Ruta Viaje al Tiempo de los Íberos
Poco después del quinto puente, es recomendable seguir hacia la izquierda, donde ya se incorpora a un camino más amplio, justo al lado de una casa rural llamada “Nace el río”. Si sigue adelante, hay dos formas de regresar, o por un camino a la izquierda que desciende empicado hacia el mismo punto de salida, o se puede seguir por la derecha por un camino llamado “Paseo del Solar”, que al llegar al pueblo permite bajar hasta la Plaza de Santa María de nuevo.
La primera opción sería aproximadamente una hora, la segunda opción supondría media hora más, pero merece la pena por las bonitas vistas que tenemos desde los miradores. Ambas rutas son muy sencillas por lo que son perfectas para aquellos senderistas que quieran ir dando un paseo o familias con niños. Pero además, son ideales para descubrir los más bellos rincones de la zona sin realizar un esfuerzo intenso, pudiendo disfrutar del camino al máximo.
En dirección hacia el Castillo de la Yedra nos topamos con una pequeña plaza donde a la derecha nos desvía hacia el Castillo, y a la izquierda ya está señalizado el inicio de esta ruta circular, que nos adentrará en un espacio cerrado por grandes chopos que, en combinación con las aguas cristalinas del río formando pozas, harán de nuestro recorrido un entorno sin igual para disfrutar de la naturaleza. Utilizando los diversos puentes de madera, podrán cruzar el río para continuar esta magnífica expedición.
Llevar vestimenta y calzado adecuado.
A unos 200 m. detrás de las ruinas de Santa María.
Esta primera Etapa de la Variante GR 247.1 une dos de los pequeños núcleos habitados más emblemáticos del interior profundo del Parque Natural, en la Sierra de Segura. El primero es el formado por las aldeas de Los Anchos y Prado Maguillo, y el segundo el compuesto por las de Arroyo Canales y Río Madera.
Son aldeas de montaña aisladas, solitarias y rodeadas de un hermosísimo entorno. Las primeras, a mayor altitud, llaman la atención por la buena conservación de la arquitectura popular, de gran sencillez y con una estética plenamente integrada en el paisaje. Destaca el Área Recreativa de La Morringa, que es un espacio muy agradable y sombreado con fuente y mesas junto al Río Madera, cuyas aguas discurren mansamente entre la vegetación de ribera.
La mayor parte de la ruta discurre por la pista forestal que recorre el Valle del Arroyo de las Tres Aguas, enlazando los valles de Los Anchos y Río Madera a través de espesos bosques de pino laricio o salgareño. La Etapa es corta, y cabe la opción de encadenarla en una misma jornada con alguna de las otras Etapas del Sendero Bosques del Sur con las que enlaza, o con un tramo de ellas, pero recomendamos hacerla sin prisa y quedarse tranquilamente en cualquiera de los dos extremos de la misma, porque tienen sobrados atractivos para ello.
En el sendero: No hay
Cerca del sendero: Segura de la Sierra
GR-147, PR-A 199
En el inicio: Refugio Casa Forestal El Bodegón (a 1,4 kilómetros del inicio de Etapa).
En el final: no hay.
El cortijo serrano, una combinación entre lo práctico y lo sencillo
El Valle de Los Anchos, del que parte esta ruta, es tal vez la zona donde mejor se conserva lo que queda de la arquitectura popular de estas montañas. Joaquín Gómez Mena, un excelente conocedor del Parque Natural, resume sus características principales.
La vivienda serrana, como norma general, es de planta rectangular y tiene gruesos muros que oscilan entre 50 y 70 centímetros, hechos con piedras y tobas unidas con argamasa, lo que sirve de protección contra el calor veraniego y contra el frío del invierno. La superficie de este rectángulo oscila entre los 25-35 metros de ancho por 30-40 de largo.
En la planta inferior se sitúan por lo general tres estancias que se encuentran alineadas. La primera es una cocina-comedor, donde se está la puerta de acceso a la vivienda y que tiene una o dos ventanas no muy grandes. En esta cocina-comedor se encuentra el hogar o chimenea, que tiene la doble función de calentar la habitación en invierno y de servir para guisar la comida y calentar el agua.
