustrada de piedra.

En el lienzo sureste se encuentra el acceso al interior del edificio, junto a la torre sur. Enmarca la puerta un arco de medio punto de grandes dovelas, bajo un entablamento sobre pilastras que sustenta otro arco de medio punto que tiene en su tímpano el escudo de Don Francisco de los Cobos y Doña María de Mendoza sostenido por tenantes en forma de figuras fantásticas. La portada se remata con tres flameros y sobre ella se pueden ver las ranuras para el mecanismo que levantaba el antiguo puente levadizo sobre el foso, que actualmente es fijo.

Una vez en el interior, las dependencias se articulan en torno a un patio de planta cuadrada y dos alturas. La galería inferior está formada por arcos de medio punto sobre columnas con capiteles jónicos dispuestos a través. Por su parte, la galería superior tiene una estructura adintelada, sustentada por grandes zapatas decoradas que apoyan sobre columnas con capiteles jónicos con una disposición frontal.

El edificio cuenta con estancias en las que destacan frisos con motivos fantásticos, heráldicos y florales.

El territorio de la antigua Baeza, en el que se encontraba Canena, parece haber sido tomado mediante pactos, en los años posteriores a la llegada de los ejércitos musulmanes a la Península Ibérica en 711.

En el siglo X la mayor parte de la provincia de Jaén constituía la Kurat Yayyan (Cora de Jaén), en la que se integraría la circunscripción de Bayyasa (Baeza), epicentro de un distrito administrativo que se extendía desde el Guadalquivir hasta Sierra Morena, del que formaba parte Canena, un hisn (lugar fortificado) conocido como Kinana. Su nombre pudo deberse a los Banu Kinana, tribu árabe que se asentó en este territorio. La elección de este emplazamiento estaría relacionada con la abundancia de agua en su entorno y su cercanía a los caminos que comunicaban el Alto Guadalquivir con la Meseta.

En 1226 Baeza pasó a manos cristianas y probablemente Canena será tomada también en estos momentos, al igual que el resto de su distrito. Tras la conquista, no hay referencias a la localidad en las fuentes, pero en un primer momento debió permanecer bajo la jurisdicción de Baeza. Parte de Canena fue cedida a la Orden de Santiago antes de 1236, año en que las fuentes mencionan a un comendador santiaguista. Sin embargo, es posible que hasta 1274 parte de la aldea fuese aún propiedad del Concejo de Baeza, hasta que pasó a manos de la Orden de Calatrava, que formó la encomienda de Torres y Canena. En 1279, aparece repartida en dos “barrios” pertenecientes a las Órdenes de Calatrava y Santiago.

La Orden de Calatrava emprendió una importante labor de fortificación en sus posesiones de Sierra Mágina, la Campiña y La Loma. La fortaleza de Canena, compartida por ambas órdenes militares, probablemente se vería reforzada en estos momentos, siendo causa de numerosos conflictos entre ellas.

Entre 1302 y 1353 el barrio calatravo estuvo en poder de Baeza, volviendo a la Encomienda, en la que permaneció hasta mediados del siglo XV. La Orden de Santiago, por su parte, añadirá a principios del siglo XIV Bedmar y Albanchez a sus posesiones, formando junto al barrio de Santiago en Canena, la segunda encomienda de esta orden en tierras de Jaén.

En la segunda mitad del siglo XV dos linajes se disputaban el control de Baeza. En 1472, Sancho de Benavides se apodera de la zona calatrava de Canena para contrarrestar la adquisición del señorío y castillo de Tobaruela por los Carvajal, un enclave estratégico para controlar la vecina villa de Jabalquinto, de la familia Benavides. Años más tarde, debido a las obras de fortificación realizadas por Sancho de Benavides en Canena, Baeza elevó una protesta ante los Reyes Católicos, quienes habían prohibido que se levantasen nuevas fortalezas en el territorio para poner fin a las luchas entre los bandos nobiliarios; la fortaleza se describe en 1494 como derribada hasta sus cimientos, aunque puede referirse tan solo a la zona calatrava. Se desconoce si se trataba de una remodelación de la fortaleza existente o de la construcción de una nueva. En la actualidad se ignora la ubicación de ese castillo. 

Las desamortizaciones de bienes de las Órdenes en el siglo XVI dieron lugar a la proliferación de señoríos laicos. Don Francisco de los Cobos, secretario privado y secretario de Estado de Carlos I, adquirió las villas de Sabiote, Torres, Canena, Jimena y el heredamiento de Recena formando un extenso señorío. Tras obtener la villa completa en el año 1539, unificó ambos “barrios” y encargó la construcción de un castillo-palacio a Andrés de Vandelvira, erigiéndose el magnífico edificio renacentista que se conserva hoy en día.

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Lunes: 16:00 - 19:00 (propiedad privada).

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