Las últimas investigaciones arqueológicas constatan que los primeros asentamientos de Úbeda se remontan a la Edad del Cobre y del Bronce (III y II milenio A.C), siendo la “ciudad más vieja de Europa” científicamente documentada.
En busca de intercambios de productos llegarán los griegos y más tarde los cartagineses, quienes serían derrotados por los romanos. Es bajo el Imperio romano, a partir de la batalla de Llipa en el 206 a. de C., cuando la antigua ciudad se romaniza y será conocida como la Bétula.
La ciudad adquiere importancia con la llegada de los árabes, en particular con Abderramán II, en el S. IX, quien la refunda con el nombre de Ubbada o Ubbadat Al-Arab (Úbeda “de los árabes”). Como ciudad musulmana se rodeó de murallas y se convirtió en una de las ciudades más importantes del Al-Andalus, debido principalmente a su artesanía y comercio.
En el S. XI será conquistada por los almorávides. Y la conquista cristiana definitiva fue llevada a cabo en el año 1234 por el rey Fernando III.
Un cúmulo de factores, como la situación geográfica, su extensa y rica jurisdicción, así como la presencia de una nobleza cada vez más poderosa, sentarían las bases del esplendor que alcanzó Úbeda en el S. XVI.
El desarrollo económico de la ciudad basado en la agricultura y en la ganadería caballar, la roturación de los bosques que supuso un incremento de las tierras de cultivo, y contar con una mesta propia, fundamentarán el mayor esplendor de la ciudad, lo que supuso un incremento demográfico hasta llegar a contar con 18.000 habitantes.
Además de la nobleza ubetense y de las Órdenes de Caballería, hallamos un grupo de vecinos que han prosperado (médicos, sastres, escribanos, boticarios…) que darán lugar a una incipiente burguesía.
Destacar el papel de Francisco de los Cobos, secretario de Carlos I, que, con su interés por el arte y bajo el asesoramiento del arquitecto Andrés de Vandelvira, llena la ciudad de palacios. En Úbeda arraigan las corrientes humanistas del Renacimiento. Será Juan Vázquez de Molina, Secretario de Carlos I, y de Felipe II, quien continuará con la planificación iniciada por su predecesor.
Declive:
Los siglos XVII y XVIII son de decadencia para la ciudad, ya que España está inmersa en una crisis general. Las malas cosechas, la injusta presión de la fiscalidad para sufragar el coste que ocasionan las guerras, la corrupción, el poder del clero, la expulsión de los moriscos, serán factores que contribuyan a la pérdida de ese esplendor que caracterizaba a esta ciudad.
Más tarde, en 1820 y 1836, llegarán las desamortizaciones eclesiásticas, las guerras carlistas, la Guerra Civil y la postguerra.
Recuperación:
Será en las décadas 60 y 70 del siglo pasado, gracias al tirón desarrollista, cuando lentamente la que fue la “Florencia de la Alta Andalucía” vaya alcanzando el lugar actual y se constituya como referente provincial, cabecera de la comarca de La Loma y como un centro de industria y servicios de importancia cada día más creciente.