En la mayoría de las viviendas, a ambos lados de la chimenea se sitúan dos alacenas empotradas en la pared, donde se guardan los útiles de cocinar. A veces en uno de estos huecos se situaban las cantareras con el agua que se traía de la fuente.
Las otras dos estancias son sendos dormitorios, uno para el matrimonio y otro para los hijos. Cuentan con pequeñas ventanas de ventilación y son muy austeros, pues en ellos solo hay una cama y un arcón para guardar las ropas. De uno de los dormitorios parte la escalera que da acceso al piso superior, donde se encuentra la cámara.
El techo de esta planta es de altura descendente, o como hoy decimos, abuhardillado, debido a que el tejado se hace inclinado, generalmente a un agua, para que corran las aguas de lluvia. Esta cámara tiene una o dos pequeñas ventanas para airear la estancia, donde se curan y guardan los productos de la matanza. El techo de la cámara se encuentra sin enlucir, quedando a la vista los rollizos de madera que hacen de vigas y los tablones de madera colocados encima de estos. Finalmente, sobre los tablones se disponen una capa de barro y las tejas.
Junto a las estancias humanas, pero separadas por un muro y con entradas independientes, se sitúan las cuadras para el ganado, que disponen de pesebres para mulos y asnos. En algunos cortijos estas cuadras se encuentran separadas de la vivienda, frente a esta o a un lado de la misma. Otras construcciones del cortijo separadas de la vivienda familiar son los corrales y apriscos para las cabras y ovejas, la cochinera y el gallinero.
También existen otras infraestructuras de uso común para diferentes familias de una cortijada. Entre ellas destacan las eras para trillar el grano, que se sitúan sobre terrenos por lo general altos y bien ventilados para aprovechar el efecto del aire, son casi siempre de forma circular y su suelo está realizado con cantos rodados, perfectamente colocados como si de un mosaico se tratara. Muchas de estas eras se encuentran en la actualidad abandonadas y es lamentable que acaben perdiéndose en un futuro próximo, porque forman parte del patrimonio cultural de las comarcas del Parque Natural.
Otro elemento de uso común es el horno de pan, construido a base de piedra y barro y de forma abovedada. Se puede encontrar sobresaliendo de los muros de la vivienda a la que está adosado o, más frecuentemente, como una construcción independiente entre otros edificios del cortijo. La planta de estos hornos suele ser de forma circular o cuadrada, y se cubren con teja árabe.
También las fuentes y lavaderos, que eran elementos esenciales en la vida cotidiana de la aldea, son otro patrimonio que en muchos lugares se está perdiendo y que, aunque la instalación agua corriente en las casas haga que apenas se usen, deberían mantenerse perfectamente conservados.
Prado Maguillo y Refugio Casa Forestal El Bodegón
Río Madera
Nuestra ruta comienza en Prado Maguillo, una pequeña aldea de montaña muy cerca de Los Anchos. Ambas están en un entorno de extraordinaria belleza y conservan bastante bien la arquitectura popular. Salimos entre huertas, la mayoría ya abandonadas, y a los 500 metros, a la izquierda hay un pequeño cerro al que es imprescindible subir (son muy pocos metros) para recrearse en las maravillosas vistas que se contemplan desde él: el valle de Los Anchos en primer plano y, al fondo, las crestas de El Calarico, Poyo Gavilán y Poyo Alto.
A la izquierda sale un camino que, al cabo 650 metros, nos lleva a la Casa Forestal El Bodegón, una de cuyas construcciones auxiliares ha sido rehabilitada como refugio. La Casa y el almacén –al que se llamaba barraca- ya están en ruinas, pero el paraje, que es un amplio claro en pleno bosque, es encantador.
Volviendo a nuestra ruta, continuamos bajando por la solitaria pista forestal en medio de un gran bosque de pino laricio o salgareño con sotobosque de encina, un paisaje cautivador que nos acompañará hasta el final de la Etapa. Vamos entre la Loma del Mirandante y el Calar de Peña Rubia, por el encajado valle del Arroyo del Prado de los Fresnos.
