En el siglo XVIII, el rey ilustrado Carlos III y sus ministros (Aranda, Jovellanos y Campomanes) deciden crear las Nuevas Poblaciones en Sierra Morena. Al frente del repoblamiento se puso al Superintendente Pedro Olavide, quien se encargaría de llevar a cabo el asentamiento de colonos procedentes de Francia, Alemania, Holanda y Suiza.
Así en el año 1767, se aprueba el Fuero de las Nuevas Poblaciones, en el que se establecía el reglamento y las normas por las que se regirían estos nuevos asentamientos, diferentes a los del resto del país. Este año, y cerca de La Peñuela, un antiguo convento carmelita, se funda La Carolina, que sería la capital del conjunto de los nuevos asentamientos en Sierra Morena.
La bella ciudad de La Carolina es el mejor ejemplo del urbanismo de la Ilustración. Se la conoce como Joya Urbanística del Santo Reino. Esta se diseñó como un campamento romano; es decir, siguiendo dos ejes que se cruzan, uno de N a S, que se llama cardo y otro llamado decumano, de E a O que en la plaza del Ayuntamiento es donde se encuentran, indicando este cruce el centro de la ciudad, según el diseño de Simón Desnaux, supervisado por Olavide. Las avenidas de Las Huertas y Juan Carlos I, son las líneas maestras para la división del terreno. El resultado de su urbanización es una malla ortogonal que la divide en cuadrículas, con calles y avenidas rectas y amplias.
A mediados del siglo XIX, La Carolina inicia la explotación de sus ricos filones de plomo argentífero. Ya existían trabajos mineros anteriores, pero será ahora cuando comience una explotación a gran escala que le llevará, a principios y mediados del siglo XX, a convertirse en el mayor productor de plomo argentífero del mundo junto con la cercana Linares, bajo la delimitación territorial de Distrito minero de Linares-La Carolina.
Ello produjo una fuerte inmigración de obreros de provincias próximas que modificó considerablemente su demografía y sociología, llegando incluso a nacer poblaciones en torno a esas explotaciones como El Centenillo o El Guindo.
Pero la crisis de la minería supuso el cierre de la totalidad de las minas en los años 70 del siglo pasado. Así hoy, las edificaciones vinculadas a esta actividad han pasado a formar parte del paisaje como testigos de su pasado industrial, siendo inscritas en el catálogo del Instituto de Patrimonio Histórico de Andalucía.
Desde hace unas décadas, La Carolina, ha apostado por el sector de la industrialización y actualmente es una ciudad cargada de futuro.