Pronto oiremos el rumor de sus aguas, mezclado con el canto de la abundante avifauna forestal. A la derecha, al otro lado del valle, aparece la inconfundible silueta de Peña Rubia, con sus paredones verticales que, haciendo honor a su nombre, tienen un llamativo color dorado y sepia que se acentúa con las últimas luces de la tarde.
A la altura del kilómetro 3, aproximadamente, en el fondo del valle confluyen las aguas del Arroyo del Prado de los Fresnos con las de los Arroyos de La Cerecera y La Cuesta del Majano. Por eso, a partir de ese punto, el cauce que resulta tiene el bello nombre de Arroyo de las Tres Aguas.
El ambiente fresco y umbrío del valle propicia la existencia de acebos aislados, pudiendo admirar un pequeño grupo de ellos en el kilómterom 3,8. Un poco más adelante vemos abajo las ruinas del Molino de Peña Rubia y su antigua conducción de agua, que nos hablan de un pasado en el que se trabajaba para sobrevivir, pero donde el agua era mucho más abundante, porque la que circula en la actualidad apenas podría mover la rueda de un molino con la necesaria continuidad.
En el kilómetro 4,4 hay un manantial de agua que sale a través de una conducción por el lado derecho de la pista forestal.
La ruta llega al fondo del valle y cruzamos sobre este río, que poco después afluye al Río Madera. Es un lugar refrescante con abundancia de mimbreras y juncos, al igual que el cruce sobre el Río Madera por un vado unos 400 metros más adelante. La lámina de agua que tenemos que atravesar suele ser muy delgada, pero si ha llovido mucho puede tener alguna dificultad. También hay que tener prudencia en invierno, época en la que puede tener una capa de hielo. A partir del vado, y ya por el Valle del Río Madera, caminamos otros 400 metros con el río a nuestra derecha. En este tramo apreciamos que la vegetación es abundante, pero además hay que saber que las condiciones de frescor y humedad convierten a la zona en un enclave con una relevante importancia botánica. Hay, por ejemplo, una población de un equiseto (similar a la cola de caballo) denominado Equisetum palustre, planta propia del norte cuyas escasas poblaciones andaluzas sólo están en este Parque Natural. También se puede ver la centaurea (Centaurea nevadensis), exclusiva de las sierras calizas del este y sureste de España, y la ajonjera de Cazorla (Carlina baetica), una planta de distribución restringida al Parque Natural y sierras cercanas.
Este Área es un buen lugar para descansar e incluso para echarse una siesta, tal vez por eso los serranos le pusieron este nombre, que en el habla local es sinónimo de soñarrera. Es un espacio muy agradable y sombreado que dispone de fuente y mesas junto al Río Madera, cuyas aguas discurren mansamente entre la vegetación de ribera. Después salimos a la carretera del valle de Río Madera y caminamos por ella apenas 200 metros para tomar un camino que sale a nuestra izquierda. Se trata de un jorro (vía de saca de madera) con algunos repechos que al poco se convierte en senda. En el kilómetro 7, 4 llegamos a un collado donde se abren vistas hacia el pequeño Valle de Arroyo Canales, donde vemos la aldea del mismo nombre en la que finalizará nuestra Etapa. En este mismo collado cruzamos una pista forestal que, hacia la izquierda, nos llevaría a los cortijos de Los Jarales y Los Asperones.
La Etapa termina en la pequeña aldea de Arroyo Canales, unos metros después de atravesar el arroyo del mismo nombre y las huertas que riega. Por la carreterita que pasa por la aldea, a la derecha, llegaríamos en unos minutos a la aldea de Río Madera, que tiene menos casas, pero que con su ermita, su venta, su plazuela y su antigua casa forestal ha sido siempre y sigue siendo el lugar de referencia del frondoso y seductor valle de Río Madera. Si en vez de bajar a la aldea de Río Madera queremos continuar por la Etapa 2 de la Variante GR 247.1, solo hay que cruzar Arroyo Canales, y al llegar a la carretera seguir por el camino que arranca enfrente.
El Cerrillo del Plomo fue una de las minas más productivas durante el periodo romano, constituyendo uno de los yacimientos más importantes de España para la extracción de galena, tanto por su producción como por la calidad del mineral extraído. La galena es un mineral del grupo de los sulfuros del que se extrae el plomo y la plata.
Bajo el dominio del Imperio Romano, esta plata era enviada a Roma, mientras que el plomo era usado para hacer monedas, vasijas y recubrir cañerías y tejados. A mediados del siglo XX, los mineros llamados sacagéneros removieron las entrañas de este cerro en busca de los restos de plomo que los romanos no extrajeron.
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En la Autovía A-4 E-5, a la altura de La Carolina tomaremos la salida 270, para seguir por la carretera JA-6100, la cual nos conducirá hasta El Centenillo. A la entrada del pueblo sale una pista a mano derecha que desciende hasta el inicio del sendero.
El Legado Andalusí mantiene abiertas en esta provincia dos rutas. Los nazaríes y el califato representan oportunidades únicas para descifrar las claves de nuestro pasado. Ambos itinerarios discurren por veintitrés municipios jienneneses. La Ruta del Califato -más pequeña- atraviesa el sur de la provincia de Jaén, besando tres ciudades llenas de arte, cultura e historia: Alcaudete, Castillo de Locubín y Alcalá la Real. La Ruta de los Nazaríes –la más extensa- corta la provincia en dos, desde Sierra Morena hasta Sierra Mágina, pasando por las comarcas de La Campiña y La Loma. La ruta atraviesa veinte municipios, incluida la capital de la provincia. Hasta cuatrocientos castillos, fortalezas, torreones, casas fuertes y atalayas salpican el camino. El patrimonio monumental, los paisajes, las costumbres populares, la artesanía y la gastronomía que hoy posee Jaén se deben, en buena parte, a aquella refinada civilización que hizo de al-Ándalus un paraíso en plena Edad Media.
Fuente: Consejería de Cultura y Patrimonio. Junta de Andalucía.
El legado andalusí es una Fundación Pública de la Junta de Andalucía adscrita a la Consejería de Cultura y Patrimonio Histórico que cuenta con el apoyo del Consejo de Europa y la colaboración de numerosas instituciones públicas y privadas. Las actividades de la Fundación se articulan en torno a la difusión y preservación de la herencia cultural y artística de al-Ándalus, y del papel que Andalucía y España han jugado a lo largo de la historia tanto como puente cultural entre Oriente y Occidente como en las relaciones con los países del mundo árabe, mediterráneo e iberoamericano. Por tanto, las rutas del Legado Andalusí tienen como objetivo la puesta en valor y difusión de nuestro patrimonio cultural con especial referencia al período hispano-musulmán, haciendo hincapié, sobre todo, en las mutuas y fértiles influencias del entorno mediterráneo a lo largo de los siglos. Partiendo de este concepto, la Fundación puso en marcha una red de Rutas e Itinerarios Culturales de ámbito nacional e internacional (11 en total).
Si se toma en el sentido de las agujas del reloj desde el punto de inicio, el sendero se adentra
rápidamente en un pinar donde abunda principalmente el pino piñonero entremezclado con algunos
pinos resineros, cipreses y encinas. Los primeros 350 metros de sendero discurren por una zona
arbolada con abundantes sombras y libre de matorral, ya que constituye la zona de seguridad contra
incendios del camping. Esto hace de este tramo un sitio ideal para la búsqueda de setas en otoño.
El sendero continúa otros 170 metros por una zona más intrincada de vegetación mediterránea en la
que abunda el romero y las jaras bajo el arbolado, que nos conduce hasta un espectacular mirador
panorámico suspendido sobre la vieja carretera N-IV. Desde el mirador se tiene una visión inigualable
del Parque Natural, ya que el sendero se sitúa en el extremo Sur. La visión panorámica de 180
grados permite ver todo el monte Despeñaperros desde el Collado de la Estrella, el Puerto del Rey, él
Salto del Fraile, Navavacas, el Castillo de Castro Ferral y siguiendo la cuerda del Collado de la
Estrella hacia el Este, se contempla el Paso de Despeñaperros y a su derecha el Collado de los
Jardines desde donde el parque mira a Aldeaquemada.
Dejando atrás el mirador, el sendero discurre 900 metros por una antigua pista de saca de madera
totalmente llana a través de un frondoso bosque mixto de pinos, cipreses, encinas y alcornoques,
donde de nuevo el matorral noble del monte mediterráneo da un toque de naturalidad al visitante
que pierde la noción de la distancia al pueblo, pero que, no olvidemos, está a poco más de 1 km de
distancia.
Llegados al final de la pista, el sendero gira bruscamente a la derecha para retornar a Santa Elena
usando un camino forestal más ancho, que igualmente discurre bajo un dosel de pinos piñoneros de
gran porte. Es a partir de ese punto donde se encuentra la única dificultad del sendero, pues durante
cuatrocientos metros se sube por una ligera cuesta con una pendiente en torno al 5% para llegar al
límite del Parque donde de nuevo se hace totalmente llano. El tramo final discurre por una zona de
transición entre el espacio forestal y el agrícola, bordeando justo el perímetro sur del camping
Despeñaperros, pasando por su puerta de acceso y finalizando justo donde comenzó.
El sendero muestra como principales atractivos su cercanía al pueblo de Santa Elena, su afabilidad,
la abundancia de sombras para los días calurosos, la gran biodiversidad botánica y, por encima de
todo, las vistas privilegiadas desde el mirador que invita a dejar volar la imaginación contemplando
este inigualable paisaje y, por qué no, a reflexionar sobre los innumerables viajeros de tantas culturas
que han utilizado este paso natural entre la meseta y Andalucía.
Este nuevo sendero tiene una longitud de casi 4 km. y al ser circular se puede realizar en ambos
sentidos. Se inicia en la esquina que da acceso al Camping Despeñaperros, junto al antiguo tramo de
la N-IV, a las afueras del casco urbano de Santa Elena.
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Se inicia en el núcleo urbano de Santa Elena, junto al camping Despeñaperros (C/ Infanta Elena
s/n).
En el inicio de este sendero se contempla una vista al Santuario de la Virgen de la Cabeza, continuando hacia el Este por una pista forestal. En seguida tomamos un desvío a la derecha adentrándose entre jaras, romero y lentiscos.
El sendero pasa por una antigua majada de ganado, para cruzar a continuación la pista forestal del Membrillejo, utilizada para el acceso de carretas desde Andújar y Marmolejo al Santuario durante la celebración de la romería anual.
Se continúa entre vegetación propia del Monte Mediterráneo, pudiéndose divisar el Pantano del Encinarejo, y la carretera que une las poblaciones de Andújar y Puertollano, iniciándose una ligera bajada hasta llegar a la zona recreativa de El Jabalí, donde finaliza este sendero
Es un pequeño paseo que nos conducirá desde el entorno del Cerro del Cabezo al Área Recreativa del Jabalí.
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La provincia de Jaén fue durante siglos frontera entre los reinos musulmanes y cristianos. Las contiendas medievales originaron la construcción de una red de fortalezas únicas en Europa. De hecho, en Jaén se alzan algunos de los castillos más impresionantes de España cuya supremacía fue decayendo conforme las tropas cristianas iban reduciendo los reinos andalusíes. Esta ruta recorre fortalezas levantadas en altas colinas, como La Fortaleza de la Mota en Alcalá la Real, el Castillo de Santa Catalina en Jaén o el Castillo de Burgalimar, uno de los más antiguo de Europa, de época califal, en Baños de la Encina. Esta ruta muestra también las huellas de tres batallas que cambiaron el rumbo de la historia de España, la Batalla de Baécula (208 antes de cristo), la Batalla de las Navas de Tolosa (1212) y la Batalla de Bailén (1808). Castillos y Batallas del Reino de Jaén es hoy un testimonio de paz y entendimiento, un fascinante itinerario cultural y turístico vivo gracias a los programas de gastronomía medieval y de animación, que organizan mercadillos, torneos y cenas medievales entre las piedras milenarias. En nuestra microsite encontrarás toda la información necesaria: Castillos y Batallas del Reino de Jaén
Todo el año
Un reino de turismo activo, gastronómico, cultural y de naturaleza está en juego y no deberías perdértelo. Multitud de aventuras entre soberbios castillos medievales con recreaciones y visitas teatralizadas en el bosque de olivos más extenso del mundo, te harán rememorar episodios que cambiaron el rumbo de la historia. Castillos y Batallas del Reino de Jaén conforman una propuesta turística y cultural que recorre de norte a sur la parte occidental de la provincia de Jaén y reúne soberbios castillos situados en lugares estratégicos de extraordinaria belleza. Se trata del territorio con mayor concentración de castillos y fortalezas de Europa y donde se desarrollaron dos de las más batallas más significativas en la historia de España: Bailén (1808, que supuso el principio del fin de la presencia francesa en suelo español y la primera derrota del ejército napoleónico a campo abierto) y Navas de Tolosa (1212, que acabó con la victoria cristiana y agilizó la pérdida de la hegemonía árabe en la península ibérica). Además, Castillos y Batallas del Reino de Jaén permite disfrutar de jornadas de senderismo o recorridos en bicicleta por la Vía Verde del Aceite, conocer y paladear el aceite de oliva virgen extra en el territorio más productor del mundo, visitar fincas ganaderas de toros de lidia y de caballos de pura raza, dehesas de pastores trashumantes, realizar rutas a caballo, en burro o en 4×4 por sus Parques Naturales. La caza fotográfica, el avistamiento de aves o del lince ibérico pueden completar una magnífica jornada en las zonas de sierra. Conocer el patrimonio minero heredado de siglos de explotación en el distrito Linares-La Carolina, las nuevas poblaciones de Carlos III o disfrutar de la gastronomía y de la cultura del tapeo tan arraigada en esta tierra, son algunos ejemplos más de lo que te ofrece este destino. En suma, se trata de un destino tranquilo, poco masificado, de gran autenticidad rural con recursos patrimoniales únicos y excelentemente bien comunicado, a mitad de camino en la autovía que une Madrid con Sevilla.
El recorrido comienza en el límite del casco urbano de Jaén, junto al complejo polideportivo municipal Las Fuentezuelas. Los primeros 2 kilómetros, muy utilizados por senderistas y cicloturistas, cuentan con varias zonas de descanso. A partir de aquí, cruzaremos, por un camino de servicio, la circunvalación noroeste de Jaén para retomar la traza con destino a la localidad de Torredelcampo. Tras pasar por un nuevo camino alternativo que salva la autovía A-316, llegamos a la estación de Torredelcampo (km. 11,100) situada en este núcleo urbano.
Pasados dos túneles (el primero iluminado de 333 metros de longitud), dos viaductos y el área de descanso de las Quebradas, llegaremos a la cercana localidad de Torredonjimeno. Desde la Estación de Torredonjimeno (Km. 1,600) continuaremos en dirección a Martos, para lo que habrá que atravesar dos largas pasarelas metálicas que posibilitan el cruce con la carretera A-316. La Vía Verde atraviesa el casco urbano de Martos y ofrece la posibilidad de poder realizar interesantes visitas a la ciudad.
Abandonamos Martos, en dirección suroeste, hacia el límite con la provincia de Córdoba. Nuevas intersecciones con la carretera nacional son resueltas mediante la instalación de un paso inferior y una nueva pasarela. En el Km. 33, coincidiendo con la cercanía del arroyo Salado, el paisaje cambia y pasa a ser más abrupto y serrano, ya en las estribaciones del macizo de Sierra Sur. El ferrocarril cruza ríos y arroyos encajados en medio de impresionantes barrancos, a través de viaductos metálicos con longitudes comprendidas entre los 70 m. y los 224 m. Estas complejas obras de ingeniería, que fueron proyectadas por los franceses Alessandre y Delapierre, datan de finales del siglo XIX, magníficos ejemplos de arquitectura roblonada, y que constituyen extraordinarios miradores sobre los paisajes rurales de la provincia de Jaén.
En el kilómetro 37 se localiza el área de descanso de la aislada estación de Vado-Jaén. La antigua plataforma ferroviaria continúa su curso en dirección a la Estación de Alcaudete, atravesando el impresionante viaducto sobre el río Víboras (224 m. de longitud y 80 m. de altura), los restos de una cantera abandonada de balasto, llamada La Muela, y algunos tramos de frondosa vegetación mediterránea en la que sobresalen encinas, retamas y majuelos, así como viejos almendros.
Dejando atrás la estación de Alcaudete, en el kilómetro 48,400, llegaremos a un cruce con la carretera A-316, salvado mediante una pasarela elevada.
Después de pasar por delante del edificio destinado a viviendas de los ferroviarios, la Vía Verde del Aceite conecta con las Rutas en bicicleta de Sierra Sur de Jaén (señalizadas), que adentran al cicloturista en el corazón del macizo del mismo nombre, y discurre justo al lado de la Reserva Natural de Laguna Honda (Km. 50,500); en este punto se puede observar la abundante y rica avifauna que habita en este humedal de 65 Has. de extensión: malvasía, ánade real, calamón o zampullín chico.
En la margen derecha de la Vía Verde, un camino conduce a otro espacio natural protegido del entorno: la Reserva Natural de Laguna del Chinche, de 6,5 Has. de extensión y con una interesante vegetación perilagunar. Los últimos kilómetros transcurren a través de un paraje muy erosionado donde son frecuentes profundos barrancos, en cuyas laderas el tomillo y el esparto ocupan un terreno, no apto para el olivo, que en ocasiones ofrecen excelentes panorámicas del embalse de Vadomojón. La parte jiennense de la Vía Verde del Aceite concluye en el grandioso puente de hierro sobre el río Guadajoz, justo en la cola del embalse, de 199 m. de longitud.
A partir de este punto la vía verde conecta con la de la Subbética cordobesa.
La Vía Verde del Aceite se presenta como una nueva y atractiva oferta de turismo interior basada en el aprovechamiento y recuperación de la infraestructura del viejo ferrocarril abandonado Jaén-Campo Real (Córdoba) como pasillo verde, para la práctica del cicloturismo, del senderismo y de otros deportes en contacto directo con la naturaleza.
Construido entre 1882 y 1893, este ferrocarril perteneció a la línea Linares-Puente Genil, la cual se dedicó a lo largo de buena parte del siglo XX al transporte de distintos metales procedentes de las minas linarenses y, especialmente, del abundante aceite de oliva hacia el puerto de Málaga y los mercados del sur peninsular, por lo que popularmente se le denominó Tren del Aceite. Razones técnicas y comerciales motivaron su abandono en 1971, cerrándose definitivamente al transporte de viajeros y mercancías el 1 de enero de 1985.
Todo su trazado, desde Jaén hasta el límite provincial, discurre serpenteando terrenos de campiña olivarera que configuran un paisaje de auténtico mar de olivos salpicado por cortijos típicos andaluces. La presencia de las Sierras de Jabalcúz, la Grana, la Caracolera y del Ahillos, situadas muy próximas al Sur y al Este de la Vía Verde, proporcionan diversidad al relieve y al paisaje.
6, desde Jaén (Complejo polideportivo Las Fuentezuelas) y desde cada una de las cinco estaciones.
Usuarios: ciclistas, caminantes y personas en silla de ruedas.
Independientemente de la forma en la que decidas recorrer esta ruta, lo recomendable es usar ropa y calzado cómodo y adaptado a la época del año. Aunque no es conveniente hacerla en pleno verano debido al calor. No debes olvidar llevar bastante agua y, si vas en bici, siempre es recomendable usar casco.
Para más información visita: http://www.viasverdes.com
Patrimonio cultural: Conjunto monumental de Jaén. Castillo medieval de Alcaudete. Puente medieval de las Víboras. Ruta arqueológica de los Torreones. Conjuntos urbanos de Luque, Zuheros, Doña Mencía, Cabra y Lucena. Cueva de los Murciélagos en Zuheros.
Ramal a Baena: Conjunto urbanos de Luque y Baena, parque arqueológico de Torreparedones, el Museo Histórico y Arqueológico Municipal de Baena, iglesia del antiguo Convento de los Agustinos Descalzo en Luque.